|| Justin ||
Nada más llegar a mi habitación para dejar las llaves, escucho que mamá y papá me llaman desde el salón. Supongo que debe de ser algo importante, así que me apresuro y bajo las escaleras lo más rápido posible, llevándome por delante uno de los jarrones de mamá, pero consigo cogerlo al vuelo y, después de suspirar de alivio, lo vuelvo a colocar en el pueblecito.
— ¡Justin! ¿Vienes o no? — insiste mamá.
— Estoy aquí.
Aparezco por la puerta del salón y me siento en el sofá, frente a ellos.
— ¿Qué tal te va con Brooke? ¿sois amigos?
Debía haberme imaginado que se trataba de esto. Al fin y al cabo, parte los negocios de papá dependen de mi relación con ella.
— Más o menos.
— ¿Y eso qué significa? — interviene mamá — ¿estáis juntos?
Estaría encantado de responderle que sí, pero esa actuación de cierta chica y su amiga la noche del restaurante lo estropeó todo.
— No, no estamos juntos. La llevé a cenar la otra noche, pero discutimos. Desde entonces no la he visto.
Mamá frunce el ceño y papa me mira casi sin poder creerse lo que ha escuchado. Pienso que sacan las cosas de quicio. Quienes tienen que llevarse bien son mi padre y el de Brooke, no ella y yo. Ellos son quienes firman los contratos, los que tienen que estar de acuerdo, no nosotros.
— Pues arréglalo. Regálale flores, cómprale bombones… lo que sea. Pero ella no puede estar enfadada contigo.
— Papá, sólo sabe hablar de pintauñas o de la ropa que se compra en el centro comercial. Estar con ella es demasiado irritante.
Hasta yo mismo me asombro de haber dicho eso, sobretodo porque hace unos días mi idea de Brooke era la misma, sólo que pensaba que no hacía falta que habláramos. Es decir, mis intenciones con ella eran claras, ¿no?. Y que yo sepa para hacer el amor no es necesario hablar, y yo no tendría por qué escucharla. El problema es que ella lleva tanto tiempo detrás de mí, que no sólo se conformará con eso. Querrá una relación de verdad, seria, novios oficiales. Y yo no quiero eso, ni con ella ni con nadie. Es un auténtico coñazo.
— Me da igual, me prometiste que lo intentarías, ¿ya no te acuerdas, Justin? Sabes que es importante, a su familia le caemos bien. Y le caeremos todavía mejor si se entera de que estáis juntos. Sería sólo hasta que su padre hubiera firmado todos los contratos y demás.
Aparto la mirada de la suya, porque sé que diga lo que diga no le va a convencer de nada. Él quiere verme con Brooke, así que como no hay nada más que decir, me levanto y me retiro a mi habitación otra vez. Por un momento pienso en hacer eso típico de las películas, en coger una hoja y anotar las virtudes y defectos de Brooke, para ver las ventajas que tendría salir con ella. Pero sé que es algo estúpido y que nunca sirve de nada. Además, no sé por qué pero ninguna cualidad de Brooke parece ser lo suficientemente buena si la comparo con Sam. Eso me atormenta porque sé que es más que imposible. Así que aparto su imagen de mi cabeza, y me concentro en Brooke.
Es guapa. No es demasiado inteligente. Le gusto mucho. No puedes hablar con ella si no es sobre moda. No le gusta comer demasiado. Pasa el cincuenta por ciento de su tiempo mirándose en el espejo. Es caprichosa. Consentida. Algo bueno de ella es que no para hasta conseguir lo que quiere, así que se podría decir que es una luchadora. Aunque yo creo que la palabra más adecuada sería manipuladora.
Justo después de hacer todo eso, compruebo que yo tenía razón y que hacer esa lista mental no ha servido de nada. Total, ¿para qué? Sigo pensando en que no quiero que sea mi novia. Me veo obligado a interrumpir mis pensamientos otra vez porque alguien llama a mi puerta.
— ¿Qué quieres ahora, mamá?
Se sienta en mi cama y mira hacia un punto fijo de la habitación.
— Sé que tener una novia como Brooke no es lo que quieres, y lo entiendo.
— Pero mam…
— Déjame terminar. — me interrumpe, y después continúa con su pequeño sermón. — Pero piénsalo, Justin. ¿Acaso conoces a alguna otra chica que no sea como Brooke? Todas las adolescentes de tu edad se preocupan por lo mismo.
