lunes, 7 de mayo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 17}


|| Justin ||
Acabamos de llegar al gran descampado que hay a unos cuantos kilómetros de mi casa. No quería que este momento llegara, no quería tener que separarme de ella. No quiero que vaya a buscar esa cocaína. ¿Por qué tiene que hacerlo ella? Es su trabajo, y lo respeto. Pero… no me gusta. No quiero verla metida en todo esto. Quiero que tenga una vida normal, como la que tengo yo. Se lo merece. Niall me contó el motivo por el que ellas dos trabajan en el Black Diamond. Quieren estudiar en la universidad y eso las honra. Sam me observa mientras está de pie frente a mí, saca dinero de su pantalón y me deposita un beso en la mejilla.
— ¿A dónde vas? — Le pregunto. Ella detiene su paso y se gira, puedo notar en su expresión que esto no le gusta. Y es normal ¿Cómo le va a gustar? Ese tío que tiene la cocaína le puede hacer cualquier cosa. Sólo de imaginar eso se me pone el pelo de punta. No puedo dejar que vaya sola.
Dejo aparcada la moto mientras Sam me mira inocente, como si nunca hubiera roto un plato, como si fuera la chica más dulce del universo. Me entran ganas de comérmela.
— Voy contigo — Me bajo de la moto y comienzo a caminar, pasando por su lado y adelantándola. Veo que se ha quedado estática, quizá analizando todo esto.
Su mano me agarra con fuerza el brazo, obligándome a detenerme.
— No vas a ninguna parte. Lo tengo que hacer yo, y punto. — Su tono de voz parece firme, pero yo ignoro su comentario y sigo caminando — ¡Justin! — grita. Yo volteo y la miro. Sam comienza a caminar detrás de mí intentando alcanzarme. No para de gritar que no puedo hacer esto, que no puedo entrar ahí. Yo paso de ella. De todas formas, diga lo que diga voy a hacerlo.
Tengo que reconocer que tengo algo de miedo. Nunca he hecho nada por el estilo, ¿y si algo sale mal?. Pueden pasar muchas cosas y yo ahora mismo estoy de los nervios. Aún no entiendo como ella puede ir sola. ¿No la podría haber acompañado Rikki? ¿Por qué la ha dejado sola?
Son demasiadas preguntas que se me acumulan en mi cabeza ahora mismo, tantas que no paro de montarme películas. Pero, siendo realistas y pensando sobre lo que me ha dicho, tampoco corremos ningún peligro. Tan sólo hay que entrar, esperar a que el hombre nos dé la cocaína para ese tal John, y marcharnos. No es demasiado complicado.
Entro en el almacén, que no es demasiado grande. Como mucho serán unos treinta metros cuadrados. Escucho los pasos de Sam detrás de mí. Lo primero que vemos es un hombre fumando, apoyado en una de las paredes. Por las pintas que tiene, apostaría el cuello a que es él quien le va a entregar la droga. Uno de mis impulsos es abalanzarme sobre él, cosa que no entiendo porque aún no ha hecho nada malo. A pesar de ser un camello traficante.
El hombre mira hacia todos los lados, parece nervioso… pero, ¿quién no lo estaría?. Supongo que a gente como él no le importa estar haciendo cosas ilegales, mientras tengan el dinero son felices. Y eso es algo que no entiendo. Es verdad que con el dinero consigues ser más feliz, pero todo eso se arruina si no tienes a nadie a tu lado.
— Dame el dinero — Le susurro a Sam antes de acercarnos al hombre. Me fijo en que tiene un paquete en la mano. Sam niega y me adelanta, aproximándose a él. Sin intercambiar apenas palabras, observo como ella le tiende el dinero. El hombre revisa que esté todo y segundos después le entrega el paquete. Se lo introduce en el bolsillo trasero de su pantalón.
— ¿Y ese quién es? — el hombre me señala y me muestra una cara no demasiado amigable.
— Un amigo — Contesto yo por ella. Sam se despide de él, sale del almacén y empieza a caminar cuesta abajo, hacia la moto. El hombre me mira, le devuelvo la mirada. ¿Qué quiere?. Trago saliva y salgo también del almacén, siguiendo a Sam. Mi vista se concentre en el movimiento de sus caderas. Muevo la cabeza mientras sonrío ante lo que me acaba de pasar por la mente. Tampoco estaría nada mal, ¿no?.
Cállate, Bieber, mejor cállate.
Sam me está esperando con las manos cruzadas en frente de la moto, como siempre igual de hermosa. Me acerco sonriendo, intentado esconder todo lo que ha pasado hace escasos segundos, intentando borrar de mi cabeza esa imagen dónde se han intercambiado ‘eso’. Ella me mira mientras yo me subo en la moto, siento su mirada sobre mí y eso me gusta. Me imita, subiéndose despacio, y me vuele a agarrar con la misma fuerza de antes, haciendo que sienta su pecho en mi espalda… y me encanta.
— ¿A dónde la llevo ahora, señorita? — Pongo una voz grave, como si fuera el chófer de una limusina.
— A mi casa , por favor — contesta como si fuera una señorita estirada. Y yo, como tal caballero que soy, le hago caso. Conduzco como anteriormente había hecho, para llevarla hasta su casa y por fin dar todo esto por terminado.
||Sam||
Y en un abrir y cerrar de ojos, llegamos a mi casa. Desde siempre le he tenido miedo a las motos, pero hoy ese miedo ha desaparecido. Estoy tranquila, estando con él todo ha sido perfecto. No veo nada negativo. Aunque el hecho de que me haya tenido que traer a mi casa me da algo de vergüenza. No me gusta que un chico como él vea esto, me avergüenzo del barrio. De toda la suciedad que hay por las calles, las fachadas de los edificios negras a causa de la humedad. Simplemente no es un paisaje agradable.
Justin aparca la moto en un lado de la acera y baja de ella. Ahora es uno de los momentos más incómodos, normalmente no tengo que pensar demasiado en cómo despedirme. Pero ahora no tengo ni idea de qué hacer. ¿Le beso en los labios? ¿en la mejilla? O no, mejor si tan sólo le digo adiós, ¿no?. Mi cabeza está hecha un lío. Y lo peor de todo es que yo sigo parada, de pie delante de él y discutiendo conmigo misma como una auténtica estúpida. Voy a explotar en cualquier momento. ‘’El que no arriesga no gana’’ Recuerdo esa frase que tantas veces me repitió mi padre. ¿Por qué no?
Me acerco lentamente a él y poso una de mis manos en su hombro, y la otra en su cintura mientras siento sus ojos miel clavados en mí. Todo el cuerpo me tiembla, el corazón me va a salir por la boca en cualquier momento, yo no tendría que estar nerviosa, esto no va bien. Me pongo de puntillas, lo suficiente como para poder quedar cerca de su boca, lo suficiente como para poder sentir su aliento chocando contra mis labios. Escucho como traga saliva, y después se humedece los labios. Le robo un pequeño beso, corto, tierno, suave. Cierro los ojos y me dejo llevar por mis impulsos. Le muerdo el labio inferior sin apretar demasiado. Y entonces, siento como es él quien se apodera de mis labios, los devora, haciendo que ahora nuestras lenguas se unan, haciendo que sólo estemos él y yo. Me separo de él y le sonrío. Empiezo a caminar hacia mi portal, sé que me está mirando y por ese mismo motivo muevo las caderas más exageradamente. Noto que sonríe, no lo estoy mirando pero lo sé. Es una intuición. Entonces… sonrío yo.
Hoy ha sido un día muy largo, y puedo asegurar que no lo voy a olvidar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario