lunes, 7 de mayo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 15}


El sol entra por mi ventana provocando que un intenso y fuerte dolor se apodere de mis ojos, para luego ir subiendo hasta mi cabeza. Uno de mis ojos se abre inconscientemente pero un segundo más tarde tengo que volver a cerrarlo. Volteo para que mi cara quede apoyada encima de mi esponjosa y suave almohada. Pero aún así no consigo coger el sueño, igual que anoche. Me costó demasiado dormirme, no podía parar de dar vueltas y más vueltas encima de la cama. Y cuando por fin parecía que conseguiría dormirme, resulta que me tengo que levantar porque anoche se me olvidó cerrar la persiana, y la luz que entra es demasiada para dejarme dormir. Me quedo sentando encima de la cama , observando mi habitación. La ropa de ayer noche está tirada por los suelos junto con el móvil. Y en ese instante me acuerdo del mensaje. Niall. Ayer noche me peleé con mi mejor amigo. Un montón de recuerdos invaden mis pensamientos, uno a uno, sin pausa. Me hacen recordar que ayer quedé como un completo imbécil delante de todas las personas que miraban. Recordando el sabor de sus labios, los labios de Sam, rosados y cálidos. Lo mal que se lo hice pasar a Brooke.
Me pongo en pie como un rayo y cojo mi teléfono, espero que todo esto haya sido un sueño. Aún cabe la posibilidad de que yo esto lo haya soñado… pero todas las esperanzas se me van al ver que mi amigo me ha contestado al mensaje.
• No te preocupes, quiero hablar contigo. Ven a mi casa en cuanto te despiertes
Una pequeña sonrisa surge en mis labios. Por lo que parece me ha perdonado, ahora mismo podré desahogarme con él, porque es lo que realmente necesito. Un hombro donde apoyarme… y puedo asegurar que aún no he encontrado un apoyo mejor que Niall.
|| Sam ||
Me levanto de la cama con total desgana. Ayer fue un día demasiado largo, tan largo que diría que hubiera sido mejor si no me hubiera levantado. John acaba de llamarme, tengo que verle con urgencia, tanta que me obliga a salir de casa sin ni siquiera darme tiempo para que me maquille un poco. Dice que tiene que comentarme unos asuntos del Black Diamond, pero yo sé que no puede ser nada bueno. Normalmente suele llamar a Rikki para estos temas. ¿Por qué me ha llamado a mí esta vez? Sinceramente, desconozco la respuesta.
Hoy he decidido vestirme de la forma más sencilla posible, no quiero llamar la atención. Nunca me ha gustado que los tíos me miren de esa manera. Llega a cansar. He optado por ponerme unos pitillos con una camiseta rosa normal y corriente. Eso sí, estoy dudosa sobre cómo llevar el pelo. No sé si hacerme una coleta o dejarlo suelto. De momento creo que lo dejaré así. Sonrío antes de alejarme del espejo y voy directa al cuarto de Rikki , donde cojo un bolígrafo y con un papel para dejarle una nota. No quiero que se preocupe.
‘’Voy a dar una vuelta, no comeré en casa, te quiero’’·
Tampoco es necesario darle demasiadas explicaciones. Ella sabe que yo soy así, no me gusta demasiado que me controlen.
Cuando voy bajando las escaleras, veo al amigo de Justin, Niall. Está lejos y por un momento me cuesta reconocerle, pero sus peculiares zapatos incluidos con el movimiento de piernas que siempre suele hacer cuando está nervioso, me dan a entender que sí que es él, y que está aquí por Rikki. Al menos ellos se llevan bien. Yo con Justin… bueno, mejor no pensar en el tema. El caso es que tengo que ir a hacer uno de los trabajos sucios de John. A cambio él nos dará noches libres para que no tengamos que trabajar en el Black Diamond. Parece un precio justo.
No le quiero decir nada de esto a Rikki, estoy segura de que si se entera de que tengo que ir a ver a un hombre para que me dé unos kilos de droga para John, no me dejaría ir sola. Y yo soy lo suficiente mayorcita como para hacerlo sin la ayuda de nadie.
|| Justin ||
La madre de Niall, como siempre, me abre la puerta con una sonrisa en la cara. Ella siempre ha creído que los dos llevamos una buena conducta, y que somos casi iguales a dos chicos perfectos. Mamá también piensa lo mismo. Siempre nos han querido llevar por su terreno. No son malas madres, sino todo lo contrario. Se preocupan por nosotros y se encargan de guiarnos por el camino correcto. Y posiblemente ese sea su único error. Ambos somos hijos únicos, y tienen tanto miedo a perdernos que nos controlan demasiado. Tanto él como yo somos mayores de edad, tenemos edad suficiente para saber lo que hacemos y con quién lo hacemos. Tienen que dejar que nos equivoquemos, que aprendamos de nuestros propios errores. Es la única forma de avanzar en la vida.
— ¿Cómo va todo, Justin? — Me pregunta. Yo le sonrío lo más simpático que puedo, ahora mismo no tengo ganas de hablar con Maura. Tengo que hablar con Niall cuanto antes.
— Todo bien, como siempre. — Aclaro. Ella va a responderme, pero me adelanto para dejarla con la palabra en la boca. — Niall está arriba, ¿verdad?
— Así es — responde.
Posiblemente haya parecido un poco maleducado, o algo por el estilo, pero de verdad que necesito hablar con Niall. La puerta de su habitación, como siempre, está cerrada. Así que sin previo aviso entro en su habitación como si se tratara de la mía. Él está sentado en su cama, escuchando música del Ipod. Cierro la puerta haciendo un poco de ruido para que se dé cuenta de que no está solo en la habitación. Pero el intento ha sido fallido. Está tan metido en su mundo que ahora mismo podrían venir cuatro marcianos del espacio dispuestos a abducirlo, que él seguiría sin enterarse. Muchas veces me ha pasado esto, la música. Es una de tus mejores amigas. Algunas canciones expresan más que cualquier otro arte, y lo más importante de todo es que te hacen volar. Tocar el cielo con la punta de tus dedos. Te hacen sentir, puesto que muchas veces lloras de lo identificado que te sientes con esa letra. Y muchas veces te hace sonreír. Sonreír porque algún recuerdo ha entrado en tu cabeza y entonces, eres feliz. Y posiblemente todo esto es lo que le este pasando a mi mejor amigo ahora mismo. Preferiría no tener que molestarle ahora, pero es lo que tengo que hacer. Me siento en frente de la cama para captar su atención. Y ahora sí, hace un pequeño movimiento con la cabeza y pone cara de sorprendido. Parece asustado. Lo que yo decía, estaba en su mundo.
— ¿Cuándo has entrado? — Me pregunta. Aún tiene cara de subnormal.
— Hace unos minutos — Le sonrío. El gira la cabeza, aún parece estar algo molesto. Y lo entiendo, ataqué por donde más le dolía. Soy el único que sabe el problema que tiene, soy el único que sabe como se siente cada vez que se pone así. Tendría que haberle prestado más atención.
— Lo siento, Niall… no sabes cuánto — Me disculpo. Él vuelve a mirarme con cara de sorpresa. Pocas veces le he pedido perdón a él, en realidad no suelo pedirlo nunca. O al menos, no de forma tan directa. Siempre que me he disculpado con alguien ha sido por algo forzado, o porque de verdad me arrepentía. Soy orgulloso, realmente orgulloso.
— ¿Me estás pidiendo perdón? — Yo asiento. — ¿Eres Justin? ¿Justin Bieber? ¿Pedirme perdón? ¿Tú a mí? — Suelta una carcajada irónica un tanto nerviosa y yo por dentro me estoy muriendo de la risa. Su cara es muy divertida, esto tendría que haberlo hecho mucho antes.
— Oh, venga, no me hagas volver a repetirlo… — Me abraza. Tan fuerte que puedo sentir su corazón palpitando contra mi pecho. Le va a mil por hora, tal vez… y sólo tal vez esté pensando en Natalie, o en la chica del Black Diamond, Rikki.
— ¿Sabes? — Dice mientras se separa. — Deberías ir a hablar con Sam — Me quedo congelado, como si algo se accionara en mi interior. Sam. Sus besos. Sus caderas. Su sonrisa. Sus ojos. Su boca. Sus manos. Su olor. Sam. Ella entera. Perfecta. Hermosa. Coqueta. Traviesa. Adictiva. Droga. Mi droga. Mi perdición. Perder. Brooke. Bar. Ridículo. Destrozado. Todo se vuelve negro, tan negro que ahora mismo no se ni dónde estoy.
— ¿Justin? — La voz de mi mejor amigo me hace volver en mí. ¿De verdad piensa que voy a ir a hablar con ella? Si ya me ha costado pedirle perdón a él, que es como mi hermano, ni loco podría pedirle perdón a ella. Y todavía más sabiendo el tipo de chica que es. En todo caso tendría que pedírmelo ella, pero de todas formas prefiero que no me lo pida. Tengo que sacarla de mi vida, y cuando antes mejor.
— Ni de coña — Responfo. Niall hace una mueca extraña con la boca. Posiblemente esté pensado en algo que contestarme, o quizá piense que tengo razón, o que me estoy equivocando. Quién sabe…
— Justin… Entiéndela también a ella. No hace falta conocerla demasiado para imaginar cómo se debió sentir. Usada como un trapo. — Vale, en eso tiene razón. Pero tampoco es lógico nada de esto. Si le ofende que los hombres la traten de esta forma no debería haber empezado a trabajar en ese lugar. Y por otra parte, ¿por qué la ha tomado sólo conmigo? Podría apostar mi vida a que no soy el único que lo ha hecho. Muchos otros van allí simplemente para disfrutar dentro de ellas. Sólo para usarlas como un objeto. Lo único que a ella debería preocuparle es que al final de la noche le den su dinero.
— No tiene sentido — contesto después de pensar en todo eso. — ¿Para qué se dedican a esto, Niall?. Todo el mundo las trata así. ¿No lo ves? — Él se queda callado durante unos segundos. Durante un momento creo verle con el ceño fruncido, quizá pensando en que Rikki se dedica a exactamente lo mismo que Sam. Y por algún motivo parece no gustarle demasiado esa idea.
— A pesar de eso, es una chica… entiende que tiene sentimientos. Y de todas formas, ella no conoce al resto de hombres. En cambio contigo supo para qué ibas allí, y eso le ofendió.
— Ya, se enteró por ti — espeto, atacándole. Se queda en silencio. En cierto modo Niall tiene razón, es normal que se sienta así… porque realmente iba a ser un segundo plato, un segundo plato para enseñarme cómo darle placer a Brooke. Pero lo que importa aquí es que sigo siendo virgen, he perdido a mi chica y mi vida se está arruinando por el echo de haber entrado en ese maldito bar.
— El caso es — vuelve a insistir — que por un motivo u otro lo saben, y tú deberías pedirle perdón — Me replica. — ¿Qué te cuesta? No vas a volver a verla más.
¿No voy a volver a verla más?
— Niall, yo no hice nada — Me quedo pensando. ¿O tal vez sí?
