Subo las escaleras hacia mi casa lo más deprisa que los tacones me permiten. Tengo demasiadas ganas de contárselo todo a mi mejor amiga, espero que Justin ya no esté en casa con ella. Sería desagradable tener que interrumpir una escena como esa.
Meto la llave en la cerradura y después de tres segundos ya estoy dentro. No se escuchan ruidos, ni nada que me demuestre que ellos dos todavía están juntos.
— ¿Sam?
— En mi habitación. — la escucho alzar la voz para que pueda oírla. Dejo el bolso encima del sofá y me adentro en el pasillo. Cuando llego a su habitación la encuentro tirada en su cama, mirando hacia el techo.
— ¿Justin se ha marchado ya? — pregunto, sentándome a su lado en la cama. Ella se incorpora y apoya su espalda en la pared.
— Sí, se marchó hace un rato.
— ¿Y cómo es que al final no os habéis acostado? ¿Se ha vuelto a rajar? — pregunto divertida. Ella abre bien los ojos y me mira curiosa.
— ¿Y tú cómo sabes que no ha pasado nada? — me mira desconfiada. Yo río al observarla.
— Estás de mal humor. Si te lo hubieras tirado, estarías relajada, feliz.
Suspira y se levanta de la cama, comenzando a dar vueltas por la habitación. Coge algunas prendas de ropa que hay tiradas por el suelo y las dobla para luego meterlas en el armario.
— Estuvimos a punto. Pero justo cuando iba a pasar entró John, interrumpiéndolo todo. — mi expresión se vuelve un poco más seria al escuchar eso. ¿John?
— ¿Qué hacía él aquí? — le pregunto con algo de miedo. Me asusta la respuesta.
— Te estaba buscando a ti. Parecía un poco borracho. — contesta encogiéndose de hombros. No me gusta demasiado saber que me estaba buscando, pero decido no darle más importancia. Tengo cosas más importantes que hablar con mi mejor amiga.
— Pues me alegro que no te hayas acostado con él. — digo de forma natural. Ella voltea para mirarme extrañada. — No me mires así, sé por qué lo digo. Justin es virgen.
Quedamos durante unos segundos en silencio, hasta que Sam comienza a reírse a carcajadas, como si le hubiera contado el mejor chiste del mundo. La miro con expresión divertida, pero eso sólo hace que ella se ría más.
— Te estoy hablando en serio, Sam. — digo cuando comienzo a reír yo también.
Después de un rato ella se detiene, y vuelve a sentarse a mi lado en la cama.
— ¿Cómo sabes tú eso? — ahora ya está más seria.
— Digamos que pasar toda la tarde con Niall tiene sus ventajas. Me ha contado muchas cosas.
— ¿Qué cosas? — se acerca. Realmente le interesa todo esto.
— Cosas como que es virgen. Hay una chica de su complejo, Brooke. Ha quedado con ella en un restaurante el sábado. Quiere acostarse con ella, pero como le da miedo hacer el ridículo, quería acostarse primero contigo para… ya sabes… coger ‘’práctica’’. — digo haciendo comillas con los dedos de forma divertida. Pero viendo la expresión de Sam, sé que a ella no le hace gracia todo esto.
Permanece callada durante largos minutos, asimilando lo que le acabo de contar.
Me empieza a preocupar que todavía no haya dicho nada, porque conociéndola, ahora mismo tendría que estar insultando a ese chico y diciendo que se va a quedar con las ganas, porque no volverán a verse. O algo así. Pero no, tan sólo consigo más silencio. Esto empieza a incomodarme.
— ¿No vas a decir nada? — busco su mirada y observo una pequeña sonrisa en su rostro.
— ¿Cómo has dicho que se llamaba el restaurante? — suelta de repente. No me esperaba que me preguntara eso.
— No te lo he dicho. Se llama ‘The Owlen’, o algo así ha dicho Niall.
Sam me mira con cierto brillo en los ojos y una enorme sonrisa perversa en sus labios. La conozco demasiado bien como para saber que nada bueno se le está pasando ahora mismo por su cabecita. Me da miedo preguntarle, es capaz de soltarme cualquier locura.