‘’No, mamá, no todas’’. Pienso. Y siento ganas de decírselo, pero sé que eso sería peor porque, además de que se molestaría si vuelvo a interrumpirla, me preguntaría a quién me refiero al decir que no todas las chicas son así. Y no estoy dispuesto a hablarle de Sam.
— La cuestión es — continúa — que para papá esto es importante. Si consigue lo que quiere, que es fusionar su empresa inmobiliaria con la del padre de Brooke, evitarían cualquier tipo de problema financiero.
— Y yo todo eso ya lo sé.
— Pero no basta con saberlo, tienes que entenderlo. Tú serás el próximo en dirigir la empresa, y le debes este favor a tu padre.
Abro la boca en un amago de hablar, pero ella se pone en pie y vuelve a interrumpirme.
— Eres mayorcito, Justin. Tú sabrás lo que haces. — y dicho esto, sale de mi habitación.
Sí, perfecto mamá, tú y tus sermones reflexivos. Ojala hubiera mantenido la boca cerrada porque ahora ha conseguido que me sienta mal. Papá, que trabaja durante todo el día para que nunca falte de nada y podamos permitirnos caprichitos. Papá, que nunca le ha importado ser el único que trae el dinero a casa. Papá, que ahora me está pidiendo un favor que yo no quiero hacerle. Y así es como quedo yo como el hijo injusto y malcriado que no está dispuesto a satisfacer una pequeña necesidad de su padre.
Suspiro, entonces empiezo a pensar en qué momento sería oportuno para presentarme en casa de Brooke con las rosas y los bombones, dispuesto a pedirle perdón y arreglar las cosas con ella.
— ¡Justin! ¿Vienes o no? — insiste mamá.
— Estoy aquí.
Aparezco por la puerta del salón y me siento en el sofá, frente a ellos.
— ¿Qué tal te va con Brooke? ¿sois amigos?
Debía haberme imaginado que se trataba de esto. Al fin y al cabo, parte los negocios de papá dependen de mi relación con ella.
— Más o menos.
— ¿Y eso qué significa? — interviene mamá — ¿estáis juntos?
Estaría encantado de responderle que sí, pero esa actuación de cierta chica y su amiga la noche del restaurante lo estropeó todo.
— No, no estamos juntos. La llevé a cenar la otra noche, pero discutimos. Desde entonces no la he visto.
Mamá frunce el ceño y papa me mira casi sin poder creerse lo que ha escuchado. Pienso que sacan las cosas de quicio. Quienes tienen que llevarse bien son mi padre y el de Brooke, no ella y yo. Ellos son quienes firman los contratos, los que tienen que estar de acuerdo, no nosotros.
— Pues arréglalo. Regálale flores, cómprale bombones… lo que sea. Pero ella no puede estar enfadada contigo.
— Papá, sólo sabe hablar de pintauñas o de la ropa que se compra en el centro comercial. Estar con ella es demasiado irritante.
Hasta yo mismo me asombro de haber dicho eso, sobretodo porque hace unos días mi idea de Brooke era la misma, sólo que pensaba que no hacía falta que habláramos. Es decir, mis intenciones con ella eran claras, ¿no?. Y que yo sepa para hacer el amor no es necesario hablar, y yo no tendría por qué escucharla. El problema es que ella lleva tanto tiempo detrás de mí, que no sólo se conformará con eso. Querrá una relación de verdad, seria, novios oficiales. Y yo no quiero eso, ni con ella ni con nadie. Es un auténtico coñazo.
— Me da igual, me prometiste que lo intentarías, ¿ya no te acuerdas, Justin? Sabes que es importante, a su familia le caemos bien. Y le caeremos todavía mejor si se entera de que estáis juntos. Sería sólo hasta que su padre hubiera firmado todos los contratos y demás.
Aparto la mirada de la suya, porque sé que diga lo que diga no le va a convencer de nada. Él quiere verme con Brooke, así que como no hay nada más que decir, me levanto y me retiro a mi habitación otra vez. Por un momento pienso en hacer eso típico de las películas, en coger una hoja y anotar las virtudes y defectos de Brooke, para ver las ventajas que tendría salir con ella. Pero sé que es algo estúpido y que nunca sirve de nada. Además, no sé por qué pero ninguna cualidad de Brooke parece ser lo suficientemente buena si la comparo con Sam. Eso me atormenta porque sé que es más que imposible. Así que aparto su imagen de mi cabeza, y me concentro en Brooke.