— No Justin, tú nunca haces nada… solamente la usaste y heriste su orgullo, pero no… tú nunca haces nada.
|| Sam ||
Aún no me puedo creer que esté caminando por la zona alta, la zona rica de la ciudad. Es todo tan perfecto… la luz del sol incluso se ve más brillante. Las personas no dejan de sonreír. Las chicas parecen modelos, con esas cabelleras tan largas, brillantes, aparentemente suaves. También ayuda la forma en que se visten. Y los chicos… me derrito cada vez que veo uno. Esos polos de marca que se les ajustan al pecho los hacen muy deseables. ¡Sam! -me digo a mi misma-. Tengo que dejar de pensar en esto ahora. Tengo que concentrarme. Giro una esquina y me encuentro con una urbanización. Un complejo con más casas lujosas, pero esta vez todavía más que las anteriores. Y esas ya me parecían insuperables. Según las indicaciones de John esto tendría que estar unos dos kilómetros más lejos, pasado este complejo de casas. Sí… me voy a morir caminando. Observo cada una de esas lujosas viviendas y me imagino tener una vida como la de las personas que viven ahí. Tener una vida donde todo sea perfecto. Donde no tenga problemas. Donde todo sean sonrisas. Donde no tengas preocupaciones que te impidan vivir con normalidad. Y que nada ni nadie pueda cambiar eso, que nada pueda estropearte el día. Por que al fin y al cabo, ellos tienen una vida de cuento de hadas. Cuentos como los que me contaba mi madre Esos cuentos que siempre me hacían sonreír, en los que yo misma me imaginaba ser la protagonista de esa historia fantástica. Luego tocaba soñar con el príncipe azul, que venía a tu torre para rescatarte. Pero cuando creces te das cuenta de que la vida no es de color rosa, que tienes problemas, demasiados problemas. Y también te das cuenta de que vas a tener que aprender a vivir con ellos, porque ningún príncipe va a aparecer de la nada montado sobre su caballo blanco, dispuesto a salvarte. Incluso hay veces en las que miras hacia atrás, reflexionando sobre todo lo que has hecho a lo largo de tu vida, y deseas no haber nacido. ¿Por qué tienes que estar tú aquí? ¿Qué papel tienes? ¿El de sufrir? Pues para eso… mejor no haber llegado nunca a este mundo. Cuando eres pequeña deseas crecer, ser mayor para poder independizarte y vivir tu vida. Y cuando por fin lo consigues, te das cuenta de que todo es mucho más fácil cuando eres una niña pequeña e inocente, y deseas volver a serlo. Es irónico, y puede que un tanto egoísta. Las personas siempre deseamos lo que no podemos tener.
— ¿Sam? ¿eres tú? — Su voz. Podría saber que es de él incluso con miles de motores ruidosos encendidos a mi alrededor. Es esa misma voz que me dejó hipnotizada la primera vez que la escuché. Su voz grave y sexy que me hace tocar el cielo con las manos. ¿Sam? ¿qué clase de cursiladas estás diciendo ahora?.
Justin. Él es el único que me hace sentir eso. Aunque aún no entienda el porqué.

•Black Diamond• {Capítulo 14}


Se agacha para poder limpiar los bajos de la televisión, e inmediatamente yo siento ese calor que siempre suele acompañar mis mejillas cuando estoy con alguna chica… cuando estoy con ella. Al estar justo delante de mí, agachada, y con esos pantalones anchos tan excesivamente cortos me deja una vista demasiado buena de su trasero. Horan, no seas pervertido y baja la mirada. Ahora. Ya mismo.
¿Por qué no la apartas? Mira hacia el suelo, vamos, no tendrías que tener la vista tan fija ahí. ¡Niall! ¡Deja ya de mirarla!
— Eh bueno, más que para eso yo… — suspiro. ¡Odio esto! No me gusta quedarme sin palabras, es incómodo, raro, ridículo.
— Oh, entonces no querías verme… — voltea y me mira con triste, como una niña que se ha quedado sin caramelos. Y me da la impresión de que yo soy su caramelo. No puedo evitar carcajear, siempre consigue transformar lo que digo de forma que interpreta un significado completamente diferente al que de verdad .
— Tampoco he dicho eso. — se gira y yo le sonrío. Se muerde el labio y también me sonríe.
— Entonces eso significa que has venido a buscarme. — se acerca y me coge de la mano, obligándome a levantarme del sofá. Con el impulso quedo muy cerca de ella, casi pegados, sintiendo su aliento en mi cara cuando vuelve a sonreír. Me parece ver cómo mira mis labios de forma fugaz, volviendo rápidamente a mis ojos. Yo me siento tentado de mirar los suyos pero me resisto a hacerlo, no quiero que se haga una idea equivocada de mis intenciones con ella. Yo… no estoy interesado en… en eso que Justin quería hacer con Sam.
— Espérame cinco minutos, voy a cambiarme.
Se separa de mí y desaparece por el pasillo. Echo una mirada a mi alrededor y vuelvo a sentarme en el sofá. Saco el móvil para distraerme, pero mantengo la mirada fija en la pantalla negra. ¿Ha dicho que la espere? Voy a volver a pasar el día con ella… sonrío ante la idea. Me sienta bien quedar con ella porque durante el rato que estoy a su lado me siento relajado. No me hace falta preocuparme sobre lo que opinaría mamá porque ella no sabe nada de esto, ni tampoco tengo la sensación de que Justin es el centro de atención, porque estamos los dos solos. Lo que no sé a dónde vamos a ir. Podría llevarla a comer a algún lugar de mi barrio… pero ¿y si alguien nos ve? No quiero que nadie malinterprete nada.
Ha acertado al decir que tan sólo tardaba cinco minutos, porque no tarda en aparecer otra vez por la puerta del pasillo. Una blusa rosa ancha y unos vaqueros oscuros cubren su cuerpo. Su pelo recogido en una larga cola de caballo se mueve al ritmo de sus pasos.
— ¿Te dan miedo las alturas? — abre la puerta y juntos salimos de la casa. Me mira expectante por mi respuesta.
— Pues no… al menos eso creo. — ¿A qué viene esto? Supongo que no lo preguntará porque vayamos a dar una vuelta en globo aerostático. O al menos, eso espero.
— Me apetecía ir al parque de atracciones, y ya que Sam tenía cosas que hacer hoy, me has venido perfecto. — coge mi mano y tira de mí para bajar las escaleras. Las baja a toda prisa, feliz, una niña contenta. Y es que la mayoría del tiempo lo parece, una niña alegre y risueña, inocente que no para de sonreírle a la vida. Nadie diría que por las noches tiene que convertirse en alguien completamente diferente por culpa del trabajo que tiene. Quizá si yo hablara con mi padre podría conseguirle cualquier otro tipo de trabajo. Secretaria de su empresa… o algo así. Aunque no me la imagino con una de esas faldas largas de seda que llevan las empleadas de papá. Aunque por otra parte no tengo que imaginarme nada, yo no soy su rescatador ni nada parecido. No tengo nada que ver con ella, no puedo ni debo intentar cambiar su vida. Yo tan sólo soy su acompañante al parque de atracciones porque su mejor amiga está ocupada. Ya está, sólo eso.
• Rikki •
Creo que le gusta que le coja de la mano, porque de momento no ha hecho ningún esfuerzo por soltarse. El parque de atracciones no queda demasiado lejos de casa, y me apetece dar un paseo con él. Hablar de algo, que me cuente cosas. Me gustaría ganarme su confianza antes de nada, parece un chico interesante, lástima que él no lo crea así. Por el poco tiempo que llevo conociéndole he podido notar perfectamente que le sobra inseguridad, y le falta muchísima confianza en sí mismo. Quizá porque está acostumbrado a pasar desapercibido, o quizá porque nunca ha tenido la oportunidad de demostrarle a nadie como es realmente. Sólo parece tranquilo cuando está con Justin, y no sé por qué yo quiero que eso cambie. Y sé que le gusta pasar tiempo conmigo porque ahora me está sonriendo, y no es una sonrisa forzada, ni incómoda, sino natural. Antes me he agachado apropósito para fijarme en su reacción, y le ha costado apartar la mirada de mí. Le atraigo y él me atrae a mí, mucho además, así que todo es cuestión de tiempo.
— ¿Tienes novia? — el silencio estaba comenzando a ser un poco incómodo para mí, y aunque sé la respuesta a esa pregunta, quiero que me responda él.
— No… ¿y tú tienes novio? — Intento contener una carcajada y él se sonroja, mirando al suelo al darse cuenta de la estupidez que ha preguntado. Está claro que si tuviera novio no podría estar trabajando en un lugar como el Black Diamond.
— Algún día… — suspiro — cuando termine la carrera me casaré y tendré hijos, muchos hijos.
— Eso estaría bien.
— ¿No te gusta ninguna chica? — intenta esquivar mi pregunta mirando al frente, donde ya puede verse la enorme noria y otras atracciones también altas, entre ellas una montaña rusa en la que no puedo esperar para montarme.
— No, de momento no me gusta nadie.
‘’Eso no será por mucho tiempo’’ pienso. Sonrío para mis adentros y acelero un poco el paso a medida que nos vamos acercando. No sé si me ha dicho la verdad cuando le he preguntado si le daban miedo las alturas, porque le observo y tiene la mirada clavada en la montaña rusa, y traga saliva sonoramente.
— Vamos, Nialler, no me dirás ahora que te da miedo. — le suelto de forma burlona. Él me mira e intenta parecer un tipo duro.
— Yo no le tengo miedo a nada. Podría subirme ahora mismo si quisiera.
|| Narrador ||
Él tenía claro que no iba a quedar como un cobarde delante de ella.
— ¿En serio? ¡Entonces vamos! — grita ella, y volviendo a estirarle como antes, comienza a arrastrarlo hacia la enorme atracción. Él la sigue desconcertado, para nada se esperaba que ella quisiera subirse en esa monstruosa máquina de metal. Él esperaba que fuera ella la que tuviera miedo. Traga saliva mientras ve como los vagones pasan por delante de él, y observa las caras con expresiones de miedo y adrenalina de las personas que están sentadas en él. Se imagina a sí mismo subido ahí y su estómago comienza a dar vueltas.
— ¿No prefieres que nos subamos en algo más flojito antes? Ya sabes, para empezar suave… — le susurra. Ella vuelve a hacerle la misma burla de antes, incitándolo a subirse aunque tan sólo sea para impresionarla. Aunque sin duda el que no deja de impresionarse es él, conociendo un poco más a esa particular chica. Y por el momento, le gusta todo lo que va sabiendo de ella.
Rikki se apresura a la cabina para comprar dos tickets pero él no le permite pagar. De nuevo ella refunfuña mientras guarda su cartera, prometiéndole que la próxima vez será ella la que pague, sin ningún tipo de discusión. Él accede para volver a verla sonreír de satisfacción.
Toman sus asientos en la montaña rusa, en un vagón para cuatro personas. Ella no suelta para nada la mano de Niall, y una vez sentados se dan cuenta de que delante tienen a una pareja de jóvenes enamorados que no paran de besarse y acariciarse. Rikki suspira, sabe que estar así con un chico es lo más hermoso que te puede pasar. Estar perdidamente enamorada de alguien, querer estar a su lado todo el tiempo y que no te importe el resto del mundo con tal de que él esté contigo. Mira de reojo a Niall y se da cuenta de que él también los está mirando, quizá piense en lo mismo… o quizá le moleste que se estén besando durante tanto rato delante suya.
Suena una bocina parecida a la del claxon de un coche que anuncia que la atracción está apunta de ponerse en marcha. Se escuchan unos ruidos y el vagón comienza a moverse ligeramente, cosa que hace que el rubio se agarre fuertemente a las protecciones que lo sujetan, tensándose y apretando la mano de Rikki.
Ella carcajea al ver el pánico reflejado en su cara. El vagón comienza a subir por una empinada rampa que parece no terminar nunca. Rikki mueve las piernas emocionada, sobretodo porque no puede esperar a ver la reacción de Niall, que ahora cierra fuertemente los ojos, inspira y expira muy rápidamente, casi híperventilando.
Una vez que llegan al final de la cuesta, vuelven a incorporarse, quedándose completamente derechos a unos veinte o treinta metros de altura. Rikki escucha a Niall susurrar algo cuando el chico mira hacia abajo.
— Tranquilo, Nialler. — le susurra ella también, lo más cerca que las protecciones le permiten — será mejor si no miras abajo.
Casi no le da tiempo a acabar la frase cuando el vagón comienza a caer en picado, haciendo que los estómagos de todos los pasajeros no dejen de dar vueltas. Después de la caída el vagón se introduce en un túnel oscuro, donde nadie puede ver nada y donde sólo se escuchan los agudos chillidos. Parece que dan unas cuantas vueltas con la cabeza al revés, pero al estar oscuro no se sabe con certeza. Vuelven a salir a la luz y comienza un circuito con curvas en las que parece que el vagón va a salirse de las vías. Niall siente que sus manos no van a ser capaces de reaccionar cuando quiera despegarlas de la barra protectora, a causa de lo fuerte que la está agarrando. Rikki no puede parar de reír y se siente bien al sentir como el viento golpea su cara a causa de la velocidad. Otra curva. De nuevo bocabajo. Risas y gritos, diversión y miedo al mismo tiempo. Adrenalina. Adrenalina pura y dura. Energía. Más risas. Alguna que otra sensación de mareo y el vagón se detiene en seco, manteniéndolos a todos al revés. Niall siente como el desayuno está intentando volver a salir de nuevo cuando vuelven a ponerse en marcha, esta vez hacia atrás. Se detiene otra vez cuando llegan al túnel de antes, y Rikki aprovecha para alzar la mano de Niall y besarla. Está demasiado tenso, y a pesar de que es el único de todos que no ha gritado ni una sola vez, se nota que es el que peor lo pasa.
