Alzo una ceja y mantengo la vista fija en la dirección en la que acaba de marcharse mi mejor amiga con Niall.
¿Acaban de irse cogidos de la mano, o ha sido una alucinación mía?
Por lo menos ella tiene claro cómo tiene que comportarse con él, sin vergüenza, dejando de lado toda la timidez que a él le sobra. Los veo alejarse en dirección a la heladería que hay en frente del parque. Sé que se dirigen hacia allí porque he escuchado a Rikki mencionar algo de un batido de cookies, y a ella le encantan los que preparan en esa heladería. Observo entonces sus manos cogidas y sonrío. Recuerdo que una vez nosotras tuvimos una conversación sobre Niall y Justin. Ella mencionó que el rubio no iba a tardar demasiado en coger confianza con ella, y por tanto no tardaría demasiado en caer. Por lo que veo tenía razón, y me alegro de que sea así. Seguramente esta noche llegará a casa sonriendo, y me contará que una vez más se ha divertido mucho hablando con él.
Es curioso la manera en la que todos y cada uno de los tíos que pasan por el Black Diamond, con quiénes no tiene límites, con quiénes llega hasta el final, consiguen aburrirla. Y ahora le basta con una absurda conversación con Niall para divertirse.
Justin carraspea y me hace acordarme de que él está todavía de pie a mi lado. También mira en la misma dirección que yo, y entonces me siento incómoda y nerviosa. ¿Qué hago? ¿qué digo?
Quizá lo mejor sea irme a casa, olvidar que me ha ayudado a pesar de que sabía a dónde iba, de que John acaba de venir a amenazarlo. Tirarme en la cama y no pensar en nada que esté relacionado con el Black Diamond durante los dos días que tengo libres. Pero siendo realistas, sé que eso va a ser imposible. Es como cuando se te pega una canción, y no deja de sonar en tu mente. Intentas por todos los medios que deje de sonar, pero es imposible detenerla. Algo parecido me pasa cuando pienso en Justin. Me digo a mí misma que pensar en él no me sirve de nada, salvo para ponerme nerviosa. Pero es como si hablara con una pared, porque su imagen sigue proyectándose en mi mente. Sus ojos dorados escrutándome, sus labios rosados que de vez en cuando dejan escapar una sonrisa demasiado adictiva. Esos labios tan sabrosos que he podido besar esta mañana.
El claxon de un coche suena muy cerca de nosotros, y me hace volver a la realidad. Como si despertara de un sueño me siento algo aturdida, encontrándome frente a frente con los mismos ojos en los que estaba pensando, sólo que ahora están un poquito más cerca.
¿Acaban de irse cogidos de la mano, o ha sido una alucinación mía?
Por lo menos ella tiene claro cómo tiene que comportarse con él, sin vergüenza, dejando de lado toda la timidez que a él le sobra. Los veo alejarse en dirección a la heladería que hay en frente del parque. Sé que se dirigen hacia allí porque he escuchado a Rikki mencionar algo de un batido de cookies, y a ella le encantan los que preparan en esa heladería. Observo entonces sus manos cogidas y sonrío. Recuerdo que una vez nosotras tuvimos una conversación sobre Niall y Justin. Ella mencionó que el rubio no iba a tardar demasiado en coger confianza con ella, y por tanto no tardaría demasiado en caer. Por lo que veo tenía razón, y me alegro de que sea así. Seguramente esta noche llegará a casa sonriendo, y me contará que una vez más se ha divertido mucho hablando con él.
Es curioso la manera en la que todos y cada uno de los tíos que pasan por el Black Diamond, con quiénes no tiene límites, con quiénes llega hasta el final, consiguen aburrirla. Y ahora le basta con una absurda conversación con Niall para divertirse.
Justin carraspea y me hace acordarme de que él está todavía de pie a mi lado. También mira en la misma dirección que yo, y entonces me siento incómoda y nerviosa. ¿Qué hago? ¿qué digo?
