El sol entra por mi ventana provocando que un intenso y fuerte dolor se apodere de mis ojos, para luego ir subiendo hasta mi cabeza. Uno de mis ojos se abre inconscientemente pero un segundo más tarde tengo que volver a cerrarlo. Volteo para que mi cara quede apoyada encima de mi esponjosa y suave almohada. Pero aún así no consigo coger el sueño, igual que anoche. Me costó demasiado dormirme, no podía parar de dar vueltas y más vueltas encima de la cama. Y cuando por fin parecía que conseguiría dormirme, resulta que me tengo que levantar porque anoche se me olvidó cerrar la persiana, y la luz que entra es demasiada para dejarme dormir. Me quedo sentando encima de la cama , observando mi habitación. La ropa de ayer noche está tirada por los suelos junto con el móvil. Y en ese instante me acuerdo del mensaje. Niall. Ayer noche me peleé con mi mejor amigo. Un montón de recuerdos invaden mis pensamientos, uno a uno, sin pausa. Me hacen recordar que ayer quedé como un completo imbécil delante de todas las personas que miraban. Recordando el sabor de sus labios, los labios de Sam, rosados y cálidos. Lo mal que se lo hice pasar a Brooke.
Me pongo en pie como un rayo y cojo mi teléfono, espero que todo esto haya sido un sueño. Aún cabe la posibilidad de que yo esto lo haya soñado… pero todas las esperanzas se me van al ver que mi amigo me ha contestado al mensaje.
• No te preocupes, quiero hablar contigo. Ven a mi casa en cuanto te despiertes
Me pongo en pie como un rayo y cojo mi teléfono, espero que todo esto haya sido un sueño. Aún cabe la posibilidad de que yo esto lo haya soñado… pero todas las esperanzas se me van al ver que mi amigo me ha contestado al mensaje.
• No te preocupes, quiero hablar contigo. Ven a mi casa en cuanto te despiertes
Una pequeña sonrisa surge en mis labios. Por lo que parece me ha perdonado, ahora mismo podré desahogarme con él, porque es lo que realmente necesito. Un hombro donde apoyarme… y puedo asegurar que aún no he encontrado un apoyo mejor que Niall.
|| Sam ||
Me levanto de la cama con total desgana. Ayer fue un día demasiado largo, tan largo que diría que hubiera sido mejor si no me hubiera levantado. John acaba de llamarme, tengo que verle con urgencia, tanta que me obliga a salir de casa sin ni siquiera darme tiempo para que me maquille un poco. Dice que tiene que comentarme unos asuntos del Black Diamond, pero yo sé que no puede ser nada bueno. Normalmente suele llamar a Rikki para estos temas. ¿Por qué me ha llamado a mí esta vez? Sinceramente, desconozco la respuesta.
Hoy he decidido vestirme de la forma más sencilla posible, no quiero llamar la atención. Nunca me ha gustado que los tíos me miren de esa manera. Llega a cansar. He optado por ponerme unos pitillos con una camiseta rosa normal y corriente. Eso sí, estoy dudosa sobre cómo llevar el pelo. No sé si hacerme una coleta o dejarlo suelto. De momento creo que lo dejaré así. Sonrío antes de alejarme del espejo y voy directa al cuarto de Rikki , donde cojo un bolígrafo y con un papel para dejarle una nota. No quiero que se preocupe.
‘’Voy a dar una vuelta, no comeré en casa, te quiero’’·
Tampoco es necesario darle demasiadas explicaciones. Ella sabe que yo soy así, no me gusta demasiado que me controlen.
Cuando voy bajando las escaleras, veo al amigo de Justin, Niall. Está lejos y por un momento me cuesta reconocerle, pero sus peculiares zapatos incluidos con el movimiento de piernas que siempre suele hacer cuando está nervioso, me dan a entender que sí que es él, y que está aquí por Rikki. Al menos ellos se llevan bien. Yo con Justin… bueno, mejor no pensar en el tema. El caso es que tengo que ir a hacer uno de los trabajos sucios de John. A cambio él nos dará noches libres para que no tengamos que trabajar en el Black Diamond. Parece un precio justo.
No le quiero decir nada de esto a Rikki, estoy segura de que si se entera de que tengo que ir a ver a un hombre para que me dé unos kilos de droga para John, no me dejaría ir sola. Y yo soy lo suficiente mayorcita como para hacerlo sin la ayuda de nadie.