‘’Ya termina’’ escucha el rubio. Ella está tratando de calmarle cuando la atracción se mueve de nuevo, a una velocidad muchísimo mayor, para terminar el recorrido y volver a detenerse en el mismo lugar donde empezó.
Todos los pasajeros suspiran de alivio al saber que esa pequeña tortura ya se ha terminado. Niall se deshace de las protecciones lo más rápido que puede y se apresura a bajar de la montaña rusa, alejándose unos cuantos metros y apoyándose en una pared, con la cabeza hacia arriba.
— ¡Niall! ¿Estás bien? — Rikki corre hacia él. Le divierte todo esto pero al mismo tiempo está asustada. Él está blanco como la leche, parece como si en cualquier momento fuera a desmayarse.
— No me vuelvas a dejar montarme en un sitio así… — consigue articular. Ella sonríe y le besa la mejilla durante un largo rato. Él sonríe ante su inesperada reacción y disfruta de la sensación de tener sus labios en su mejilla. Ella lo ha hecho porque desde un principio sabía que Niall tan sólo se estaba montando ahí para no quedar mal delante de ella, y se lo agradece porque así no ha tenido que montar sola. Siempre es más divertido cuando vas con alguien de confianza.
— Oye… no querrás montarte en ningún sitio más… ¿no? — pregunta esperanzado de que la respuesta sea no. Ella ríe y cuelga los brazos del cuello de Niall. A él le gusta que ella sea tan espontánea, besando su mejilla, a veces incluso el cuello, tomándole de la mano cuando caminan por la calle, como si fueran algo más que conocidos.
— No… — carcajea — en realidad ahora me apetece comer un perrito caliente con una ración de patatas. ¿Te apetece eso?
— Ya estamos tardando.
~*~
Después de casi cuatro horas más paseando por el parque, riendo, montando en algún sitio más en incluso comiendo patatillas, llega la hora de que ella se marche a casa. Según me ha dicho tiene que ir a trabajar esta noche, y necesita su tiempo para prepararse. Yo no quiero que se termine. Creo que puedo decir que es mi amiga y lo paso realmente bien con ella, sobretodo porque ya consigo no sonrojarme con cada palabra que dice. Eso es una ventaja porque supongo que significa que tengo más confianza en mi mismo… cuando dice algo con doble sentido sé responderle de la misma forma, aunque no tan descarado. Y me ha sorprendido mucho saber que adora la comida tanto como yo. Verla comer el perrito caliente en menos de dos minutos ha sido lo mejor del día. Por lo que veo hacía tiempo que no comía uno de esos… y esta vez si que no he podido negarme a que pagara ella, pero no me ha hecho del todo gracia.
Llegamos a su portal, y la timidez vuelve a mí a la hora de despedirnos. ¿Le doy un abrazo? ¿un beso en la mejilla? ¿un simple ‘’adiós, ya nos veremos’’?
— Dame tu número, rubito. — me pide.
— ¿Para qué?
— Tú tienes el mío, es justo que yo tenga el tuyo, ¿no? — contesta sonriendo como si fuera lo más obvio del mundo. Se lo doy y ella lo apunta en su móvil, repitiendo uno a uno todos los números que digo mientras conserva esa sonrisa.
— ¿Me vas a llamar? — le pregunto. Intento sonar tranquilo y creo que lo consigo.
— Quién sabe… igual el destino hace que nos volvamos a encontrar sin tener que llamarte. — dice — pero si no, ya me encargaré yo de que nos volvamos a encontrar.
Se acerca a mí y yo abro los brazos dispuesto a darle un abrazo, porque eso es lo que creo que va a hacer. Pero en lugar de eso junta sus labios con los míos con un rápido movimiento, un simple roce que casi no me da tiempo a percibir porque ya se ha apartado. Sube las escaleras a toda velocidad y la escucho reír cuando desaparece por el primer piso. ¿Beso? No… esto no se puede considerar un beso. Apuesto a que para ella un beso de verdad no tiene nada, pero nada que ver con esto.

•Black Diamond• {Capítulo 13}


No pienso responderle al mensaje. Al menos no hoy, dejaré que sufra durante un par de horas. Admito que no acerté al contárselo a Rikki, pero él tampoco fue justo al echarme en cara que no fui capaz de mantener a Natalie a mi lado. Aunque de todas formas no me apetece pensar en eso, no por ahora.
Pienso en lo que ocurrió en su cita. Sin duda una noche entretenida. Bueno, en el fondo creo que él se merecía que le pasara algo así. Yo le advertí que con estas cosas no podía jugar de esta forma, y me alegro de haber tenido razón.
Pero supongo que Justin también tenía razón al decirme que mejor que no le contara nada a nadie, era demasiado fácil que llegara a oídos de Brooke, y aunque ahora no sabe nada del verdadero motivo por el que conocemos a esas chicas, pronto terminará sabiéndolo. Pero yo no le hice caso. Por algún motivo que ahora no consigo recordar, pensé que no iba a suponer ningún problema que Rikki lo supiera. Me olvidé de que es una chica, y que las chicas son cotillas por naturaleza. Y yo me comporté como un niño pequeño, ingenuo e iluso. Cuando los niños se conocen en el jardín de infancia, tan sólo necesitan dos minutos juntos para convertirse en los mejores amigos del mundo, e inmediatamente confían los unos en los otros para contarse secretos. Y yo fui así con ella. Porque los únicos ratos que hemos pasado juntos han sido dos, uno de ellos, el primero, demasiado incómodo y vergonzoso. Y a pesar de que el haber pasado la tarde con ella me hizo verla de otra forma, ahora me doy cuenta de que calladito estoy más guapo. ¿Qué esperabas, Niall? Era evidente que no iba a callarse. Siendo sincero, yo tampoco me habría callado si esto hubiera sido al revés, y fuera Sam la que hubiera utilizado a Justin. Pero una vez más, creo que tiene razón mamá. Puede que tenga dieciocho años y que no me quede demasiado para cumplir los diecinueve, pero en el fondo sigo siendo un niño pequeño. Y quiero que eso cambie… el problema es que no sé cómo.
Una solución podría ser llamarla y hacer que se disculpe conmigo. Conmigo y con Justin, sobretodo con Justin. En realidad a mí no me ha hecho nada… tan sólo provocar que mi mejor amigo tenga ganas de matarme. Casi nada.
El problema es que yo, tan inteligente como siempre, me deshice de su número de teléfono al volver de la playa. Creía que no lo iba a necesitar más, pero está claro que es verdad eso que dicen, que cuando te hayas deshecho de una cosa porque crees que es inútil, es cuando le encuentras la utilidad. Pero rebuscar entre la basura no es uno de mis propósitos esta tarde… así que opto por emprender un paseo hasta su barrio. Me dirijo con un paso algo rápido al mismo lugar al que fuimos Justin y yo la otra vez, cuando quedamos con ellas. Supongo que siguiendo el mismo camino que ellas hicieron para venir hasta nosotros, encontraré su casa y podré hablar con ella. O, de todas formas, seguro que si le pregunte a cualquier hombre que pase por ahí sabe decirme donde viven. Dos chicas como ellas no podrían pasar desapercibidas.
Una vez que llego al muro donde estuvimos esperando la otra vez, me fijo en la calle que tengo delante. Ellas aparecieron al torcer esa esquina, así que supongo que su casa debe de estar por los alrededores.
Vuelvo a caminar otra vez, y me encuentro a un vagabundo sentado en el suelo, pidiendo algo de limosna para poder comprar comida, o quién sabe qué. Si te paras a pensarlo es injusto que todo esté tan mal repartido. Unos tanto y otros tan poco… Sin duda no es para nada, pero para nada justo. Al pasar justo por delante, me detengo enfrente de él y sin pensármelo demasiado deposito cinco libras dentro de la mugrienta gorra que sostiene en su débil brazo. Seguramente estará acostumbrado a que la gente le deje los míseros centavos que tienen sueltos por la cartera, porque al darse cuenta del dinero que le acabo de dejar, levanta la vista y me sonríe tiernamente. Le devuelvo la sonrisa intentando disimular las sensaciones desagradables que me produce su sonrisa. El pobre tan sólo tiene tres dientes, dos de ellos negros. Aparto la mirada y sigo mi camino, girando la esquina que marca el final de la calle.
Finalmente me detengo delante de un edificio antiguo, con una fachada que debería ser blanca pero que comienza a ser marrón a causa del desgaste de la pintura. Imagino que este debe de ser el piso donde viven, porque el resto de edificios que hay por aquí son almacenes, la mayoría abandonados.
Me detengo frente al portal, y observo la escalera desde fuera. Se notan los años que ese edificio lleva ahí situado, ya que las escaleras son de madera, algunas algo carcomidas. Parecen las típicas escaleras crujientes de las películas de terror. Pienso en mamá, si ella viera esto no podría evitar traerse todos sus productos de limpieza para dejar este portal como una patena. Pero una vez más, eso tampoco sería justo. Está claro que mi familia y yo no estamos en las mismas condiciones que ellas.
Me doy cuenta de que parezco un auténtico imbécil parado delante del portal sin decidirme a entrar. Y justo cuando voy a hacerlo escucho el sonido de unos pasos bajando por las escaleras. Mierda ¿qué hago? ¿y si es ella?
Me aparto rápidamente de la entrada y me escondo detrás de un poste eléctrico que hay a unos dos metros de allí. Parezco un niño pequeño escondiéndose de un monstruo, sólo que ahora no es ningún monstruo. Levanto la mirada, y creo reconocer a Sam saliendo del piso. Suspiro, menos mal que está yéndose por la dirección contraria a la que estoy yo.
Una vez que está lo suficientemente alejada como para verme salgo de mi ridículo escondite y vuelvo al portal. ¿Qué ha sido eso? ¿Por qué he tenido que esconderme? Esto demuestra lo patético que soy, y es que no sé por qué pero no me gustaría que nadie me viera aquí.
Pronto me doy cuenta de que parezco un imbécil reflexionando sobre tonterías delante de un portal, sin decidirme a entrar o a marcharme. Pero he llegado hasta aquí y ahora no voy a irme, total, sólo vengo a hablar con Rikki, no es nada importante.
Suspiro y entro. La débil bombilla que cuelga de unos cables que salen del techo es suficiente para iluminarme bien las escaleras. A medida que subo me fijo en las agrietadas paredes. ¿Habrá alguien más que viva aquí?
Paso la primera planta y veo dos puertas de madera antigua. A juzgar por el óxido de las cerraduras, parece que llevan años sin abrirse. Desde luego no parece un edificio demasiado seguro, da la impresión de que en cualquier momento podría derrumbarse. Sigo subiendo los escalones lo más pegado a la pared que puedo, pero sin rozarla. Sonaré algo repelente pero no me gustaría ensuciarme el polo.
Pero espera… ¿a dónde voy? Sé que este es el lugar donde viven pero no sé cuál es su piso, y me niego a ir tocando uno por uno hasta que me abra ella. Aunque por otra parte no creo que me fueran a abrir en ninguna otra vivienda, todas parecen vacías, no se escuchan voces detrás de ninguna puerta. En el segundo piso me encuentro delante de dos puertas más de madera. Llego a la conclusión de que tiene que ser una de esas dos, porque echando un vistazo hacia arriba, veo que las escaleras que siguen subiendo conducen a la puerta de la azotea. Suspiro y vuelvo la vista a las dos puertas. Supongo que la solución será elegir una y tocar, a ver quién sale. Me acerco a la de la derecha dispuesto a tocar, pero justo entonces llega a mis oídos una música que proviene de la casa de la izquierda. Imagino que debe ser ella, Rikki, porque esa canción se parece a las que suelen poner en el Black Diamond.
