Las dos chicas llegan, y tras seguir las instrucciones de su amiga Sam, Rikki se sienta donde le toca. Sam está nerviosa e irritada, mientras que Rikki no puede dejar de divertirse con la situación. Han ensayado unas catorce o quince veces lo que tienen que decir y en el momento que deben hablar. Se colocan una a cada lado de la sala, sentadas cada una en una mesa y cubriéndose los rostros con las cartas donde están escritos todos los platos que se sirven. Sam no cesa de pegar golpecitos con el pie derecho, y de vez en cuando se muerde las uñas. Tiene miedo de que algo salga mal, y siente que todas las miradas están sobre ella, cuando en realidad todas las personas que están en ese restaurante están concentradas en comerse todo lo que tienen en el plato. Es sorprendente, la gente con dinero debería ir a restaurantes donde sirvieran mucha comida. Se supone que podrían pagarlo, ¿no?. Pues no. Ellos eligen restaurantes como este, uno de esos que tan sólo pone un trozo de carne de cinco centímetros adorado con muchas salsas y ramitas de perejil. En cambio la gente con menos dinero como ellas, podría ir a un McDonalds y comer el doble o el triple de comida por menos dinero.
A veces todo es al revés de cómo nos imaginamos.
Ella deja de cubrirse la cara durante un momento, para mirar a su amiga y comprobar que está donde le corresponde, y que no hace nada que no tuviera que estar haciendo. Rikki se da cuenta de que Sam la observa, vigilándola, y no puede evitar estallar en silenciosas carcajadas. No quiere llamar demasiado la atención, pero la gente que está sentada en mesas cercanas a la suya la miran confundidos. Ellos no pueden saber que se está riendo a causa de los gestos que Sam le hace desde el otro lado del restaurante, y la miran como si estuviera chiflada por reírse sola. Ahora mismo en el restaurante se escucha una relajante música de fondo, mezclada con el sonido que produce Rikki al reírse. A pesar de que lo hace en silencio, en esa sala hay tanta calma que hasta se escucha la respiración de la gente.
Sam no aguanta más de los nervios, y tiene la tentación de levantarse para ir a darle una colleja a su amiga, y así hacer que se calle. Pero eso lo fastidiaría todo, así que se limita a fulminarla con la mirada. Rikki detiene su risa de inmediato, algo intimidada por la forma en la que la está mirando su amiga. Prefiere dejar de hacer el tonto, porque sabe que si algo sale mal, Sam la obligará a dormir en el rellano. Observa como su mejor amiga suelta un suspiro de alivio cuando decide quedarse totalmente en silencio, y volver a cubrirse la cara con la carta de comandas. Sam mira el reloj… las nueve y media. No pueden tardar demasiado en llegar, y ella de cada vez está más impaciente.
A veces todo es al revés de cómo nos imaginamos.
Ella deja de cubrirse la cara durante un momento, para mirar a su amiga y comprobar que está donde le corresponde, y que no hace nada que no tuviera que estar haciendo. Rikki se da cuenta de que Sam la observa, vigilándola, y no puede evitar estallar en silenciosas carcajadas. No quiere llamar demasiado la atención, pero la gente que está sentada en mesas cercanas a la suya la miran confundidos. Ellos no pueden saber que se está riendo a causa de los gestos que Sam le hace desde el otro lado del restaurante, y la miran como si estuviera chiflada por reírse sola. Ahora mismo en el restaurante se escucha una relajante música de fondo, mezclada con el sonido que produce Rikki al reírse. A pesar de que lo hace en silencio, en esa sala hay tanta calma que hasta se escucha la respiración de la gente.
