Estoy nervioso, realmente nervioso. Estoy frente a las puertas del Black Diamond junto con Niall, a quien he tenido que convencer para que aceptara a venir conmigo. Al parecer no le gustaba la idea de que la amiga de Sam, de quien aún desconozco el nombre, aceptara a venir. Observo la pierna de mi mejor amigo que no para de moverse hacia arriba y hacia abajo, y aunque yo sepa disimularlo, tengo ganas de salir corriendo. Dejé a esa hermosa chica con las ganas por tener miedo. ¡Dios Justin! Eres un completo inútil.
— ¿Seguro que era a las cinco? — miro el reloj para comprobar la hora que es, las cinco y cuarto. Genial. ¿Y si nos han dado plantón?
— Niall, ya sabes que las chicas se hacen de rogar, no tardarán — Digo sonriendo lo más convincente posible, puesto que el único motivo que me hace pensar que vendrán es el teléfono que ahora mismo tengo en la mano.
Intento relajarme, pensar en otra cosa. Pero es imposible, ¿para qué lo voy a negar?. La imagen de Brooke está invadiendo mi mente cada segundo. No puedo ir el sábado a la cena sin saber de este tema que tanto me incomoda. Brooke no puede saber que soy virgen, tiene que saber que yo tengo práctica en esto. ¿Por qué mierdas no te la tiraste? ¡A ella no la habrías vuelto a ver! ¡Era un plan perfecto!… Y ahora lo he echado a perder por miedo da pena, ¿a que sí?. Sí. Pero bueno… aún puede haber alguna posibilidad, ¿verdad?. Aunque sea la más minima... puedo intentar quedar otra vez con ella… ¡Bieber, no digas tonterías!.
Todos saben que te enviará a la mierda… Pero tengo que intentarlo. Aún queda una semana para el sábado. Puedo proponérselo, esta vez en serio. Mi mejor amigo carraspea. Le miro y él tiene la vista puesta en un punto de la acera. No dudo ni un segundo en girar un poco mi cabeza para observar a dos chicas con el pelo totalmente suelto, haciendo que se mueva de un lado a otro por culpa del aire que sopla en dirección a ellas. Vienen caminando como muñecas de porcelana encima de esos finos tacones. Me fijo principalmente en Sam. Sus shorts de color blanco hacen que resalte todavía más la piel morena de sus hermosas piernas, y la camiseta de tirantes de un color rosa flojo hacen que sus pechos aún resalten mucho más. Trago saliva al notar que se están acercando cada vez más. Y más cerca. Y mucho más. Hasta el momento en que ahora mismo las tengo delante. Suspiro fuerte y cierro los ojos. Bieber, tienes que ser fuerte.
|| Niall ||
Arriba, abajo. Arriba, abajo. Llevo más de quince minutos moviendo la pierna sin parar. Sé que estoy poniendo a Justin el doble de nervioso de lo que está, pero no puedo quedarme quieto, yo también estoy nervioso, muy nervioso. El hecho de que estén tardando tanto hace que me plantee seriamente que quizás han podido dejarnos tirados. Seguramente Sam, la chica con la que ha quedado Justin, pensó que sería bonito dejarle tirado ahora, como él hizo con ella la otra noche.
Pero todos esos pensamientos desaparecen cuando veo que dos chicas morenas y con unos tacones bastante altos se acercan hacia nosotros. Giro la cabeza hacia la izquierda y sonrío divertido al ver la expresión de Justin. Casi podría decir que se le cae la baba.
‘’Si quieres te traigo un cubo’’. Pienso. Pero sé que será mejor no decir nada. Vuelvo la vista al frente, y ahora ya están más cerca. Ambas van vestidas de forma corta, Sam con unos shorts y Rikki con una falda vaquera. No puedo evitar fijarme especialmente en Rikki, observando atento como su cabello ondulado se mueve al ritmo de sus pasos. También ella me mira y me sonríe. Nuevamente siento calor en mis mejillas, pero eso aumenta cuando finalmente se detienen frente a nosotros.
|| Sam ||
Giramos la esquina que nos impedía ver la puerta del Black Diamond. Los busco desesperada con la mirada, aunque, ¿por qué tendría que ponerme así?.
Respiro hondo un par de veces y fijo la mirada en los dos chicos que hay en frente de la puerta de nuestro asqueroso bar. Sonrío. Son ellos. Miro a mi mejor amiga mientras camino. Ahora mismo está mirando sonriente a… ¿Niall?. Creo que así se llamaba. Cada vez estamos más cerca de ellos, y ahora un miedo terrible me recorre todo cuerpo. La curiosidad invade de la nada todos y cada unos mis sentidos. ¿Por qué me dejó tirada? Me merezco una explicación.
