domingo, 18 de marzo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 3}


— Uhmmmmm — Ese extraño sonido fue lo único que pudo salir de mi boca cuando sentí el molesto sol sobre mis ojos. Mierda, anoche se me olvidó bajar las persianas. Giro sobre el colchón, de forma que quedo de espaldas a la ventana y meto la cabeza debajo de la almohada. Escucho ruidos que vienen de abajo, seguramente será Lindsay, la asistenta, preparando la comida. Maldito sol, necesito dormir un rato más. Llevo durmiendo casi nueve horas y media, pero cinco de ellas me las he pasado soñando con lo que pasó anoche en ese sitio, el Black Diamond. Me siento estúpido, muy estúpido. Ahora que pienso en todo lo ocurrido con esa chica morena, me doy cuenta de que podría haberme comportado de otra forma. Haberle seguido un poco el juego, bailar con ella… o alguna de esas cosas. Pero no Niall, tú tuviste que quedarte sentado en esa silla, rojo como un tomate mientras todo el mundo, incluido Justin, se reían de ti. Rikki. Se llamaba Rikki, o eso me dijo. Parece de nuestra edad… no entiendo como una chica así puede preferir trabajar en un lugar como ese en lugar de ir a la universidad. Pero en mi mente no para de repetirse lo que ocurrió cuando Justin se fue.
*Flashback*
Estoy en medio de la gente y me siento demasiado ridículo. No sé si ir a la barra a beber algo, o volver a sentarme en la misma silla de antes. Veo luces y focos por todos, y la música casi no me deja oír ni mis propios pensamientos. Para colmo Justin se acaba de ir, me acaba de dejar solo y parece como si estuviera perdido.
De repente noto unas manos que me acarician la cintura por detrás. No puede ser… volteo para asegurarme de que es quien estoy pensando, y entonces la veo muy cerca de mí.
— ¿Tu amigo te ha dejado solo? — consigo leer eso en sus labios. Unos labios pintados de color rojo pasión que ahora mismo vuelven a acercarse a mi cuello. Los siento en el mismo sitio que antes, justo donde me ha dejado esa pequeña marquita. — ¿Quieres que vayamos nosotros también a divertirnos un rato?.
Siento calor por todo mi cuerpo mientras sus labios de cada vez se van acercando más a los míos, pasando por mi mejilla. Cierro fuerte los ojos. Rozan apenas mis comisuras cuando me aparto bruscamente. Abro de nuevo los ojos y ella me mira sonriente, pero esta vez parece una sonrisa más dulce. Me siento extraño, no sé qué hacer. No sé qué tengo que decirle, no sé nada. Mi cabeza está echa un lío y lo único que se me ocurre es marcharme de allí, así, de repente. Antes de salir por la puerta volteo para ver si Rikki me está siguiendo, pero no, simplemente me mira de lejos algo desconcertada.
¡Mierda Justin!. Maldita la hora en la que accedí a venir contigo.
*Fin del flashback*
Sigo bocabajo en el colchón cuando de repente noto como alguien me agita bruscamente de un lado a otro. Giro rápidamente y me encuentro con un Justin algo enfurecido parado de pie frente a mí.
— ¿Qué haces tío? — musito cuando termino de bostezar. — ¡Vete a la mierda! Es demasiado pronto.
— ¿Demasiado pronto? Tendría que haber venido anoche para chillarte de todo, rajado. ¿Cómo pudiste irte sin avisarme?
Me levanto de la cama sin poder creer bien lo que me está diciendo.
— ¿Yo? ¡Fuiste tú quien me dejó solo! ¡Te fuiste para acostarte con esa tía! ¿Qué querías que hiciera yo? — contesto enfurecido. ¿De verdad me está echando eso en cara?
— No entiendes nada, tío. Si te dejé solo fue para que tú aprovecharas con esa chica, la morena que se te acercó. — se sienta en mi cama y me mira fijamente. — Quería que te lanzaras, tienes que dejar de ser tan cortado.
— Ese no es tu problema. Ya te dije que no iba a acostarme con ninguna chica a la que acabo de conocer, yo no soy así. — sonrío pícaramente y me siento a su lado. Tiene que contarme demasiadas cosas. Él parece ponerse nervioso cuando se da cuenta de por qué lo miro así.
Espero a que hable, pero al ver que no dice nada, decido preguntarle yo mismo.
— ¿Qué tal fue todo con esa chica? ¿Lo hiciste?