Un escalofrío recorre mi cuerpo cuando toco el timbre, y casi puedo oír los latidos de mi corazón, que amenaza con salirse de mi pecho. Se escuchan los ruidos de la cerradura y seguidamente se abre la puerta. Aparece una Rikki alegre, sonriendo y moviéndose todavía al ritmo de la canción que acaba de quitar para abrirme la puerta. En menos de medio segundo he comprobado que su camiseta de tirantes deja ver la mitad de su barriga, del obligo hacia abajo. Y que los minipantalones de chándal que lleva también dejan al descubierto sus largas piernas. También me fijo en que va descalza, y que sujeta un trapo blanco en la mano.
— ¿Niall? — Sonríe pero al mismo tiempo frunce el ceño, sin entender qué hago en su casa. Y ahora que lo pienso me doy cuenta de que no tenía que haber venido. — Pasa, no te quedes ahí.
Abre un poco más la puerta y yo asiento. La obedezco y entro en su casa, pudiendo ver que el orden no es una de sus virtudes, pero al menos está todo limpio.
— ¿Qué haces aquí? — pregunta extrañada. Deja el trapo sobre una mesa y se acerca a mí.
— ¿Te molesto?
— ¡Claro que no! — responde enérgica y vuelve a sonreír. — Sólo estaba limpiando, pero supongo que podré hacerlo más tarde. — Yo sonrío. — Siéntate.
Señala el sofá y rápidamente se acerca para retirar unas cuantas camisetas y pantalones que están tirados sobre él. Vuelvo a obedecerla y ella se sienta a mi lado. Odio esto, odio no saber qué decir ni tampoco la forma en la que decirlo. Parezco algo gilipollas.
— Yo quiero hablar contigo, Rikki. — digo por fin lo más serio que puedo. No estoy enfadado pero al menos quiero aparentar estarlo un poco. Ella ríe, y por un momento estoy apunto de sonreír. Me gusta su vitalidad, parece que siempre está contenta.
— Hablas como si se hubiera muerto alguien — contesta divertida. ‘’No, pero el que ha estado apunto de morir he sido yo’’, pienso. Me mira a los ojos y observa que mi expresión es algo más seria, y se calma un poco dejando de sonreír tanto, pero aún conservando una expresión algo alegre.
— ¿Por qué hicisteis eso Sam y tú? — decido ir directo al grano, porque me conozco, y el hecho de tenerla delante me pone tan nervioso que si empiezo a andarme por las ramas no terminaré nunca. Ella está a punto de hablar pero no la dejo. — Era una cita importante para Justin, le gusta mucho Brooke, ¿sabes?
— Y entonces si tanto le gusta, ¿por qué quería tirarse a Sam? — responde. Ahí me ha pillado y no sé qué decir, básicamente porque tiene razón. — Mira, Nialler… — se acomoda todavía más y coloca una mano en mi muslo. Algo se activa dentro de mí. — Yo no tengo nada que ver con las historias de Sam y tu amiguito, ¿sabes? Yo sólo la ayudé. Si has venido para echarme una charla como si fueras mi padre, mejor vete. — Se levanta, coge el trapo y comienza a limpiar la pantalla del televisor. Mierda. Yo no quiero que esté enfadada conmigo.
— Yo no he venido para comportarme como tu padre… — musito.
— Ah, entonces supongo que habrás venido para verme a mí. — responde divertida. Escucho unas carcajadas silenciosas provenientes de ella. Yo sonrío también y miro al suelo. No sé cómo pero siempre termina poniéndome más nervioso de lo que en realidad estoy… y eso no es del todo bueno.

•Black Diamond• {Capítulo 12}


Llevo más de una hora andando. Recordando todo lo que ha pasado en ese restaurante, lo patético que soy ahora mismo. Lo peor de todo Justin, es que no te has sabido defender.
¿Por qué no has dicho nada? aunque bueno, tampoco había mucho que decir. Si lo pensamos de ese modo, la hubiera cagado más. Lo único que se me hubiera pasado por la cabeza es decir la verdad y hubiera quedado más en ridículo delante de todos esos ojos que tenían la mirada puesta en nosotros, aunque a decir verdad… ¿quién no lo hubiera hecho?. Parecía la típica serie de risa, aunque os aseguro que estar en mi papel era lo peor. He perdido a ‘mi chica’ bueno, si así la podía llamar, realmente no teníamos nada. Era más que una amistad, eso seguro. Además... tenía planeado poder salir con ella ,y por culpa de Sam y su querida amiga todo se ha echado a perder. Hablando de Sam…¿por qué no me he separado de ella cuando me ha besado? Tendría que haberla separado… pero no he podido. O tal vez es que la deseé, tengo que admitir que esa chica me atrae… pero no, todo esto ya acabó.
¡A la mierda! No pienso volver a verlas en la vida, ellas no tienen nada que ver conmigo, lo único que pueden hacer es salir por donde han venido.
Miro hacia el frente y puedo ver la lujosa casa de Niall, mi querido amigo. Son las tres y media de la madrugada y me he plantado en su casa.
¿Para qué? Pues para matarle. Todo lo que ha pasado hoy ha sido su culpa, es un bocazas, no sabe mantener la boca cerrada. No pienso tocar al timbre. Sus padres no me dejarían entrar a estas horas de la noche y llamarían a los míos. En fin, no es una buena idea porque ellos creen que estoy dormido. Y ojala lo hubiera estado y todo esto fuera sólo un maldito sueño. Gracias a Dios, el viejo truco de poner la almohada tapada, siempre funciona. Cojo la llave del garaje, sí… Niall me la dio por si algún día necesitaba su ayuda, él también tiene la mía. Pero ahora mismo se puede arrepentir de habérmela dado. Levanto un poco la puerta del garaje haciendo que un sonido chirriante ocupe todas las calles. Maldigo por lo bajo mientras veo como unas cuantas luces de la casa de al lado se encienden. Posiblemente pensarán que soy un ladrón y tendremos la noche formada. Me meto lo más rápido que puedo dentro del garaje y antes de que los vecinos se asomen opto por cerrarlo de un ligero golpe. A pesar de que el sonido chirriante ha vuelto a invadir todo el silencio que había, empiezo a caminar procurando no hacer mucho ruido. Me conozco la casa de Niall como la palma de mi mano, pero me llevaría un chasco si su madre hubiera cambiado las cosas de sitio. Colecciona muchos jarrones y le encanta modificar su casa. Niall y yo nos hemos cargado más de uno así que no me extrañaría que con mi torpeza tropezara con otro. Antes de acercarme a las escaleras se me ocurre una idea perfecta como venganza… Me dirijo a la cocina rezando para no emitir ningún ruido y una vez que estoy allí abro la nevera. Cojo una botella de agua fría, muy fría, y sonrío mientras la vuelvo a cerrar. Tal vez no sea la idea más creativa, ni tampoco el plan más ingenioso, pero lo que está claro es que a Niall no le gustará demasiado. Más bien le sentará como un baño de agua fría, y nunca mejor dicho.
Subo las escaleras que llevan a la segunda planta de la casa con la botella en la mano, y una vez arriba intento descifrar, bajo la luz de la luna que entra por la ventana del pasillo, cuál era la puerta de la habitación de mi amigo. Y ahí está. A paso ligero entro en la habitación y cierro la puerta, apoyándome en esta. Un suspiro sale de mi boca. Bien Justin, no te has cargado absolutamente nada. Eres un ninja.
Enciendo la luz de su habitación y veo como el pelo rubio de Niall sobresale de la manta. Me acerco sigilosamente, aunque de todas formas no hay peligro, cuando él duerme profundamente hace falta una orquesta para despertarle.
— Lo siento… — susurro — Bueno… en realidad no.
Y sin pensármelo dos veces vuelco la botella de agua fría en la cara de Niall, empapándolo por completo. Se sobresalta y se incorpora rápidamente. Está respirando demasiado rápido. Se levanta de la cama sin saber dónde está y yo empiezo a reírme de una forma un tanto exagerada. Sus hermosos calzoncillos blancos de lunares negros, me encanta. Parece un dálmata.
— ¡¿Qué haces aquí?! — Grita. Le chorrea agua del pelo y casi parece que tiembla. — Eres un imbécil. ¡Me has empapado con agua congelada!
— El imbécil aquí eres tú — reprocho.
— Ah, claro, ya entiendo... estás aquí para contarme como el señorito disfrutó, ¿no? — Suelta con sorna.
— No — contesto seco — Por tú culpa no he podido, es más... tú eres el que ha destruido la noche ¡imbécil! ¡¿Cómo se te ocurre, Niall?! ¿No sabes mantener la boca cerrada ni un segundo? — Le empujo y cae sentado sobre la cama. — ¿Por qué cojones tienes que estropearme siempre los planes?
— Los planes te los has estropeado tú solo, Justin — responde de forma pausada. ¿Cómo me puede estar diciendo esto? Justin, relájate.
— ¿Pero qué estás diciendo Niall? ¿Por qué le dijiste a…? — Me detengo. No recuerdo bien su nombre…
Él me mira confuso durante un segundo, intentando adivinar a quién me refiero. Alza las cejas en gesto de asombro cuando se da cuenta de que hablo de una de las putitas.
— Rikki, Justin. Se llama Rikki.
— Sí, eso… ¿Cómo fuiste capaz de soltárselo todo?
— Justin, tú no me dijiste en ningún momento en que yo tuviera que callarme todo eso.
— ¡Es que se supone que era obvio, Niall! Pero como siempre tú has tenido que cagarla. — chillo. Estoy alterándome demasiado, quizá debería frenarme un poco.
— ¡Baja la voz! — Se levanta de repente y me empuja.
— Me has jodido Niall, me has jodido pero bien — Me dirijo a la puerta pero su voz me detiene.
— No, en realidad te he hecho dos favores — dice mientras se vuelve a tumbar en la cama como si nada, dispuesto a seguir durmiendo.
— ¿Favores? — río irónico. — ¿Qué favores, Niall?
— El primero… no tener que estar con doña muñeca de porcelana — musita de forma burlona. Lo fulmino con la mirada y me acerco a él a paso ligero.
¿Cómo la ha llamado?
— Niall, ¿quieres que te presente a mi amigo? — le pregunto enseñándole uno de mis puños.
— No serías capaz — tranquilamente vuelve a reposar la cabeza y se cubre de nuevo con las sábanas.. ¿Quién es este y dónde está Niall? ¿qué han hecho con él?
— Y el segundo… — Bosteza. — Es una forma de poder progresar con Sam — sonríe pícaro y voltea sobre el colchón, dándome la espalda.
— ¿Pero que progreso ni que progresa, Niall? ¿qué mosca te ha picado? — Escucho unas carcajadas por su parte
— Aquí el que está empezando a colarse eres tú. — espeto. — Esa tal Rikki empieza a tenerte loco, y viendo el trabajo que tiene, cuidado no venga un tío mejor que tú y acabe robándotela como pasó con Natalie. ¿Recuerdas? Eres don tímido. — Suelto unas pequeñas carcajadas mientras observo como Niall se levanta.
— Bieber, lárgate.
— ¿Me estás echando?
— Vete, por favor — Me empuja ligeramente guiándome hacia la puerta. — Buenas noches.
Esas son las últimas palabras que escucho, ya que me ha sacado de su habitación.
Nunca antes me había imaginado a Niall de esta manera, puede que me haya pasado con lo que le he dicho… ¿no?
Igual sacarle el tema de Natalie ha sido demasiado… él estaba muy pillado por esa chica. Y yo… yo también quiero sentir eso por alguien, quiero estar igual de enamorado que lo estaba él y creo que Brooke es la chica perfecta. O al menos lo era, antes de todo esto. Ahora además de pensar en cómo volver a estar bien con mi mejor amigo, también tendré que preocuparme de cómo recuperarla a ella. Perfecto.
Que él lecontara eso a Rikki me ha dado mucha rabia. Era mi noche, se supone que hoy tenía que triunfar, pero siempre que quiero algo, acaba convirtiéndose en uno de mis sueños.
Pero realmente tiene razón, bueno… no del todo… o sí… ¡No lo sé!
Es cierto que Brooke es como una muñeca, pero..es mía, es mi muñeca.