Hoy he decidido vestirme de la forma más sencilla posible, no quiero llamar la atención. Nunca me ha gustado que los tíos me miren de esa manera. Llega a cansar. He optado por ponerme unos pitillos con una camiseta rosa normal y corriente. Eso sí, estoy dudosa sobre cómo llevar el pelo. No sé si hacerme una coleta o dejarlo suelto. De momento creo que lo dejaré así. Sonrío antes de alejarme del espejo y voy directa al cuarto de Rikki , donde cojo un bolígrafo y con un papel para dejarle una nota. No quiero que se preocupe.
‘’Voy a dar una vuelta, no comeré en casa, te quiero’’·
Tampoco es necesario darle demasiadas explicaciones. Ella sabe que yo soy así, no me gusta demasiado que me controlen.
Cuando voy bajando las escaleras, veo al amigo de Justin, Niall. Está lejos y por un momento me cuesta reconocerle, pero sus peculiares zapatos incluidos con el movimiento de piernas que siempre suele hacer cuando está nervioso, me dan a entender que sí que es él, y que está aquí por Rikki. Al menos ellos se llevan bien. Yo con Justin… bueno, mejor no pensar en el tema. El caso es que tengo que ir a hacer uno de los trabajos sucios de John. A cambio él nos dará noches libres para que no tengamos que trabajar en el Black Diamond. Parece un precio justo.
No le quiero decir nada de esto a Rikki, estoy segura de que si se entera de que tengo que ir a ver a un hombre para que me dé unos kilos de droga para John, no me dejaría ir sola. Y yo soy lo suficiente mayorcita como para hacerlo sin la ayuda de nadie.
|| Justin ||
La madre de Niall, como siempre, me abre la puerta con una sonrisa en la cara. Ella siempre ha creído que los dos llevamos una buena conducta, y que somos casi iguales a dos chicos perfectos. Mamá también piensa lo mismo. Siempre nos han querido llevar por su terreno. No son malas madres, sino todo lo contrario. Se preocupan por nosotros y se encargan de guiarnos por el camino correcto. Y posiblemente ese sea su único error. Ambos somos hijos únicos, y tienen tanto miedo a perdernos que nos controlan demasiado. Tanto él como yo somos mayores de edad, tenemos edad suficiente para saber lo que hacemos y con quién lo hacemos. Tienen que dejar que nos equivoquemos, que aprendamos de nuestros propios errores. Es la única forma de avanzar en la vida.
— ¿Cómo va todo, Justin? — Me pregunta. Yo le sonrío lo más simpático que puedo, ahora mismo no tengo ganas de hablar con Maura. Tengo que hablar con Niall cuanto antes.
— Todo bien, como siempre. — Aclaro. Ella va a responderme, pero me adelanto para dejarla con la palabra en la boca. — Niall está arriba, ¿verdad?
— Así es — responde.
Posiblemente haya parecido un poco maleducado, o algo por el estilo, pero de verdad que necesito hablar con Niall. La puerta de su habitación, como siempre, está cerrada. Así que sin previo aviso entro en su habitación como si se tratara de la mía. Él está sentado en su cama, escuchando música del Ipod. Cierro la puerta haciendo un poco de ruido para que se dé cuenta de que no está solo en la habitación. Pero el intento ha sido fallido. Está tan metido en su mundo que ahora mismo podrían venir cuatro marcianos del espacio dispuestos a abducirlo, que él seguiría sin enterarse. Muchas veces me ha pasado esto, la música. Es una de tus mejores amigas. Algunas canciones expresan más que cualquier otro arte, y lo más importante de todo es que te hacen volar. Tocar el cielo con la punta de tus dedos. Te hacen sentir, puesto que muchas veces lloras de lo identificado que te sientes con esa letra. Y muchas veces te hace sonreír. Sonreír porque algún recuerdo ha entrado en tu cabeza y entonces, eres feliz. Y posiblemente todo esto es lo que le este pasando a mi mejor amigo ahora mismo. Preferiría no tener que molestarle ahora, pero es lo que tengo que hacer. Me siento en frente de la cama para captar su atención. Y ahora sí, hace un pequeño movimiento con la cabeza y pone cara de sorprendido. Parece asustado. Lo que yo decía, estaba en su mundo.
— ¿Cuándo has entrado? — Me pregunta. Aún tiene cara de subnormal.
— Hace unos minutos — Le sonrío. El gira la cabeza, aún parece estar algo molesto. Y lo entiendo, ataqué por donde más le dolía. Soy el único que sabe el problema que tiene, soy el único que sabe como se siente cada vez que se pone así. Tendría que haberle prestado más atención.
— Lo siento, Niall… no sabes cuánto — Me disculpo. Él vuelve a mirarme con cara de sorpresa. Pocas veces le he pedido perdón a él, en realidad no suelo pedirlo nunca. O al menos, no de forma tan directa. Siempre que me he disculpado con alguien ha sido por algo forzado, o porque de verdad me arrepentía. Soy orgulloso, realmente orgulloso.
