domingo, 18 de marzo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 6}


|| Rikki ||
¿Justin es virgen?
Justin es virgen.
No puede ser. Es imposible… más bien increíble. Para nada me habría imaginado que ese fuera el motivo por el que dejó plantada a Sam la otra noche. Así que sólo quiere utilizarla para coger práctica… interesante. A Sam le encantará saberlo, y conociéndola, no creo que le dé igual. Agradezco que Niall me lo haya contado. Niall. Sigue sentado a mi lado mirándome curioso, porque todavía no he sido capaz de soltar palabra después de lo que acaba de contarme. Sonrío, se me pasan por la mente algunas cosas que preguntarle. Me mira algo confundido.
Decido dar otro pasito más, pillarle desprevenido, sorprenderle de nuevo. Muevo mi cuerpo de manera que quedo más cerca de él, y coloco mi mano derecha en su muslo.
Parece como si ya se fuera acostumbrando un poco más a mí, porque no se sobresalta tanto como esperaba. Simplemente mira hacia el lugar donde está depositada mi mano, pero aparta la mirada rápidamente.
— Así que, le dijiste a Justin que le pidiera a Sam que me trajera, ¿eh? — pregunto pícaramente. Me apetece verle ruborizarse otra vez. Y lo consigo, aparta la mirada y comienza a mover la pierna.
— Bueno… no… no fue exactamente así… — Me gusta cuando tartamudea. Quiero jugar un poquito más.
— Oh, ¿entonces no querías verme? — pregunto fingiendo mi mejor cara de cachorrito. Intento aguantar pero rápidamente mi carita triste es sustituida por una enorme sonrisa.
— ¿Qué? ¡No! — responde nervioso. Hace gestos con las manos un tanto extraños. — Yo no pedí que vinieras, aunque tampoco es que no me haya gustado verte… Pero quería disculparme contigo y eso.
— Ah, que considerado. — musito. Toda esta situación me divierte demasiado.
Después de eso reina un silencio. Un silencio que es divertido para mí, pero incómodo para él. Mira hacia el lado contrario a donde estoy yo, y todavía sigue moviendo la pierna.
— Entonces Niall, podría suponer que tú también eres virgen, ¿no? — pregunto lo más natural posible, aunque por dentro estoy muriendo de la risa. Oh, vamos, su cara es demasiado divertida, ojala pudiera sacarle una foto. Si sus mejillas suelen estar rojas de costumbre, ahora más bien parece que están moradas, igual que toda su cara. Estoy segura de que si hubiera estado bebiendo algo se habría atragantado.
— Yo… bueno… eh… sí… — susurra. Casi parece como si él mismo intentara no escucharse al decirlo. Sonrío, no puedo evitar pensar que es el chico más tierno que he conocido. Podría comérmelo a besitos, porque sí, todo esto sólo ha hecho que mis ganas de acostarme con él aumenten. Recuerdo la noche en el Black Diamond, cuando le hice esa pequeña marca en el cuello. Y ahora que me fijo, una pequeña marca que todavía puede verse.
Miro la hora, y compruebo que llevamos más de una hora sentados en el banco de ese parque. Ya es hora de marcharme, aunque en realidad no me apetece. El tiempo vuela cuando lo pasas bien, y ha sido agradable hablar con él. Sin duda es diferente, tiene algo poco común. Los chicos con los que me relaciono suelen ser chulos, engreídos, seguros de sí mismos. Pero él más bien parece como si se sintiera inferior a todo el mundo que lo rodea.
Meto la mano en mi bolsillo para mirar si llevo los papelitos con mi número de teléfono. Sam y yo siempre los llevamos cuando salimos de casa, nunca sabemos cuando se puede presentar la ocasión de tener que dárselo a alguien. A algún chico, más bien.
Saco uno de ellos, lo doblo tres veces y se lo entrego.
— Toma, rubito.
— ¿Qué es esto? — pregunta mirando extrañado el trozo de papel.
— Es mi número de teléfono. Eres guapo, y además eres demasiado mono. Me ha gustado hablar contigo esta tarde, así que quédatelo. Me apetece quedar contigo otro día, y me da la impresión de que a ti tampoco te importaría quedar conmigo. — Vuelve a mirar el papel y luego me mira a mí, casi como asustado, con la boca abierta. Nuevamente muestro una sonrisa, como tantas veces llevo haciendo esta tarde. Es demasiado gracioso verle sonrojarse. — Ahora es tarde, me tengo que ir. Ya nos veremos Nialler.
Sin decir nada más me levanto del banco, pero antes de empezar a caminar, volteo y me agacho para besar su enrojecida mejilla, cerca de sus comisuras. Sin detenerme a observar su reacción, emprendo el paso hacia mi casa, moviendo las caderas de una forma un poco más exagerada de lo habitual. Sé que me está mirando.
|| Niall ||
Una vez que se ha marchado, saco mi móvil del bolsillo, y por un momento me quedo mirando fijamente la pantalla. Son las siete y media. Miro entonces el papel que acaba de entregarme, el papel que contiene su número de teléfono.
Decido guardarlo en la memoria del móvil cuanto antes, porque sé que si lo pienso demasiado me arrepentiré de habérselo cogido, y lo tiraré en la primera papelera que vea. Niall, este no eres tú. Tú no quedas con strippers, ni siquiera te relacionas con ellas. Si mamá se entera pondrá el grito en el cielo, y a pesar de que ya tengo dieciocho años, me prohibirá volver a salir con Justin por la noche. Porque la verdad es que mi mejor amigo tiene toda la culpa de todo esto.
Pero si mirásemos todo esto por otro lado, Rikki parece diferente. Ni ella ni su amiga trabajan en ese local porque les guste, más bien es porque no tienen ningún otro método para poder sobrevivir. Y es evidente que la Rikki que trabaja en ese bar nocturno, no tiene nada que ver con la Rikki del día a día. Cuando la vi por primera vez en el Black Diamond, me sentí como si fuera el ser más ridículo del planeta, sin saber cómo reaccionar cuando se plantó delante de mí. Pero en cambio ahora, parece como si hubiera estado tratando con una persona totalmente distinta. La he visto tratar a ese niño, y lo hacía de una forma demasiado maternal. Sin duda tendrá futuro como pediatra. Y es que en realidad tan sólo es una chica normal que está intentando ahorrar para pagarse una carrera. Una chica un tanto atrevida y descarada, pero normal al fin y al cabo. Y sí, también tiene razón en lo que ha dicho. Me apetece mucho volver a quedar con ella.

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