Me gustaría saber qué trama, pero tendrá que esperar unas horas para contármelo. Ahora es tarde, tenemos que irnos ya al Black Diamond.
Meto la llave en la cerradura y después de tres segundos ya estoy dentro. No se escuchan ruidos, ni nada que me demuestre que ellos dos todavía están juntos.
— ¿Sam?
— En mi habitación. — la escucho alzar la voz para que pueda oírla. Dejo el bolso encima del sofá y me adentro en el pasillo. Cuando llego a su habitación la encuentro tirada en su cama, mirando hacia el techo.
— ¿Justin se ha marchado ya? — pregunto, sentándome a su lado en la cama. Ella se incorpora y apoya su espalda en la pared.
— Sí, se marchó hace un rato.
— ¿Y cómo es que al final no os habéis acostado? ¿Se ha vuelto a rajar? — pregunto divertida. Ella abre bien los ojos y me mira curiosa.
— ¿Y tú cómo sabes que no ha pasado nada? — me mira desconfiada. Yo río al observarla.
— Estás de mal humor. Si te lo hubieras tirado, estarías relajada, feliz.
Suspira y se levanta de la cama, comenzando a dar vueltas por la habitación. Coge algunas prendas de ropa que hay tiradas por el suelo y las dobla para luego meterlas en el armario.
— Estuvimos a punto. Pero justo cuando iba a pasar entró John, interrumpiéndolo todo. — mi expresión se vuelve un poco más seria al escuchar eso. ¿John?
— ¿Qué hacía él aquí? — le pregunto con algo de miedo. Me asusta la respuesta.
— Te estaba buscando a ti. Parecía un poco borracho. — contesta encogiéndose de hombros. No me gusta demasiado saber que me estaba buscando, pero decido no darle más importancia. Tengo cosas más importantes que hablar con mi mejor amiga.
— Pues me alegro que no te hayas acostado con él. — digo de forma natural. Ella voltea para mirarme extrañada. — No me mires así, sé por qué lo digo. Justin es virgen.
Quedamos durante unos segundos en silencio, hasta que Sam comienza a reírse a carcajadas, como si le hubiera contado el mejor chiste del mundo. La miro con expresión divertida, pero eso sólo hace que ella se ría más.
— Te estoy hablando en serio, Sam. — digo cuando comienzo a reír yo también.
Después de un rato ella se detiene, y vuelve a sentarse a mi lado en la cama.
— ¿Cómo sabes tú eso? — ahora ya está más seria.
— Digamos que pasar toda la tarde con Niall tiene sus ventajas. Me ha contado muchas cosas.
— ¿Qué cosas? — se acerca. Realmente le interesa todo esto.
— Cosas como que es virgen. Hay una chica de su complejo, Brooke. Ha quedado con ella en un restaurante el sábado. Quiere acostarse con ella, pero como le da miedo hacer el ridículo, quería acostarse primero contigo para… ya sabes… coger ‘’práctica’’. — digo haciendo comillas con los dedos de forma divertida. Pero viendo la expresión de Sam, sé que a ella no le hace gracia todo esto.
Permanece callada durante largos minutos, asimilando lo que le acabo de contar.
Me empieza a preocupar que todavía no haya dicho nada, porque conociéndola, ahora mismo tendría que estar insultando a ese chico y diciendo que se va a quedar con las ganas, porque no volverán a verse. O algo así. Pero no, tan sólo consigo más silencio. Esto empieza a incomodarme.
— ¿No vas a decir nada? — busco su mirada y observo una pequeña sonrisa en su rostro.
— ¿Cómo has dicho que se llamaba el restaurante? — suelta de repente. No me esperaba que me preguntara eso.
— No te lo he dicho. Se llama ‘The Owlen’, o algo así ha dicho Niall.
Sam me mira con cierto brillo en los ojos y una enorme sonrisa perversa en sus labios. La conozco demasiado bien como para saber que nada bueno se le está pasando ahora mismo por su cabecita. Me da miedo preguntarle, es capaz de soltarme cualquier locura.
