|| Justin ||
Acabo de salir de casa Niall, no tengo ganas de quedarme más tiempo. Lo único que quiero es estar solo. Pero por una parte, si estoy solo voy a estar comiéndome la cabeza todo el tiempo, y eso no es bueno, nada bueno. Nunca me ha gustado ponerme a pensar, si lo hago, probablemente me arrepienta de muchas cosas que haya hecho en esta vida y lo peor es que me odiaré más por haberlo cometido. Pero también es necesario que me dé cuenta de lo que he hecho. Y lo que he hecho ha sido comportarme con un verdadero capullo. ¿Cómo pude hacerle eso a Sam? Aún no entiendo cómo esa idea se me vino a la cabeza. ¿Por qué no pudiste decirle a Brooke que eras virgen? Por mi puto orgullo. Porque siempre me ha importado más lo que piensen los demás de mí, siempre he huido de todos los comentarios de la gente, siempre he intentado ser el mejor, pero intentándolo lo único que consigo es hacerle daño a las personas que realmente me importan. Por que sí, a ella no le conocía y he estado apunto de acostarme con ella, pero aún así me importa. Aún no he descubierto por qué… pero me importa. Cuando estoy con ella, algo se acciona. Cuando estoy con ella, miles de mariposas vuelan en mi estómago Ahora mismo la deseo. Y lo peor, es que no sé de qué forma. Tal vez… si pudiera entrar dentro de ella, sólo una vez. Todo esto desaparecería. Y yo podría ser feliz con Brooke, que es a la que de verdad quiero. Supongo.
Giro mi cabeza hacia la derecha como si todos mis instintos me lo pidieran a gritos. Mis ojos se cierran una y otra vez rápidamente al observar detenidamente a la chica que tengo delante. Coqueta al caminar. Seductora al mover sus caderas. La chica perfecta. Sam. ¿Qué hace ella aquí? ¿Me estará buscando?. Oh, venga… deja de decir estupideces. ¿Cómo me va a estar buscando? Sería ridículo. Pero me da igual, me busque o no, tengo que ir hablar con ella.
— ¿Sam?¿Eres tú? — Pregunto. Ella se queda durante unos segundos parada. No sé en que estará pensado. Tampoco sé si habrá reconocido mi voz ¿sabrá quien soy? Tranquilo Justin, ante todo estate tranquilo.
— ¿Qué quieres? — Aún sin girarse, dándome la espalda, me está hablando. Yo la agarro del brazo y ella hace fuerza para soltarse, pero evidentemente yo soy más fuerte y consigo hacerla girar para encontrarme con sus hermosos ojos. Para encontrarme cara a cara con la chica en la que estos días no he parado de pensar, Sam.
— Suéltame, Justin — No deja de mirarme a los ojos. Eso me intimida. Muchísimo, además. — ¿Me estás escuchando? — Sigue intentando deshacerse de mi agarre, pero ahora tampoco sirve de nada.
— ¿Qué haces por aquí? — Ella se queda parada, como si no hubiera esperado esa pregunta en ningún momento. Noto que se pone nerviosa y un fuerte dolor se apodera de mis partes íntimas. Me acaba de dar con la rodilla de lleno en mi querido amigo
— ¡Me cago en la puta! — Suelto en un tono de voz elevado, al mismo tiempo que me retuerzo. Ella empieza a reírse y se aleja mientras camina. A pesar del dolor que ahora mismo invade todo mi cuerpo, empiezo a caminar cojeando para volver a agarrarla del brazo — ¿Has venido a verme? — Pregunto con un tono algo burlón. No tendría que haber dicho esto. Mierda. Tendría que haberme callado, aguantarme todas las ganas que tengo de saber si ella esta aquí por mí. Porque a pesar de todo, parece que ella necesita tanto mis labios como yo los suyos.
— ¿Perdona? — Consigue deshacerse de mi brazo y se acerca lentamente a mí. Hasta el punto de quedar a escasos centímetros de mi boca. ¡Bésame ya!
