domingo, 18 de marzo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 5}


A juzgar por los movimientos que está haciendo Sam al hablar, y las expresiones con las que mira a Justin, diría que están discutiendo por algo. Están a varios metros de distancia, y no puedo escuchar bien lo que dicen, pero conozco demasiado bien a mi amiga. Y ese chico está muy bueno, pero tiene pinta de niño de papá, consentido y mimado. Seguro que la está cagando.
Inmediatamente dejo de pensar eso cuando veo que Justin se acerca a ella hablándole de una forma provocadora, y ella hace lo mismo aproximándose a su oído.
Sin duda esto va a terminar bien, por lo menos una de las dos pasará un rato divertido. Porque aunque Niall me atrae, es demasiado tímido para mí, sería inútil intenta algo con él.
Observo como Justin coloca su mano en el trasero de Sam, y seguidamente se marchan los dos juntos calle abajo.
Sam, te juro que voy a matarte.
Ya me ha vuelto a dejar sola, sola con Niall. Vuelvo la mirada hacia él y río por lo bajo al ver como mira asustado hacia la dirección en la que se ha ido su amigo. Parece un niño perdido en medio de un centro comercial, buscando a su madre con la mirada. Él me mira curioso al escucharme reír. Sonríe.
— Y bueno… parece que nos hemos quedado solos. — Me animo a empezar una conversación con él. Mejor eso que seguir aguantando ese incómodo silencio.
— Sí… ¿te… te apetece… ya sabes, ir a tomar algo? — pregunta. Me habla como si me tuviera miedo. Es un tanto extraño, pero al mismo tiempo me parece un chico demasiado adorable.
— Hay una heladería aquí cerca. Venden unos batidos de cookies increíbles. Ven. — Adoro ese sabor de helado, y viendo la expresión que ha puesto cuando lo he dicho, puedo saber que a él también. Me apresuro a tomarlo de la mano y empezar a caminar hacia la heladería. Está tenso. Le miro y le sonrío. Me devuelve inseguro la sonrisa y seguimos andando, aún con las manos cogidas.
No puedo evitar preguntarme cómo sería Niall en la cama, pero me da la impresión de que no voy a llegar a saberlo nunca. O al menos, necesitaría coger mucha confianza con él para poder averiguarlo. Parece tan diferente a su amigo Justin, casi como si le tuviera miedo a las chicas.
En menos de diez minutos hemos llegado, y tras pedir un batido de cookies para cada uno, nos sentamos en una de las mesas que hay en la terraza.
Permanecemos los dos callados. Quiero hablar con él, pero no sé qué decirle. Normalmente no necesito intercambiar demasiadas palabras con los hombres, todo es rápido.
— Oye Rikki, lo siento por lo que pasó en el Black Diamond. — dice por fin.
— ¿A qué te refieres? — Sé de qué está hablando, pero no quiero darle demasiada importancia, aunque no me sentara del todo bien en su momento.
— Me fui de repente, sin decirte nada. Es que me sentía raro, yo no soy ese tipo de…
— No importa. — Sonrío. — Me imagino que sólo viniste porque Justin te pidió que le acompañaras. Los dos sois iguales.
Su expresión cambia al escucharme decir eso. Sonríe e inmediatamente parece mucho más relajado.
— ¿Tan poco tiempo has necesitado para calarnos? — pregunta divertido.
— Cariño — me tomo la confianza de llamarlo así — el Black Diamond está lleno de chicos como esos.
|| Niall ||
Me sorprende que haya cogido confianza tan rápido. Me ha llamado ’’cariño’’. Esto es raro, más que nada porque estoy tomando un batido de cookie con una chica que trabaja como stripper en un local nocturno. Yo, hablando con una chica así. Es extraño, sobretodo porque ella para nada lo parece. No parece una de esas que vende su cuerpo para conseguir dinero. Y todo esto me hace volver a preguntarme por qué estará trabajando de esto. Parece inteligente… no lo entiendo.
— ¿Por qué te dedicas a eso? — la pregunta sale sin permiso de mis labios. Me maldigo a mí mismo por haber sido tan brusco, por haberme metido tan de lleno en su vida personal sin conocerla. Noto que sus ojos se vuelven algo tristes al escuchar mi pregunta. Mierda Niall. — Lo siento Rikki, de verdad, no quería preguntarte eso.
— No pasa nada. — responde con una sonrisa triste. — Sé que es difícil de entender para un chico como tú.
Y dicho eso, se levanta de la silla y se acerca hacia la barra para pagar los batidos. No voy a dejar que haga eso, igual que tampoco quiero que se marche ya. No estoy mal hablando con ella.
— Ni hablar, yo pago. — digo extendiéndole un billete de cinco dólares a la camarera. Suspira y guarda su cartera, y sale de la heladería sin decir nada. ¡Perfecto, Horan! Eres un perfecto experto en eso de cagar los momentos.
Salgo de la heladería con un paso apresurado y consigo alcanzarla. Me coloco a su lado, caminando en su misma dirección hacia quién sabe donde.
— ¿Estás enfadada? — pregunto, pero durante unos segundos no obtengo respuesta. Doy por hecho que no va a responderme, cuando la veo sonreír por lo bajo, cubriéndose con el pelo. — ¿Rikki? — busco su mirada, y cuando la encuentro miro fijamente a sus ojos color avellana.
— No te hagas ilusiones tan rápido, rubito. — contesta divertida. — Aún no eres tan importante como para hacerme enfadar. — Me guiña un ojo y sigue caminando, contoneando un poco más sus caderas. Es espontánea, me gusta.
Vuelvo a acelerar el paso para ponerme a su lado.
Continuamos andando y llegamos a un parque. Nunca había estado en esta zona de la ciudad, más bien ni siquiera había oído hablar de ella. Es muy diferente a la parte donde yo vivo. En el complejo donde vivimos Justin y yo, todas las casas son adosados o chalets, y todos tienen como mínimo dos plantas. Aquí no, los edificios son estrechos y están pegados los unos a los otros. La mayoría son antiguos y sus fachadas reflejan el paso de los años.
Nos sentamos en un banco de madera que hay a un lado del paseo. Está justo en frente de un parque infantil, donde hay niños columpiándose y tirándose de los toboganes. La miro y compruebo que ella todavía mantiene esa expresión divertida en su rostro mientras observa cómo los niños se divierten en los columpios. Es hermosa.
— ¿A qué te referías cuando has dicho que un chico como yo no podría entenderte? — insisto, obligándola a apartar la mirada de los pequeños para que vuelva a depositarla sobre mí. Sé que no debo meterme en ese tema, en teoría no es asunto mío, pero siento demasiada curiosidad. Me interesa saber cosas sobre ella.
— Pues eso Niall, los chicos como tú. Los que viven en la zona residencial, los que llevan polos de Ralph Lauren — dice señalando el logo de mi jersey — los que tienen asistenta, casas tan grandes como este parque… ya sabes, esos chicos.
Asiento despacio con la cabeza. Comprendo lo que quiere decir.
— Yo no tengo dinero, ¿sabes? Ni Sam tampoco. Nuestro jefe nos paga el alquiler de un piso diminuto que se cae a pedazos. — La miro fijamente, y ahora ya está muchísimo más seria. Ella también me mira a los ojos. — Sé lo que Justin y tú pensáis de nosotras. Justin sólo persigue a Sam porque está buena, porque le apetece echar un polvo. Y tú… bueno, tú has venido conmigo para no quedarte solo esperando. — sonríe. Le devuelvo la sonrisa y aparto la mirada. Me siento extraño, creo que siento lástima por ellas. — No somos prostitutas, ni nada parecido. Simplemente… tenemos un trabajo un tanto diferente al resto. Pero esto no durará mucho, estamos ahorrando para ir a la universidad el año que viene. Yo quiero ser pediatra.
Aparece un brillo en sus ojos de repente, y me mira sonriendo orgullosa. Así que es por eso, trabajan para poder pagarse la universidad durante el siguiente curso. Siento algo de alivio al saber eso, aunque no sé por qué. Le sostengo la mirada durante unos minutos, y durante un instante casi puedo notar como es ella la que se ruboriza esta vez. Yo me siento imbécil, inútil. No sé qué tengo que decirle, porque tiene razón, en realidad no podría entenderla. No puedo comprender nada de lo que me acaba de contar, ya que el dinero nunca ha supuesto ningún problema para mí, ni tampoco para mi familia. Pero supongo que hay muchas cosas que no entiendo del mundo, aunque de verdad me gustaría entenderlas. Por ejemplo ella, Rikki. Está sentada aquí conmigo, me acaba de contar parte de sus problemas y el por qué me interesan es otra cosa que tampoco logro entender ahora.
De repente suena un ruido proveniente de los columpios donde estaban jugando esos niños pequeños. Ella dirige la vista hacia allí y se levanta rápidamente en dirección a uno de los niños, que acaba de caerse del tobogán, raspándose la rodilla. Sus llantos comienzan a invadir la tranquilidad del lugar, y decido levantarme y acercarme para ver si se ha hecho demasiado daño.
Rikki está agachada junto a él, acariciándole las mejillas mientras le limpia las lágrimas. Yo me agacho junto a ella, y acaricio la cabeza del niño. Ella me mira y me sonríe.
— Ya está cariño, seguro que no es nada. ¿Dónde está tu mamá? — le pregunta hablándole de una forma tierna y maternal. El niño señala un grupo de mujeres que están sentadas en otro banco, seguramente cotilleando sin prestar ningún tipo de atención a sus hijos. Rikki lo coge en brazos y lo lleva hacia ellas. Una de las mujeres se levanta rápidamente cuando la ve acercarse y reconoce a su hijo en sus brazos. No alcanzo a oír lo que le está diciendo la madre, pero supongo que se lo estará agradeciendo. Vuelvo a sentarme en el banco que ocupábamos antes, y a los pocos segundos ella también está sentada a mi lado.
— Pobrecito, se ha asustado al caerse, pero en realidad la herida no era nada.
— Te gustan mucho los niños, ¿verdad?
— Sí. Ya te he dicho que quiero ser pediatra. Adoro a los niños pequeños.
Asiento levemente, dándole la razón. No sólo le gustan, sino que también sabe como tratarlos.
Quedamos en silencio durante un rato, tal vez cinco minutos, en los que sólo nos dedicamos a mirar al frente, o a escuchar el canto de los pájaros que hay a nuestro alrededor.
— ¿Y Justin? — cambia de tema repentinamente, cosa que me sorprende. ¿Por qué me pregunta por él? ¿qué tiene que ver Justin ahora?
— ¿Qué pasa?
— Que no entiendo lo que hace. ¿No se supone que vuestro barrio está repleto de barbies con vestiditos pijos y todo eso? — Río divertido ante la descripción que acaba de hacer de las chicas que viven en nuestro complejo. Ha acertado de lleno. — Seguro que más de una va detrás de él, ¿por qué quiso venir al Black Diamond a ligar?
— Bueno, es complicado de explicar.
— Tengo tiempo. — contesta de una forma un tanto juguetona. Suelto una carcajada al ver que también es cotilla.
— A ver… como tú dices, en nuestro barrio sí que hay barbies con vestiditos pijos y todo eso. — digo mirándola divertido. Ella río. Pero de repente me doy cuenta de que quizá contárselo no es la mejor idea. Justin no me dijo que lo pudiera contar. Rikki me mira expectante, esperando que siga, y hace un gesto raro con los ojos al ver que me he callado de repente. Niall, pensándolo bien, Justin tampoco te dijo que no lo pudieras decir. Y él te ha dejado solo. A la mierda. — Mira, Justin va detrás de una chica que se llama Brooke. Rubia, ojos verdosos… ya te la puedes imaginar.
— Claro, lo que yo te decía. Una barbie snob. — reímos ante su comentario.
— Exacto. El problema es que Justin ha quedado con ella el sábado, para… ya sabes. — Asiente, comprendiendo perfectamente a lo que me refiero. Yo no puedo evitar sonrojarme, me siento incómodo hablando de estos temas. — Pero lo que ella no sabe es que Justin es virgen. — Se aleja de mí al escuchar eso, con los ojos y la boca muy abiertos. Tiene una expresión muy cómica.
— ¿Qué? ¿Es virgen? ¿Y va a hacerlo con Sam? — pregunta de un tirón.
— De eso se trata. Quiere coger práctica antes de acostarse con Brooke. Han quedado el sábado, en un restaurante que está en la zona residencial. The Owlen, así creo que se llama.
— Que fuerte… — sus ojos miran hacia el suelo, pero más bien parece que tiene la mirada perdida, como si hubiera descubierto el secreto mejor guardado del mundo.

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