Sam no aguanta más de los nervios, y tiene la tentación de levantarse para ir a darle una colleja a su amiga, y así hacer que se calle. Pero eso lo fastidiaría todo, así que se limita a fulminarla con la mirada. Rikki detiene su risa de inmediato, algo intimidada por la forma en la que la está mirando su amiga. Prefiere dejar de hacer el tonto, porque sabe que si algo sale mal, Sam la obligará a dormir en el rellano. Observa como su mejor amiga suelta un suspiro de alivio cuando decide quedarse totalmente en silencio, y volver a cubrirse la cara con la carta de comandas. Sam mira el reloj… las nueve y media. No pueden tardar demasiado en llegar, y ella de cada vez está más impaciente.
|| • ||
Brooke y yo salimos del coche después de haber estado casi un cuarto de hora dando vueltas para conseguir aparcamiento. Sabía que este era un restaurante de categoría, pero no que estuviera siempre tan lleno. Doy la vuelta al coche para colocarme a su lado y cogerla de la mano. Lleva un vestido negro corto que me deja una buena vista de sus largas y bronceadas piernas. Sonríe cuando empezamos a caminar, y a medida que avanzamos me voy poniendo más nervioso. Estoy nervioso, pero no por estar ahora mismo aquí con ella, sino por lo que pasará después. No quiero estar toda la cena pensando en eso, pero no puedo evitarlo, estoy demasiado aterrado. No hay ninguna chica como ella y no puedo permitirme el lujo de perderla sólo por no saber qué hacer cuando quiera llevarme a la cama. Y eso es importante, porque acostarnos sería el paso que sellaría nuestra relación. Mamá estaría contenta por haber conseguido emparejarme con una chica como Brooke, y papá simplemente se sentiría orgulloso de mí al ver que he conseguido mi trofeo.
Entramos en el recibidor del restaurante, y rápidamente un hombre vestido con un esmoquin viene hacia nosotros con una agenda en la mano.
— ¿Tienen mesa reservada? — pregunta amablemente.
— Sí, a nombre de Justin. Justin Bieber.
Él revisa uno por uno todos los nombres que hay apuntados en esa libreta, en busca del mío. Cuando lo encuentra levanta la cabeza y nos sonríe. Se sitúa delante de nosotros y nos hace un gesto con la mano, indicándonos el camino hasta nuestra mesa. Coloco una mano en la espalda de mi chica, aunque todavía no sé si puedo llamarla así. No somos nada, quizá dos amigos pasando el rato, pero haciendo cosas algo diferentes a la que hacen los amigos. Camino, pero en realidad no sé a dónde me dirijo. Me he quedado embobado pensando en chorradas y estoy avanzando detrás de ella, siguiendo al metre, sin fijarme por dónde voy. Finalmente el hombre se detiene delante de una mesa para dos personas, bastante amplia, y vuelve a hacernos el mismo gesto con la mano para que tomemos asiento. Le obedecemos y nos sonríe mostrándonos todos sus dientes. Tanta amabilidad está empezando a ponerme todavía más nervioso.
— Aquí les dejo las cartas — explica, depositándolas en una esquina de la mesa, al lado de Brooke. — Dentro de unos minutos vendrá un camarero a preguntarles qué desean tomar.
Dicho esto se marcha, dejándome a solas con ella. Está mirando a todos lados, como si nunca hubiera visto un restaurante elegante. Le pido que me pase una de las cartas y ella obedece, cogiendo también una para ella. Comienzo a leer por encima todos los platos que hay, y la verdad es que todos parecen deliciosos. La miro para ver si ya se ha decidido, pero sigue mirando la carta.
— No sé qué elegir — dice — todo tiene pinta de estar delicioso.
— ¿Quieres que pidamos canapés como entrante? — sugiero. No suelo comer canapés, porque mamá no sabe cocinarlos, pero las veces que he comido han estado deliciosos. Ella asiente con la cabeza en modo de aprobación.
— ¿Y de primero? — me pregunta ella sin dejar de mirar el papel.
— Uhmmmm… sopa de marisco.
Entramos en el recibidor del restaurante, y rápidamente un hombre vestido con un esmoquin viene hacia nosotros con una agenda en la mano.
— ¿Tienen mesa reservada? — pregunta amablemente.
— Sí, a nombre de Justin. Justin Bieber.