Puedo oler su colonia, lo tengo delante. Giro la cabeza para evitar mirarle a la cara y me fijo en el chico rubio de al lado. Su piel es blanca, sus ojos… son hermosos muy hermosos. Y el color de sus mofletes hace que sonría como una tonta. Rikki me mira mal y puedo entender que está defendiendo lo que en teoría es suyo. Sonrío mientras giro la cabeza inocente. Me encuentro con el supuesto caballero que me dejó tirada la noche anterior, el que me hizo sentir una completa inútil. Una inútil que se quedó con un calentón impresionante. Ahora, lo tengo delante.
— ¿Me vas a dar mi teléfono? — Extiendo mi mano. Él se saca del bolsillo de la chaqueta el móvil. Lo miro y finalmente me lo meto en el bolsillo trasero de mis shorts
— ¿Y el mío? — Pregunta. Extiendo mi otra mano y se lo entrego. Pero antes de que me pueda girar para desaparecer, Justin me agarra de el brazo y me pega a él. Por un segundo me pierdo en su mirada… y dejo de prestar atención al resto de cosas que están teniendo lugar en este momento. Y finalmente cuando me suelta, me doy cuenta de que nos hemos alejado unos cuantos metros de Rikki y del chico rubio.
— ¿Qué te crees que estás haciendo? — Le digo cuando por fin he conseguido apartar mi mirada de sus hermosos ojos miel.
— Es raro que hayas dejado que te llevara — Suelta. Le miro mal, demasiado mal… Es decir, si las miradas matasen, Justin estaba muerto.
— ¿Qué coño quieres? — Le cambio de tema, puesto que tiene razón.
— Pedirte perdón — Musita. Me fijo en su expresión, está más rojo que un tomate. No puedo evitar reír.
— ¿De que te ríes? — Pregunta algo molesto. Intento evitar reírme, pero aún así no puedo parar, y él de cada vez está más rojo, cosa que hace que me ría mucho más.
— Eres una inútil — Me suelta de la nada. ¿Pero qué hace? ¿quién se cree que es?
Fue él quien se marchó de esa forma ¿ahora soy yo la inútil?. No he permitido nunca que nadie me faltara al respeto, y muchísimo menos lo va a hacer un niñito consentido como él.
— ¿Perdona? Tú fuiste quien sintió pánico de repente y se largó como un niño pequeño asustado. — Aunque desconocía la razón por la que se marchó, y arriesgándome a la respuesta que me podría dar, se lo suelto.
— ¿Sabes? Yo puedo hacerte sentir lo que muchos hombres no han conseguido. Puedo hacerte gritar mi nombre hasta que te quedes afónica. — Musita pícaramente mientras se acerca un poco más a mí.
— ¿Y por qué no me lo demuestras? — Me muerdo el labio inferior, me ha gustado su idea.
— ¿Dónde y cuándo?
— Ahora… — Me acerco a su oído — En mi casa…
Su mano se va directa a mi trasero. Una vez allí me acerca más a él. Estoy segura de que esta vez, nada de lo que ocurrió la otra noche va a volver a pasar. Podré sentirlo dentro de mí, y estoy segura de que me lo pasaré realmente bien.
— Niall, ya sabes que las chicas se hacen de rogar, no tardarán — Digo sonriendo lo más convincente posible, puesto que el único motivo que me hace pensar que vendrán es el teléfono que ahora mismo tengo en la mano.
Todos saben que te enviará a la mierda… Pero tengo que intentarlo. Aún queda una semana para el sábado. Puedo proponérselo, esta vez en serio. Mi mejor amigo carraspea. Le miro y él tiene la vista puesta en un punto de la acera. No dudo ni un segundo en girar un poco mi cabeza para observar a dos chicas con el pelo totalmente suelto, haciendo que se mueva de un lado a otro por culpa del aire que sopla en dirección a ellas. Vienen caminando como muñecas de porcelana encima de esos finos tacones. Me fijo principalmente en Sam. Sus shorts de color blanco hacen que resalte todavía más la piel morena de sus hermosas piernas, y la camiseta de tirantes de un color rosa flojo hacen que sus pechos aún resalten mucho más. Trago saliva al notar que se están acercando cada vez más. Y más cerca. Y mucho más. Hasta el momento en que ahora mismo las tengo delante. Suspiro fuerte y cierro los ojos. Bieber, tienes que ser fuerte.