Mis padres están demasiado orgullosos de mi, me la presentaron ellos, mi padre y el suyo tienen unos negocios entre manos. Papá me comentó que si fuera mi novia o algo por el estilo, los negocios se cumplirían mucho más rápido, sí… hay dinero en juego. Pero, siendo realistas, la gran mayoría de las cosas en la vida se hacen por dinero,
Por una parte me negaba a hacerlo… no tengo por qué comprometerme con Brooke ni salir con ella porque mis padres quieran, pero cuando la vi... todo cambió. Su cuerpo era perfecto, es verdad que no es demasiado inteligente, y bueno todo el día habla de lo maravilloso que es su peinado, o de lo que se compra en el centro comercial o simplemente de su nuevo color de uñas. Pero supongo que me gusta. O al menos hasta hace exactamente diez minutos me gustaba. El único problema que le veo a todo esto, es que también he pensado en el perfecto cuerpo de Sam durante toda la cita. Y también desde hace un par de días. Bah, seguro que es simplemente me atormenta la idea de no haber podido acostarme con ella con lo mucho que lo deseo.
Además, Bieber, todo el mundo sabe que si le plantas cara a tus padres vas a salir perdiendo. En fin… como siempre el cerebro te ha llevado por otro camino que ahora no tiene nada que ver con lo que está pasando.
Niall… ¿Le habré hecho daño? Yo sé mejor que nadie que el problema de que sea tan vergonzoso le ha afectado en muchas ocasiones. Quiero ayudarle porque generalmente a las chicas les aburren los tímidos. Mierda, sacarle el tema de Natalie ha sido demasiado.
Camino por la calle y le pego una patada a la lata de coca cola que me encuentro en frente de la entrada principal de la casa de Niall. Estoy seguro que nose habrá acordado de llevarla a la basura. Saco mi Iphone y miro la hora, las cinco de la mañana. Es perfecto… una noche más sin dormir y encima, estoy peleado con mi mejor amigo. Soy un desastre. Miro los mensajes y sonrío al recordar todos los absurdos mensajes que me mando con él, es algo patético, pero así somos nosotros.
• Niall, siento mucho lo de esta noche. Llámame cuando te despiertes.
Observo durante un par de minutos el mensaje. ¿Lo envío? ¿No lo envío?. Posiblemente ahora viene la parte en la que me tengo que comer la cabeza… pero ¿por qué no?
‘Quien no arriesga no gana’.
Una frase muy utilizada pero que pocas veces me he atrevido a obedecer. Cierro los ojos y sin pensarlo, el dedo está tocando la pantalla del Iphone. Mensaje Enviado. Ahora sólo queda esperar. Esperar a que él pueda aceptar mis disculpas. Le estaré esperando. Él siempre me espera a mi.

•Black Diamond• {Capítulo 11}


Las dos chicas llegan, y tras seguir las instrucciones de su amiga Sam, Rikki se sienta donde le toca. Sam está nerviosa e irritada, mientras que Rikki no puede dejar de divertirse con la situación. Han ensayado unas catorce o quince veces lo que tienen que decir y en el momento que deben hablar. Se colocan una a cada lado de la sala, sentadas cada una en una mesa y cubriéndose los rostros con las cartas donde están escritos todos los platos que se sirven. Sam no cesa de pegar golpecitos con el pie derecho, y de vez en cuando se muerde las uñas. Tiene miedo de que algo salga mal, y siente que todas las miradas están sobre ella, cuando en realidad todas las personas que están en ese restaurante están concentradas en comerse todo lo que tienen en el plato. Es sorprendente, la gente con dinero debería ir a restaurantes donde sirvieran mucha comida. Se supone que podrían pagarlo, ¿no?. Pues no. Ellos eligen restaurantes como este, uno de esos que tan sólo pone un trozo de carne de cinco centímetros adorado con muchas salsas y ramitas de perejil. En cambio la gente con menos dinero como ellas, podría ir a un McDonalds y comer el doble o el triple de comida por menos dinero.
A veces todo es al revés de cómo nos imaginamos.
Ella deja de cubrirse la cara durante un momento, para mirar a su amiga y comprobar que está donde le corresponde, y que no hace nada que no tuviera que estar haciendo. Rikki se da cuenta de que Sam la observa, vigilándola, y no puede evitar estallar en silenciosas carcajadas. No quiere llamar demasiado la atención, pero la gente que está sentada en mesas cercanas a la suya la miran confundidos. Ellos no pueden saber que se está riendo a causa de los gestos que Sam le hace desde el otro lado del restaurante, y la miran como si estuviera chiflada por reírse sola. Ahora mismo en el restaurante se escucha una relajante música de fondo, mezclada con el sonido que produce Rikki al reírse. A pesar de que lo hace en silencio, en esa sala hay tanta calma que hasta se escucha la respiración de la gente.
Sam no aguanta más de los nervios, y tiene la tentación de levantarse para ir a darle una colleja a su amiga, y así hacer que se calle. Pero eso lo fastidiaría todo, así que se limita a fulminarla con la mirada. Rikki detiene su risa de inmediato, algo intimidada por la forma en la que la está mirando su amiga. Prefiere dejar de hacer el tonto, porque sabe que si algo sale mal, Sam la obligará a dormir en el rellano. Observa como su mejor amiga suelta un suspiro de alivio cuando decide quedarse totalmente en silencio, y volver a cubrirse la cara con la carta de comandas. Sam mira el reloj… las nueve y media. No pueden tardar demasiado en llegar, y ella de cada vez está más impaciente.
|| • ||
Brooke y yo salimos del coche después de haber estado casi un cuarto de hora dando vueltas para conseguir aparcamiento. Sabía que este era un restaurante de categoría, pero no que estuviera siempre tan lleno. Doy la vuelta al coche para colocarme a su lado y cogerla de la mano. Lleva un vestido negro corto que me deja una buena vista de sus largas y bronceadas piernas. Sonríe cuando empezamos a caminar, y a medida que avanzamos me voy poniendo más nervioso. Estoy nervioso, pero no por estar ahora mismo aquí con ella, sino por lo que pasará después. No quiero estar toda la cena pensando en eso, pero no puedo evitarlo, estoy demasiado aterrado. No hay ninguna chica como ella y no puedo permitirme el lujo de perderla sólo por no saber qué hacer cuando quiera llevarme a la cama. Y eso es importante, porque acostarnos sería el paso que sellaría nuestra relación. Mamá estaría contenta por haber conseguido emparejarme con una chica como Brooke, y papá simplemente se sentiría orgulloso de mí al ver que he conseguido mi trofeo.
Entramos en el recibidor del restaurante, y rápidamente un hombre vestido con un esmoquin viene hacia nosotros con una agenda en la mano.
— ¿Tienen mesa reservada? — pregunta amablemente.
— Sí, a nombre de Justin. Justin Bieber.
Él revisa uno por uno todos los nombres que hay apuntados en esa libreta, en busca del mío. Cuando lo encuentra levanta la cabeza y nos sonríe. Se sitúa delante de nosotros y nos hace un gesto con la mano, indicándonos el camino hasta nuestra mesa. Coloco una mano en la espalda de mi chica, aunque todavía no sé si puedo llamarla así. No somos nada, quizá dos amigos pasando el rato, pero haciendo cosas algo diferentes a la que hacen los amigos. Camino, pero en realidad no sé a dónde me dirijo. Me he quedado embobado pensando en chorradas y estoy avanzando detrás de ella, siguiendo al metre, sin fijarme por dónde voy. Finalmente el hombre se detiene delante de una mesa para dos personas, bastante amplia, y vuelve a hacernos el mismo gesto con la mano para que tomemos asiento. Le obedecemos y nos sonríe mostrándonos todos sus dientes. Tanta amabilidad está empezando a ponerme todavía más nervioso.
— Aquí les dejo las cartas — explica, depositándolas en una esquina de la mesa, al lado de Brooke. — Dentro de unos minutos vendrá un camarero a preguntarles qué desean tomar.
Dicho esto se marcha, dejándome a solas con ella. Está mirando a todos lados, como si nunca hubiera visto un restaurante elegante. Le pido que me pase una de las cartas y ella obedece, cogiendo también una para ella. Comienzo a leer por encima todos los platos que hay, y la verdad es que todos parecen deliciosos. La miro para ver si ya se ha decidido, pero sigue mirando la carta.
— No sé qué elegir — dice — todo tiene pinta de estar delicioso.
— ¿Quieres que pidamos canapés como entrante? — sugiero. No suelo comer canapés, porque mamá no sabe cocinarlos, pero las veces que he comido han estado deliciosos. Ella asiente con la cabeza en modo de aprobación.
— ¿Y de primero? — me pregunta ella sin dejar de mirar el papel.
— Uhmmmm… sopa de marisco.
Después de unos diez minutos que tardamos en decidirnos del todo, un joven camarero se nos acerca para pedirnos la comanda. Lo apunta todo con rapidez, a pesar de que tiene que hacer unos cuantos tachones porque Brooke cambia de opinión unas tres veces. Sonríe antes de marcharse y le devolvemos el gesto. Si no fuera porque yo estoy delante, casi diría que Brooke intentaba coquetear con el camarero. O igual son imaginaciones mías causadas por los nervios. O también puede ser que yo me esté volviendo demasiado imbécil últimamente.
|| Sam ||
Por suerte desde el lugar en el que estoy sentada puedo verles perfectamente. Escucho sus voces, y si me esfuerzo puedo entender lo que dicen. De momento no han hablado de nada interesante, sólo de cosas sin sentido, como el dilema de Brooke esta tarde al elegir el color para sus uñas. Me sorprende que aún haya chicos que prefieran las chicas así, barbies de porcelana. Pero ya no es sólo por su apariencia de muñeca, sino también la forma en la que se comporta. Cualquiera podría decir que estoy celosa, pero no… lo que en realidad sucede es que no soporto a las chicas como ella. Chicas que piensan que lo peor que podría pasarles en este mundo es romperse una uña, o que la peor tragedia sería que cerraran el centro comercial. Dan la sensación de que no son reales, de que las han sacado de un cuento o algo así. Suspiro. Deja de pensar en esas cosas ya, y céntrate Sam, total no sirven de nada.
Acaban de terminarse el primer plato y un camarero está recogiendo para poder traerles el segundo. Apuesto a que toda la comida que van a pedir cuesta más que lo que Rikki y yo juntas ganamos en un mes. Les observo mientras esperan, y veo a Brooke perfectamente, incluso veo cómo ella coloca su mano encima de la de Justin. Él está de espaldas a mí y no puedo verle la cara, pero sé que está sonriendo. Al menos, es lo que debería estar haciendo. Siento algo encenderse dentro de mí cuando ella se levanta para colocarse encima de él, y comienza a besarle lentamente. Busco rápidamente la mirada de Rikki al otro lado la sala, y la encuentro. Me mira con los ojos muy abiertos, preguntándome con la mirada si es ahora cuando le toca entrar. Asiento ligeramente y ella suspira mientras se pone en pie.
|| Justin ||
No me esperaba que fuera a levantarse y sentarse encima de mí, y mucho menos que fuera a besarme. Lo hace con pasión y yo la imito, pero no puedo evitar estar incómodo. Estamos en un restaurante, un restaurante de categoría y nosotros nos estamos comportando como si fuéramos unos maleducados. No sé si son sensaciones mías, pero noto todas las miradas clavadas en mi nuca. A ella parece no importarle ya que introduce su lengua en mi boca, como si nadie nos estuviera viendo. Si estuviéramos solos esto sería la gloria, pero no lo estamos y por eso estoy rígido, casi sin moverme. Justo cuando estoy a punto de apartarla, escucho algo parecido a un grito de sorpresa a unos cuantos metros de nosotros.
Me separo de Brooke y abro los ojos para comprobar qué ha sido, y me encuentro a una chica que me resulta muy familiar delante de nosotros, mirándome con la boca abierta y los brazos en la cintura.
— ¿Justin? — espeta esa chica morena. Me mira como si no pudiera creer que me está viendo aquí.
— Eh… ¿si? — frunzo el ceño y la miro fijamente. Me suena mucho, muchísimo. Se parece a una de esas chicas que… ¡Mierda!