Es guapa. No es demasiado inteligente. Le gusto mucho. No puedes hablar con ella si no es sobre moda. No le gusta comer demasiado. Pasa el cincuenta por ciento de su tiempo mirándose en el espejo. Es caprichosa. Consentida. Algo bueno de ella es que no para hasta conseguir lo que quiere, así que se podría decir que es una luchadora. Aunque yo creo que la palabra más adecuada sería manipuladora.
Justo después de hacer todo eso, compruebo que yo tenía razón y que hacer esa lista mental no ha servido de nada. Total, ¿para qué? Sigo pensando en que no quiero que sea mi novia. Me veo obligado a interrumpir mis pensamientos otra vez porque alguien llama a mi puerta.
— ¿Qué quieres ahora, mamá?
Se sienta en mi cama y mira hacia un punto fijo de la habitación.
— Sé que tener una novia como Brooke no es lo que quieres, y lo entiendo.
— Pero mam…
— Déjame terminar. — me interrumpe, y después continúa con su pequeño sermón. — Pero piénsalo, Justin. ¿Acaso conoces a alguna otra chica que no sea como Brooke? Todas las adolescentes de tu edad se preocupan por lo mismo.
‘’No, mamá, no todas’’. Pienso. Y siento ganas de decírselo, pero sé que eso sería peor porque, además de que se molestaría si vuelvo a interrumpirla, me preguntaría a quién me refiero al decir que no todas las chicas son así. Y no estoy dispuesto a hablarle de Sam.
— La cuestión es — continúa — que para papá esto es importante. Si consigue lo que quiere, que es fusionar su empresa inmobiliaria con la del padre de Brooke, evitarían cualquier tipo de problema financiero.
— Y yo todo eso ya lo sé.
— Pero no basta con saberlo, tienes que entenderlo. Tú serás el próximo en dirigir la empresa, y le debes este favor a tu padre.
Abro la boca en un amago de hablar, pero ella se pone en pie y vuelve a interrumpirme.
— Eres mayorcito, Justin. Tú sabrás lo que haces. — y dicho esto, sale de mi habitación.
Sí, perfecto mamá, tú y tus sermones reflexivos. Ojala hubiera mantenido la boca cerrada porque ahora ha conseguido que me sienta mal. Papá, que trabaja durante todo el día para que nunca falte de nada y podamos permitirnos caprichitos. Papá, que nunca le ha importado ser el único que trae el dinero a casa. Papá, que ahora me está pidiendo un favor que yo no quiero hacerle. Y así es como quedo yo como el hijo injusto y malcriado que no está dispuesto a satisfacer una pequeña necesidad de su padre.
Suspiro, entonces empiezo a pensar en qué momento sería oportuno para presentarme en casa de Brooke con las rosas y los bombones, dispuesto a pedirle perdón y arreglar las cosas con ella.
|| Rikki ||
Sábado por la mañana. Normalmente me molesta que el sol me despierte temprano cuando se cuela entre las cortinas de mi habitación, pero hoy sentir su luz y su calor me produce una sensación agradable, como de tranquilidad.
Sé que es pronto, porque aún se escucha poco movimiento en la calle.
Sin embargo, lo que sí que se escucha es el pitido de mi móvil, alguien acaba de mandarme un mensaje. Dudo si abrirlo o no. Sam no puede ser, porque sigue dormida y además está aquí conmigo. ¿Niall? No, él no me enviaría ningún mensaje. Y teniendo en cuenta que nadie más tiene mi número de teléfono, solamente puede ser una persona. Una persona que me inspira desconfianza y de la que no se puede esperar nada bueno. John.
Y cuando acerco la pantalla del móvil, compruebo que tenía razón. Es él.
Sé que es pronto, porque aún se escucha poco movimiento en la calle.
Sin embargo, lo que sí que se escucha es el pitido de mi móvil, alguien acaba de mandarme un mensaje. Dudo si abrirlo o no. Sam no puede ser, porque sigue dormida y además está aquí conmigo. ¿Niall? No, él no me enviaría ningún mensaje. Y teniendo en cuenta que nadie más tiene mi número de teléfono, solamente puede ser una persona. Una persona que me inspira desconfianza y de la que no se puede esperar nada bueno. John.
Y cuando acerco la pantalla del móvil, compruebo que tenía razón. Es él.
‘’Preciosa, ven al Black Diamond a las nueve. Sola. Tengo que decirte algo importante, no falles’’.