— Tengo cosas más importantes que hacer… no solo me interesa estar pendiente de ti — Susurra. Tengo que admitir que esta chica se sabe defender. Antes de que se separe me lanzo, cogiéndola de la cintura, pegándola más a mí. Probablemente no tendría que haberlo hecho, pero… lo hago.
— Entonces…¿me vas a decir qué te trae por aquí? — Insisto. La verdad es que me interesa bastante saber qué quiere hacer ella en esta zona. Y entonces me acuerdo de que estoy en la parte alta, de que nadie me puede ver aquí con ella. Mi madre vive a dos manzanas de aquí. La madre de Niall está justo enfrente de nosotros y yo ahora mismo estoy a escasos centímetros de sus labios.
— Asuntos. Asuntos que tengo que resolver — Y se separa de mi. Retoma su paso por esa enorme calle. Y como es de suponer, no voy a dejar que se vaya sola.
Giro mi cabeza hacia la derecha como si todos mis instintos me lo pidieran a gritos. Mis ojos se cierran una y otra vez rápidamente al observar detenidamente a la chica que tengo delante. Coqueta al caminar. Seductora al mover sus caderas. La chica perfecta. Sam. ¿Qué hace ella aquí? ¿Me estará buscando?. Oh, venga… deja de decir estupideces. ¿Cómo me va a estar buscando? Sería ridículo. Pero me da igual, me busque o no, tengo que ir hablar con ella.
— ¿Sam?¿Eres tú? — Pregunto. Ella se queda durante unos segundos parada. No sé en que estará pensado. Tampoco sé si habrá reconocido mi voz ¿sabrá quien soy? Tranquilo Justin, ante todo estate tranquilo.
— ¿Qué quieres? — Aún sin girarse, dándome la espalda, me está hablando. Yo la agarro del brazo y ella hace fuerza para soltarse, pero evidentemente yo soy más fuerte y consigo hacerla girar para encontrarme con sus hermosos ojos. Para encontrarme cara a cara con la chica en la que estos días no he parado de pensar, Sam.
— Suéltame, Justin — No deja de mirarme a los ojos. Eso me intimida. Muchísimo, además. — ¿Me estás escuchando? — Sigue intentando deshacerse de mi agarre, pero ahora tampoco sirve de nada.
— ¿Qué haces por aquí? — Ella se queda parada, como si no hubiera esperado esa pregunta en ningún momento. Noto que se pone nerviosa y un fuerte dolor se apodera de mis partes íntimas. Me acaba de dar con la rodilla de lleno en mi querido amigo
— ¡Me cago en la puta! — Suelto en un tono de voz elevado, al mismo tiempo que me retuerzo. Ella empieza a reírse y se aleja mientras camina. A pesar del dolor que ahora mismo invade todo mi cuerpo, empiezo a caminar cojeando para volver a agarrarla del brazo — ¿Has venido a verme? — Pregunto con un tono algo burlón. No tendría que haber dicho esto. Mierda. Tendría que haberme callado, aguantarme todas las ganas que tengo de saber si ella esta aquí por mí. Porque a pesar de todo, parece que ella necesita tanto mis labios como yo los suyos.
— ¿Perdona? — Consigue deshacerse de mi brazo y se acerca lentamente a mí. Hasta el punto de quedar a escasos centímetros de mi boca. ¡Bésame ya!
— Tengo cosas más importantes que hacer… no solo me interesa estar pendiente de ti — Susurra. Tengo que admitir que esta chica se sabe defender. Antes de que se separe me lanzo, cogiéndola de la cintura, pegándola más a mí. Probablemente no tendría que haberlo hecho, pero… lo hago.
— Entonces…¿me vas a decir qué te trae por aquí? — Insisto. La verdad es que me interesa bastante saber qué quiere hacer ella en esta zona. Y entonces me acuerdo de que estoy en la parte alta, de que nadie me puede ver aquí con ella. Mi madre vive a dos manzanas de aquí. La madre de Niall está justo enfrente de nosotros y yo ahora mismo estoy a escasos centímetros de sus labios.
