lunes, 7 de mayo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 9}


El sol brilla imponente en lo alto del cielo, totalmente despejado en mi ciudad. Mientras camino, me fijo en mi sombra, y juego a escapar de ella al igual que solía hacer cuando era un crío. Pero es imposible, ni tan siquiera Peter Pan pudo librarse de su propia sombra...
Mi rostro se torna serio con este pensamiento y vuelvo a centrarme en el día de hoy, que acaba de comenzar. Son las diez menos cuarto de la mañana, me dirijo al parque que está a unas pocas manzanas de casa para encontrarme con Brooke. He quedado con ella. Ayer cuando estaba en la cama me di cuenta de que he estado haciendo mil locuras para no quedar mal en nuestra cita del sábado, pero ni siquiera me he molestado en verla. Creo que ya hacía casi una semana que no teníamos una conversación decente. No quiero que se olvide de mí. Me refiero, no quiero que ella encuentre a uno que le haga caso mientras yo estoy por ahí entrenándome para darle todo lo mejor de mí...
Ahora me pregunto qué pensaría Brooke si se enterase de que soy virgen. O peor aún, ¿qué haría si se enterase que he intentado perder mi virginidad con una stripper? No quiero ni imaginármelo... Pero bueno, eso no va a ocurrir ¿verdad? Sí, no ocurrirá. Sólo lo sabemos Niall y yo, y bien sé que él no dirá palabra. Más que nada porque si alguien se entera de que yo he ido, también sabrán que él me acompañó y eso es algo que Niall no podría soportar. Ni él ni yo. Nuestras reputaciones quedarían por los suelos... Pf Niall, mi mejor amigo. Estuve a punto de pedirle que me acompañara al parque hoy. Brooke es de esas chicas que no toleran estar solas, siempre viene con una de sus amiguitas de perrito faldero, y yo suelo llevar a Niall para que las entretenga y que ella y yo podamos estar solos. Pero bastante ha hecho ya mi por mí. Además, le conozco a la perfección y sé que odia madrugar. Supongo que si le llego a pedir que me acompañe me habría lanzado una silla a la cabeza, como poco.
Cuando llego al parque me siento en uno de los bancos de madera, esperando a que ellas lleguen. Y lo digo en plural porque estoy seguro de que no vendrá sola. Hace mucho sol, pero por suerte he podido encontrar un banco que está situado bajo la sombra de un gran árbol, y muy cerca de un pequeño lago. Ese es el árbol donde yo solía venir cada vez que discutía con mamá o con papá. Ellos pasaban horas buscándome, sin saber que este era mi lugar, mi secreto. El único que siempre supo donde encontrarme fue Niall, este árbol se convirtió en algo nuestro.
Miro el reloj y me doy cuenta de que llevo aquí más de cinco minutos. Levanto la vista y veo dos figuras femeninas acercarse a lo lejos. Me coloco un poco el pelo y me levanto, esperando a que lleguen. Distingo a Brooke. Lleva una minifalda, el pelo suelto que le cae por los hombros y una camiseta con escote. Me gusta mucho. A su lado va su amiga Megan, o al menos creo que ese era su nombre.
Cuando ya están a menos de cinco metros, Brooke acelera su paso y se acerca a mí sonriendo. Abro los brazos esperando que me abrace. Cuando lo hace separo un poco mi cabeza y me besa apasionadamente. Yo le sigo el beso de la misma forma, ya echaba mucho de menos esto. Abro un ojo y veo que su amiga Megan está sentada en el banco de madera, mirando hacia el lago. Sé que la mente femenina es algo que ningún hombre ha conseguido entender, pero ya es demasiado que Brooke se traiga a su mejor amiga para que se quede apartada mientras nosotros estamos… a lo nuestro.
Brooke me acaricia mientras sigue besándome de la misma forma, pero a mí ya comienza a faltarme el aire. No me esperaba que fuera a saludarme tan afectuosamente.
— Ya tenía ganas de verte…
— Yo a ti también.
Se separa un poco de mí y me sonríe, mirándome tiernamente. Le devuelvo la sonrisa y beso su mejilla.