Quizá lo mejor sea irme a casa, olvidar que me ha ayudado a pesar de que sabía a dónde iba, de que John acaba de venir a amenazarlo. Tirarme en la cama y no pensar en nada que esté relacionado con el Black Diamond durante los dos días que tengo libres. Pero siendo realistas, sé que eso va a ser imposible. Es como cuando se te pega una canción, y no deja de sonar en tu mente. Intentas por todos los medios que deje de sonar, pero es imposible detenerla. Algo parecido me pasa cuando pienso en Justin. Me digo a mí misma que pensar en él no me sirve de nada, salvo para ponerme nerviosa. Pero es como si hablara con una pared, porque su imagen sigue proyectándose en mi mente. Sus ojos dorados escrutándome, sus labios rosados que de vez en cuando dejan escapar una sonrisa demasiado adictiva. Esos labios tan sabrosos que he podido besar esta mañana.
El claxon de un coche suena muy cerca de nosotros, y me hace volver a la realidad. Como si despertara de un sueño me siento algo aturdida, encontrándome frente a frente con los mismos ojos en los que estaba pensando, sólo que ahora están un poquito más cerca.
|| Niall ||
En cuanto entramos en la Heladería, los recuerdos invaden mi mente a una velocidad de infarto. Nos sentamos justo en el mismo sitio de la otra vez y Rikki se ofrece a ir a pedir los batidos para ambos. Yo me limito a asentir y me quedo ahí, sentado, recordando. Me parece raro esto, extraño. Es como si hubieran pasado varias semanas, incluso meses desde la primera vez que vinimos, cuando en realidad no hace tanto. De no saber nada de una persona, de juzgarla por su trabajo a... dónde sea que estemos ahora, no sé en que punto me encuentro. Aunque algo sí que tengo claro: he avanzado. Hemos avanzado. Juntos... creo.
Poso mi vista en Rikki aún rememorando ese primer día en este lugar. Fui un poco estúpido. Bastante, quizá. Rikki se gira y me pilla mirándola, con mis ojos fijos en ella. Me ruborizo un poco, lo justo para que ella sea capaz de notarlo. Observo todo el local, me fijo en cada mesa, cada silla, incluso los dibujos de las paredes... todo para disimular este color rojizo que se ha apoderado de mis mejillas. Noto que ella se vuelve a girar: ya están hecho los batidos. Sonríe, paga, y se dirige a mí con una sonrisa surgiendo de sus labios. Sí, fui un completo estúpido. La Rikki que está ahora a mi lado, no se parece en nada a la Rikki que había imaginado aquel día... La primera vez que entré en el Black Diamond. Supongo que ese es un problema que todas las personas tienen, juzgamos a las personas incluso antes de conocerlas. Sin saber sus deseos, sus aspiraciones, sus problemas o todo lo que han tenido que soportar en el pasado. Yo no sé tanto de ella todavía como para considerarla una amiga, pero sí que me inspira confianza. Y en el fondo tengo la esperanza de que algún día lleguemos a conocernos del todo, a ser amigos, o quizá algo más… Amigos, Niall. Seríais una perfecta pareja de amigos.
Se sienta delante de mí y me extiende mi batido. Le sonrío como símbolo de agradecimiento, pero ella baja la mirada. Apenas un segundo después vuelve a mirarme mucho más seria que antes.
— Sé que John os ha amenazado, pero ¿ha sido muy duro? ¿qué es lo que os ha dicho? — la preocupación es evidente tanto en su mirada como en su voz. La verdad es que yo también lo estoy, quiero decir, es un hombre que impone respeto. Y a pesar de que yo no tengo nada que ver con los asuntos de Justin y Sam, me he visto envuelto en todo esto.
— A Justin le ha advertido de que se mantuviera alejado de todo lo que tuviera que ver con él.
— ¿Nada más?
— Creo que después ha mencionado algo sobre mantenernos alejados de sus chicas.
Abre más los ojos con gesto de sorpresa ante lo que acabo de decir. Quizá no se lo esperaba, pero por algún motivo este tal John cree que tanto Rikki como Sam son propiedad suya. Suspira y seguidamente sonríe, dispuesta a quitarle hierro al asunto.
— Entonces veo que te van los retos, Nialler… — su tono es algo burlón. Yo sonrío como un idiota porque no soy capaz de entender a qué se refiere y ella carcajea al ver mi expresión. Yo sigo sonriendo, pero ahora es a causa de las sensaciones que me produce escuchar su risa. Es realmente hermosa.
— Ya has desobedecido una de sus órdenes. — continúa cuando deja de reír — Te ha dicho que te mantengas alejado de sus chicas, y ahora mismo estás tomando un batido con una de ellas.