— Asuntos. Asuntos que tengo que resolver — Y se separa de mi. Retoma su paso por esa enorme calle. Y como es de suponer, no voy a dejar que se vaya sola.
|| Sam ||
Me olvido de todo, absolutamente de todo. Solos él y yo. Obviamente sigo molesta con él, pero aún así no puedo esconder que me encanta sentir su corazón latiendo a mil por hora cerca de mi pecho… O tal vez, sea el mío el que rebota contra el suyo. Nunca me he puesto nerviosa con un hombre, es más, diría que soy especialista en mantener el control de mis sentimientos, y también de los suyos. Sé ponerlos nerviosos con cualquier gesto o palabra. Pero en este caso, mi mente está en blanco. No puedo pensar, a pesar de que tampoco me hace falta hacerlo. Las palabras salen solas, los gestos son como impulsos que salen sin permiso de mí, y después me arrepiento de haber permitido que salieran. Tengo su boca justo delante de mí. En primer plano, como si lo estuviera haciendo apropósito para poner a prueba mi autocontrol. Estar de puntillas llega a cansar, pero si fuera necesario me pasaría horas así para poder besarle.
— Entonces… ¿qué te trae por aquí? — Su voz me saca del mundo de fantasía en el que estaba metida para volver al mundo real. Mierda Sam, tienes que ir a por el encargo para John.
— Asuntos. Asuntos que tengo que resolver — Respondo. Y entonces empiezo a caminar con la esperanza de no escuchar sus pasos tras los míos. No me haría demasiada gracia que Justin me siguiera. No quiero que se entere de esto, él no tiene nada que ver. Además, me avergüenzo de mi trabajo, me avergüenzo de lo que me han encargado hacer. Ir a buscar drogas no es algo de lo que alguien normal se pueda sentir orgulloso. Y el motivo por el que me avergüenza todo esto no es por lo que vayan a pensar los demás. Sino por mí, por mí misma. Porque me levanto todas las mañanas imaginando que mi vida va a cambiar, pero en cuando salgo a la calle me estampo contra la cruda realidad. Y yo también tengo derecho a tener mi propio cuento de hadas… ¿no?
— Pues te acompaño a hacer esos asuntos, señorita. — Dice. Se coloca al lado mío y me mira con la barbilla alta, casi intentando parecer un caballero.
Pip. El corazón se me detiene hasta tal punto que comienza a arder. No, no puede. No debe. Él no. Sé perfectamente que si él viene se fastidiaría todo. En todos los sentidos. Perderé la oportunidad de… no sé de qué. De tener algo con él algún día, quizá. Pero sobretodo se echaría a perder todo, porque John se enteraría y se encargaría de que Justin no volviera a intervenir en nada que tenga que ver con él, o incluso conmigo. Además, estoy completamente segura de que él es un niño de papá, como todos los que viven en este barrio. Posiblemente salga corriendo cuando le diga que tengo que ir a buscar un encargo de cocaína que John le ha hecho a un camello, para que así Rikki y yo podamos tener algunas noches libres. Porque para él esto sería una tontería, diría que trabajar durante dos noches no cuesta tanto, o se reiría de mí, o directamente huiría pensando lo peor de nosotras. Pero lo cierto es que dos noches sin trabajar me vendrían perfectas. Porque cada vez que tengo que entrar por la puerta del Black Diamond, siento que soy la persona más patética de este mundo. Cuando estoy bailando encima de esa barra, permitiendo que todos esos hombres me acaricien las piernas, me doy asco. Y sé que Rikki siente lo mismo que yo, sólo que ella es fuerte y lo disimula mejor. Pero tarde o temprano esa fuerza se agotará, y explotará. Y la mía ya está a punto de hacerlo.
— Justin, no puedes. — Contesto lo más seria que puedo. Él frunce el ceño y me mira con una mueca. Probablemente piense que no quiero que venga conmigo, y aunque eso no es del todo cierto, no es importante ahora.
— Oh venga, confía en mi… así no te perderás — Se coloca justo delante de mí, bloqueándome el paso. Esto está siendo más difícil de lo que pensaba.
— Que no, Justin, déjame — Opto por mostrarme más seca, borde. Si quiero quitármelo de encima voy a tener que ser así. En realidad es lo que tendría que haber hecho desde el principio.
— Es por que estás enfadada, ¿verdad?