— Eh… bueno… — mueve la pierna sin parar — Niall, no pude hacerlo. — abro muy bien los ojos al oír lo que me está diciendo. — Se me vinieron a la mente todas esas palabras que me dijiste, así que fue tu culpa. — Ríe y me da un pequeño puñetazo en el hombro. — Te espero abajo, tengo que pedirte un favor.
Dicho eso se levanta y se va de mi habitación. Me da miedo pensar en qué tipo de favor me pedirá. No pudo hacerlo… lo sabía. Sabía que en el último momento algo le impediría seguir adelante. Por mucho que intente aparentarlo, él no es así. Puede que esa chica, Brooke, le guste mucho, pero no sería capaz de acostarse con otra solamente para coger práctica. Me alegro de no haberme equivocado, me alegro de tener razón sobre el carácter de mi mejor amigo. Me alegra saber que él no es igual que esos hombres que había allí dentro.
Decido vestirme rápidamente para poder bajar al salón con él. Cojo una camiseta cualquiera del armario y unos vaqueros. Me los pongo lo más deprisa que puedo y bajo las escaleras. Antes de entrar en el salón voy a la cocina y me cojo un refresco de naranja. Me acerco a Lindsay, y beso su mejilla.
— Buenos días bonito. — dice alegre. Le sonrío.
Veo a Justin sentado en el sofá y me acerco a él.
— ¿Qué querías? — pregunto tirándome a su lado. Enciendo la televisión y están dando un partido de fútbol. Perfecto.
— He sido un imbécil. Pero más imbécil todavía voy a parecer cuando esté delante de Brooke y ella quiera hacerlo.
— Vamos tío… no será tan malo. Digo yo que no puede ser tan difícil. — intento animarle. — Además, igual también es la primera vez de Brooke.
Me mira como si hubiera dicho la mayor tontería de este universo. Sí, tiene razón, sería imposible que una rubia como ella fuera virgen.
— Y… ¿qué vas a hacer entonces?
— Estamos a domingo, yo he quedado con ella el sábado que viene. Tengo una semana para volver a quedar con esa chica del Black Diamond. Y mira… — me enseña su teléfono móvil.
— Sí, vale. Es tu móvil. ¿Qué le pasa? — empiezo a beberme el refresco de naranja que he cogido antes.
— Pues eso, que no es mío. Es de Sam. — escupo todo el refresco que me ha dado tiempo a tragar. Él se aparta de mí rápidamente y me mira con cara de asco.
— ¡¿Se lo has robado!? — grito alarmado.
— ¡No imbécil! — grita también — yo no he robado nada. Ayer cuando nos metimos en una de esas salas me di cuenta de que teníamos el mismo móvil. Al irme con tanta prisa me debí confundir y coger el suyo. — suspiro. Por un momento me había asustado. Pero lo que de verdad me asusta ahora es la forma en la que me está mirando.
— ¿Por qué me estas…
— Tengo una idea — me interrumpe. — Tendré que devolvérselo de alguna forma… esa es la oportunidad perfecta para quedar y atreverme. Esta vez no creo que me eche atrás.
— Tú verás. Pero yo no quiero verte volver a hacer el ridículo, así que no cuentes conmigo.
Volteo la cabeza para verle la cara y veo que me mira con cara de cachorrito mojado. No, ya sé lo que está intentando. Y no, me niego.
— ¡No! — me levanto y me dirijo a la cocina. Lindsay ya no está ahí. Justin me sigue por todo. — Ni hablar Bieber, no pienso ir contigo, olvídalo.
Definitivamente no. Esta vez no conseguirá convencerme. No Niall, no dejes que te líe otra vez.
— Tío, tengo que quedar con ella y no puedo ir solo.
— No soy tu madre y tú ya eres mayorcito. ¿Por qué no puedes ir solo?
— ¿Tanto te cuesta venir conmigo? — pregunta exhausto. Lo pienso por un momento. Supongo que ya debió pasarlo bastante mal ayer cuando tuvo que dejar a esa chica a medias, no creo que sea fácil mirarla a la cara si va solo.
— Sí. Si tú te vas a la cama con ella, ¿qué hago yo mientras?¿Te doy ánimos?
— Igual se trae a su amiga, podrías aprovechar y…
— Ni de coña. — Saber que probablemente Rikki esté allí hace que se me borre cualquier pensamiento de acompañarle. Probablemente esa chica no se comporte de la misma forma en su día a día que cuando está trabajando en ese sitio, pero de todas formas yo no podría mirarla a la cara sin morirme de vergüenza. Me gusta la idea de poder verla, porque Justin tiene razón, está muy buena. Pero yo… yo no sabré qué decir. Aunque sólo sea el momento de intercambiar los móviles, no me veo capaz de saludarla. Niall, definitivamente eres un estúpido.