Abro mucho los ojos al reconocerla y por un momento deseo que me trague la tierra. Desaparecer y no volver más. Brooke la mira de arriba abajo, y levanta una ceja al ver su vestido, poniendo una mueca de desaprobación. Soy un chico y no sé demasiado de moda, pero tampoco hay nada de malo en su vestido. ¿Qué coño piensas Justin? ¡Es Rikki, la amiga de Sam! No, esto no puede ser bueno. Aparto a Brooke suavemente de encima de mí y me levanto. Cojo a Rikki por el brazo y la aparto unos metros de nuestra mesa.
— ¿Qué haces aquí? — susurro confundido. Echo una mirada fugaz hacia Brooke y veo que está mirando hacia nosotros con una expresión no demasiado agradable. Rikki sonríe pero no contesta. — ¿Cómo sabías dónde íbamos a estar?
Ella sólo sonríe y vuelve a acercarse a la mesa. Me pongo delante de ella.
— ¡Justin! — dice de repente alzando la voz — ¡No me puedo creer que estuvieras besándote con ella!
¿Qué está diciendo? ¿Se ha vuelto loca?
— ¿Perdona? — interviene Brooke — Él está conmigo, puede besarme cuando le dé la gana. — replica. Su forma de mirar a Rikki indica que se tiraría a por ella ahora mismo si pudiera. Miro a mi alrededor y veo que todos, incluyendo los camareros, nos están mirando. ¿Podría haber algo peor?
— Justin, no me puedo creer que me hayas dejado plantada para quedar con ella. ¡Me has engañado! — grita.
— ¿Qué estás haciendo? — le susurro apretando la mandíbula. La miro fijamente, fulminándola con la mirada, y veo que en su expresión hay algo divertido a pesar de que aparente estar enfadada. En la sala reina un silencio sepulcral y sólo se nos escucha a nosotros.
— ¿Qué está diciendo esta, Justin? — pregunta Brooke levantándose. — ¿Habías quedado con ella?
— ¡No! — grito. — Es una amiga de Niall, yo no tengo nada que ver con ella. — le explico. Apoyo mis manos en sus brazos y la miro fijamente, esperando a que me crea. Esto no puede estar pasándome a mí.
— No me lo puedo creer — solloza Rikki. Ambos la miramos y vemos que sus ojos están húmedos, como si estuviera a punto de llorar. — ¡Estabas saliendo con las dos a la vez!
— ¡Deja de inventarte cosas! — suelto a Brooke y miro a Rikki, harto de todo esto. Pero ella comienza a llorar escandalosamente, cubriéndose la cara con las manos. Siento que todo me da vueltas, todavía no soy capaz de entender qué está pasando y qué es lo que quiere, sólo sé que Brooke está de cada vez más roja y se puede ver la ira en sus ojos.
— Dime que está mintiendo con todo lo que dice. — musita.
— ¡Claro que sí! — contesto exhausto — Yo no la conozco de nada, de verdad.
Parece que Brooke está dispuesta a creerme, y asesina a Rikki con la mirada. Pero la morena simplemente sigue en su papel, haciendo ruidos extraños que intentan parecer sollozos. Estoy a punto de pedirle que se largue cuando otra voz irrumpe en mis espaldas.
— ¿Justin?
Esa voz me resulta familiar. Volteo para ver quién me está llamando y me encuentro a la última persona que yo querría ver en este momento, y también a la última que me esperaba.
— ¿Sam?
— ¡¿Quién es Sam?! — pregunta Brooke perdiendo los nervios.
— Soy yo, encantada. — ella se acerca y le da la mano a Brooke, quien la mira totalmente desconcertada y sin entender nada.
— ¿Qué estás haciendo aquí? — le pregunto asustado. A la mierda, todo esto se está yendo a la mierda. No puede estar pasándome esto a mí.
— ¿Cómo que qué hago aquí? — me mira incrédula — ¡Hemos quedado para cenar!
— ¡¿Qué estás diciendo?! — mi respiración se acelera y siento que estoy a punto de estallar. Aparto la mirada de ellas durante un segundo, y cuando vuelvo a fijarla en Sam me la encuentro llorando también.
— Justin, cariño, no entiendo nada… — musita — ¿Por qué me engañas?
— ¡Justin, explícame esto ya! — interviene Brooke. Sam me mira como un cachorrito degollado y Rikki sigue detrás de Brooke, intentando contener la risa. No sé qué decir, no puedo decir nada.
Antes de que pueda encontrar un modo de reaccionar siento los labios de Sam presionando contra los míos. Intento apartarme pero ella me coge del cuello y junta su lengua con la mía. Durante una fracción de segundo le sigo el beso, sintiéndome a gusto besándola, pero luego me doy cuenta de dónde estamos, de Rikki, de Brooke, de todo el mundo mirándonos y la aparto bruscamente de mí.
— No puedo creer que nos hayas hecho esto a las tres, Justin… — oigo la voz de Rikki — nos has hecho creer a todas que nos querías pero en realidad… — vuelve a sollozar — sólo jugabas con nosotras.
Se marcha corriendo del restaurante, haciendo que todos la miren cuando se dirige hacia la puerta. Creo que voy a darme a mí mismo una bofetada para ver si despierto de una vez de este mal sueño.
— Justin, eres un imbécil. Te odio. — es lo último que escucho antes de sentir la mano plana de Brooke golpeando mi mejilla. En seguida noto cómo se me va poniendo roja y comienza a picar, a picar mucho.
— Brooke, ¡espera! — grito. Pero ella no me hace caso y sigue el camino que hace unos segundos ha hecho Rikki, yendo hacia la puerta.
Quiero seguirla antes de que se lleve el coche y me deje aquí tirado para tener que volver andando. Pero algo me impulsa a quedarme quieto. Sam.
Giro un poco la cabeza para encontrarme con ella.
Me mira fijamente, con una pequeña sonrisa de satisfacción asomando por sus rosados labios. Los mismos labios que me besaban hace treinta segundos. Suspiro sintiéndome la persona más ridícula de este mundo.
— ¿Por qué has tenido que venir a joderlo todo? — le pregunto con un tono no demasiado agradable.
— Sólo te la he devuelto, amigo. — musita acercándose a mí y colocando las manos en mi pecho. Acerca su boca a mi oreja para susurrarme. — Conmigo nadie juega… y tú querías utilizarme para luego tirarte a esa idiota. Siento que te haya salido todo mal.
Después de eso y de una risita casi inaudible, se separa de mí y se marcha sin mirar hacia atrás, contoneando exageradamente sus caderas, como siempre suele hacer al caminar cuando sabe que yo la estoy mirando.
Levanto la mirada y veo como todas las personas que nos estaban mirando sin ningún tipo de disimulo, vuelven otra vez a sus aburridos asuntos. Creo que tengo la boca abierta como un imbécil, pero es que ahora mismo no me sale poner otra expresión. ¿De verdad ha pasado todo esto?
Dejo dinero encima de la mesa. No sé cuánto cuesta todo lo que hemos pedido pero seguro que lo que he dejado es suficiente, o incluso sobrará dinero.
Cuando voy hacia la puerta el mismo hombre que antes nos ha recibido se despide de mí, diciéndome amablemente que espera verme de nuevo por aquí.
Comienzo a andar hacia el lugar donde he aparcado el coche de Brooke, pero luego recuerdo que tengo que ir a pie. Empiezo a pensar que ya es una costumbre esto de que la gente me deje tirado para hacerme andar hasta casa. Aunque ahora mismo no me importa, así tendré tiempo para asimilar todo lo que ha pasado. Porque de verdad ha pasado… ¿no?
Ojalá que ahora viniera mamá a mi habitación para despertarme y que todo esto hubiera resultado ser un sueño, un maldito sueño.
Entiendo que Sam y Rikki quisieran darme un escarmiento, no fue justo que yo hiciera eso con Sam. Pero tampoco es justo que ella se lo tomara como algo personal, al fin y al cabo ella se dedica a eso, y además yo le pagué de todas formas, aunque no llegáramos a hacer nada, sólo por haberla dejado con ese calentón. Y ahora no sé cómo voy a arreglármelas para volver a estar bien con Brooke. La única solución que veo es contarle la verdad. Explicarle de qué conocemos Niall y yo a esas chicas y el motivo por el que han venido a estropearme la cita. Pero eso sería lo peor, porque además de quedar como un imbécil y un rajado, también parecería un pardillo. Y no necesito que Brooke me vea como tal después de todo esto. Y ahora que he estado pensando, Niall no va a salir vivo de esta. Si Sam sabía dónde y cuándo tendría la cita con Brooke, es porque Niall se lo debió soltar a Rikki. Y repito, no va a salir vivo después de todo.

•Black Diamond• {Capítulo 10}


Ya estaba bien entrada la mañana y el cielo seguía claro, como la mayor parte de los días en la ciudad. Sam y Rikki se habían decidido a dar una vuelta por el centro, ya tenían bastante dinero ahorrado de su trabajo en el Black Diamond y podían permitirse comprarse algo de ropa. Ambas estaban felices, quizá Rikki lo estuviera más, ya que aunque no lo admitiera, la llegada de Niall a su vida le había hecho recuperar un poquito de la ilusión. Ilusión porque era la primera vez en mucho tiempo que conocía a un chico así, tímido, tranquilo. En definitiva, alguien que no intentaba obtener eso de ella, alguien que la respetaba. Por otro lado, Sam seguía dándole vueltas al tema de Justin. No se podía creer que fuera virgen y que quisiera acostarse con ella sólo para coger práctica. Aunque, pensándolo bien ¿qué mas le d a ella? Mucho, por más que lo niegue le importa mucho. Rikki se fija en la expresión de su amiga y se pregunta si estaría pensando en Justin al igual que ella lo hace con Niall, pero no lo duda ni un solo instante.
Un grupo de chicos con los que se cruzan les dedican algunos silbidos, miradas y gestos. Ellas comienzan a reír. La verdad es que están más que acostumbradas a los babosos, por su trabajo en el Black Diamond. Pero es distinto, ahí en la calle, aún vestidas con blusas, vaqueros y zapatos planos, son capaces de llamar la atención de todos los chicos. Se sonríen cómplices entre ellas, y deciden seguir caminando sin prestarles atención. Hoy no van a pensar en chicos ni en nada que tenga que ver con ellos, o al menos eso van a intentar.
Caminan distraídas, mirando el paisaje, observando los coches pasar, o escuchando como cantan los pajaritos. Respiran el aire de la ciudad, que no está demasiado contaminado gracias al bosque que la rodea.
Una vez que llegan al centro de la ciudad, deciden comenzar a mirar las tiendas que hay en una de las avenidas principales. Ahí es donde se encuentran sus tiendas favoritas, y por suerte la ropa no es demasiado cara ahí.
Empezaron por la primera tienda de todas, una de zapatos. Las dos salieron de ahí con un par cada una. La siguiente fue una tienda de maquillaje. Se sentían como en el paraíso, rodeadas de pintauñas y pintalabios de todos los colores, y sombras de todos los tonos. Pero deciden no comprar nada, ya que tienen suficientes de todos esos. Sus próximas paradas fueron todas y cada una de las tiendas que había dentro del centro comercial.
Tras unas cuántas discusiones sobre qué tienda visitar primero, risas, miradas, comentarios y más risas, ambas terminaron cargadas con seis o siete bolsas cada una. En cada uno de los comercios que han entrado han hecho lo mismo. Cada una ha cogido todas las prendas que le gustaban, y una vez que lo tenían todo, entraban a los probadores para poder hacer un pequeño pase de modelos. Se probaban e intercambiaban prendas según como les quedara a cada una. De todas formas daría igual quién se comprara qué, porque desde siempre han compartido la ropa. Su forma de comportarse atraía las miradas curiosas de muchos de los clientes que había, sobretodo los hombres. Las mujeres se limitaban a mirarlas con muecas de desprecio, puede que por envidia al verlas jóvenes, guapas y divertidas. Las dependientas se acercaban de vez en cuando para pedirles que bajaran el tono de voz, y las observaban atentas vigilando que ninguna robara nada.
Los días como este solamente tenían lugar unas dos veces cada cuatro o cinco meses, cuando podían permitir gastarse algo de sus ahorros.
— Rikki, ¿te apetece ir al starbucks? — pregunta Sam mientras bajan por las escaleras mecánicas.
— Sí — dice suspirando — también me ha entrado hambre.
Aún es pronto para comer, pero si a la mañana de compras le sumamos el calor que hace por estar en pleno agosto, le abre el apetito a cualquiera.
Bajan a la primera planta y entran en el starbucks. Desde la entrada ven que está lleno hasta arriba, pero justo antes de que decidan marcharse a otro lugar para almorzar se vacía una mesa en la que había tres mujeres sentadas. Rikki y Sam sonríen y toman asiento.
Sam elige sólo un frapuccino mientras que Rikki pide un café con nata y un donut de chocolate. Es una chica con un gran apetito, y nunca se corta cuando de verdad tiene hambre.
— Oye, ¿te apetece que vayamos a dar una vuelta por la universidad? Así podríamos ver los jardines y eso… — propone Sam. Rikki sonríe cuando termina de tragarse el donut, en modo de aprobación.
Después de unos diez minutos en los que terminan de tomarse lo que habían pedido, y pagar, salen del starbucks con rumbo a la universidad en la que en un futuro, si todo va bien, podrán estudiar sus carreras.
Aprovechando que la universidad se encuentra al otro lado de la ciudad, se les ocurre pasar antes por casa para dejar todas las bolsas que llevan, y así no ir tan cargadas. Sería demasiado incómodo pasearse por la ciudad de esa forma.
— El otro día estaba pensando… — dice Sam — ya sé que aún queda mucho para eso, pero ¿qué le diremos a John cuando queramos dejar el trabajo?
— No lo sé… pero no le hará demasiada gracia. — inquiere Rikki.
El curso en la universidad de Londres comienza en enero, para eso aún quedan seis meses, ya habrá tiempo de pensarlo y de planear bien como hacerlo. O al menos eso es lo que piensa Rikki, pero muy en el fondo sabe que nada de eso valdrá. Dejar sus puestos va a ser fácil, lo difícil será quitarse a John de encima.
Cuando llegan a la universidad, encuentran las puertas abiertas. Son unas enormes verjas metalizadas que dejan paso a un camino de piedrecitas con césped a los lados. La fachada del edificio es antigua, casi parece un palacio en el que habitaron reyes y reinas hace cientos de años.
— Es…
— Increíble…
Susurran. Se miran a los ojos y sonríen, mientras las dos sienten un cosquilleo en el estómago. Tan sólo han venido de visita, para conocer un poco la parte exterior, pero se sienten como si estuvieran a punto de comenzar el curso. Viendo todos los jardines tan cuidados que hay, contemplando los dibujos tallados en piedra que hay en la fachada, se dan cuenta de que de verdad merece la pena aguantar todo lo que aguantan. Porque una vez que hayan comenzado a estudiar, sus vidas habrán cambiado y ya no tendrán nada que ver con el mundo en el que están metidas ahora.
Avanzan por el césped, contemplando algunas fuentes y viendo como otros chicos y chicas de su edad también pasean por ahí, familiarizándose con la que será su casa durante el tiempo que sea necesario para sacarse la carrera.
Siguen hasta llegar a la parte trasera del edificio, donde hay un pasillo exterior con columnas, justo enfrente de un gran espacio lleno de césped, flores y árboles muy bien cuidados.
— Esto es precioso… ¿te lo imaginas, Sam? ¿Nos imaginas estudiando aquí?
— No sabes qué ganas tengo.
Sus ojos brillan como dos luceros al contemplarlo todo. Miraban a todos lados fascinadas como si se encontraran en un paraíso, y es que ese era su paraíso, porque desde hace años no han querido otra cosa. Muchos adolescentes piensan que estudiar es una pérdida de tiempo, algo sin sentido, pero para ellas sería lo mejor que podría pasarles. Algo por lo que ahora merece la pena sufrir. Porque en la vida nada es sencillo, nunca nada grande ha venido con facilidad.
Rikki gira la cabeza para mirar las paredes y divisa un tablón con papeles colgados. Se acerca para mirar lo que hay escrito, y ve que son las notas que se necesitan sacar en los exámenes para poder entrar y estudiar allí.
— ¡Sam, mira! — la llama emocionada. Su mejor amiga se acerca lo más rápido que puede, y sonríe al darse cuenta de qué es lo que su amiga mira tan entusiasmada.
— ¿Dónde está la de derecho? — pregunta mientras lee rápidamente todos los títulos de las carreras, buscando la suya.
— Aquí — Rikki señala con el dedo, y Sam comprueba la nota requerida en el examen que ella tendría que hacer.
— Un nueve y medio… — susurra algo decepcionada. — Va a ser imposible.
— ¿Qué dices? No seas tonta. Puedes sacar eso y más. — Rikki la anima mientras ella busca con la mirada la sección de medicina. Una vez que la encuentra busca la rama de pediatría.
— Yo necesito un nueve con siete. — explica. Inmediatamente una sonrisa de satisfacción surge en el rostro de la morena. Siempre se le ha dado bien destacar, y la idea de sacar un diez en ese examen le fascina. Sus notas en la selectividad fueron altas, y sin duda tienen capacidad suficiente para conseguirlo.
— Rikki, mira eso… — la voz de Sam sonaba quebrada. Como si hubiera visto un fantasma
— Sí sí, espera… — responde Rikki. Sigue con la mirada fija en el tablón mirando el resto de carreras.
— En serio, tienes que ver esto — Sam le mueve el brazo bruscamente intentando llamar su atención.
— Que sí Sam, que te esperes un segundo… — repite Rikki apartando la mano de Sam de su brazo.
— ¡Rikki, joder! — grita Sam. Rikki por fin la mira y la fulmina con la mirada.
— ¿¡Qué quieres!?
— ¡Que mires eso! — señala efusivamente hacia el otro lado del césped.
— ¡Joder! ¿Es él? — Rikki mira a Sam alarmada, con la boca y los ojos muy abiertos.
|| Sam ||
Mis ojos se abren de par en par al ver a Justin de la mano con una chica rubia y pija paseando por los jardines de la universidad. Miro a mi mejor amiga esperando que ella suelte algo. Tiene que decir algo...tiene que decirme que esto es un sueño, que no tengo delante al chico que quería utilizarme como una muñeca inchable, para luego hacerle el amor a la chica que ahora pasea de la mano con él. ¿Qué mierdas estás diciendo, Sam? A ti eso no te tiene que importar… además, tú lo único que buscabas de él era un buen polvo. Intento llamar la atención de Rikki haciendo un sonido raro con la boca. Ella me mira esperando a que pueda decir algo… seguro que está pensando que me importa Justin. Y eso no es así.
— ¿Qué están haciendo aquí? — Ella se anima y por fin suelta palabra sin dejar de mirarles. Me muero de curiosidad por saberlo yo también.
— No lo sé, pero te aseguro que no me voy a quedar aquí de brazos cruzados — respondo.
Agarro la mano de Rikki y la estiro hasta a mí para aligerar un poco más el paso. Llego al final del pasillo y me apoyo en la pared, sacando un poco mi cabeza para poder observar a dónde se dirigen. Se están besando. Siento un cosquilleo por mi estómago e intento contener las ganas de ponerme en medio de esos dos, interrumpiendo lo que ahora les parece un cuento de hadas. Vuelvo a tirar de Rikki para ponernos detrás de unos grandes matorrales que nos permiten observarlo todo de forma más visible. Aún se están besando y yo no puedo más. Miro hacia el suelo para apartar la vista, aún no entiendo por qué me molesta… pero supongo que a cualquiera le pasaría ¿por qué me tiene que usar a mí de muñeca? Yo soy una persona, no ningún aparato con el que el puede jugar. Aunque pensándolo bien igual no es justo que esté pensando todo esto. Al fin y al cabo, es mi trabajo. Algunos hombres se acuestan conmigo para luego pagarme y no volver a verme más.
Miro un pequeño piñón que acaba de caer de uno de los árboles. Sonrío y lo cojo. Rikki me mira negando con la cabeza, sabe lo que tengo pensado hacer.
— Ni de coña, Sam. Vámonos — me insiste intentado salir de ahí. Yo hago fuerza y vuelvo a empujarla para ponerla a mi lado.
— Espera, vamos a jugar un rato — Antes de que me suelte un sermón del quince, miro a la rubia de bote que está apoyada en la pared besando a Justin, y sin dudarlo dos veces lanzo el piñón con tan buena suerte que le da de lleno en la cabeza.
— ¡Ahhhhhhhhh! — Un chillido de una voz parecida al de un silbato roto sale por su boca. Rikki empieza a reír escandalosamente detrás del árbol y yo me contagio de su risa.
— ¿Por qué has hecho eso? — Pregunta chillando, casi ahogada por la risa. Yo le pego un empujón haciendo que se caiga y un grito sale de su boca.
— ¡Cállate! ¡No grites! — Le ordeno. Ella me mira con carita de cachorrito y se pone la mano en la boca.
Levanto la cabeza de nuevo y veo como Justin la está abrazando, mirándola preocupado. Alza la vista observando a su alrededor para buscar a la persona que le ha lanzado eso a su chica. Sus ojos se topan con los míos. Nuestras miradas se cruzan y me vuelvo a quedar perdida en ella. Él abre mucho los ojos, sin poderse creer que me esté viendo a mí. En realidad yo tampoco puedo creer lo que estoy haciendo, soy patética y estoy haciendo el ridículo. Niega con la cabeza y agarra a la rubia de la mano para volver a emprender su paseo por los grandes jardines de la universidad. Me siento culpable en cierta modo.
¿Se habrá enfadado conmigo? Aunque eso ahora mismo no me tiene que importar, tendría que ser yo la que debería estar enfadada con él… ¡Y de todas formas no tengo que volverlo a ver! Bueno, sí… aún me queda un asunto pendiente con él.
Y ahora que lo pienso… ¿qué están haciendo estos dos en la universidad? No podría soportar entrar aquí y tener a la rubia pija besándole cada vez que se le antoja. Odio a las chicas como ellas. Le odio a él. ¿No hay más universidades en la ciudad? ¿Por qué han tenido que venir aquí?
— Sam… va a ser un curso muy largo — suelta Rikki, como si me hubiera leído la mente
— Tengo una idea Rikki — musito mientras sonrío victoriosa.
— Miedo me dan tus ideas. ¿Qué piensas hacer?
— Lo tenía pensado desde hace días y ahora estoy completamente segura de que lo voy a hacer — Ella me mira extrañada, como si le estuviera hablando en chino. Pero no, yo sé muy bien lo que estoy diciendo.
— ¿Cuándo iba a quedar Justin con la rubia pija? — Pregunto. Ella duda durante unos instantes si responderme, pero finalmente decide hacerlo.
— El sábado ¿por qué, Sam? — Pregunta ella mientras se levanta del suelo. Tiene una expresión divertida, como si estuviera asustada de mí.
— Porque van a tener una invitada sorpresa — Sonrío maliciosamente. Rikki está apunto de decirme algo cuando una voz de un hombre nos interrumpe a las dos.
— Perdónenme por meterme en la conversación ,señoritas… — hace una pausa para coger aire — pero está prohibido pisar el césped de la universidad.
— Lo sentimos. — Contesta Rikki de forma amable. Le sonríe a ese hombre y me coge de la mano para empezar a caminar por el camino de piedrecitas. Como siempre Rikki es la más responsable de las dos.
— Qué tengáis una buena mañana-— responde el señor mientras sonríe. Rikki me vuelve a estirar de la mano antes de que yo educadamente le pueda contestar.
— Ni se te ocurra Sam… no le arruines la noche a Justin — me pide, segura de lo que está diciendo.
— ¿Me vas a apoyar o lo tengo que hacer yo sola? — pregunto desafiante sin parar de caminar. No pienso cambiar de opinión, tengo muy claro lo que pienso hacer… con su ayuda o sin ella.
— Joder, Sam… ¿sabes en el lío que te vas a meter tú solita? — Intenta hacerme pensar.
— ¿Me vas a ayudar sí, o no, Rikki? — Le repito. Observo como resopla y luego me mira dudando.
— Eres una cabra loca — me suelta.
— ¿Y bien?
— No te pienso dejar sola en esto, tonta — Le doy un abrazo a mi mejor amiga mientras observo la salida. Giro la cabeza y aún puedo ver sus siluetas, agarradas de las manos. Aunque sea una locura… siento rabia. Rabia por haber sido su muñeco. Pero… el plan que mi querido amigo Justin tiene para el sábado por la noche, no le va a salir nada bien. Algo me dice que habrá algo que lo estropeará.

•Black Diamond• {Capítulo 9}


El sol brilla imponente en lo alto del cielo, totalmente despejado en mi ciudad. Mientras camino, me fijo en mi sombra, y juego a escapar de ella al igual que solía hacer cuando era un crío. Pero es imposible, ni tan siquiera Peter Pan pudo librarse de su propia sombra...
Mi rostro se torna serio con este pensamiento y vuelvo a centrarme en el día de hoy, que acaba de comenzar. Son las diez menos cuarto de la mañana, me dirijo al parque que está a unas pocas manzanas de casa para encontrarme con Brooke. He quedado con ella. Ayer cuando estaba en la cama me di cuenta de que he estado haciendo mil locuras para no quedar mal en nuestra cita del sábado, pero ni siquiera me he molestado en verla. Creo que ya hacía casi una semana que no teníamos una conversación decente. No quiero que se olvide de mí. Me refiero, no quiero que ella encuentre a uno que le haga caso mientras yo estoy por ahí entrenándome para darle todo lo mejor de mí...
Ahora me pregunto qué pensaría Brooke si se enterase de que soy virgen. O peor aún, ¿qué haría si se enterase que he intentado perder mi virginidad con una stripper? No quiero ni imaginármelo... Pero bueno, eso no va a ocurrir ¿verdad? Sí, no ocurrirá. Sólo lo sabemos Niall y yo, y bien sé que él no dirá palabra. Más que nada porque si alguien se entera de que yo he ido, también sabrán que él me acompañó y eso es algo que Niall no podría soportar. Ni él ni yo. Nuestras reputaciones quedarían por los suelos... Pf Niall, mi mejor amigo. Estuve a punto de pedirle que me acompañara al parque hoy. Brooke es de esas chicas que no toleran estar solas, siempre viene con una de sus amiguitas de perrito faldero, y yo suelo llevar a Niall para que las entretenga y que ella y yo podamos estar solos. Pero bastante ha hecho ya mi por mí. Además, le conozco a la perfección y sé que odia madrugar. Supongo que si le llego a pedir que me acompañe me habría lanzado una silla a la cabeza, como poco.
Cuando llego al parque me siento en uno de los bancos de madera, esperando a que ellas lleguen. Y lo digo en plural porque estoy seguro de que no vendrá sola. Hace mucho sol, pero por suerte he podido encontrar un banco que está situado bajo la sombra de un gran árbol, y muy cerca de un pequeño lago. Ese es el árbol donde yo solía venir cada vez que discutía con mamá o con papá. Ellos pasaban horas buscándome, sin saber que este era mi lugar, mi secreto. El único que siempre supo donde encontrarme fue Niall, este árbol se convirtió en algo nuestro.
Miro el reloj y me doy cuenta de que llevo aquí más de cinco minutos. Levanto la vista y veo dos figuras femeninas acercarse a lo lejos. Me coloco un poco el pelo y me levanto, esperando a que lleguen. Distingo a Brooke. Lleva una minifalda, el pelo suelto que le cae por los hombros y una camiseta con escote. Me gusta mucho. A su lado va su amiga Megan, o al menos creo que ese era su nombre.
Cuando ya están a menos de cinco metros, Brooke acelera su paso y se acerca a mí sonriendo. Abro los brazos esperando que me abrace. Cuando lo hace separo un poco mi cabeza y me besa apasionadamente. Yo le sigo el beso de la misma forma, ya echaba mucho de menos esto. Abro un ojo y veo que su amiga Megan está sentada en el banco de madera, mirando hacia el lago. Sé que la mente femenina es algo que ningún hombre ha conseguido entender, pero ya es demasiado que Brooke se traiga a su mejor amiga para que se quede apartada mientras nosotros estamos… a lo nuestro.
Brooke me acaricia mientras sigue besándome de la misma forma, pero a mí ya comienza a faltarme el aire. No me esperaba que fuera a saludarme tan afectuosamente.
— Ya tenía ganas de verte…
— Yo a ti también.
Se separa un poco de mí y me sonríe, mirándome tiernamente. Le devuelvo la sonrisa y beso su mejilla.
— ¿Quieres que demos un paseo por el parque? — pregunta. Asiento ligeramente.
— ¿Los tres? — susurro mirando a Megan. Me siento incómodo si sé que ella estará detrás de nosotros. Brooke sonríe.
— Espera — me guiña un ojo. — Oye Megan — su amiga se levanta del banco y se coloca a nuestro lado. Brooke se acerca a ella y le susurra algo en el oído, algo que no consigo escuchar. Observo como las dos se sonríen de forma cómplice, y seguidamente Megan se marcha. Interesante, una chica amable, sobretodo porque ni siquiera se ha molestado en despedirse.
Tomo la mano de Brooke y juntos emprendemos el paso por el largo paseo que recorre el parque. Tengo que admitir que estoy algo nervioso. No quiero parecer un imbécil delante de ella, decir algo sin sentido o simplemente hacer el ridículo. Ella tiene unas expectativas altas sobre mí y no quiero decepcionarla. Mierda, Justin, deja de pensar en eso y escucha lo que te está diciendo.
— Y bueno, el fin de semana pasado estaba de compras con Megan cuando… — oigo su voz de fondo pero soy incapaz de concentrarme en lo que dice. De todas formas no me interesa demasiado saber si se compró la camiseta rosa o prefirió la azul. Me limito a sonreír y asentir de vez en cuando.
— … y al final dijimos que no. — Comienza a reírse de forma algo exagerada y yo no puedo evitar reír con ella. No tengo ni idea de lo que ha dicho, pero da igual. Tú ríete, Justin, que la cagas.
— ¿En qué piensas? — pregunta cuando se acaba de reír. Me pongo nervioso. ¿Cómo sabe que no la escuchaba? — No le has prestado atención a nada de lo que te he estado diciendo. — sonríe.
— Lo siento, es que…
— Pensabas en mí, ya lo sé. — suelta algo coqueta. — Yo también tengo muchas ganas de que llegue el sábado. Será interesante pasar una noche contigo.
Se detiene y vuelve a besarme de la misma forma que antes. Ya no me siento tan nervioso, tan sólo estoy disfrutando de su beso. No estaba pensando en el sábado precisamente, pero de todas formas yo también tengo muchas ganas. Esto de la virginidad no puede ser tan difícil, y cabe la posibilidad de que ella también sea virgen…
Justin, deja de decir tonterías.
|| • ||
— Niall, cariño… despierta… — siento la voz de mi madre muy cerca de mi oído, mientras noto como acaricia suavemente mi mejilla, intentando despertarme. ¿Por qué? ¿Qué pasa? Hoy no hace falta madrugar, mamá. Quiero dormir.
Sin hacerle caso y manteniendo los ojos cerrados, giro sobre el colchón, de forma que quedo dándole la espalda.
— Niall, despierta. Hoy tu padre no trabaja, vamos a pasar el día juntos.
Genial. Si antes ya no me apetecía levantarme, ahora que sé que toca día familiar tengo menos ganas de abrir los ojos. Despego un poco la cabeza de la almohada en un intento de hablar, pero lo único que sale de mi garganta es un extraño gemido.
— No te lo repetiré más, cariño. O te levantas tú solo, o te levantaré yo. — Oigo como sale de mi habitación y baja las escaleras hasta el comedor. Discuto conmigo mismo la idea de obedecerla o seguir durmiendo… pero finalmente opto por la primera. No me apetece que suba con un cubo de agua fría, ya lo hizo una vez.
Me incorporo y quedo sentado en la cama luchando para abrir mis ojos. Lo consigo y dejo que la luz penetre en ellos, cegándome por un momento.
— Joder…
Me pongo en pie y me coloco la camiseta y los pantalones del pijama. Si bajo en calzoncillos mamá me matará. Antes de ir a desayunar me meto en el baño y me lavo la cara con agua fría para despejarme. Es raro que Justin todavía no haya venido a despertarme… creía que me pediría que le acompañara a su cita con Brooke.
— ¡Niall! ¡Más vale que ya te hayas levantado si no quieres que te dé un remojón! — grita mamá. Suspiro y suelto una pequeña risa. Mamá es así.
— ¡Sí, ya voy! — respondo. Me seco la cara con la toalla de manos y bajo las escaleras a toda prisa.
— Buenos días Lindsay — le digo mientras deposito un beso en su mejilla. Ella me sonríe como siempre y me señala el desayuno, que ya está sobre la mesa.
— Buenos días hermoso. Preparé tostadas y bacon. — saca de la despensa una botella de zumo de naranja y me lo sirve amablemente en mi taza. Festejo como un niño pequeño que haya hecho bacon y en menos de dos segundos ya me encuentro devorando todo lo que hay en el plato. Escucho la risa divertida de Lindsay. A veces ella me inspira más confianza que mi madre. Mis padres no la consideran de la familia porque no lleva nuestra sangre, pero yo la veo como una segunda madre, siempre he podido contarle cualquier cosa. Si no le he contado lo que ha estado pasando últimamente con Justin y esas dos chicas es porque él me pidió que no dijera nada. Pero yo estaría encantado si me dejara contárselo. Ella me ayudaría y me diría cómo comportarme en caso de que volviera a ver a Rikki.
Espera, Horan. ¿Por qué tendrías que volverla a ver?
Papá aparece por la entrada de la cocina con una camiseta ancha playera, y un bañador que sirve como bermudas. Le miro extrañado mientras mastico, él nunca suele llevar ropa así. Más bien prefiere llevar traje y corbata. Lleva una nevera portátil en la mano y comienza a llenarla de latas de refresco y agua.
— Papá, ¿dónde vamos? — me decido a preguntar.
— ¿No te lo ha dicho tu madre? Vamos a pasar un día familiar en la playa. Date prisa con eso y sube a cambiarte. — vuelve a desaparecer y oigo como sube las escaleras hacia su habitación. ¿Día familiar en la playa? No puede ser…
— Lindsay, sálvame. — bromeo en tono dramático. Ella me mira riendo y rápidamente vuelve a voltear para seguir limpiando la encimera.
~*~
— Tesoro, ¿te has puesto crema solar? — pregunta. Observo como extiende su toalla a mi lado y seguidamente se tumba bocarriba para tomar el sol. Resoplo.
— Mamá, no tengo cinco años. Puedes dejar de controlarme y de llamarme tesoro.
— Ya sé que has crecido. — se quita las gafas de sol y se incorpora quedándose sentada a mi lado. Me mira fijamente, algo seria, pero con una pequeña sonrisa en su rostro. — Y también sé que estás empezando a hacer cosas nuevas — continúa — empiezas a salir con chicas…
— Eh, mamá — la freno — No voy a hablar contigo de eso.
Ahora mismo no estoy de humor para una conversación madre-hijo. Y Justin tiene razón, ella cree que sigo siendo un bebé. Pero la realidad es que tengo dieciocho años y ella sigue controlándome.
— ¿Por qué no confías en mí? Soy tu madre. — eleva un poco el tono de voz.
— Sí que confío en ti, mamá. — intento zanjar la conversación tumbándome en la toalla y poniéndome las gafas de sol.
— Entonces, ¿por qué me mentiste? Me dijiste que habías estado con Justin la otra tarde. Pero la verdad es que olías a perfume de mujer. — contesta. Mierda, mamá.
— ¿Dónde está papá? — cambio de tema esperando que por fin deje de preguntar.
— En el agua. — responde resignada, y vuelve a tumbarse para seguir tomando el sol.
La imito. No quiero ser así, no quiero mostrarme distante con ella. Pero ahora mismo no puedo decirle otra cosa. No es plan contarle que fui con Justin a un club de strippers para que él cogiera práctica antes de acostarse con su ‘’amiga’’. Ni tampoco decirle que vine oliendo a perfume de mujer porque tuve que pasar la tarde con una de ellas, Rikki, para no estar solo mientras mi amigo se divertía con otra chica.
Y ahora que pienso en todo esto, yo sigo teniendo el número de Rikki. Creo que lo mejor será tirarlo, deshacerme de él. No quiero más problemas, me cayó bien pero no quiero tener nada más que ver con ella.