Paro de caminar. Él ahora no me ve la cara y eso es una suerte porque una enorme sonrisa acaba de aparecer en ella al escuchar lo que ha dicho.
— Lo siento… a veces puedo ser… ya sabes, un poco imbécil. Supongo que lo que hice no estuvo del todo bien. — suspira. Sus manos vuelven a posarse en mi cintura. Sonrío esperando haber que hace, no me muevo ni un solo centímetro y tampoco estoy dispuesta a decir nada — Sam… — susurra.
— ¿Qué?
—¿Me dejas venir contigo? — Vuelve a susurrar. Parece un niño pequeño pidiéndole a su madre que le compre un caramelo, hablando como si nunca hubiera hecho nada malo, con cara de cachorrito.
—Te he dicho que no — Me separo de él. Seguro que voy a llegar tarde por su culpa, y como haga esperar a aquel tipo que me tiene que entregar la droga, seguro que John no me dará los dos días libres.
— Me da igual lo que me digas, pienso acompañarte de todas maneras — Suelta. La única manera que tengo de librarme de él es decirle la verdad. De todas formas no me interesa lo que él vaya a pensar, ¿no?. No Sam, no te importa, díselo. Cojo aire y sin pensármelo dos veces, lo suelto.
— Escúchame. — Le miro fijamente a los ojos, asegurándome de que me presta atención. — No voy a comprarme ropa, ni a dar una vuelta, ni a la peluquería … ni nada por el estilo.
— ¿Y qué?
— Justin… — Me mira ansioso por escucharme terminar la frase. — John, mi jefe, me ha encargado que vaya a un almacén a las afueras. Allí hay un hombre que me está esperando para que recoja unos kilos de cocaína y se la lleve.
— Entonces… ¿qué te trae por aquí? — Su voz me saca del mundo de fantasía en el que estaba metida para volver al mundo real. Mierda Sam, tienes que ir a por el encargo para John.
— Asuntos. Asuntos que tengo que resolver — Respondo. Y entonces empiezo a caminar con la esperanza de no escuchar sus pasos tras los míos. No me haría demasiada gracia que Justin me siguiera. No quiero que se entere de esto, él no tiene nada que ver. Además, me avergüenzo de mi trabajo, me avergüenzo de lo que me han encargado hacer. Ir a buscar drogas no es algo de lo que alguien normal se pueda sentir orgulloso. Y el motivo por el que me avergüenza todo esto no es por lo que vayan a pensar los demás. Sino por mí, por mí misma. Porque me levanto todas las mañanas imaginando que mi vida va a cambiar, pero en cuando salgo a la calle me estampo contra la cruda realidad. Y yo también tengo derecho a tener mi propio cuento de hadas… ¿no?
— Pues te acompaño a hacer esos asuntos, señorita. — Dice. Se coloca al lado mío y me mira con la barbilla alta, casi intentando parecer un caballero.
Pip. El corazón se me detiene hasta tal punto que comienza a arder. No, no puede. No debe. Él no. Sé perfectamente que si él viene se fastidiaría todo. En todos los sentidos. Perderé la oportunidad de… no sé de qué. De tener algo con él algún día, quizá. Pero sobretodo se echaría a perder todo, porque John se enteraría y se encargaría de que Justin no volviera a intervenir en nada que tenga que ver con él, o incluso conmigo. Además, estoy completamente segura de que él es un niño de papá, como todos los que viven en este barrio. Posiblemente salga corriendo cuando le diga que tengo que ir a buscar un encargo de cocaína que John le ha hecho a un camello, para que así Rikki y yo podamos tener algunas noches libres. Porque para él esto sería una tontería, diría que trabajar durante dos noches no cuesta tanto, o se reiría de mí, o directamente huiría pensando lo peor de nosotras. Pero lo cierto es que dos noches sin trabajar me vendrían perfectas. Porque cada vez que tengo que entrar por la puerta del Black Diamond, siento que soy la persona más patética de este mundo. Cuando estoy bailando encima de esa barra, permitiendo que todos esos hombres me acaricien las piernas, me doy asco. Y sé que Rikki siente lo mismo que yo, sólo que ella es fuerte y lo disimula mejor. Pero tarde o temprano esa fuerza se agotará, y explotará. Y la mía ya está a punto de hacerlo.