Me gustaría saber qué trama, pero tendrá que esperar unas horas para contármelo. Ahora es tarde, tenemos que irnos ya al Black Diamond.
|| Narrador ||
Niall llegó a su casa después de haber estado casi una hora y media vagabundeando por la ciudad, en busca de un camino que le condujera a la zona residencial en la que vive. Al no conocer la parte en la que estuvo con Rikki, le costó bastante encontrar el camino a casa. Durante todo el camino ha estado preguntándose si realmente había pasado, si ellos de verdad habían mantenido una conversación seria.
Por alguna razón, la imagen que tenía Niall de las chicas como Rikki y Sam era la de unas chicas maleducadas, que se dedicaban a pasear por las calles con ropa que dejaba al descubierto la mayor parte de su cuerpos, incapaces de pensar en otra cosa que el sexo. Pero hoy ha podido descubrir que no todo es como parece, que no todo el mundo tiene la misma suerte, y que la vida no siempre es fácil para algunas personas.
Entra por la puerta de la cocina sin hacer demasiado ruido. Aún no es hora de cenar, pero no le apetece toparse con su madre y que esta inicie un interrogatorio. Él ya es mayorcito, pero eso es algo que su madre parece no entender. Mientras atraviesa la gran cocina, escucha como su madre y su padre están sentados en el salón, hablando de quién sabe qué.
Se dirige hacia las escaleras que suben a su cuarto, pero choca sin darse cuenta con uno de los muebles que están apoyados en la pared del recibidor.
— Mierda… — susurra lo más bajito que puede. Pero su intento es fallido, ya que en menos de diez segundos aparece su madre delante de él.
— Cariño — dice mientras se acerca para besar su mejilla. — ¿Dónde has estado toda la tarde?
— Ya sabes, con Justin por ahí. — responde desganado. No puede decirle que ha estado con una chica, porque su madre comenzaría su interrogatorio de tercer grado. Y tarde o temprano acabaría descubriendo el tipo de chica que Rikki era, y eso sería lo peor que podría pasar.
— Sube a ducharte, pero no tardes demasiado. Dentro de media hora cenamos. — aclara Maura. Después desaparece de nuevo para volver al salón y continuar la conversación con su marido.
Niall obedece, y algo desganado sube al baño de su habitación para relajarse con una ducha antes de cenar. Suspira, y antes de quitarse los pantalones se aseguro de vaciar bien sus bolsillos.
Saca su móvil, su cartera y sus llaves, y las deposita encima del mueble del baño. Pero justo entonces ve como un pequeño papelito cae al suelo. Sonríe recordando de qué se trata, y se agacha para recogerlo. Su número de móvil. Quién sabe, quizá dentro de unos días la llame para volver a quedar con ella. O quizás se lo piense mejor y decida no hacerlo, por miedo a la reacción de su madre al enterarse. Lo único que sabe seguro en este momento, es que el mundo real es demasiado diferente a la idea que sus padres han intentado enseñarle. Tanto a él como a Justin.
Por alguna razón, la imagen que tenía Niall de las chicas como Rikki y Sam era la de unas chicas maleducadas, que se dedicaban a pasear por las calles con ropa que dejaba al descubierto la mayor parte de su cuerpos, incapaces de pensar en otra cosa que el sexo. Pero hoy ha podido descubrir que no todo es como parece, que no todo el mundo tiene la misma suerte, y que la vida no siempre es fácil para algunas personas.
Entra por la puerta de la cocina sin hacer demasiado ruido. Aún no es hora de cenar, pero no le apetece toparse con su madre y que esta inicie un interrogatorio. Él ya es mayorcito, pero eso es algo que su madre parece no entender. Mientras atraviesa la gran cocina, escucha como su madre y su padre están sentados en el salón, hablando de quién sabe qué.
Se dirige hacia las escaleras que suben a su cuarto, pero choca sin darse cuenta con uno de los muebles que están apoyados en la pared del recibidor.
— Mierda… — susurra lo más bajito que puede. Pero su intento es fallido, ya que en menos de diez segundos aparece su madre delante de él.
— Cariño — dice mientras se acerca para besar su mejilla. — ¿Dónde has estado toda la tarde?