— ¿Me estás pidiendo perdón? — Yo asiento. — ¿Eres Justin? ¿Justin Bieber? ¿Pedirme perdón? ¿Tú a mí? — Suelta una carcajada irónica un tanto nerviosa y yo por dentro me estoy muriendo de la risa. Su cara es muy divertida, esto tendría que haberlo hecho mucho antes.
— Oh, venga, no me hagas volver a repetirlo… — Me abraza. Tan fuerte que puedo sentir su corazón palpitando contra mi pecho. Le va a mil por hora, tal vez… y sólo tal vez esté pensando en Natalie, o en la chica del Black Diamond, Rikki.
— ¿Sabes? — Dice mientras se separa. — Deberías ir a hablar con Sam — Me quedo congelado, como si algo se accionara en mi interior. Sam. Sus besos. Sus caderas. Su sonrisa. Sus ojos. Su boca. Sus manos. Su olor. Sam. Ella entera. Perfecta. Hermosa. Coqueta. Traviesa. Adictiva. Droga. Mi droga. Mi perdición. Perder. Brooke. Bar. Ridículo. Destrozado. Todo se vuelve negro, tan negro que ahora mismo no se ni dónde estoy.
— ¿Justin? — La voz de mi mejor amigo me hace volver en mí. ¿De verdad piensa que voy a ir a hablar con ella? Si ya me ha costado pedirle perdón a él, que es como mi hermano, ni loco podría pedirle perdón a ella. Y todavía más sabiendo el tipo de chica que es. En todo caso tendría que pedírmelo ella, pero de todas formas prefiero que no me lo pida. Tengo que sacarla de mi vida, y cuando antes mejor.
— Ni de coña — Responfo. Niall hace una mueca extraña con la boca. Posiblemente esté pensado en algo que contestarme, o quizá piense que tengo razón, o que me estoy equivocando. Quién sabe…
— Justin… Entiéndela también a ella. No hace falta conocerla demasiado para imaginar cómo se debió sentir. Usada como un trapo. — Vale, en eso tiene razón. Pero tampoco es lógico nada de esto. Si le ofende que los hombres la traten de esta forma no debería haber empezado a trabajar en ese lugar. Y por otra parte, ¿por qué la ha tomado sólo conmigo? Podría apostar mi vida a que no soy el único que lo ha hecho. Muchos otros van allí simplemente para disfrutar dentro de ellas. Sólo para usarlas como un objeto. Lo único que a ella debería preocuparle es que al final de la noche le den su dinero.
— No tiene sentido — contesto después de pensar en todo eso. — ¿Para qué se dedican a esto, Niall?. Todo el mundo las trata así. ¿No lo ves? — Él se queda callado durante unos segundos. Durante un momento creo verle con el ceño fruncido, quizá pensando en que Rikki se dedica a exactamente lo mismo que Sam. Y por algún motivo parece no gustarle demasiado esa idea.
— A pesar de eso, es una chica… entiende que tiene sentimientos. Y de todas formas, ella no conoce al resto de hombres. En cambio contigo supo para qué ibas allí, y eso le ofendió.
— Ya, se enteró por ti — espeto, atacándole. Se queda en silencio. En cierto modo Niall tiene razón, es normal que se sienta así… porque realmente iba a ser un segundo plato, un segundo plato para enseñarme cómo darle placer a Brooke. Pero lo que importa aquí es que sigo siendo virgen, he perdido a mi chica y mi vida se está arruinando por el echo de haber entrado en ese maldito bar.
— El caso es — vuelve a insistir — que por un motivo u otro lo saben, y tú deberías pedirle perdón — Me replica. — ¿Qué te cuesta? No vas a volver a verla más.
¿No voy a volver a verla más?
— Niall, yo no hice nada — Me quedo pensando. ¿O tal vez sí?
— No Justin, tú nunca haces nada… solamente la usaste y heriste su orgullo, pero no… tú nunca haces nada.
— Todo bien, como siempre. — Aclaro. Ella va a responderme, pero me adelanto para dejarla con la palabra en la boca. — Niall está arriba, ¿verdad?
— Así es — responde.
