lunes, 7 de mayo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 18}


Una hora después de que Justin se marchara de mi habitación, yo me encuentro tumbado sobre la cama, mirando la pantalla del Ipod para elegir una canción que me apetezca escuchar ahora. Viendo la lista de canciones que tengo, me doy cuenta de que hay muchas que hace meses que no escucho, pero las conservo ahí por si acaso. La mayoría de la gente suele hacerlo, quizá porque aunque no queramos, esas canciones nos traen recuerdos hermosos, o quizá nos recuerdan cosas que queremos olvidar. Vuelvo a coger mis auriculares y los coloco de nuevo en mis oídos, sumergiéndome de lleno en esas maravillosas sensaciones que me provoca la música. La voz de Ed Sheeran ocupa todo mi interior y cierro los ojos, tumbado sobre la cama. Los abro un momento y me encuentro con el techo blanco de mi habitación, vacío. Suspiro. Firefly. Sonrío melancólico, Natalie adoraba esta canción. Supongo que aún le debe de encantar. Escalofríos me recorren el cuerpo, y recuerdo su rostro y sus ojos, lo mucho que me gustaba quedarme mirándola fijamente sin que ella se diera cuenta. Fueron buenos tiempos, pero ya está, todo queda ahí. Ella ahora está fuera de la ciudad con sus padres, estudiando en Holanda. Metí la pata con ella y yo no podía esperar otra cosa. Pero por suerte ahora ella sólo es eso, un bonito recuerdo. Un recuerdo que por nada del mundo querría olvidar, pero tampoco quiero estar pensando en ella todo el día. No es justo para mí. Yo también llevaba tiempo sin escuchar esta canción, pero aún así la mantenía en mi lista de reproducción. Quizá sea por el motivo que he dicho. Los recuerdos que me trae esta canción son demasiado bonitos, me recuerdan un tiempo que yo pasé feliz. Y eliminarla de mi reproductor de música sería como intentar eliminar su recuerdo de mi vida.
Aunque últimamente yo también he notado que algo nuevo ha invadido mis pensamientos, que un nuevo sentimiento aparece de vez en cuando. Y puede que esa chica de larga melena negra y ojos tan verdes como las esmeraldas tenga algo que ver. Es algo extraño, porque cuando pienso en ella, los deseos de volver a verla y de pasar tiempo con ella me abruman. Es una sensación extraña porque me siento bien estando con ella. Los nervios se apoderan de mí y me hacen tartamudear, incluso a veces impiden que me salga la voz, pero me gusta que me pase cuando estoy con ella, porque sé que le divierte y que le parece tierno. Y eso es algo bueno… o al menos eso creo. Ella parece tan diferente de Natalie… son como el agua y el aceite. Lo que una detestaba, a la otra le encanta. Natalie odiaba que me pusiera nervioso delante de ella, siempre insistía en que debía ser yo mismo, sin temerle a nadie. Yo agradecía de corazón que se preocupara por mí, pero eso sólo hacía que yo me sintiera peor. En cambio a Rikki parece divertirle, como si le pareciera tierno. No sé si esa podría ser la definición exacta, pero se le acerca.
Miro el reloj que hay colgado en mi pared, justo encima de mi cama, y me doy cuenta de que media hora más se ha marchado. Una media hora que ya no volverá. Después dirijo mi mirada al suelo, y me doy cuenta de que mi habitación es un desastre. En un rincón de la habitación hay un montón de ropa sucia que tengo que bajarle a mamá para que la lave. Tres pares de supras están desperdigados por la habitación, mientras que en mi escritorio hay cinco polos y dos pantalones doblados que mamá ha subido esta mañana. Se supone que tenía que colocarlos dentro del armario. Se suponía. También se supone que tengo que ser ordenado porque dejé de ser un niño hace tiempo. Pulso la tecla del stop del Ipod. Saco los auriculares de mis oídos y los enrollo alrededor del aparato. Suspiro y miro fijamente el suelo de mi habitación. Quizá sea mejor empezar por guardar los polos y los pantalones limpios dentro del armario…
Cuando me acerco al escritorio escucho unos pasos por la escalera que parecen de mamá. Mi suposición se confirma cuando ella entra en mi habitación sin llamar a la puerta. Algún día me encontrará en una situación comprometida, ya lo verá. Su cara muestra una expresión horrorizada cuando ve mi cuarto.