— Justin, no puedes. — Contesto lo más seria que puedo. Él frunce el ceño y me mira con una mueca. Probablemente piense que no quiero que venga conmigo, y aunque eso no es del todo cierto, no es importante ahora.
— Oh venga, confía en mi… así no te perderás — Se coloca justo delante de mí, bloqueándome el paso. Esto está siendo más difícil de lo que pensaba.
— Que no, Justin, déjame — Opto por mostrarme más seca, borde. Si quiero quitármelo de encima voy a tener que ser así. En realidad es lo que tendría que haber hecho desde el principio.
— Es por que estás enfadada, ¿verdad?
Paro de caminar. Él ahora no me ve la cara y eso es una suerte porque una enorme sonrisa acaba de aparecer en ella al escuchar lo que ha dicho.
— Lo siento… a veces puedo ser… ya sabes, un poco imbécil. Supongo que lo que hice no estuvo del todo bien. — suspira. Sus manos vuelven a posarse en mi cintura. Sonrío esperando haber que hace, no me muevo ni un solo centímetro y tampoco estoy dispuesta a decir nada — Sam… — susurra.
— ¿Qué?
—¿Me dejas venir contigo? — Vuelve a susurrar. Parece un niño pequeño pidiéndole a su madre que le compre un caramelo, hablando como si nunca hubiera hecho nada malo, con cara de cachorrito.
—Te he dicho que no — Me separo de él. Seguro que voy a llegar tarde por su culpa, y como haga esperar a aquel tipo que me tiene que entregar la droga, seguro que John no me dará los dos días libres.
— Me da igual lo que me digas, pienso acompañarte de todas maneras — Suelta. La única manera que tengo de librarme de él es decirle la verdad. De todas formas no me interesa lo que él vaya a pensar, ¿no?. No Sam, no te importa, díselo. Cojo aire y sin pensármelo dos veces, lo suelto.
— Escúchame. — Le miro fijamente a los ojos, asegurándome de que me presta atención. — No voy a comprarme ropa, ni a dar una vuelta, ni a la peluquería … ni nada por el estilo.
— ¿Y qué?
— Justin… — Me mira ansioso por escucharme terminar la frase. — John, mi jefe, me ha encargado que vaya a un almacén a las afueras. Allí hay un hombre que me está esperando para que recoja unos kilos de cocaína y se la lleve.
En ese mismo instante siento algo de miedo porque no sé cómo va a reaccionar. Puede salir corriendo y no dejar que yo vuelva a verle el pelo, que sería lo más normal. Puede quedarse tan asustado que decida hacer como si no hubiera escuchado nada de esto, y no volver a dirigirme la palabra. Posiblemente eso será lo que vaya a pasar. Que una niña de apenas dieciocho años se encargue de hacer esas cosas para su jefe es extraño. Es más, es una locura. Estoy intentando contener las lágrimas. Puede parecer ridículo que sienta ganas de llorar ahora, pero siento que no puedo controlar mis nervios. Llevo demasiado tiempo conteniéndolos. Miro a otros lados, no quiero toparme con su cara, con sus ojos. No puedo. No sé que opina de todo esto, y por algún motivo necesito saber qué está pensando. Soy una niña, una adolescente. Tendría que ir a la universidad, tener los típicos problemas que tienen las chicas de mi edad. Llorar porque mi novio me ha dejado, o porque mamá me ha castigado sin salir. Estar furiosa por haber suspendido un examen, rabiosa porque el color de pintauñas no me combina con los zapatos. Pero en vez de todo eso me tengo que preocupar por problemas de adultos, problemas serios de verdad. Y en el fondo sé que no estoy preparada para esto.
— Vamos — contesta después de unos minutos.
Me coge de la mano y comienza a andar con un paso acelerado. ¿A dónde vamos? Tengo miedo. Mucho miedo. No tengo ni idea de lo que va a hacer ni tampoco hacia dónde me va a llevar. Intento relajarme, tengo que relajarme. Él no me va a hacer daño, de eso estoy segura. No decimos nada, pero tampoco hay nada que decir. Los nervios me comen por dentro, aún no me ha dicho lo que piensa sobre eso.