Posiblemente haya parecido un poco maleducado, o algo por el estilo, pero de verdad que necesito hablar con Niall. La puerta de su habitación, como siempre, está cerrada. Así que sin previo aviso entro en su habitación como si se tratara de la mía. Él está sentado en su cama, escuchando música del Ipod. Cierro la puerta haciendo un poco de ruido para que se dé cuenta de que no está solo en la habitación. Pero el intento ha sido fallido. Está tan metido en su mundo que ahora mismo podrían venir cuatro marcianos del espacio dispuestos a abducirlo, que él seguiría sin enterarse. Muchas veces me ha pasado esto, la música. Es una de tus mejores amigas. Algunas canciones expresan más que cualquier otro arte, y lo más importante de todo es que te hacen volar. Tocar el cielo con la punta de tus dedos. Te hacen sentir, puesto que muchas veces lloras de lo identificado que te sientes con esa letra. Y muchas veces te hace sonreír. Sonreír porque algún recuerdo ha entrado en tu cabeza y entonces, eres feliz. Y posiblemente todo esto es lo que le este pasando a mi mejor amigo ahora mismo. Preferiría no tener que molestarle ahora, pero es lo que tengo que hacer. Me siento en frente de la cama para captar su atención. Y ahora sí, hace un pequeño movimiento con la cabeza y pone cara de sorprendido. Parece asustado. Lo que yo decía, estaba en su mundo.
— ¿Cuándo has entrado? — Me pregunta. Aún tiene cara de subnormal.
— Hace unos minutos — Le sonrío. El gira la cabeza, aún parece estar algo molesto. Y lo entiendo, ataqué por donde más le dolía. Soy el único que sabe el problema que tiene, soy el único que sabe como se siente cada vez que se pone así. Tendría que haberle prestado más atención.
— Lo siento, Niall… no sabes cuánto — Me disculpo. Él vuelve a mirarme con cara de sorpresa. Pocas veces le he pedido perdón a él, en realidad no suelo pedirlo nunca. O al menos, no de forma tan directa. Siempre que me he disculpado con alguien ha sido por algo forzado, o porque de verdad me arrepentía. Soy orgulloso, realmente orgulloso.
— ¿Me estás pidiendo perdón? — Yo asiento. — ¿Eres Justin? ¿Justin Bieber? ¿Pedirme perdón? ¿Tú a mí? — Suelta una carcajada irónica un tanto nerviosa y yo por dentro me estoy muriendo de la risa. Su cara es muy divertida, esto tendría que haberlo hecho mucho antes.
— Oh, venga, no me hagas volver a repetirlo… — Me abraza. Tan fuerte que puedo sentir su corazón palpitando contra mi pecho. Le va a mil por hora, tal vez… y sólo tal vez esté pensando en Natalie, o en la chica del Black Diamond, Rikki.
— ¿Sabes? — Dice mientras se separa. — Deberías ir a hablar con Sam — Me quedo congelado, como si algo se accionara en mi interior. Sam. Sus besos. Sus caderas. Su sonrisa. Sus ojos. Su boca. Sus manos. Su olor. Sam. Ella entera. Perfecta. Hermosa. Coqueta. Traviesa. Adictiva. Droga. Mi droga. Mi perdición. Perder. Brooke. Bar. Ridículo. Destrozado. Todo se vuelve negro, tan negro que ahora mismo no se ni dónde estoy.
— ¿Justin? — La voz de mi mejor amigo me hace volver en mí. ¿De verdad piensa que voy a ir a hablar con ella? Si ya me ha costado pedirle perdón a él, que es como mi hermano, ni loco podría pedirle perdón a ella. Y todavía más sabiendo el tipo de chica que es. En todo caso tendría que pedírmelo ella, pero de todas formas prefiero que no me lo pida. Tengo que sacarla de mi vida, y cuando antes mejor.
— Ni de coña — Responfo. Niall hace una mueca extraña con la boca. Posiblemente esté pensado en algo que contestarme, o quizá piense que tengo razón, o que me estoy equivocando. Quién sabe…
— Justin… Entiéndela también a ella. No hace falta conocerla demasiado para imaginar cómo se debió sentir. Usada como un trapo. — Vale, en eso tiene razón. Pero tampoco es lógico nada de esto. Si le ofende que los hombres la traten de esta forma no debería haber empezado a trabajar en ese lugar. Y por otra parte, ¿por qué la ha tomado sólo conmigo? Podría apostar mi vida a que no soy el único que lo ha hecho. Muchos otros van allí simplemente para disfrutar dentro de ellas. Sólo para usarlas como un objeto. Lo único que a ella debería preocuparle es que al final de la noche le den su dinero.
— No tiene sentido — contesto después de pensar en todo eso. — ¿Para qué se dedican a esto, Niall?. Todo el mundo las trata así. ¿No lo ves? — Él se queda callado durante unos segundos. Durante un momento creo verle con el ceño fruncido, quizá pensando en que Rikki se dedica a exactamente lo mismo que Sam. Y por algún motivo parece no gustarle demasiado esa idea.