Coge el vaso de su batido y se introduce la pajita en la boca para comenzar a tomárselo. Al levantar la mano para mantener el vaso sujeto, me fijo en que tiene una pequeña mancha negra debajo de la muñeca. Estiro un poco el cuello para intentar verlo mejor, y me doy cuenta de que es un dibujo, un tatuaje. Ella no se da cuenta porque mantiene la vista fija en el suelo mientras absorbe el batido y entonces recuerdo que yo también tengo que beberme el mío.
Cuando ella termina deposita el vaso sobre la mesa y se lame los labios para retirar las pequeñas gotas de batido que han quedado sobre ellos. Estira su brazo y yo vuelvo a fijarme en su tatuaje. Por algún motivo siento mucha curiosidad en saber cuál es el dibujo que tiene. Olvidándome de disimular estiro el cuello para verla mejor, y la escucho reír por lo bajo cuando se da cuenta. Yo vuelvo a bajar la mirada para evitar encontrarme con sus ojos esmeralda, porque entonces no podré evitar sonrojarme.
— Es un tatuaje. — acerca su muñeca a mí y entonces me permite observar perfectamente el dibujo que tiene. Es una hermosa Clave de Sol. Sonrío al verla, me siento identificado con ese dibujo porque yo también amo la música.
— ¿A ti también te gusta la música? — pregunta. Apoya los codos sobre la mesa y se acerca más a mí, interesada por mi respuesta.
— Me encanta. — sonrío algo melancólico. La música me recuerda demasiado a Natalie, ya que ese fue mi único modo de olvidarme de ella. No quiero pensar en esto, y menos cuando estoy con Rikki, pero la mente es así, juega malas pasadas y te hace pensar en cosas no deseadas cuando menos lo esperas.
— ¿Y tocas algún instrumento?
— La guitarra. — la miro orgulloso, satisfecho de poder sorprenderla diciéndole que domino la guitarra. No hay demasiados chicos que sepan, y a mí me alegra poder serle sincero y decirle que se me da muy bien. Abre los ojos mucho los ojos y me sonríe, y eso me da pie a seguir hablándole de mí y de mi guitarra. — Muchas tardes me encierro en mi habitación, desconecto del mundo. Cojo mi guitarra y dejo que mis dedos resbalen sobre las cuerdas, tocando las notas que se me van ocurriendo al momento. Normalmente no suelo recordar ninguna de las melodías que toco, pero siempre van surgiendo algunas nuevas…
Ahora mismo la cogería de la mano y la llevaría hasta mi casa, dispuesto a ofrecerle un concierto sólo a ella, sin que nadie más me escuchara. Improvisando una canción que me saliera de dentro, algo que intentara explicar los nervios que siento cuando estoy a su lado, la admiración por su fuerza de voluntad, lo bien que me siento cuando estoy con ella.
Poso mi vista en Rikki aún rememorando ese primer día en este lugar. Fui un poco estúpido. Bastante, quizá. Rikki se gira y me pilla mirándola, con mis ojos fijos en ella. Me ruborizo un poco, lo justo para que ella sea capaz de notarlo. Observo todo el local, me fijo en cada mesa, cada silla, incluso los dibujos de las paredes... todo para disimular este color rojizo que se ha apoderado de mis mejillas. Noto que ella se vuelve a girar: ya están hecho los batidos. Sonríe, paga, y se dirige a mí con una sonrisa surgiendo de sus labios. Sí, fui un completo estúpido. La Rikki que está ahora a mi lado, no se parece en nada a la Rikki que había imaginado aquel día... La primera vez que entré en el Black Diamond. Supongo que ese es un problema que todas las personas tienen, juzgamos a las personas incluso antes de conocerlas. Sin saber sus deseos, sus aspiraciones, sus problemas o todo lo que han tenido que soportar en el pasado. Yo no sé tanto de ella todavía como para considerarla una amiga, pero sí que me inspira confianza. Y en el fondo tengo la esperanza de que algún día lleguemos a conocernos del todo, a ser amigos, o quizá algo más… Amigos, Niall. Seríais una perfecta pareja de amigos.
Se sienta delante de mí y me extiende mi batido. Le sonrío como símbolo de agradecimiento, pero ella baja la mirada. Apenas un segundo después vuelve a mirarme mucho más seria que antes.