— Ya sabes, con Justin por ahí. — responde desganado. No puede decirle que ha estado con una chica, porque su madre comenzaría su interrogatorio de tercer grado. Y tarde o temprano acabaría descubriendo el tipo de chica que Rikki era, y eso sería lo peor que podría pasar.
— Sube a ducharte, pero no tardes demasiado. Dentro de media hora cenamos. — aclara Maura. Después desaparece de nuevo para volver al salón y continuar la conversación con su marido.
Niall obedece, y algo desganado sube al baño de su habitación para relajarse con una ducha antes de cenar. Suspira, y antes de quitarse los pantalones se aseguro de vaciar bien sus bolsillos.
Saca su móvil, su cartera y sus llaves, y las deposita encima del mueble del baño. Pero justo entonces ve como un pequeño papelito cae al suelo. Sonríe recordando de qué se trata, y se agacha para recogerlo. Su número de móvil. Quién sabe, quizá dentro de unos días la llame para volver a quedar con ella. O quizás se lo piense mejor y decida no hacerlo, por miedo a la reacción de su madre al enterarse. Lo único que sabe seguro en este momento, es que el mundo real es demasiado diferente a la idea que sus padres han intentado enseñarle. Tanto a él como a Justin.
|| Niall ||
Justin. Pienso en mi mejor amigo cuando me introduzco en la ducha. ¿Qué tal le habrá ido con esa chica, Sam?
Por su propio bien espero que todo haya ido como él tenía planeado, porque no seré yo quien vuelva a acompañarle si queda con ella otro día. Suerte que hoy ha estado Rikki y no he tenido que esperar solo, porque si hubiera sido así, Justin estaba muerto.
Me concentro en la ducha, porque de verdad necesito relajarme. Después llamaré a Justin, o le diré que se pase por aquí. Tiene que contarme bastantes cosas.
Por su propio bien espero que todo haya ido como él tenía planeado, porque no seré yo quien vuelva a acompañarle si queda con ella otro día. Suerte que hoy ha estado Rikki y no he tenido que esperar solo, porque si hubiera sido así, Justin estaba muerto.
Me concentro en la ducha, porque de verdad necesito relajarme. Después llamaré a Justin, o le diré que se pase por aquí. Tiene que contarme bastantes cosas.
~*~
Me aseguro que no quede ni una miga de pan sobre mi plato. La salsa de mamá está demasiado buena como para no terminármela toda. En realidad, todo lo que cocina mamá está delicioso. Soy el único que sigue sentado en la mesa. Mamá se ha marchado al salón para hablar con una amiga por teléfono, y papá está ya trabajando en su despacho, como de costumbre.
Escucho las risas de mamá. A saber de qué estarán hablando ella y Pattie. Porque sí, la amiga con la que habla es la madre de Justin. Y eso me recuerda que tengo que llamarle, es importante que hable con él. Tiene que contarme si por fin lo ha conseguido. Me dirijo al salón para pedirle a mamá que no tarde demasiado en colgar.
— Mamá, necesito el teléfono. — le susurro. Ella me hace un gesto con la mano, indicándome que espere mi turno. Resoplo y me desplomo a su lado en el sofá.
Tras unas cuantas risas más, mamá decide colgar.
— Bueno Pattie, hablamos mañana. Mi hijo necesita el teléfono.
La madre de Justin le responde unas palabras que no consigo escuchar. Sonrío cuando mamá pulsa la tecla roja y prácticamente le arranco el teléfono de las manos. Subo las escaleras a la velocidad de la luz y cierro la puerta de mi habitación una vez que estoy dentro. Me tiro sobre la cama y marco el número de mi mejor amigo.
— ¿Hola? — escucho su voz al otro lado del aparato.
— ¿Qué tal te ha ido todo, tío? ¿lo has hecho? — pregunto sin rodeos. Me pica demasiado la curiosidad.
Oigo como resopla, y eso sólo puede significar una cosa.
— No llegamos a hacer nada.
— No puedo creer que te rajaras otra vez. — suelto. Intento que él no note que estoy sonriendo. Me parece divertido todo esto, la forma en la que intenta fingir ser alguien que en realidad no es.