— A pesar de eso, es una chica… entiende que tiene sentimientos. Y de todas formas, ella no conoce al resto de hombres. En cambio contigo supo para qué ibas allí, y eso le ofendió.
— Ya, se enteró por ti — espeto, atacándole. Se queda en silencio. En cierto modo Niall tiene razón, es normal que se sienta así… porque realmente iba a ser un segundo plato, un segundo plato para enseñarme cómo darle placer a Brooke. Pero lo que importa aquí es que sigo siendo virgen, he perdido a mi chica y mi vida se está arruinando por el echo de haber entrado en ese maldito bar.
— El caso es — vuelve a insistir — que por un motivo u otro lo saben, y tú deberías pedirle perdón — Me replica. — ¿Qué te cuesta? No vas a volver a verla más.
¿No voy a volver a verla más?
— Niall, yo no hice nada — Me quedo pensando. ¿O tal vez sí?
— No Justin, tú nunca haces nada… solamente la usaste y heriste su orgullo, pero no… tú nunca haces nada.
|| Sam ||
Aún no me puedo creer que esté caminando por la zona alta, la zona rica de la ciudad. Es todo tan perfecto… la luz del sol incluso se ve más brillante. Las personas no dejan de sonreír. Las chicas parecen modelos, con esas cabelleras tan largas, brillantes, aparentemente suaves. También ayuda la forma en que se visten. Y los chicos… me derrito cada vez que veo uno. Esos polos de marca que se les ajustan al pecho los hacen muy deseables. ¡Sam! -me digo a mi misma-. Tengo que dejar de pensar en esto ahora. Tengo que concentrarme. Giro una esquina y me encuentro con una urbanización. Un complejo con más casas lujosas, pero esta vez todavía más que las anteriores. Y esas ya me parecían insuperables. Según las indicaciones de John esto tendría que estar unos dos kilómetros más lejos, pasado este complejo de casas. Sí… me voy a morir caminando. Observo cada una de esas lujosas viviendas y me imagino tener una vida como la de las personas que viven ahí. Tener una vida donde todo sea perfecto. Donde no tenga problemas. Donde todo sean sonrisas. Donde no tengas preocupaciones que te impidan vivir con normalidad. Y que nada ni nadie pueda cambiar eso, que nada pueda estropearte el día. Por que al fin y al cabo, ellos tienen una vida de cuento de hadas. Cuentos como los que me contaba mi madre Esos cuentos que siempre me hacían sonreír, en los que yo misma me imaginaba ser la protagonista de esa historia fantástica. Luego tocaba soñar con el príncipe azul, que venía a tu torre para rescatarte. Pero cuando creces te das cuenta de que la vida no es de color rosa, que tienes problemas, demasiados problemas. Y también te das cuenta de que vas a tener que aprender a vivir con ellos, porque ningún príncipe va a aparecer de la nada montado sobre su caballo blanco, dispuesto a salvarte. Incluso hay veces en las que miras hacia atrás, reflexionando sobre todo lo que has hecho a lo largo de tu vida, y deseas no haber nacido. ¿Por qué tienes que estar tú aquí? ¿Qué papel tienes? ¿El de sufrir? Pues para eso… mejor no haber llegado nunca a este mundo. Cuando eres pequeña deseas crecer, ser mayor para poder independizarte y vivir tu vida. Y cuando por fin lo consigues, te das cuenta de que todo es mucho más fácil cuando eres una niña pequeña e inocente, y deseas volver a serlo. Es irónico, y puede que un tanto egoísta. Las personas siempre deseamos lo que no podemos tener.
— ¿Sam? ¿eres tú? — Su voz. Podría saber que es de él incluso con miles de motores ruidosos encendidos a mi alrededor. Es esa misma voz que me dejó hipnotizada la primera vez que la escuché. Su voz grave y sexy que me hace tocar el cielo con las manos. ¿Sam? ¿qué clase de cursiladas estás diciendo ahora?.
Justin. Él es el único que me hace sentir eso. Aunque aún no entienda el porqué.
— ¿Sam? ¿eres tú? — Su voz. Podría saber que es de él incluso con miles de motores ruidosos encendidos a mi alrededor. Es esa misma voz que me dejó hipnotizada la primera vez que la escuché. Su voz grave y sexy que me hace tocar el cielo con las manos. ¿Sam? ¿qué clase de cursiladas estás diciendo ahora?.
Justin. Él es el único que me hace sentir eso. Aunque aún no entienda el porqué.
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