Pero todos esos pensamientos desaparecen cuando veo que dos chicas morenas y con unos tacones bastante altos se acercan hacia nosotros. Giro la cabeza hacia la izquierda y sonrío divertido al ver la expresión de Justin. Casi podría decir que se le cae la baba.
‘’Si quieres te traigo un cubo’’. Pienso. Pero sé que será mejor no decir nada. Vuelvo la vista al frente, y ahora ya están más cerca. Ambas van vestidas de forma corta, Sam con unos shorts y Rikki con una falda vaquera. No puedo evitar fijarme especialmente en Rikki, observando atento como su cabello ondulado se mueve al ritmo de sus pasos. También ella me mira y me sonríe. Nuevamente siento calor en mis mejillas, pero eso aumenta cuando finalmente se detienen frente a nosotros.
Respiro hondo un par de veces y fijo la mirada en los dos chicos que hay en frente de la puerta de nuestro asqueroso bar. Sonrío. Son ellos. Miro a mi mejor amiga mientras camino. Ahora mismo está mirando sonriente a… ¿Niall?. Creo que así se llamaba. Cada vez estamos más cerca de ellos, y ahora un miedo terrible me recorre todo cuerpo. La curiosidad invade de la nada todos y cada unos mis sentidos. ¿Por qué me dejó tirada? Me merezco una explicación.
Puedo oler su colonia, lo tengo delante. Giro la cabeza para evitar mirarle a la cara y me fijo en el chico rubio de al lado. Su piel es blanca, sus ojos… son hermosos muy hermosos. Y el color de sus mofletes hace que sonría como una tonta. Rikki me mira mal y puedo entender que está defendiendo lo que en teoría es suyo. Sonrío mientras giro la cabeza inocente. Me encuentro con el supuesto caballero que me dejó tirada la noche anterior, el que me hizo sentir una completa inútil. Una inútil que se quedó con un calentón impresionante. Ahora, lo tengo delante.
— ¿Y el mío? — Pregunta. Extiendo mi otra mano y se lo entrego. Pero antes de que me pueda girar para desaparecer, Justin me agarra de el brazo y me pega a él. Por un segundo me pierdo en su mirada… y dejo de prestar atención al resto de cosas que están teniendo lugar en este momento. Y finalmente cuando me suelta, me doy cuenta de que nos hemos alejado unos cuantos metros de Rikki y del chico rubio.
— ¿Qué te crees que estás haciendo? — Le digo cuando por fin he conseguido apartar mi mirada de sus hermosos ojos miel.
— Es raro que hayas dejado que te llevara — Suelta. Le miro mal, demasiado mal… Es decir, si las miradas matasen, Justin estaba muerto.
— ¿Qué coño quieres? — Le cambio de tema, puesto que tiene razón.
— Pedirte perdón — Musita. Me fijo en su expresión, está más rojo que un tomate. No puedo evitar reír.
— ¿De que te ríes? — Pregunta algo molesto. Intento evitar reírme, pero aún así no puedo parar, y él de cada vez está más rojo, cosa que hace que me ría mucho más.
— Eres una inútil — Me suelta de la nada. ¿Pero qué hace? ¿quién se cree que es?
Fue él quien se marchó de esa forma ¿ahora soy yo la inútil?. No he permitido nunca que nadie me faltara al respeto, y muchísimo menos lo va a hacer un niñito consentido como él.
— ¿Perdona? Tú fuiste quien sintió pánico de repente y se largó como un niño pequeño asustado. — Aunque desconocía la razón por la que se marchó, y arriesgándome a la respuesta que me podría dar, se lo suelto.
— ¿Sabes? Yo puedo hacerte sentir lo que muchos hombres no han conseguido. Puedo hacerte gritar mi nombre hasta que te quedes afónica. — Musita pícaramente mientras se acerca un poco más a mí.
— ¿Y por qué no me lo demuestras? — Me muerdo el labio inferior, me ha gustado su idea.
— ¿Dónde y cuándo?
— Ahora… — Me acerco a su oído — En mi casa…
Su mano se va directa a mi trasero. Una vez allí me acerca más a él. Estoy segura de que esta vez, nada de lo que ocurrió la otra noche va a volver a pasar. Podré sentirlo dentro de mí, y estoy segura de que me lo pasaré realmente bien.
No hay comentarios:
Publicar un comentario