— Cállate, idiota. — dice intentando sonar rudo, pero sé que no está molesto. — No fue culpa mía. Estábamos a punto, pero un tío entró de repente. Se llamaba John, o Josh, algo así. Venía buscando a tu amiguita.
— ¿A quién? — no entiendo a quién se refiere.
— No disimules, ¿Rikki? ¿Se llama así? — pregunta con sorna.
— Sí… pero no es mi amiguita. — aclaro.
— Claro que no… — intenta parecer sarcástico. — Por eso has pasado toda la tarde con ella, ¿no?
— ¿Y tú cómo sabes con quién he estado? — le replico — Si me has dejado ahí solo, tirado. No querrías que te siguiera como una sobra.
— Oh, perdón, si quieres podía haberte traído para que vieras como me la tiraba. Podrías haberlo grabado y todo. — me contesta de forma sarcástica. Río, en realidad en eso tiene razón.
Escucho las risas de mamá. A saber de qué estarán hablando ella y Pattie. Porque sí, la amiga con la que habla es la madre de Justin. Y eso me recuerda que tengo que llamarle, es importante que hable con él. Tiene que contarme si por fin lo ha conseguido. Me dirijo al salón para pedirle a mamá que no tarde demasiado en colgar.
— Mamá, necesito el teléfono. — le susurro. Ella me hace un gesto con la mano, indicándome que espere mi turno. Resoplo y me desplomo a su lado en el sofá.
Tras unas cuantas risas más, mamá decide colgar.
— Bueno Pattie, hablamos mañana. Mi hijo necesita el teléfono.
La madre de Justin le responde unas palabras que no consigo escuchar. Sonrío cuando mamá pulsa la tecla roja y prácticamente le arranco el teléfono de las manos. Subo las escaleras a la velocidad de la luz y cierro la puerta de mi habitación una vez que estoy dentro. Me tiro sobre la cama y marco el número de mi mejor amigo.
— ¿Hola? — escucho su voz al otro lado del aparato.
— ¿Qué tal te ha ido todo, tío? ¿lo has hecho? — pregunto sin rodeos. Me pica demasiado la curiosidad.
Oigo como resopla, y eso sólo puede significar una cosa.
— No llegamos a hacer nada.
— No puedo creer que te rajaras otra vez. — suelto. Intento que él no note que estoy sonriendo. Me parece divertido todo esto, la forma en la que intenta fingir ser alguien que en realidad no es.
— Cállate, idiota. — dice intentando sonar rudo, pero sé que no está molesto. — No fue culpa mía. Estábamos a punto, pero un tío entró de repente. Se llamaba John, o Josh, algo así. Venía buscando a tu amiguita.
— ¿A quién? — no entiendo a quién se refiere.
— No disimules, ¿Rikki? ¿Se llama así? — pregunta con sorna.
— Sí… pero no es mi amiguita. — aclaro.
— Claro que no… — intenta parecer sarcástico. — Por eso has pasado toda la tarde con ella, ¿no?
— ¿Y tú cómo sabes con quién he estado? — le replico — Si me has dejado ahí solo, tirado. No querrías que te siguiera como una sobra.
— Oh, perdón, si quieres podía haberte traído para que vieras como me la tiraba. Podrías haberlo grabado y todo. — me contesta de forma sarcástica. Río, en realidad en eso tiene razón.
|| Sam ||
Nada más llegar a casa, cada una se mete en su habitación, para reposar sobre la cama antes de pasar por la ducha. Hoy no ha sido una noche diferente a las demás, pero me he dado cuenta de que John no ha dejado de mirar a Rikki en todo el tiempo. Es muy raro en él que decida quedarse en el Black Diamond en lugar de irse a su casa a dormir, como siempre suele hacer. Rikki también se ha dado cuenta de eso, y ha estado inquieta todo el tiempo. John tiene la costumbre de mirarnos bailar, pero aún así todo esto es demasiado extraño.
~*~
Después de que las dos nos hayamos duchado y tengamos los pijamas puestos, solemos sentarnos en el sofá para mirar la televisión. Y para hablar, sobretodo para hablar.