‘’Vamos’’. Su voz me retumba en mi cerebro a cada paso que doy. Recorremos dos o tres manzanas, y por fin se detiene. Estamos en frente de una enorme casa, con una fachada preciosa. Aún no puedo creer que esto exista, no puede existir, tiene que ser producto de mi imaginación.
Trago saliva y miro a Justin confundida, y veo que está sacándose un mando del bolsillo. No entiendo nada.
— Espera aquí — me hace un gesto con la mano, indicándome que no me mueva. Le obedezco y apoyo mi espalda en una pared con hermosas piedras que tengo al lado.
Escucho un ruido que parece la puerta de un garaje al abrirse. ¿Esta casa es suya? ¿Está especie de mansión?.
Sabia que Justin era un chico de una familia adinerada. No hace falta ser demasiado inteligente para darse cuenta de eso, pero para nada me imaginaba que pudiera vivir en un sitio así. La casa perfecta.. La casa que a todo el mundo le gustaría tener. Este lugar esta lleno de ventajas. Lo único que quiero es llegar a ser como Justin, tener un trabajo y poder vivir como me merezco. Yo no tengo por que trabajar en esto, yo… yo solo quiero ser feliz.
El rugido de un motor hace que vuelva a la vida real. Justin está subido encima de una hermosa y brillante moto. Tiene que ser una broma… ¿verdad?
— ¿Cómo? — Lo miro incrédula. Nunca me he subido a un bicho de estos, y lo lleva claro si cree que esta vez va a ser diferente. Aún no logro entender como dos ruedas de nada pueden mantener una estabilidad completa. Seré todo lo valiente que quiera, pero ni de broma me voy a subir ahí. Ni hablar.
— Venga. Has dicho que el almacén estaba en las afueras. No pretenderás que vayamos a pie, ¿no? — Con la muñeca mueve el manillar, haciendo que el motor emita un rugido más potente que el anterior
— Eres un niño rico, seguro que en el garaje tienes un coche — Comienza a reír fuertemente tras escucharme decir eso. ¿Qué es lo que le parece tan gracioso?
— Por lo que veo, se nota que no me conoces. Yo no voy a ningún lado sin Estela. — ¿Estela? ¿Ahora me va a hacer ir con una de sus amiguitas?
— ¿Quién? — Alzo una ceja.
— Estela — Repite sonriendo.
— ¿Quién es Estela?
— Mi moto — Sonríe señalándome el aparato sobre el cual está subido. ¿Qué? ¿Le ha puesto nombre a su moto? Este chico está loco, completamente loco. ¿Es en serio?
— Vamos, que al final llegarás tarde.
— Te he dicho que no me voy a subir en esa cosa— Señalo la moto con desprecio.
— Eh — Eleva un poco el tono de voz — Un poco de respeto. Se llama Estela — Insiste, y me mira igual que yo he mirado a su querida Estela. Una vez más, parece un niño pequeño al que le acaban de comprar su primer juguete. No puedo evitar reírme ¿De verdad está pasando esto?
— Prometo que volverás sana y salva a tu casa — No sé por qué, pero sus palabras consiguen tranquilizarme un poco. Cierro los ojos, y cuando vuelvo a abrirlos me encuentro subiendo en esa moto. ¿Realmente es necesario todo esto?
— Nena… — musita. ¿Desde cuando nos hemos cambiado los papeles? ¿Por qué es él quien ahora me intimida a mi? — Sujétate fuerte a mí — Sonrío por un momento al pensar que tengo que pasar mis manos por su cintura. Y así lo hago. Las deslizo lentamente para finalmente pegarme a él. Estoy apretando, quizá apretando demasiado y no por gusto, que también, sino porque me da demasiado miedo estar aquí subida. Pero ¿qué más da?. Me gusta sentirlo, me gusta saber que está conmigo — Sam… aún no hemos arrancado y ya me estás asfixiando — Dice de forma arrogante, creído. Ahora me siento el doble de patética. No sólo por estar asustada, sino porque cree que quiero estar tan cerca de él. Pongo un poco de distancia entre nosotros y decido agarrarle por los hombros en lugar de volver a poner las manos en su cadera.