Él revisa uno por uno todos los nombres que hay apuntados en esa libreta, en busca del mío. Cuando lo encuentra levanta la cabeza y nos sonríe. Se sitúa delante de nosotros y nos hace un gesto con la mano, indicándonos el camino hasta nuestra mesa. Coloco una mano en la espalda de mi chica, aunque todavía no sé si puedo llamarla así. No somos nada, quizá dos amigos pasando el rato, pero haciendo cosas algo diferentes a la que hacen los amigos. Camino, pero en realidad no sé a dónde me dirijo. Me he quedado embobado pensando en chorradas y estoy avanzando detrás de ella, siguiendo al metre, sin fijarme por dónde voy. Finalmente el hombre se detiene delante de una mesa para dos personas, bastante amplia, y vuelve a hacernos el mismo gesto con la mano para que tomemos asiento. Le obedecemos y nos sonríe mostrándonos todos sus dientes. Tanta amabilidad está empezando a ponerme todavía más nervioso.
— Aquí les dejo las cartas — explica, depositándolas en una esquina de la mesa, al lado de Brooke. — Dentro de unos minutos vendrá un camarero a preguntarles qué desean tomar.
Dicho esto se marcha, dejándome a solas con ella. Está mirando a todos lados, como si nunca hubiera visto un restaurante elegante. Le pido que me pase una de las cartas y ella obedece, cogiendo también una para ella. Comienzo a leer por encima todos los platos que hay, y la verdad es que todos parecen deliciosos. La miro para ver si ya se ha decidido, pero sigue mirando la carta.
— No sé qué elegir — dice — todo tiene pinta de estar delicioso.
— ¿Quieres que pidamos canapés como entrante? — sugiero. No suelo comer canapés, porque mamá no sabe cocinarlos, pero las veces que he comido han estado deliciosos. Ella asiente con la cabeza en modo de aprobación.
— ¿Y de primero? — me pregunta ella sin dejar de mirar el papel.
— Uhmmmm… sopa de marisco.
Después de unos diez minutos que tardamos en decidirnos del todo, un joven camarero se nos acerca para pedirnos la comanda. Lo apunta todo con rapidez, a pesar de que tiene que hacer unos cuantos tachones porque Brooke cambia de opinión unas tres veces. Sonríe antes de marcharse y le devolvemos el gesto. Si no fuera porque yo estoy delante, casi diría que Brooke intentaba coquetear con el camarero. O igual son imaginaciones mías causadas por los nervios. O también puede ser que yo me esté volviendo demasiado imbécil últimamente.
|| Sam ||
Por suerte desde el lugar en el que estoy sentada puedo verles perfectamente. Escucho sus voces, y si me esfuerzo puedo entender lo que dicen. De momento no han hablado de nada interesante, sólo de cosas sin sentido, como el dilema de Brooke esta tarde al elegir el color para sus uñas. Me sorprende que aún haya chicos que prefieran las chicas así, barbies de porcelana. Pero ya no es sólo por su apariencia de muñeca, sino también la forma en la que se comporta. Cualquiera podría decir que estoy celosa, pero no… lo que en realidad sucede es que no soporto a las chicas como ella. Chicas que piensan que lo peor que podría pasarles en este mundo es romperse una uña, o que la peor tragedia sería que cerraran el centro comercial. Dan la sensación de que no son reales, de que las han sacado de un cuento o algo así. Suspiro. Deja de pensar en esas cosas ya, y céntrate Sam, total no sirven de nada.
Acaban de terminarse el primer plato y un camarero está recogiendo para poder traerles el segundo. Apuesto a que toda la comida que van a pedir cuesta más que lo que Rikki y yo juntas ganamos en un mes. Les observo mientras esperan, y veo a Brooke perfectamente, incluso veo cómo ella coloca su mano encima de la de Justin. Él está de espaldas a mí y no puedo verle la cara, pero sé que está sonriendo. Al menos, es lo que debería estar haciendo. Siento algo encenderse dentro de mí cuando ella se levanta para colocarse encima de él, y comienza a besarle lentamente. Busco rápidamente la mirada de Rikki al otro lado la sala, y la encuentro. Me mira con los ojos muy abiertos, preguntándome con la mirada si es ahora cuando le toca entrar. Asiento ligeramente y ella suspira mientras se pone en pie.