— ¿Quieres que demos un paseo por el parque? — pregunta. Asiento ligeramente.
— ¿Los tres? — susurro mirando a Megan. Me siento incómodo si sé que ella estará detrás de nosotros. Brooke sonríe.
— Espera — me guiña un ojo. — Oye Megan — su amiga se levanta del banco y se coloca a nuestro lado. Brooke se acerca a ella y le susurra algo en el oído, algo que no consigo escuchar. Observo como las dos se sonríen de forma cómplice, y seguidamente Megan se marcha. Interesante, una chica amable, sobretodo porque ni siquiera se ha molestado en despedirse.
Tomo la mano de Brooke y juntos emprendemos el paso por el largo paseo que recorre el parque. Tengo que admitir que estoy algo nervioso. No quiero parecer un imbécil delante de ella, decir algo sin sentido o simplemente hacer el ridículo. Ella tiene unas expectativas altas sobre mí y no quiero decepcionarla. Mierda, Justin, deja de pensar en eso y escucha lo que te está diciendo.
— Y bueno, el fin de semana pasado estaba de compras con Megan cuando… — oigo su voz de fondo pero soy incapaz de concentrarme en lo que dice. De todas formas no me interesa demasiado saber si se compró la camiseta rosa o prefirió la azul. Me limito a sonreír y asentir de vez en cuando.
— … y al final dijimos que no. — Comienza a reírse de forma algo exagerada y yo no puedo evitar reír con ella. No tengo ni idea de lo que ha dicho, pero da igual. Tú ríete, Justin, que la cagas.
— ¿En qué piensas? — pregunta cuando se acaba de reír. Me pongo nervioso. ¿Cómo sabe que no la escuchaba? — No le has prestado atención a nada de lo que te he estado diciendo. — sonríe.
— Lo siento, es que…
— Pensabas en mí, ya lo sé. — suelta algo coqueta. — Yo también tengo muchas ganas de que llegue el sábado. Será interesante pasar una noche contigo.
Se detiene y vuelve a besarme de la misma forma que antes. Ya no me siento tan nervioso, tan sólo estoy disfrutando de su beso. No estaba pensando en el sábado precisamente, pero de todas formas yo también tengo muchas ganas. Esto de la virginidad no puede ser tan difícil, y cabe la posibilidad de que ella también sea virgen…
Justin, deja de decir tonterías.
|| • ||
— Niall, cariño… despierta… — siento la voz de mi madre muy cerca de mi oído, mientras noto como acaricia suavemente mi mejilla, intentando despertarme. ¿Por qué? ¿Qué pasa? Hoy no hace falta madrugar, mamá. Quiero dormir.
Sin hacerle caso y manteniendo los ojos cerrados, giro sobre el colchón, de forma que quedo dándole la espalda.
— Niall, despierta. Hoy tu padre no trabaja, vamos a pasar el día juntos.
Genial. Si antes ya no me apetecía levantarme, ahora que sé que toca día familiar tengo menos ganas de abrir los ojos. Despego un poco la cabeza de la almohada en un intento de hablar, pero lo único que sale de mi garganta es un extraño gemido.
— No te lo repetiré más, cariño. O te levantas tú solo, o te levantaré yo. — Oigo como sale de mi habitación y baja las escaleras hasta el comedor. Discuto conmigo mismo la idea de obedecerla o seguir durmiendo… pero finalmente opto por la primera. No me apetece que suba con un cubo de agua fría, ya lo hizo una vez.
Me incorporo y quedo sentado en la cama luchando para abrir mis ojos. Lo consigo y dejo que la luz penetre en ellos, cegándome por un momento.
— Joder…
Me pongo en pie y me coloco la camiseta y los pantalones del pijama. Si bajo en calzoncillos mamá me matará. Antes de ir a desayunar me meto en el baño y me lavo la cara con agua fría para despejarme. Es raro que Justin todavía no haya venido a despertarme… creía que me pediría que le acompañara a su cita con Brooke.
— ¡Niall! ¡Más vale que ya te hayas levantado si no quieres que te dé un remojón! — grita mamá. Suspiro y suelto una pequeña risa. Mamá es así.
— ¡Sí, ya voy! — respondo. Me seco la cara con la toalla de manos y bajo las escaleras a toda prisa.
— Buenos días Lindsay — le digo mientras deposito un beso en su mejilla. Ella me sonríe como siempre y me señala el desayuno, que ya está sobre la mesa.
— Buenos días hermoso. Preparé tostadas y bacon. — saca de la despensa una botella de zumo de naranja y me lo sirve amablemente en mi taza. Festejo como un niño pequeño que haya hecho bacon y en menos de dos segundos ya me encuentro devorando todo lo que hay en el plato. Escucho la risa divertida de Lindsay. A veces ella me inspira más confianza que mi madre. Mis padres no la consideran de la familia porque no lleva nuestra sangre, pero yo la veo como una segunda madre, siempre he podido contarle cualquier cosa. Si no le he contado lo que ha estado pasando últimamente con Justin y esas dos chicas es porque él me pidió que no dijera nada. Pero yo estaría encantado si me dejara contárselo. Ella me ayudaría y me diría cómo comportarme en caso de que volviera a ver a Rikki.
Espera, Horan. ¿Por qué tendrías que volverla a ver?
Papá aparece por la entrada de la cocina con una camiseta ancha playera, y un bañador que sirve como bermudas. Le miro extrañado mientras mastico, él nunca suele llevar ropa así. Más bien prefiere llevar traje y corbata. Lleva una nevera portátil en la mano y comienza a llenarla de latas de refresco y agua.
— Papá, ¿dónde vamos? — me decido a preguntar.
— ¿No te lo ha dicho tu madre? Vamos a pasar un día familiar en la playa. Date prisa con eso y sube a cambiarte. — vuelve a desaparecer y oigo como sube las escaleras hacia su habitación. ¿Día familiar en la playa? No puede ser…
— Lindsay, sálvame. — bromeo en tono dramático. Ella me mira riendo y rápidamente vuelve a voltear para seguir limpiando la encimera.
~*~
— Tesoro, ¿te has puesto crema solar? — pregunta. Observo como extiende su toalla a mi lado y seguidamente se tumba bocarriba para tomar el sol. Resoplo.
— Mamá, no tengo cinco años. Puedes dejar de controlarme y de llamarme tesoro.
— Ya sé que has crecido. — se quita las gafas de sol y se incorpora quedándose sentada a mi lado. Me mira fijamente, algo seria, pero con una pequeña sonrisa en su rostro. — Y también sé que estás empezando a hacer cosas nuevas — continúa — empiezas a salir con chicas…
— Eh, mamá — la freno — No voy a hablar contigo de eso.
Ahora mismo no estoy de humor para una conversación madre-hijo. Y Justin tiene razón, ella cree que sigo siendo un bebé. Pero la realidad es que tengo dieciocho años y ella sigue controlándome.
— ¿Por qué no confías en mí? Soy tu madre. — eleva un poco el tono de voz.
— Sí que confío en ti, mamá. — intento zanjar la conversación tumbándome en la toalla y poniéndome las gafas de sol.
— Entonces, ¿por qué me mentiste? Me dijiste que habías estado con Justin la otra tarde. Pero la verdad es que olías a perfume de mujer. — contesta. Mierda, mamá.
— ¿Dónde está papá? — cambio de tema esperando que por fin deje de preguntar.
— En el agua. — responde resignada, y vuelve a tumbarse para seguir tomando el sol.
La imito. No quiero ser así, no quiero mostrarme distante con ella. Pero ahora mismo no puedo decirle otra cosa. No es plan contarle que fui con Justin a un club de strippers para que él cogiera práctica antes de acostarse con su ‘’amiga’’. Ni tampoco decirle que vine oliendo a perfume de mujer porque tuve que pasar la tarde con una de ellas, Rikki, para no estar solo mientras mi amigo se divertía con otra chica.
Y ahora que pienso en todo esto, yo sigo teniendo el número de Rikki. Creo que lo mejor será tirarlo, deshacerme de él. No quiero más problemas, me cayó bien pero no quiero tener nada más que ver con ella.

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