— Puedes agarrarme de la cintura… — ríe — me gusta más. — Obedezco. Estaba esperando que dijera eso. Saber que le gusta sentir mis brazos en su cuerpo me tranquiliza, sobretodo porque me siento más segura así.
Escucho el sonido de la moto, esto va a ponerse en marcha ya mismo. Tengo que relajarme, no es para tanto. La gente monta en motos todos los días, y apenas hay accidentes. Él no va a permitir que pase nada malo, me lo ha prometido. ‘’Volverás sana y salva a tú casa’’. Y entonces sonrío de la misma forma de antes. Ahora mismo estoy feliz, me siento genial. Me he olvidado de absolutamente de todo. Con él me siento bien. Siento que puedo tocar el cielo. Y ahora mismo lo estoy tocando. El aire me golpea en la cara de una forma suave, pura libertad. No puedo evitar soltar a Justin y extender los brazos, sintiendo el viento todo lo que puedo. Y noto como Justin sonríe. Aunque no lo vea, se que lo está haciendo. Él vuelve a mover la muñeca para darle más potencia al motor y así darle más velocidad, haciendo que me tenga que agarrar a él otra vez. Sonríe porque ha conseguido lo que quiere, volver a tenerme cerca. Podría tirarme horas mirando su sonrisa, es realmente hermosa. Me contagia… tiene algo… una especie de adicción que hace que necesite verla cuando no sonríe.
Su voz me saca de esos extraños pensamientos cuando me pregunta hacia dónde tiene que ir. Yo le doy todas las indicaciones que John me dio a mí. Al parecer conoce esto como la palma de su mano, porque no ha dudado en ningún momento.
— Vamos — contesta después de unos minutos.
Me coge de la mano y comienza a andar con un paso acelerado. ¿A dónde vamos? Tengo miedo. Mucho miedo. No tengo ni idea de lo que va a hacer ni tampoco hacia dónde me va a llevar. Intento relajarme, tengo que relajarme. Él no me va a hacer daño, de eso estoy segura. No decimos nada, pero tampoco hay nada que decir. Los nervios me comen por dentro, aún no me ha dicho lo que piensa sobre eso.
‘’Vamos’’. Su voz me retumba en mi cerebro a cada paso que doy. Recorremos dos o tres manzanas, y por fin se detiene. Estamos en frente de una enorme casa, con una fachada preciosa. Aún no puedo creer que esto exista, no puede existir, tiene que ser producto de mi imaginación.
Trago saliva y miro a Justin confundida, y veo que está sacándose un mando del bolsillo. No entiendo nada.
— Espera aquí — me hace un gesto con la mano, indicándome que no me mueva. Le obedezco y apoyo mi espalda en una pared con hermosas piedras que tengo al lado.
Escucho un ruido que parece la puerta de un garaje al abrirse. ¿Esta casa es suya? ¿Está especie de mansión?.
Sabia que Justin era un chico de una familia adinerada. No hace falta ser demasiado inteligente para darse cuenta de eso, pero para nada me imaginaba que pudiera vivir en un sitio así. La casa perfecta.. La casa que a todo el mundo le gustaría tener. Este lugar esta lleno de ventajas. Lo único que quiero es llegar a ser como Justin, tener un trabajo y poder vivir como me merezco. Yo no tengo por que trabajar en esto, yo… yo solo quiero ser feliz.
El rugido de un motor hace que vuelva a la vida real. Justin está subido encima de una hermosa y brillante moto. Tiene que ser una broma… ¿verdad?
— ¿Cómo? — Lo miro incrédula. Nunca me he subido a un bicho de estos, y lo lleva claro si cree que esta vez va a ser diferente. Aún no logro entender como dos ruedas de nada pueden mantener una estabilidad completa. Seré todo lo valiente que quiera, pero ni de broma me voy a subir ahí. Ni hablar.