— Niall James Horan, no vas a salir de tu habitación hasta que todo esto quede cómo los chorros del oro, ¿me has entendido?
— Sí, mami. — pongo una voz dulce, como la de un niño pequeño y beso su mejilla intentando hacerle la pelota. Ella me aparta sonriendo y tras lanzarme una mirada de advertencia se dirige a la puerta de mi habitación.
— Justin está abajo. Recoge todo esto y baja.
¿Justin está aquí? Hace menos de dos horas que le he visto, supongo que será algo importante.
Obedezco a mamá y recojo mi habitación lo más deprisa que puedo, siento curiosidad por saber qué hace aquí. Dejo para lo último el montón de ropa sucia y rápidamente bajo las escaleras hacia la galería para meterlas dentro de la lavadora.
Una vez hecho esto salgo al salón, donde veo a Justin conversando con mi padre. Carraspeo y ambos me miran. Con un ligero movimiento de cabeza le indico a Justin que subamos arriba. Si nos quedamos durante más tiempo abajo, mamá aparecerá con una merienda y nos insistirá en que nos quedemos todos juntos charlando en el salón.
Subimos las escaleras en silencio y yo acelero el paso deseando llegar a mi habitación. Tengo demasiada curiosidad por saber qué hace aquí. Cuando llegamos nos sentamos los dos sobre la cama.
— Va, suéltalo ya.
— ¿Cómo sabes que tengo que contarte algo importante?
— Has estado aquí hace un rato. No creo que me eches tanto de menos. — río y él revolotea los ojos.
— He estado con Sam… la he acompañado a ver a un amigo.
— ¿A ver a un amigo? ¿tú conoces a sus amigos? — pregunto incrédulo.
— No, pero me la encontré en la calle y me ofrecí a acompañarla. Fuimos encima de Estela y después la acompañé a casa, y para despedirme me besó. — lo dice tan rápido que me cuesta entender todo lo que ha dicho. Pero al escuchar la última frase mis ojos se abren, al igual que mi boca.
— ¿Te besó? ¿has dicho que te besó?
— Sí… — susurra y una sonrisilla se escapa de sus labios mientras baja la mirada. Yo alzo las cejas. Me parece que alguien empieza a engancharse de alguien.
Su mirada se cruza con la mía y rápidamente vuelve a ponerse igual de serio que antes. Pero conmigo ya no funciona, ya me he dado cuenta de todo.
— Oye… ¿y qué tal está Brooke?
— ¿Brooke? — me mira confundido.
— Sí, Brooke. Rubia, ojos azules. Parecida a una muñeca, de inteligencia algo cortita…
— ¡Que sí! — me interrumpe — te he entendido a la primera. Y no sé como está, no he hablado con ella desde esa noche. — Entiendo que con eso intenta zanjar el tema. Y a pesar de que me gustaría seguir insistiéndole y picándole hasta que me grite que le gusta Sam, decido callarme. Ahora mismo es lo mejor. — Oye, me apetece ir a dar una vuelta… — cambia de tema. — ¿Te vienes?
— Está bien, vamos.
|| Justin ||
Más de treinta y cinco minutos caminando hacen que nos alejemos completamente de nuestro barrio. De hecho, creo que estamos en un parque cercano al Black Diamond, porque toda esta zona me suena muchísimo. Supongo que Sam y Rikki vivirán por esta zona. Optamos por sentarnos en un banco de piedra que hay junto a unos matorrales.
— En este parque estuvimos Rikki y yo la primera vez que quedamos. Fue el mismo día que tú fuiste a casa de Sam. — mientras habla me mira sonriente, hasta diría que algo ilusionado.
— Te gusta Rikki, eh — le doy leves codazos mientras le miro de forma pícara. En menos de dos segundos sus mejillas están totalmente enrojecidas. Me aparta la mirada. — Oye, que es normal. — lo tranquilizo. — Ella está muy buena… ¿a qué chico no le gustaría?