— Sé que John os ha amenazado, pero ¿ha sido muy duro? ¿qué es lo que os ha dicho? — la preocupación es evidente tanto en su mirada como en su voz. La verdad es que yo también lo estoy, quiero decir, es un hombre que impone respeto. Y a pesar de que yo no tengo nada que ver con los asuntos de Justin y Sam, me he visto envuelto en todo esto.
— A Justin le ha advertido de que se mantuviera alejado de todo lo que tuviera que ver con él.
— ¿Nada más?
— Creo que después ha mencionado algo sobre mantenernos alejados de sus chicas.
Abre más los ojos con gesto de sorpresa ante lo que acabo de decir. Quizá no se lo esperaba, pero por algún motivo este tal John cree que tanto Rikki como Sam son propiedad suya. Suspira y seguidamente sonríe, dispuesta a quitarle hierro al asunto.
— Entonces veo que te van los retos, Nialler… — su tono es algo burlón. Yo sonrío como un idiota porque no soy capaz de entender a qué se refiere y ella carcajea al ver mi expresión. Yo sigo sonriendo, pero ahora es a causa de las sensaciones que me produce escuchar su risa. Es realmente hermosa.
— Ya has desobedecido una de sus órdenes. — continúa cuando deja de reír — Te ha dicho que te mantengas alejado de sus chicas, y ahora mismo estás tomando un batido con una de ellas.
Coge el vaso de su batido y se introduce la pajita en la boca para comenzar a tomárselo. Al levantar la mano para mantener el vaso sujeto, me fijo en que tiene una pequeña mancha negra debajo de la muñeca. Estiro un poco el cuello para intentar verlo mejor, y me doy cuenta de que es un dibujo, un tatuaje. Ella no se da cuenta porque mantiene la vista fija en el suelo mientras absorbe el batido y entonces recuerdo que yo también tengo que beberme el mío.
Cuando ella termina deposita el vaso sobre la mesa y se lame los labios para retirar las pequeñas gotas de batido que han quedado sobre ellos. Estira su brazo y yo vuelvo a fijarme en su tatuaje. Por algún motivo siento mucha curiosidad en saber cuál es el dibujo que tiene. Olvidándome de disimular estiro el cuello para verla mejor, y la escucho reír por lo bajo cuando se da cuenta. Yo vuelvo a bajar la mirada para evitar encontrarme con sus ojos esmeralda, porque entonces no podré evitar sonrojarme.
— Es un tatuaje. — acerca su muñeca a mí y entonces me permite observar perfectamente el dibujo que tiene. Es una hermosa Clave de Sol. Sonrío al verla, me siento identificado con ese dibujo porque yo también amo la música.
— ¿A ti también te gusta la música? — pregunta. Apoya los codos sobre la mesa y se acerca más a mí, interesada por mi respuesta.
— Me encanta. — sonrío algo melancólico. La música me recuerda demasiado a Natalie, ya que ese fue mi único modo de olvidarme de ella. No quiero pensar en esto, y menos cuando estoy con Rikki, pero la mente es así, juega malas pasadas y te hace pensar en cosas no deseadas cuando menos lo esperas.
— ¿Y tocas algún instrumento?
— La guitarra. — la miro orgulloso, satisfecho de poder sorprenderla diciéndole que domino la guitarra. No hay demasiados chicos que sepan, y a mí me alegra poder serle sincero y decirle que se me da muy bien. Abre los ojos mucho los ojos y me sonríe, y eso me da pie a seguir hablándole de mí y de mi guitarra. — Muchas tardes me encierro en mi habitación, desconecto del mundo. Cojo mi guitarra y dejo que mis dedos resbalen sobre las cuerdas, tocando las notas que se me van ocurriendo al momento. Normalmente no suelo recordar ninguna de las melodías que toco, pero siempre van surgiendo algunas nuevas…
Ahora mismo la cogería de la mano y la llevaría hasta mi casa, dispuesto a ofrecerle un concierto sólo a ella, sin que nadie más me escuchara. Improvisando una canción que me saliera de dentro, algo que intentara explicar los nervios que siento cuando estoy a su lado, la admiración por su fuerza de voluntad, lo bien que me siento cuando estoy con ella.