— Bueno Sam, ya está bien. — dice de repente. La miro confundida. ¿Qué le pasa ahora? — Cuéntame qué vas a hacer con Justin.
— ¿Qué te hace pensar que voy a hacer algo? — pregunto con cara de angelito. Pero ella sonríe de forma diabólica.
— No serías tú si te quedaras sin hacer nada. ¿Vas a quedar con él para luego dejarle con el calentón?
Pregunta con emoción. Aún no sé ni yo lo que voy a hacer. Igual es mejor dejarlo estar. En teoría sólo debíamos quedar una noche, y yo ya gané cincuenta euros. Espera… ¿qué coño dices, Sam?
No me importa demasiado la vida del niño rico, pero igual que él me hizo perder una tarde, será divertido que él también pierda un poco el tiempo. Sólo tengo que ver cómo… pero creo que ya se me ha ocurrido. Sonrío victoriosa intentando que Rikki no me vea, porque entonces sí que no parará de preguntar. Cuando giro la cara para mirarla, está concentrada en la televisión.
— ¿Y el rubio para cuándo cae? — pregunto moviendo las cejas arriba y abajo, con una cara divertida. Ella carcajea.
— Ni hablar. Como mínimo sería dentro de tres mil años. — responde negando con la cabeza. Yo la miro con una mueca de interrogación. — Oh, vamos, ¿no lo has visto? Es muy mono, me cae bien. Pero más bien parece tener la mentalidad de un niño de tres años. Da la impresión de que le asustan las mujeres.
Río fuertemente ante lo que acaba de decir, pero veo que a ella no le hace tanta gracia, así que decido parar.
— Rikki, conociéndote, seguro que termina cayendo.
— Tampoco voy a insistirle mucho. — contesta — Tiene mi número. Si quiere algo ya llamará…
Pero yo sé que es mentira. Y ella también. Ambas sabemos que ese chico, Niall, terminará llamándola, por una razón u otra. Y cuando se vean, ella seguirá comportándose de esa forma tan abierta y espontánea que tiene cuando está con los chicos.
— Bueno Sam, ya está bien. — dice de repente. La miro confundida. ¿Qué le pasa ahora? — Cuéntame qué vas a hacer con Justin.
— ¿Qué te hace pensar que voy a hacer algo? — pregunto con cara de angelito. Pero ella sonríe de forma diabólica.
— No serías tú si te quedaras sin hacer nada. ¿Vas a quedar con él para luego dejarle con el calentón?
Pregunta con emoción. Aún no sé ni yo lo que voy a hacer. Igual es mejor dejarlo estar. En teoría sólo debíamos quedar una noche, y yo ya gané cincuenta euros. Espera… ¿qué coño dices, Sam?
No me importa demasiado la vida del niño rico, pero igual que él me hizo perder una tarde, será divertido que él también pierda un poco el tiempo. Sólo tengo que ver cómo… pero creo que ya se me ha ocurrido. Sonrío victoriosa intentando que Rikki no me vea, porque entonces sí que no parará de preguntar. Cuando giro la cara para mirarla, está concentrada en la televisión.
— ¿Y el rubio para cuándo cae? — pregunto moviendo las cejas arriba y abajo, con una cara divertida. Ella carcajea.
— Ni hablar. Como mínimo sería dentro de tres mil años. — responde negando con la cabeza. Yo la miro con una mueca de interrogación. — Oh, vamos, ¿no lo has visto? Es muy mono, me cae bien. Pero más bien parece tener la mentalidad de un niño de tres años. Da la impresión de que le asustan las mujeres.
Río fuertemente ante lo que acaba de decir, pero veo que a ella no le hace tanta gracia, así que decido parar.
— Rikki, conociéndote, seguro que termina cayendo.
— Tampoco voy a insistirle mucho. — contesta — Tiene mi número. Si quiere algo ya llamará…
Pero yo sé que es mentira. Y ella también. Ambas sabemos que ese chico, Niall, terminará llamándola, por una razón u otra. Y cuando se vean, ella seguirá comportándose de esa forma tan abierta y espontánea que tiene cuando está con los chicos.
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