— Vamos, así mientras yo estoy con una tú podrías jugar con la otra. — dice pícaramente.
— Así sólo conseguirás que me eche atrás. — igual que ayer, vuelve a arrodillarse delante de mí y vuelve a suplicarme. Me divierte verlo hacer eso, pensé que nunca lo repetiría. Ojala tuviera una cámara, está para una foto. Entonces vuelvo a pensar en Rikki, y el cosquilleo que sentí cuando me besaba el cuello. Quizá después de todo no sea demasiado malo verla. Me moriré de vergüenza, sí, pero en caso de que pase algo demasiado embarazoso siempre podría irme. No tengo por qué volver a verla más.
— Te juro que no voy a hacerte más favores en lo que te queda de vida. — musito apretando los dientes y apuntándolo firme con el dedo.
Se levanta rápidamente del suelo y me abraza tan fuerte que hasta parece que me está intentando levantar del suelo.
Niall, nuevo objetivo para este año: Tienes que dejar de ser tan calzonazos.
~*~
Abro los ojos y al instante los vuelvo a cerrar. Me sobo cada uno de estos y bostezo. Me pongo la almohada en la cabeza y empiezo a recordar todo lo que pasó ayer. Aún no me puedo creer cómo es posible que ese chico me dejara así, y sobretodo de aquella forma en la que me dejó. Llevo toda la noche comiéndome la cabeza,¿por qué no lo hicimos? ¿hice algo mal? ¿no le atraje?.
Puede que por alguna de esas razones él no quisiera hacerlo conmigo… pero en realidad no me cuadra. Porque Justin, que creo que así se llamaba, fue el que decidió ir a la sala de reserva. Las cosas no me encajan. ¿Y si el problema es que le di asco? O tal vez que fui demasiado rápido… ¿Y si todo esto ha sido por mi físico?.
Sin dudarlo dos veces, me levanto corriendo hasta encontrarme con el pequeño espejo que tiene algún que otro corte. Observo detenidamente todo mi cuerpo… Sam, ¿y si tú eres el problema?.
O bueno, quizá simplemente tenía prisa. O no, mejor aún. Seguramente sería el típico niño de papá que buscaba una noche de aventura. Seguro que es el típico niño rico que va por ahí de valiente, intentando aparentar ser algo que en realidad no es. O quizá trataba de impresionar a alguien, pero la verdad es, que en realidad ha resultado ser demasiado cobarde. En el último momento no se atrevió. Pero ahora que pienso… anoche me gané cincuenta euros, no necesito preocuparme de nada más.
Suspiro pesadamente y me recojo el pelo, que probablemente ahora este hecho un asco, para hacerme una coleta alta. Decido salir de mi habitación e ir a comer algo para no estar pensando en todo esto. Llego a la cocina y cojo una de las manzanas que hay encima del frutero, tiene buena pinta. Observo la cocina y noto que falta algo,, algo mue importante.
¿Y mi mejor amiga?
Tengo que hablar con ella y es muy raro que no esté fregando los platos de su desayuno, como suele hacer cada día. Le meto un bocado a la manzana haciendo que el jugo se expanda cada rincón de mi boca y me dirijo a su habitación para ver si está durmiendo. Abro la puerta de par en par y veo como la persiana de su ventana aún está cerrada. Dejo la manzana encima de su mesita de noche para abrir la persiana de par en par, haciendo que toda la habitación se ilumine por completo.
— Uhmmmmmm — Gruñe, y seguidamente se mete debajo de su almohada
— ¡Rikki! — Le llamo, pero ella no da señales de vida — Está bien… como tú prefieras — digo por lo bajo para que no me escuche. Miro su móvil que está tirado por el suelo, junto a su ropa. Lo cojo y pongo el menú multimedia, sin dudarlo, le doy al play en la canción que tiene como tono de llamada.
— ¡Rikki!¡Es el rubio de la discoteca!¡Te está llamando! — Quedo mirando como mi mejor amiga ya se ha levantado y está buscando su móvil desesperadamente. Carraspeo, y ella levanta la cabeza del suelo para observar que el móvil lo tengo yo en la mano.
— ¿Acaso le diste el número de teléfono? — Pregunto. Se queda pensando durante unos segundos, para finalmente reaccionar y tirarme encima de su cama
— ¡Te aseguro que vas a morir! — Grita. No me da tiempo a decir absolutamente nada, puesto que cuando voy a hablar ella se tira encima de mí, pegándome ligeros puñetazos por todo el cuerpo.