Miro el reloj. Las ocho. Genial, tengo una hora enterita para comerme la cabeza preguntándome qué puede querer John para citarme por la mañana. Y además sola, sin Sam. Y siento que algo de terror me invade, porque cabe la posibilidad de que quiera lo que yo llevo evitando desde que entré a trabajar allí. Supongo que después de tanto tiempo, a John ya no le sirve que trabajemos para él a cambio del piso. Ahora debe de querer algo más.
Saco del armario los pantalones y la camiseta más anchos que tengo. No me gusta ir vestida así, pero tengo la sensación de que no debo ponerme nada demasiado ajustado, ni corto, ni escotado.
Me lanzo a la calle sin avisar a Sam, ni siquiera le he dejado una nota. ¿Para qué? En seguida sabría que hay algo raro y vendría, y eso no sería bueno porque John quiere que vaya sola.
Entonces pienso en todas esas noches en las que me sentía incómoda mientras bailaba, porque él tenía la mirada fija en mí. Cada vez que me tocaba meterme con algún hombre en las salas de reserva él se molestaba. También recuerdo sus comentarios fuera de contexto, y sus indirectas que tan sólo yo parecía recibir. Y tengo miedo.
¿Y qué hago yo, entonces?
Nada, Rikki, no puedes hacer nada.
Si te largas de allí corriendo, tanto Sam como tú estaréis viviendo debajo de un puente en menos de veinticuatro horas. Y sin trabajo. Sin universidad. Sin nada.
Y si acepto, sea lo que sea lo que me vaya a pedir, estaré perdida. Porque una vez que diga que sí, tendré que aceptar siempre. Siempre que él quiera. Y ya no habrá vuelta atrás.
De repente me mareo, ni siquiera he desayunado. Y siento un pinchazo en la barriga, acompañado con un nudo en la garganta que hace que sienta ganas de llorar cuando me encuentro frente a la puerta del Black Diamond. Son las nueve menos cuarto pero sé que él está dentro, porque la puerta no está cerrada con llave.
Al entrar veo las luces encendidas, y una silueta masculina sentada en uno de los taburetes de la barra, mirándome con una sonrisa.
— Me alegro de que hayas sido puntual.
— Sí… pero tengo algo de prisa, estoy ocupada. ¿Qué querías?
— No vayas tan rápido, preciosa. Supongo que sea lo que sea puede esperar, ¿no?
Trago saliva. Tengo que decir que sí, sobretodo porque es mentira que esté ocupada, no tengo nada que hacer en toda la mañana. Pero lo que sí que tengo es prisa. Prisa por salir de aquí y no volver hasta mañana por la noche, que es cuando me toca trabajar.
— Tú sabes que no me ha importado manteneros estos meses, hacéis un trabajo excelente aquí. — me mira y yo asiento. — pero digamos que desde que te conozco he querido probar una cosa.
Y no hace falta que diga nada más, porque ya he captado lo que quiere decirme, y él lo sabe. Así que la única opción que tengo es tragar saliva y cerrar fuertemente los ojos mientras acerca sus labios a mi cuello, y sus manos a mi trasero. No llores, Rikki, intenta reprimir las lágrimas o será peor. Pero lo que siento no son ganas de llorar, más bien se me revuelve el estómago y creo que las arcadas aparecerán de un momento a otro, sobretodo cuando en lugar de mi cuello, me besa en la boca.
— Y también sabes que es mejor si nadie se entera de esto… — susurra, y su aliento me golpea en la cara. Asqueroso.
— No, John. No diré nada.
— Perfecto, preciosa. Ahora ven conmigo.
Saco del armario los pantalones y la camiseta más anchos que tengo. No me gusta ir vestida así, pero tengo la sensación de que no debo ponerme nada demasiado ajustado, ni corto, ni escotado.
Me lanzo a la calle sin avisar a Sam, ni siquiera le he dejado una nota. ¿Para qué? En seguida sabría que hay algo raro y vendría, y eso no sería bueno porque John quiere que vaya sola.
Entonces pienso en todas esas noches en las que me sentía incómoda mientras bailaba, porque él tenía la mirada fija en mí. Cada vez que me tocaba meterme con algún hombre en las salas de reserva él se molestaba. También recuerdo sus comentarios fuera de contexto, y sus indirectas que tan sólo yo parecía recibir. Y tengo miedo.
¿Y qué hago yo, entonces?
Nada, Rikki, no puedes hacer nada.
Si te largas de allí corriendo, tanto Sam como tú estaréis viviendo debajo de un puente en menos de veinticuatro horas. Y sin trabajo. Sin universidad. Sin nada.