Acaban de terminarse el primer plato y un camarero está recogiendo para poder traerles el segundo. Apuesto a que toda la comida que van a pedir cuesta más que lo que Rikki y yo juntas ganamos en un mes. Les observo mientras esperan, y veo a Brooke perfectamente, incluso veo cómo ella coloca su mano encima de la de Justin. Él está de espaldas a mí y no puedo verle la cara, pero sé que está sonriendo. Al menos, es lo que debería estar haciendo. Siento algo encenderse dentro de mí cuando ella se levanta para colocarse encima de él, y comienza a besarle lentamente. Busco rápidamente la mirada de Rikki al otro lado la sala, y la encuentro. Me mira con los ojos muy abiertos, preguntándome con la mirada si es ahora cuando le toca entrar. Asiento ligeramente y ella suspira mientras se pone en pie.
|| Justin ||
No me esperaba que fuera a levantarse y sentarse encima de mí, y mucho menos que fuera a besarme. Lo hace con pasión y yo la imito, pero no puedo evitar estar incómodo. Estamos en un restaurante, un restaurante de categoría y nosotros nos estamos comportando como si fuéramos unos maleducados. No sé si son sensaciones mías, pero noto todas las miradas clavadas en mi nuca. A ella parece no importarle ya que introduce su lengua en mi boca, como si nadie nos estuviera viendo. Si estuviéramos solos esto sería la gloria, pero no lo estamos y por eso estoy rígido, casi sin moverme. Justo cuando estoy a punto de apartarla, escucho algo parecido a un grito de sorpresa a unos cuantos metros de nosotros.
Me separo de Brooke y abro los ojos para comprobar qué ha sido, y me encuentro a una chica que me resulta muy familiar delante de nosotros, mirándome con la boca abierta y los brazos en la cintura.
— ¿Justin? — espeta esa chica morena. Me mira como si no pudiera creer que me está viendo aquí.
— Eh… ¿si? — frunzo el ceño y la miro fijamente. Me suena mucho, muchísimo. Se parece a una de esas chicas que… ¡Mierda!
Abro mucho los ojos al reconocerla y por un momento deseo que me trague la tierra. Desaparecer y no volver más. Brooke la mira de arriba abajo, y levanta una ceja al ver su vestido, poniendo una mueca de desaprobación. Soy un chico y no sé demasiado de moda, pero tampoco hay nada de malo en su vestido. ¿Qué coño piensas Justin? ¡Es Rikki, la amiga de Sam! No, esto no puede ser bueno. Aparto a Brooke suavemente de encima de mí y me levanto. Cojo a Rikki por el brazo y la aparto unos metros de nuestra mesa.
— ¿Qué haces aquí? — susurro confundido. Echo una mirada fugaz hacia Brooke y veo que está mirando hacia nosotros con una expresión no demasiado agradable. Rikki sonríe pero no contesta. — ¿Cómo sabías dónde íbamos a estar?
Ella sólo sonríe y vuelve a acercarse a la mesa. Me pongo delante de ella.
— ¡Justin! — dice de repente alzando la voz — ¡No me puedo creer que estuvieras besándote con ella!
¿Qué está diciendo? ¿Se ha vuelto loca?
— ¿Perdona? — interviene Brooke — Él está conmigo, puede besarme cuando le dé la gana. — replica. Su forma de mirar a Rikki indica que se tiraría a por ella ahora mismo si pudiera. Miro a mi alrededor y veo que todos, incluyendo los camareros, nos están mirando. ¿Podría haber algo peor?
— Justin, no me puedo creer que me hayas dejado plantada para quedar con ella. ¡Me has engañado! — grita.
— ¿Qué estás haciendo? — le susurro apretando la mandíbula. La miro fijamente, fulminándola con la mirada, y veo que en su expresión hay algo divertido a pesar de que aparente estar enfadada. En la sala reina un silencio sepulcral y sólo se nos escucha a nosotros.
— ¿Qué está diciendo esta, Justin? — pregunta Brooke levantándose. — ¿Habías quedado con ella?