— ¡Para, para! — Intento decir mientras no puedo parar de reír — En serio, tengo que hablar contigo — ella para durante un segundo, pero aún no se ha quitado de encima — Es importante...— en menos de un segundo mi mejor amiga ya se ha sentado en un rincón de su cama, dispuesta a escucharme — Bueno...ayer noche…
— ¡Espera! — me interrumpe — ¡Te tiraste al amigo de Niall! — Niego con la cabeza — ¿Pero no os fuisteis a la sala?
— Déjame acabar — asiente con la cabeza mientras me mira atónita. — Bueno, como contaba… me metí con él en la sala, pero no me lo tiré.
— Osea… que os metisteis en la sala porque lo único que necesitaba era que... Bueno, ya sabes… se la…
— ¡Cállate! — Ella comienza a reír escandalosamente — Rikki joder, que no hicimos nada — la sonrisa de mi mejor amiga se esfuma de repente por completo.
— ¿Nada? — repite mientras abre los ojos como platos — ¿Cómo?¿Por qué?
— No, absolutamente nada — hago una pausa para coger aire — A ver… íbamos con esas intenciones, pero cuando le toqué ahí abajo... ya sabes… se levantó como si estuviera asustado, y se fue, así sin más.
Rikki iba a decir algo, pero el sonido de un teléfono le cortó la palabra
— ¿Es el tuyo? — le pregunto. Ella niega con la cabeza mientras me enseña su móvil — Pero mi móvil no tiene ese tono de llamada. — digo yo.
— A lo mejor se te cambió solo… ¡Corre que colgarán! — Me levanto corriendo de la cama y llego a mi habitación, donde comienzo a remover toda la ropa que hay en el escritorio. Finalmente lo encuentro, pero quedo mirándolo detenidamente. ¿Seguro que este es mi móvil?. Pienso antes de contestar. Número desconocido. Genial.
• ¿Hola? — Pregunto. Escucho unos susurros tras el móvil cuando por fin, alguien se decide a hablar.
• ¿Eres Sam? — Su voz hace que todo mi cuerpo se vuelva a parar, como la última vez que la escuché. Trago saliva fuertemente. Por un momento la idea de colgarle me pasa por la cabeza, al fin y al cabo… ¿por qué tendría que contestarle?.
• Escucha… antes de nada, me gustaría pedirte perdón.
• ¿Perdón? — Pregunto sorprendida.
• Bueno… eso me gustaría hablarlo en persona, tengo tu móvil. — ¿Cómo? ¿Pretende que nos volvamos a ver? ¿Tiene mi móvil? ¿Alguien me explica lo que está pasando?
• ¿Mi móvil? — Pregunto nerviosa.
• Ayer con las prisas…me lo llevé.
— Normal, si no te hubieras ido tan disparado nada de esto tendría que haber sucedido.
• Nos vemos está tarde a las 5 en la puerta del Black Diamond, ¿vale?.
• Perfecto… — Voy a colgar, pero sigue hablando y me impide hacerlo. — Niall quiere ver a tú amiga, tráela.
• Me la iba a traer de todas formas — y dicho eso cuelgo el teléfono.
~*~
Aún no me creo nada de lo que va a pasar esta tarde, esto es una locura. Me llevo las manos a la cabeza y me tiro encima de mi cama mientras que la voz de mi mejor amiga, vuelve a invadir mis pensamientos.
— ¿Quién era? — Pregunta apoyándose en el marco de la puerta.
— Justin tiene mi teléfono, y este es el suyo. — Le contesto.
— ¿Quién es Justin? — Pregunta mientra se sienta en la cama.
— El de ayer noche — Ella va a hablar pero yo me adelanto — Niall quiere que vengas esta tarde conmigo.
— ¿Dónde tienes que ir tú está tarde?
— A que me de el móvil, y el rubio va a venir.
— ¡Ah no! ¡Ni de coña! — Se levanta de mi cama y va hacia la puerta — No pienso ir — Desaparece remugando de mi habitación.
Encima de tener que soportar al chico que ayer noche me dejó con un calentón del quince, tengo que convencer a mi mejor amiga para que me acompañe. No pensaba ir yo sola en busca del móvil perdido, y de todas maneras tenía que venir… pero hubiera sido más fácil no decirle a dónde vamos. Sam, no piensas. Después de ducharme tendré que arrodillarme delante de ella… ya estoy visualizando la situación. Hoy va a ser un día extremadamente largo.

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