— Venga. Has dicho que el almacén estaba en las afueras. No pretenderás que vayamos a pie, ¿no? — Con la muñeca mueve el manillar, haciendo que el motor emita un rugido más potente que el anterior
— Eres un niño rico, seguro que en el garaje tienes un coche — Comienza a reír fuertemente tras escucharme decir eso. ¿Qué es lo que le parece tan gracioso?
— Por lo que veo, se nota que no me conoces. Yo no voy a ningún lado sin Estela. — ¿Estela? ¿Ahora me va a hacer ir con una de sus amiguitas?
— ¿Quién? — Alzo una ceja.
— Estela — Repite sonriendo.
— ¿Quién es Estela?
— Mi moto — Sonríe señalándome el aparato sobre el cual está subido. ¿Qué? ¿Le ha puesto nombre a su moto? Este chico está loco, completamente loco. ¿Es en serio?
— Vamos, que al final llegarás tarde.
— Te he dicho que no me voy a subir en esa cosa— Señalo la moto con desprecio.
— Eh — Eleva un poco el tono de voz — Un poco de respeto. Se llama Estela — Insiste, y me mira igual que yo he mirado a su querida Estela. Una vez más, parece un niño pequeño al que le acaban de comprar su primer juguete. No puedo evitar reírme ¿De verdad está pasando esto?
— Prometo que volverás sana y salva a tu casa — No sé por qué, pero sus palabras consiguen tranquilizarme un poco. Cierro los ojos, y cuando vuelvo a abrirlos me encuentro subiendo en esa moto. ¿Realmente es necesario todo esto?
— Nena… — musita. ¿Desde cuando nos hemos cambiado los papeles? ¿Por qué es él quien ahora me intimida a mi? — Sujétate fuerte a mí — Sonrío por un momento al pensar que tengo que pasar mis manos por su cintura. Y así lo hago. Las deslizo lentamente para finalmente pegarme a él. Estoy apretando, quizá apretando demasiado y no por gusto, que también, sino porque me da demasiado miedo estar aquí subida. Pero ¿qué más da?. Me gusta sentirlo, me gusta saber que está conmigo — Sam… aún no hemos arrancado y ya me estás asfixiando — Dice de forma arrogante, creído. Ahora me siento el doble de patética. No sólo por estar asustada, sino porque cree que quiero estar tan cerca de él. Pongo un poco de distancia entre nosotros y decido agarrarle por los hombros en lugar de volver a poner las manos en su cadera.
— Puedes agarrarme de la cintura… — ríe — me gusta más. — Obedezco. Estaba esperando que dijera eso. Saber que le gusta sentir mis brazos en su cuerpo me tranquiliza, sobretodo porque me siento más segura así.
Escucho el sonido de la moto, esto va a ponerse en marcha ya mismo. Tengo que relajarme, no es para tanto. La gente monta en motos todos los días, y apenas hay accidentes. Él no va a permitir que pase nada malo, me lo ha prometido. ‘’Volverás sana y salva a tú casa’’. Y entonces sonrío de la misma forma de antes. Ahora mismo estoy feliz, me siento genial. Me he olvidado de absolutamente de todo. Con él me siento bien. Siento que puedo tocar el cielo. Y ahora mismo lo estoy tocando. El aire me golpea en la cara de una forma suave, pura libertad. No puedo evitar soltar a Justin y extender los brazos, sintiendo el viento todo lo que puedo. Y noto como Justin sonríe. Aunque no lo vea, se que lo está haciendo. Él vuelve a mover la muñeca para darle más potencia al motor y así darle más velocidad, haciendo que me tenga que agarrar a él otra vez. Sonríe porque ha conseguido lo que quiere, volver a tenerme cerca. Podría tirarme horas mirando su sonrisa, es realmente hermosa. Me contagia… tiene algo… una especie de adicción que hace que necesite verla cuando no sonríe.
Su voz me saca de esos extraños pensamientos cuando me pregunta hacia dónde tiene que ir. Yo le doy todas las indicaciones que John me dio a mí. Al parecer conoce esto como la palma de su mano, porque no ha dudado en ningún momento.
No hay comentarios:
Publicar un comentario