— ¡No! — grito. — Es una amiga de Niall, yo no tengo nada que ver con ella. — le explico. Apoyo mis manos en sus brazos y la miro fijamente, esperando a que me crea. Esto no puede estar pasándome a mí.
— No me lo puedo creer — solloza Rikki. Ambos la miramos y vemos que sus ojos están húmedos, como si estuviera a punto de llorar. — ¡Estabas saliendo con las dos a la vez!
— ¡Deja de inventarte cosas! — suelto a Brooke y miro a Rikki, harto de todo esto. Pero ella comienza a llorar escandalosamente, cubriéndose la cara con las manos. Siento que todo me da vueltas, todavía no soy capaz de entender qué está pasando y qué es lo que quiere, sólo sé que Brooke está de cada vez más roja y se puede ver la ira en sus ojos.
— Dime que está mintiendo con todo lo que dice. — musita.
— ¡Claro que sí! — contesto exhausto — Yo no la conozco de nada, de verdad.
Parece que Brooke está dispuesta a creerme, y asesina a Rikki con la mirada. Pero la morena simplemente sigue en su papel, haciendo ruidos extraños que intentan parecer sollozos. Estoy a punto de pedirle que se largue cuando otra voz irrumpe en mis espaldas.
— ¿Justin?
Esa voz me resulta familiar. Volteo para ver quién me está llamando y me encuentro a la última persona que yo querría ver en este momento, y también a la última que me esperaba.
— ¿Sam?
— ¡¿Quién es Sam?! — pregunta Brooke perdiendo los nervios.
— Soy yo, encantada. — ella se acerca y le da la mano a Brooke, quien la mira totalmente desconcertada y sin entender nada.
— ¿Qué estás haciendo aquí? — le pregunto asustado. A la mierda, todo esto se está yendo a la mierda. No puede estar pasándome esto a mí.
— ¿Cómo que qué hago aquí? — me mira incrédula — ¡Hemos quedado para cenar!
— ¡¿Qué estás diciendo?! — mi respiración se acelera y siento que estoy a punto de estallar. Aparto la mirada de ellas durante un segundo, y cuando vuelvo a fijarla en Sam me la encuentro llorando también.
— Justin, cariño, no entiendo nada… — musita — ¿Por qué me engañas?
— ¡Justin, explícame esto ya! — interviene Brooke. Sam me mira como un cachorrito degollado y Rikki sigue detrás de Brooke, intentando contener la risa. No sé qué decir, no puedo decir nada.
Antes de que pueda encontrar un modo de reaccionar siento los labios de Sam presionando contra los míos. Intento apartarme pero ella me coge del cuello y junta su lengua con la mía. Durante una fracción de segundo le sigo el beso, sintiéndome a gusto besándola, pero luego me doy cuenta de dónde estamos, de Rikki, de Brooke, de todo el mundo mirándonos y la aparto bruscamente de mí.
— No puedo creer que nos hayas hecho esto a las tres, Justin… — oigo la voz de Rikki — nos has hecho creer a todas que nos querías pero en realidad… — vuelve a sollozar — sólo jugabas con nosotras.
Se marcha corriendo del restaurante, haciendo que todos la miren cuando se dirige hacia la puerta. Creo que voy a darme a mí mismo una bofetada para ver si despierto de una vez de este mal sueño.
— Justin, eres un imbécil. Te odio. — es lo último que escucho antes de sentir la mano plana de Brooke golpeando mi mejilla. En seguida noto cómo se me va poniendo roja y comienza a picar, a picar mucho.
— Brooke, ¡espera! — grito. Pero ella no me hace caso y sigue el camino que hace unos segundos ha hecho Rikki, yendo hacia la puerta.
Quiero seguirla antes de que se lleve el coche y me deje aquí tirado para tener que volver andando. Pero algo me impulsa a quedarme quieto. Sam.
Giro un poco la cabeza para encontrarme con ella.