|| Rikki ||
Una persona puede ser cualquier cosa, pero por algún motivo siempre termina sorprendiéndote haciéndote ver que son muy diferentes a lo que tú imaginabas. Niall, un chico tímido y con complejo de inferioridad ante su mejor amigo, sabe tocar la guitarra, y no sólo eso… se nota que le encanta hacerlo, que de verdad es feliz cuando tiene los dedos entre las cuerdas. Y por lo que cuenta la debe tocar como los ángeles. Un deseo de escucharle tocar se apodera de mí, estar en su habitación, aislados del mundo como él antes ha dicho mientras las melodías surgen de su guitarra. Pero no, aún no hay tanta confianza, es demasiado pronto. Más que nada porque sus padres no parecen demasiado abiertos, seguramente sólo confíen en sus amigos de toda la vida. Y yo ni siquiera llego a amiga para Niall, puede que tan sólo una conocida casual. Una conocida que a lo mejor dentro de unos meses ya no recordará. Porque la vida es así, igual que te permite conocer personas nuevas, también te las arrebata de repente debido a las circunstancias que se van presentando. Pero yo no quiero perder a Niall, igual que tampoco quiero que Justin se aleje de Sam. Él la pone nerviosa, la irrita y la molesta, pero eso la hace sonreír cuando se acuerda de él. Tuvieron problemas al conocerse, y seguramente tengan más peleas y piques tontos pero también hará que ella se sienta más feliz. Quizá esa sea la oportunidad que deje de estar tan apagada, porque últimamente lo está demasiado. Y yo no puedo hacer ni decir nada para animarla, porque eso no va a cambiar la vida que tenemos y las condiciones en las que vivimos. Y Justin tampoco podrá cambiar eso, porque lo único que podemos hacer es esperar a que se termine el tiempo que tenemos que pasar trabajando allí. Tan sólo seis meses más. Seis meses más y podremos empezar el curso en marzo, en la Universidad de Londres.
Ya hace rato que mi ‘’cita’’ con Niall ha terminado. Su padre le llamó para que fuera a casa, que tenían que ir a hacer unas compras a las afueras de la ciudad, o algo así he entendido. No me ha hecho gracia que se fuera, me apetecía pasar más tiempo con él y estoy segura de que él también quería quedarse conmigo.
Miro el reloj que tenemos en la cocina cuando llego a casa. Casi las ocho. Últimamente el tiempo pasa más rápido de lo normal, apenas no me doy cuenta y el día llega a su fin.
Por un momento pienso que tengo que ir a trabajar esta noche y que ya llego tarde, pero suspiro de alivio al recordar que no hace falta, que hoy y mañana tenemos la noche libre, que podremos dormir, hablar, estar unas cuantas horas sin pensar en nada que tenga que ver con eso.
Me pongo el pijama y me tiro sobre el sofá. No me apetece cenar, prefiero quedarme tumbada mirando la televisión hasta que llegue Sam. Seguro que tendrá muchas cosas que contarme, al igual que yo a ella, porque apuesto a que ha pasado la tarde con Justin. Y también apostaría a que llegará relajada, puede que sonriendo. Quizá hasta parezca una adolescente feliz porque ha conocido a un chico con el que posiblemente tenga futuro.
Ya hace rato que mi ‘’cita’’ con Niall ha terminado. Su padre le llamó para que fuera a casa, que tenían que ir a hacer unas compras a las afueras de la ciudad, o algo así he entendido. No me ha hecho gracia que se fuera, me apetecía pasar más tiempo con él y estoy segura de que él también quería quedarse conmigo.
Miro el reloj que tenemos en la cocina cuando llego a casa. Casi las ocho. Últimamente el tiempo pasa más rápido de lo normal, apenas no me doy cuenta y el día llega a su fin.
Por un momento pienso que tengo que ir a trabajar esta noche y que ya llego tarde, pero suspiro de alivio al recordar que no hace falta, que hoy y mañana tenemos la noche libre, que podremos dormir, hablar, estar unas cuantas horas sin pensar en nada que tenga que ver con eso.
Me pongo el pijama y me tiro sobre el sofá. No me apetece cenar, prefiero quedarme tumbada mirando la televisión hasta que llegue Sam. Seguro que tendrá muchas cosas que contarme, al igual que yo a ella, porque apuesto a que ha pasado la tarde con Justin. Y también apostaría a que llegará relajada, puede que sonriendo. Quizá hasta parezca una adolescente feliz porque ha conocido a un chico con el que posiblemente tenga futuro.
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