Y si acepto, sea lo que sea lo que me vaya a pedir, estaré perdida. Porque una vez que diga que sí, tendré que aceptar siempre. Siempre que él quiera. Y ya no habrá vuelta atrás.
De repente me mareo, ni siquiera he desayunado. Y siento un pinchazo en la barriga, acompañado con un nudo en la garganta que hace que sienta ganas de llorar cuando me encuentro frente a la puerta del Black Diamond. Son las nueve menos cuarto pero sé que él está dentro, porque la puerta no está cerrada con llave.
Al entrar veo las luces encendidas, y una silueta masculina sentada en uno de los taburetes de la barra, mirándome con una sonrisa.
— Me alegro de que hayas sido puntual.
— Sí… pero tengo algo de prisa, estoy ocupada. ¿Qué querías?
— No vayas tan rápido, preciosa. Supongo que sea lo que sea puede esperar, ¿no?
Trago saliva. Tengo que decir que sí, sobretodo porque es mentira que esté ocupada, no tengo nada que hacer en toda la mañana. Pero lo que sí que tengo es prisa. Prisa por salir de aquí y no volver hasta mañana por la noche, que es cuando me toca trabajar.
— Tú sabes que no me ha importado manteneros estos meses, hacéis un trabajo excelente aquí. — me mira y yo asiento. — pero digamos que desde que te conozco he querido probar una cosa.
Y no hace falta que diga nada más, porque ya he captado lo que quiere decirme, y él lo sabe. Así que la única opción que tengo es tragar saliva y cerrar fuertemente los ojos mientras acerca sus labios a mi cuello, y sus manos a mi trasero. No llores, Rikki, intenta reprimir las lágrimas o será peor. Pero lo que siento no son ganas de llorar, más bien se me revuelve el estómago y creo que las arcadas aparecerán de un momento a otro, sobretodo cuando en lugar de mi cuello, me besa en la boca.
— Y también sabes que es mejor si nadie se entera de esto… — susurra, y su aliento me golpea en la cara. Asqueroso.
— No, John. No diré nada.
— Perfecto, preciosa. Ahora ven conmigo.
Una hora después salgo de una de las salas de reserva, terminando de abrocharme el cinturón. Me voy del Black Diamond lo más rápido posible para que John no tenga tiempo de vestirse y alcanzarme otra vez. Necesito vomitar unas cuantas veces, lavarme la boca con jabón para quitarme el sabor a alcohol que había en sus labios, y restregarme bajo la ducha todas las veces que haga falta, para dejar de sentirme así de repugnante. Y eso hago cuando llego a casa, aprovechando que Sam no está y así no tendré que darle ninguna explicación. Pero no voy a llorar, yo no soy así. Esto tenía que pasar tarde o temprano, si no era conmigo sería con Sam. Y me alegro de que haya preferido dejarla en paz a ella, porque dudo que hubiera podido aguantarlo. Acabaría por decirle algo desagradable y a John y entonces, ambas estaríamos perdidas. Perdidas y sin techo. Al menos yo sé que voy a poder aguantar, sufriéndolo todo en silencio.
Entro en la cocina y me acerco al calendario que tenemos colgado en la pared. 1 de mayo. El tiempo se va demasiado rápido sin que nos demos cuenta, y cuando lo hacemos vemos que ya es demasiado tarde para volver atrás. Porque el mundo sigue girando y la vida avanza, por mucho que tú vayas con retraso. Quedan cuatro meses hasta que empiece el curso en la universidad de aquí, de Londres. Cuatro meses. Y dentro de uno empiezan las oposiciones para ver quienes entran y quienes no. Por suerte, Sam y yo estamos bien preparadas y creo que no tendremos demasiados problemas para entrar. Y como, una vez que empecemos viviremos en el campus, no tendremos que preocuparnos nunca más por el Black Diamond, ni por John.
Entro en la cocina y me acerco al calendario que tenemos colgado en la pared. 1 de mayo. El tiempo se va demasiado rápido sin que nos demos cuenta, y cuando lo hacemos vemos que ya es demasiado tarde para volver atrás. Porque el mundo sigue girando y la vida avanza, por mucho que tú vayas con retraso. Quedan cuatro meses hasta que empiece el curso en la universidad de aquí, de Londres. Cuatro meses. Y dentro de uno empiezan las oposiciones para ver quienes entran y quienes no. Por suerte, Sam y yo estamos bien preparadas y creo que no tendremos demasiados problemas para entrar. Y como, una vez que empecemos viviremos en el campus, no tendremos que preocuparnos nunca más por el Black Diamond, ni por John.
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