lunes, 7 de mayo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 14}


Se agacha para poder limpiar los bajos de la televisión, e inmediatamente yo siento ese calor que siempre suele acompañar mis mejillas cuando estoy con alguna chica… cuando estoy con ella. Al estar justo delante de mí, agachada, y con esos pantalones anchos tan excesivamente cortos me deja una vista demasiado buena de su trasero. Horan, no seas pervertido y baja la mirada. Ahora. Ya mismo.
¿Por qué no la apartas? Mira hacia el suelo, vamos, no tendrías que tener la vista tan fija ahí. ¡Niall! ¡Deja ya de mirarla!
— Eh bueno, más que para eso yo… — suspiro. ¡Odio esto! No me gusta quedarme sin palabras, es incómodo, raro, ridículo.
— Oh, entonces no querías verme… — voltea y me mira con triste, como una niña que se ha quedado sin caramelos. Y me da la impresión de que yo soy su caramelo. No puedo evitar carcajear, siempre consigue transformar lo que digo de forma que interpreta un significado completamente diferente al que de verdad .
— Tampoco he dicho eso. — se gira y yo le sonrío. Se muerde el labio y también me sonríe.
— Entonces eso significa que has venido a buscarme. — se acerca y me coge de la mano, obligándome a levantarme del sofá. Con el impulso quedo muy cerca de ella, casi pegados, sintiendo su aliento en mi cara cuando vuelve a sonreír. Me parece ver cómo mira mis labios de forma fugaz, volviendo rápidamente a mis ojos. Yo me siento tentado de mirar los suyos pero me resisto a hacerlo, no quiero que se haga una idea equivocada de mis intenciones con ella. Yo… no estoy interesado en… en eso que Justin quería hacer con Sam.
— Espérame cinco minutos, voy a cambiarme.
Se separa de mí y desaparece por el pasillo. Echo una mirada a mi alrededor y vuelvo a sentarme en el sofá. Saco el móvil para distraerme, pero mantengo la mirada fija en la pantalla negra. ¿Ha dicho que la espere? Voy a volver a pasar el día con ella… sonrío ante la idea. Me sienta bien quedar con ella porque durante el rato que estoy a su lado me siento relajado. No me hace falta preocuparme sobre lo que opinaría mamá porque ella no sabe nada de esto, ni tampoco tengo la sensación de que Justin es el centro de atención, porque estamos los dos solos. Lo que no sé a dónde vamos a ir. Podría llevarla a comer a algún lugar de mi barrio… pero ¿y si alguien nos ve? No quiero que nadie malinterprete nada.
Ha acertado al decir que tan sólo tardaba cinco minutos, porque no tarda en aparecer otra vez por la puerta del pasillo. Una blusa rosa ancha y unos vaqueros oscuros cubren su cuerpo. Su pelo recogido en una larga cola de caballo se mueve al ritmo de sus pasos.
— ¿Te dan miedo las alturas? — abre la puerta y juntos salimos de la casa. Me mira expectante por mi respuesta.
— Pues no… al menos eso creo. — ¿A qué viene esto? Supongo que no lo preguntará porque vayamos a dar una vuelta en globo aerostático. O al menos, eso espero.
— Me apetecía ir al parque de atracciones, y ya que Sam tenía cosas que hacer hoy, me has venido perfecto. — coge mi mano y tira de mí para bajar las escaleras. Las baja a toda prisa, feliz, una niña contenta. Y es que la mayoría del tiempo lo parece, una niña alegre y risueña, inocente que no para de sonreírle a la vida. Nadie diría que por las noches tiene que convertirse en alguien completamente diferente por culpa del trabajo que tiene. Quizá si yo hablara con mi padre podría conseguirle cualquier otro tipo de trabajo. Secretaria de su empresa… o algo así. Aunque no me la imagino con una de esas faldas largas de seda que llevan las empleadas de papá. Aunque por otra parte no tengo que imaginarme nada, yo no soy su rescatador ni nada parecido. No tengo nada que ver con ella, no puedo ni debo intentar cambiar su vida. Yo tan sólo soy su acompañante al parque de atracciones porque su mejor amiga está ocupada. Ya está, sólo eso.
• Rikki •
Creo que le gusta que le coja de la mano, porque de momento no ha hecho ningún esfuerzo por soltarse. El parque de atracciones no queda demasiado lejos de casa, y me apetece dar un paseo con él. Hablar de algo, que me cuente cosas. Me gustaría ganarme su confianza antes de nada, parece un chico interesante, lástima que él no lo crea así. Por el poco tiempo que llevo conociéndole he podido notar perfectamente que le sobra inseguridad, y le falta muchísima confianza en sí mismo. Quizá porque está acostumbrado a pasar desapercibido, o quizá porque nunca ha tenido la oportunidad de demostrarle a nadie como es realmente. Sólo parece tranquilo cuando está con Justin, y no sé por qué yo quiero que eso cambie. Y sé que le gusta pasar tiempo conmigo porque ahora me está sonriendo, y no es una sonrisa forzada, ni incómoda, sino natural. Antes me he agachado apropósito para fijarme en su reacción, y le ha costado apartar la mirada de mí. Le atraigo y él me atrae a mí, mucho además, así que todo es cuestión de tiempo.
— ¿Tienes novia? — el silencio estaba comenzando a ser un poco incómodo para mí, y aunque sé la respuesta a esa pregunta, quiero que me responda él.
— No… ¿y tú tienes novio? — Intento contener una carcajada y él se sonroja, mirando al suelo al darse cuenta de la estupidez que ha preguntado. Está claro que si tuviera novio no podría estar trabajando en un lugar como el Black Diamond.
— Algún día… — suspiro — cuando termine la carrera me casaré y tendré hijos, muchos hijos.
— Eso estaría bien.
— ¿No te gusta ninguna chica? — intenta esquivar mi pregunta mirando al frente, donde ya puede verse la enorme noria y otras atracciones también altas, entre ellas una montaña rusa en la que no puedo esperar para montarme.
— No, de momento no me gusta nadie.
‘’Eso no será por mucho tiempo’’ pienso. Sonrío para mis adentros y acelero un poco el paso a medida que nos vamos acercando. No sé si me ha dicho la verdad cuando le he preguntado si le daban miedo las alturas, porque le observo y tiene la mirada clavada en la montaña rusa, y traga saliva sonoramente.
— Vamos, Nialler, no me dirás ahora que te da miedo. — le suelto de forma burlona. Él me mira e intenta parecer un tipo duro.
— Yo no le tengo miedo a nada. Podría subirme ahora mismo si quisiera.
|| Narrador ||
Él tenía claro que no iba a quedar como un cobarde delante de ella.
— ¿En serio? ¡Entonces vamos! — grita ella, y volviendo a estirarle como antes, comienza a arrastrarlo hacia la enorme atracción. Él la sigue desconcertado, para nada se esperaba que ella quisiera subirse en esa monstruosa máquina de metal. Él esperaba que fuera ella la que tuviera miedo. Traga saliva mientras ve como los vagones pasan por delante de él, y observa las caras con expresiones de miedo y adrenalina de las personas que están sentadas en él. Se imagina a sí mismo subido ahí y su estómago comienza a dar vueltas.
— ¿No prefieres que nos subamos en algo más flojito antes? Ya sabes, para empezar suave… — le susurra. Ella vuelve a hacerle la misma burla de antes, incitándolo a subirse aunque tan sólo sea para impresionarla. Aunque sin duda el que no deja de impresionarse es él, conociendo un poco más a esa particular chica. Y por el momento, le gusta todo lo que va sabiendo de ella.
Rikki se apresura a la cabina para comprar dos tickets pero él no le permite pagar. De nuevo ella refunfuña mientras guarda su cartera, prometiéndole que la próxima vez será ella la que pague, sin ningún tipo de discusión. Él accede para volver a verla sonreír de satisfacción.
Toman sus asientos en la montaña rusa, en un vagón para cuatro personas. Ella no suelta para nada la mano de Niall, y una vez sentados se dan cuenta de que delante tienen a una pareja de jóvenes enamorados que no paran de besarse y acariciarse. Rikki suspira, sabe que estar así con un chico es lo más hermoso que te puede pasar. Estar perdidamente enamorada de alguien, querer estar a su lado todo el tiempo y que no te importe el resto del mundo con tal de que él esté contigo. Mira de reojo a Niall y se da cuenta de que él también los está mirando, quizá piense en lo mismo… o quizá le moleste que se estén besando durante tanto rato delante suya.
Suena una bocina parecida a la del claxon de un coche que anuncia que la atracción está apunta de ponerse en marcha. Se escuchan unos ruidos y el vagón comienza a moverse ligeramente, cosa que hace que el rubio se agarre fuertemente a las protecciones que lo sujetan, tensándose y apretando la mano de Rikki.
Ella carcajea al ver el pánico reflejado en su cara. El vagón comienza a subir por una empinada rampa que parece no terminar nunca. Rikki mueve las piernas emocionada, sobretodo porque no puede esperar a ver la reacción de Niall, que ahora cierra fuertemente los ojos, inspira y expira muy rápidamente, casi híperventilando.
Una vez que llegan al final de la cuesta, vuelven a incorporarse, quedándose completamente derechos a unos veinte o treinta metros de altura. Rikki escucha a Niall susurrar algo cuando el chico mira hacia abajo.
— Tranquilo, Nialler. — le susurra ella también, lo más cerca que las protecciones le permiten — será mejor si no miras abajo.
Casi no le da tiempo a acabar la frase cuando el vagón comienza a caer en picado, haciendo que los estómagos de todos los pasajeros no dejen de dar vueltas. Después de la caída el vagón se introduce en un túnel oscuro, donde nadie puede ver nada y donde sólo se escuchan los agudos chillidos. Parece que dan unas cuantas vueltas con la cabeza al revés, pero al estar oscuro no se sabe con certeza. Vuelven a salir a la luz y comienza un circuito con curvas en las que parece que el vagón va a salirse de las vías. Niall siente que sus manos no van a ser capaces de reaccionar cuando quiera despegarlas de la barra protectora, a causa de lo fuerte que la está agarrando. Rikki no puede parar de reír y se siente bien al sentir como el viento golpea su cara a causa de la velocidad. Otra curva. De nuevo bocabajo. Risas y gritos, diversión y miedo al mismo tiempo. Adrenalina. Adrenalina pura y dura. Energía. Más risas. Alguna que otra sensación de mareo y el vagón se detiene en seco, manteniéndolos a todos al revés. Niall siente como el desayuno está intentando volver a salir de nuevo cuando vuelven a ponerse en marcha, esta vez hacia atrás. Se detiene otra vez cuando llegan al túnel de antes, y Rikki aprovecha para alzar la mano de Niall y besarla. Está demasiado tenso, y a pesar de que es el único de todos que no ha gritado ni una sola vez, se nota que es el que peor lo pasa.
‘’Ya termina’’ escucha el rubio. Ella está tratando de calmarle cuando la atracción se mueve de nuevo, a una velocidad muchísimo mayor, para terminar el recorrido y volver a detenerse en el mismo lugar donde empezó.
Todos los pasajeros suspiran de alivio al saber que esa pequeña tortura ya se ha terminado. Niall se deshace de las protecciones lo más rápido que puede y se apresura a bajar de la montaña rusa, alejándose unos cuantos metros y apoyándose en una pared, con la cabeza hacia arriba.
— ¡Niall! ¿Estás bien? — Rikki corre hacia él. Le divierte todo esto pero al mismo tiempo está asustada. Él está blanco como la leche, parece como si en cualquier momento fuera a desmayarse.
— No me vuelvas a dejar montarme en un sitio así… — consigue articular. Ella sonríe y le besa la mejilla durante un largo rato. Él sonríe ante su inesperada reacción y disfruta de la sensación de tener sus labios en su mejilla. Ella lo ha hecho porque desde un principio sabía que Niall tan sólo se estaba montando ahí para no quedar mal delante de ella, y se lo agradece porque así no ha tenido que montar sola. Siempre es más divertido cuando vas con alguien de confianza.
— Oye… no querrás montarte en ningún sitio más… ¿no? — pregunta esperanzado de que la respuesta sea no. Ella ríe y cuelga los brazos del cuello de Niall. A él le gusta que ella sea tan espontánea, besando su mejilla, a veces incluso el cuello, tomándole de la mano cuando caminan por la calle, como si fueran algo más que conocidos.
— No… — carcajea — en realidad ahora me apetece comer un perrito caliente con una ración de patatas. ¿Te apetece eso?
— Ya estamos tardando.
~*~
Después de casi cuatro horas más paseando por el parque, riendo, montando en algún sitio más en incluso comiendo patatillas, llega la hora de que ella se marche a casa. Según me ha dicho tiene que ir a trabajar esta noche, y necesita su tiempo para prepararse. Yo no quiero que se termine. Creo que puedo decir que es mi amiga y lo paso realmente bien con ella, sobretodo porque ya consigo no sonrojarme con cada palabra que dice. Eso es una ventaja porque supongo que significa que tengo más confianza en mi mismo… cuando dice algo con doble sentido sé responderle de la misma forma, aunque no tan descarado. Y me ha sorprendido mucho saber que adora la comida tanto como yo. Verla comer el perrito caliente en menos de dos minutos ha sido lo mejor del día. Por lo que veo hacía tiempo que no comía uno de esos… y esta vez si que no he podido negarme a que pagara ella, pero no me ha hecho del todo gracia.
Llegamos a su portal, y la timidez vuelve a mí a la hora de despedirnos. ¿Le doy un abrazo? ¿un beso en la mejilla? ¿un simple ‘’adiós, ya nos veremos’’?
— Dame tu número, rubito. — me pide.
— ¿Para qué?
— Tú tienes el mío, es justo que yo tenga el tuyo, ¿no? — contesta sonriendo como si fuera lo más obvio del mundo. Se lo doy y ella lo apunta en su móvil, repitiendo uno a uno todos los números que digo mientras conserva esa sonrisa.
— ¿Me vas a llamar? — le pregunto. Intento sonar tranquilo y creo que lo consigo.
— Quién sabe… igual el destino hace que nos volvamos a encontrar sin tener que llamarte. — dice — pero si no, ya me encargaré yo de que nos volvamos a encontrar.
Se acerca a mí y yo abro los brazos dispuesto a darle un abrazo, porque eso es lo que creo que va a hacer. Pero en lugar de eso junta sus labios con los míos con un rápido movimiento, un simple roce que casi no me da tiempo a percibir porque ya se ha apartado. Sube las escaleras a toda velocidad y la escucho reír cuando desaparece por el primer piso. ¿Beso? No… esto no se puede considerar un beso. Apuesto a que para ella un beso de verdad no tiene nada, pero nada que ver con esto.

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