Me mira fijamente, con una pequeña sonrisa de satisfacción asomando por sus rosados labios. Los mismos labios que me besaban hace treinta segundos. Suspiro sintiéndome la persona más ridícula de este mundo.
— ¿Por qué has tenido que venir a joderlo todo? — le pregunto con un tono no demasiado agradable.
— Sólo te la he devuelto, amigo. — musita acercándose a mí y colocando las manos en mi pecho. Acerca su boca a mi oreja para susurrarme. — Conmigo nadie juega… y tú querías utilizarme para luego tirarte a esa idiota. Siento que te haya salido todo mal.
Después de eso y de una risita casi inaudible, se separa de mí y se marcha sin mirar hacia atrás, contoneando exageradamente sus caderas, como siempre suele hacer al caminar cuando sabe que yo la estoy mirando.
Levanto la mirada y veo como todas las personas que nos estaban mirando sin ningún tipo de disimulo, vuelven otra vez a sus aburridos asuntos. Creo que tengo la boca abierta como un imbécil, pero es que ahora mismo no me sale poner otra expresión. ¿De verdad ha pasado todo esto?
Dejo dinero encima de la mesa. No sé cuánto cuesta todo lo que hemos pedido pero seguro que lo que he dejado es suficiente, o incluso sobrará dinero.
Cuando voy hacia la puerta el mismo hombre que antes nos ha recibido se despide de mí, diciéndome amablemente que espera verme de nuevo por aquí.
Comienzo a andar hacia el lugar donde he aparcado el coche de Brooke, pero luego recuerdo que tengo que ir a pie. Empiezo a pensar que ya es una costumbre esto de que la gente me deje tirado para hacerme andar hasta casa. Aunque ahora mismo no me importa, así tendré tiempo para asimilar todo lo que ha pasado. Porque de verdad ha pasado… ¿no?
Ojalá que ahora viniera mamá a mi habitación para despertarme y que todo esto hubiera resultado ser un sueño, un maldito sueño.
Entiendo que Sam y Rikki quisieran darme un escarmiento, no fue justo que yo hiciera eso con Sam. Pero tampoco es justo que ella se lo tomara como algo personal, al fin y al cabo ella se dedica a eso, y además yo le pagué de todas formas, aunque no llegáramos a hacer nada, sólo por haberla dejado con ese calentón. Y ahora no sé cómo voy a arreglármelas para volver a estar bien con Brooke. La única solución que veo es contarle la verdad. Explicarle de qué conocemos Niall y yo a esas chicas y el motivo por el que han venido a estropearme la cita. Pero eso sería lo peor, porque además de quedar como un imbécil y un rajado, también parecería un pardillo. Y no necesito que Brooke me vea como tal después de todo esto. Y ahora que he estado pensando, Niall no va a salir vivo de esta. Si Sam sabía dónde y cuándo tendría la cita con Brooke, es porque Niall se lo debió soltar a Rikki. Y repito, no va a salir vivo después de todo.
Me separo de Brooke y abro los ojos para comprobar qué ha sido, y me encuentro a una chica que me resulta muy familiar delante de nosotros, mirándome con la boca abierta y los brazos en la cintura.
— ¿Justin? — espeta esa chica morena. Me mira como si no pudiera creer que me está viendo aquí.
— Eh… ¿si? — frunzo el ceño y la miro fijamente. Me suena mucho, muchísimo. Se parece a una de esas chicas que… ¡Mierda!
Abro mucho los ojos al reconocerla y por un momento deseo que me trague la tierra. Desaparecer y no volver más. Brooke la mira de arriba abajo, y levanta una ceja al ver su vestido, poniendo una mueca de desaprobación. Soy un chico y no sé demasiado de moda, pero tampoco hay nada de malo en su vestido. ¿Qué coño piensas Justin? ¡Es Rikki, la amiga de Sam! No, esto no puede ser bueno. Aparto a Brooke suavemente de encima de mí y me levanto. Cojo a Rikki por el brazo y la aparto unos metros de nuestra mesa.
— ¿Qué haces aquí? — susurro confundido. Echo una mirada fugaz hacia Brooke y veo que está mirando hacia nosotros con una expresión no demasiado agradable. Rikki sonríe pero no contesta. — ¿Cómo sabías dónde íbamos a estar?
Ella sólo sonríe y vuelve a acercarse a la mesa. Me pongo delante de ella.
— ¡Justin! — dice de repente alzando la voz — ¡No me puedo creer que estuvieras besándote con ella!
¿Qué está diciendo? ¿Se ha vuelto loca?
— ¿Perdona? — interviene Brooke — Él está conmigo, puede besarme cuando le dé la gana. — replica. Su forma de mirar a Rikki indica que se tiraría a por ella ahora mismo si pudiera. Miro a mi alrededor y veo que todos, incluyendo los camareros, nos están mirando. ¿Podría haber algo peor?
— Justin, no me puedo creer que me hayas dejado plantada para quedar con ella. ¡Me has engañado! — grita.
— ¿Qué estás haciendo? — le susurro apretando la mandíbula. La miro fijamente, fulminándola con la mirada, y veo que en su expresión hay algo divertido a pesar de que aparente estar enfadada. En la sala reina un silencio sepulcral y sólo se nos escucha a nosotros.
— ¿Qué está diciendo esta, Justin? — pregunta Brooke levantándose. — ¿Habías quedado con ella?
— ¡No! — grito. — Es una amiga de Niall, yo no tengo nada que ver con ella. — le explico. Apoyo mis manos en sus brazos y la miro fijamente, esperando a que me crea. Esto no puede estar pasándome a mí.
— No me lo puedo creer — solloza Rikki. Ambos la miramos y vemos que sus ojos están húmedos, como si estuviera a punto de llorar. — ¡Estabas saliendo con las dos a la vez!
— ¡Deja de inventarte cosas! — suelto a Brooke y miro a Rikki, harto de todo esto. Pero ella comienza a llorar escandalosamente, cubriéndose la cara con las manos. Siento que todo me da vueltas, todavía no soy capaz de entender qué está pasando y qué es lo que quiere, sólo sé que Brooke está de cada vez más roja y se puede ver la ira en sus ojos.
— Dime que está mintiendo con todo lo que dice. — musita.
— ¡Claro que sí! — contesto exhausto — Yo no la conozco de nada, de verdad.
Parece que Brooke está dispuesta a creerme, y asesina a Rikki con la mirada. Pero la morena simplemente sigue en su papel, haciendo ruidos extraños que intentan parecer sollozos. Estoy a punto de pedirle que se largue cuando otra voz irrumpe en mis espaldas.
— ¿Justin?
Esa voz me resulta familiar. Volteo para ver quién me está llamando y me encuentro a la última persona que yo querría ver en este momento, y también a la última que me esperaba.
— ¿Sam?
— ¡¿Quién es Sam?! — pregunta Brooke perdiendo los nervios.
— Soy yo, encantada. — ella se acerca y le da la mano a Brooke, quien la mira totalmente desconcertada y sin entender nada.
— ¿Qué estás haciendo aquí? — le pregunto asustado. A la mierda, todo esto se está yendo a la mierda. No puede estar pasándome esto a mí.
— ¿Cómo que qué hago aquí? — me mira incrédula — ¡Hemos quedado para cenar!
— ¡¿Qué estás diciendo?! — mi respiración se acelera y siento que estoy a punto de estallar. Aparto la mirada de ellas durante un segundo, y cuando vuelvo a fijarla en Sam me la encuentro llorando también.
— Justin, cariño, no entiendo nada… — musita — ¿Por qué me engañas?
— ¡Justin, explícame esto ya! — interviene Brooke. Sam me mira como un cachorrito degollado y Rikki sigue detrás de Brooke, intentando contener la risa. No sé qué decir, no puedo decir nada.
Antes de que pueda encontrar un modo de reaccionar siento los labios de Sam presionando contra los míos. Intento apartarme pero ella me coge del cuello y junta su lengua con la mía. Durante una fracción de segundo le sigo el beso, sintiéndome a gusto besándola, pero luego me doy cuenta de dónde estamos, de Rikki, de Brooke, de todo el mundo mirándonos y la aparto bruscamente de mí.