— ¿A ti te gusta? — me pregunta nervioso. Yo carcajeo. Va ser verdad que tengo razón y que esta chica le gusta, y por lo que parece, le gusta demasiado, porque acaba de tener su primer ataque de celos. Niego con la cabeza mientras le sonrío, haciendo que él sonría también.
— De todas formas da igual… — musita. — No creo que la vuelva a ver.
— Eso nunca se sabe, hermano.
La sonrisa se me borra cuando diviso a lo lejos a dos hombres vestidos de negro. A medida que se acercan uno de ellos me va resultando familiar. Cierro un poco los ojos para obtener una visión mejor, y entonces me doy cuenta. Es el mismo tipo que estaba en el almacén hace un rato, cuando he ido con Sam. Y el hombre que va a su lado debe de ser John. Mierda, al tipo del almacén le ha sobrado tiempo para ir a John y contarle que yo he acompañado a Sam. No puedo evitar ponerme nervioso al ver que John se acerca hacia nosotros. No entiendo cómo han podido saber que yo estaba aquí, y de repente me entra miedo. Miedo porque no conozco a este hombre, pero por lo que Sam me ha dejado ver, no es un hombre amigable.
— Justin, ¿qué pasa? — Niall interrumpe mis pensamientos, pero al ver que yo mantengo la vista fija en la misma dirección, voltea para averiguar qué es lo que estoy mirando tan fijamente. — ¿Quién es? — pregunta al ver que John se acerca a nosotros.
— Cállate. No hables, ¿me oyes? — susurro. Probablemente esto lo haya asustado, porque traga saliva fuertemente. Quizá no sea para tanto, pero prefiero que mantenga la boca cerrada. No me gustaría que se le escapara decir dónde vivimos, por si acaso.
Ambos nos ponemos en pie cuando John está a menos de dos metros de nosotros.
— Tú eres el que estaba con Sam, ¿verdad? — su voz es grave y autoritaria. No me extraña que Sam no dudara a la hora de obedecerle.
— Sí. — intento parecer firme y lo más seguro de mí mismo que puedo. Este tío me saca más de una cabeza, y su espalda es casi el doble de la mía, pero no quiero que me vea como a un flojucho.
— Mira, chaval, voy a ser claro contigo. No vuelvas a meterte en nada que tenga que ver conmigo. — ahora también dirige una mirada hacia Niall. — Los dos. Alejaos de mis chicas.
Sin decir nada más se marcha, dejándonos aún más confundidos que al principio. Sobretodo a Niall. No estamos asustados, simplemente sorprendidos. Ese tío nos acaba de amenazar. No lo ha hecho directamente, pero es evidente que para él son ‘’sus chicas’’.
|| Rikki ||
No sé qué se trae Sam con John, pero la cuestión es que ni hoy ni mañana tenemos que ir a trabajar, porque nos han dado las noches libres. No me atrevo a preguntarle a Sam cuál es el motivo de eso, porque si ella misma no me lo ha querido contar, será mejor dejarlo estar. No me gusta que me oculte cosas, pero supongo que no debe de ser nada. Y si no, tarde o temprano terminará contándomelo… siempre lo hace.
Vamos por la calle, de camino a nuestra heladería favorita. La misma heladería a la que fui con Niall la primera vez que estuvimos juntos. Sonrío recordando el batido de cookies al que me invitó.
Para llegar a esa cafetería tenemos que pasar primero por el parque, el mismo parque al que también fui con él. Y supongo que tanto pensar en Niall no debe de ser bueno, porque empiezo a tener alucinaciones. Ahora mismo lo estoy viendo parado delante de uno de los bancos de piedra, al lado de Justin. Miro un poco más a la izquierda y veo a John, alejándose de allí junto a otro hombre. Sam y yo nos miramos, y antes de que nos dé tiempo a adivinar qué está pensando la otra comenzamos a caminar a paso acelerado hacia ellos.