— No puedo creer que nos hayas hecho esto a las tres, Justin… — oigo la voz de Rikki — nos has hecho creer a todas que nos querías pero en realidad… — vuelve a sollozar — sólo jugabas con nosotras.
Se marcha corriendo del restaurante, haciendo que todos la miren cuando se dirige hacia la puerta. Creo que voy a darme a mí mismo una bofetada para ver si despierto de una vez de este mal sueño.
— Justin, eres un imbécil. Te odio. — es lo último que escucho antes de sentir la mano plana de Brooke golpeando mi mejilla. En seguida noto cómo se me va poniendo roja y comienza a picar, a picar mucho.
— Brooke, ¡espera! — grito. Pero ella no me hace caso y sigue el camino que hace unos segundos ha hecho Rikki, yendo hacia la puerta.
Quiero seguirla antes de que se lleve el coche y me deje aquí tirado para tener que volver andando. Pero algo me impulsa a quedarme quieto. Sam.
Giro un poco la cabeza para encontrarme con ella.
Me mira fijamente, con una pequeña sonrisa de satisfacción asomando por sus rosados labios. Los mismos labios que me besaban hace treinta segundos. Suspiro sintiéndome la persona más ridícula de este mundo.
— ¿Por qué has tenido que venir a joderlo todo? — le pregunto con un tono no demasiado agradable.
— Sólo te la he devuelto, amigo. — musita acercándose a mí y colocando las manos en mi pecho. Acerca su boca a mi oreja para susurrarme. — Conmigo nadie juega… y tú querías utilizarme para luego tirarte a esa idiota. Siento que te haya salido todo mal.
Después de eso y de una risita casi inaudible, se separa de mí y se marcha sin mirar hacia atrás, contoneando exageradamente sus caderas, como siempre suele hacer al caminar cuando sabe que yo la estoy mirando.
Levanto la mirada y veo como todas las personas que nos estaban mirando sin ningún tipo de disimulo, vuelven otra vez a sus aburridos asuntos. Creo que tengo la boca abierta como un imbécil, pero es que ahora mismo no me sale poner otra expresión. ¿De verdad ha pasado todo esto?
Dejo dinero encima de la mesa. No sé cuánto cuesta todo lo que hemos pedido pero seguro que lo que he dejado es suficiente, o incluso sobrará dinero.
Cuando voy hacia la puerta el mismo hombre que antes nos ha recibido se despide de mí, diciéndome amablemente que espera verme de nuevo por aquí.
Comienzo a andar hacia el lugar donde he aparcado el coche de Brooke, pero luego recuerdo que tengo que ir a pie. Empiezo a pensar que ya es una costumbre esto de que la gente me deje tirado para hacerme andar hasta casa. Aunque ahora mismo no me importa, así tendré tiempo para asimilar todo lo que ha pasado. Porque de verdad ha pasado… ¿no?
Ojalá que ahora viniera mamá a mi habitación para despertarme y que todo esto hubiera resultado ser un sueño, un maldito sueño.
Entiendo que Sam y Rikki quisieran darme un escarmiento, no fue justo que yo hiciera eso con Sam. Pero tampoco es justo que ella se lo tomara como algo personal, al fin y al cabo ella se dedica a eso, y además yo le pagué de todas formas, aunque no llegáramos a hacer nada, sólo por haberla dejado con ese calentón. Y ahora no sé cómo voy a arreglármelas para volver a estar bien con Brooke. La única solución que veo es contarle la verdad. Explicarle de qué conocemos Niall y yo a esas chicas y el motivo por el que han venido a estropearme la cita. Pero eso sería lo peor, porque además de quedar como un imbécil y un rajado, también parecería un pardillo. Y no necesito que Brooke me vea como tal después de todo esto. Y ahora que he estado pensando, Niall no va a salir vivo de esta. Si Sam sabía dónde y cuándo tendría la cita con Brooke, es porque Niall se lo debió soltar a Rikki. Y repito, no va a salir vivo después de todo.
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