— ¡Justin! ¡Niall! — ella los llama haciendo que se giren en nuestra dirección. Aceleramos el paso todavía más, casi corriendo, y nos acercamos a ellos.
— ¿Qué estáis haciendo aquí? — nos detenemos delante de ellos. Nos miran como si fuéramos fantasmas, no se esperaban que fuéramos a aparecer de repente. Me topo con los ojos cielo de Niall y le sonrío. Me devuelve el gesto algo nervioso.
— ¿Ese era John? ¿ha estado hablando con vosotros? — Sam se muestra más nerviosa de lo que en realidad debería estar. No me gusta todo esto.
— Ya lo sabe. — Justin y Sam se miran fijamente, muy serios, como si supieran de qué va todo esto.
— Bueno, ¿vais a explicarnos qué está pasando aquí, o qué? — decido intervenir. Estos dos tienen pinta de estar mirándose durante un largo rato, y no me apetece presenciar una escenita romántica entre ellos. Ahora no.
— No es nada, Rikki. John me pidió que fuera a buscar la cocaína que un amigo tenía que darle, a cambio nos daría las noches libres. Me encontré a Justin por el camino y él vino conmigo. John debe de haberse enterado, y ahora habrá venido a decirle a Justin que no vuelva a hacer nada parecido, ¿no?
Niall asiente frenéticamente con la cabeza, adelantándose a Justin. Parece que John le ha intimidado de verdad, aunque desde donde nosotras lo hemos visto, no ha parecido una conversación demasiado violenta.
Escruto sin disimulo la mirada de Niall, tratando de atisbar un resquicio de algo a parte de su timidez y expresión asustada. Quizá una pizca de deseo, algo que me haga ver que cuando me ve siente algo, a parte de esos nervios causados por mi gran iniciativa.
Me aparta la mirada, nervioso, la posa en Justin que está demasiado centrado en un juego de miradas con Sam. No puedo evitar soltar un suspiro a la vez que pienso que nosotros deberíamos de estar en la misma situación, en el mismo juego tonto, con las misma sonrisas estúpidas.
Niall no dura ni diez segundos con la vista posada en los tortolitos, quizá por su mente haya pasado por lo mismo que por la mía, tal vez piense igual que yo y se lance a llevarme a un lugar dónde
podamos estar solos.
Nada, es un milagro que me esté manteniendo la mirada.
Me decido. No sé por qué pero siento terribles ganas de estar con él, a solas, como el otro día. Repetir sensaciones.
— Niall...-lo llamo suave, casi en un susurro. Él me presta atención, casi suplicando una respuesta con su profunda mirada azul celeste. — ¿Te acuerdas del batido de cookies? — No puedo evitar que una sonrisa algo pícara aparezca en mis labios. Aquella tarde sirvió para que cogiéramos algo de confianza, una tarde en la que el tiempo parecía avanzar más deprisa de lo normal, porque se me hizo demasiado corta. Pero ese reducido tiempo me bastó para saber que él es diferente al resto de chicos. No he tenido la oportunidad de conocer a Justin, pero estoy demasiado segura de que no se parece en nada a él.
Los ojos de Niall siguen un impulso, por instinto se posan en la heladería que hay justo en la esquina en frente de nosotros. Yo la señalo con la barbilla, casi preguntándole si le gustaría repetir, porque la verdad es que yo me muero de ganas. Una sonrisa, la más amplia que le he visto esbozar hasta ahora, se apodera de su rostro, iluminándolo y haciendo que desaparezca por completo la expresión de desconcierto que tenía después de que se fuera John. Me impide dudar sobre qué puede haber detrás de su mirada tímida, haciéndome creer que hay lo mismo que detrás de toda mi energía e iniciativa: Algo más, algo que realmente desconocemos. Pero algo que queremos conocer, que necesitamos descubrir.
— Vamos — digo en un tono suave, casi susurrando, pero tan alto como mi gran sonrisa me permite. Agarro su mano, cogiéndolo por sorpresa, arrastrándolo tras de mí. Y nos alejamos así, sin mirar atrás, pero notando que estamos bajo las atentas miradas de Sam y Justin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario