domingo, 18 de marzo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 7}


Llegamos a su portal, todo esto no es nada parecido a donde yo vivo. La puerta está muy agrietada, con solo una patada podrían tirarla abajo. Ella me mira con una mueca bastante extraña al meter la llave en la cerradura. Estoy esperando a que la voltee para poder entrar, pero en vez de eso ella se apoya en la puerta.
— Escúchame...— Me suelta. Yo le miro esperando a que acabe la frase — Esto… no es un palacio, ni mucho menos, ¿vale? — La miro extrañado, no entiendo a qué viene esto. — Es decir, no tenemos ni empleadas, ni una cama de lujo ni cosas de estas. Es simple, una casa con un techo ¿de acuerdo? — Asiento. No sé que decir, en estas ocasiones el único que podría decir algo sería Niall. A él siempre le salen las cosas cursis, a mí normalmente… no. Aunque por otro lado, tampoco veo por qué habría de soltarle algo cursi, o algo para hacerla sentir mejor. Nada de esto tiene que ver conmigo. No es que sea el ‘malo’ ni mucho menos, pero a mí estos temas nunca se me han dado bien, y menos con una persona a la cual conozco de una noche. Sí Bieber, la conoces de una noche y ya te vas a acostar con ella. Y todo esto por no quedar en ridículo delante de Brooke. Sam abre lentamente la puerta de su casa, pero no es en lo primero que me fijo… Sus piernas me llaman demasiado la atención como para hacerlo. Sam se quita el móvil de los shorts dejándolo detrás de la televisión.
— Así no hay confusiones — Aclara. Ella se mete en una de las habitaciones mientras yo me quedo en el comedor, observando cada rincón. Es verdad, esto no es nada parecido a lo mío. Esto ellas lo consideran como un hogar, pero aún no entiendo cómo pueden vivir aquí, estoy seguro que un día de estos se les va a caer el techo abajo.
— ¿Empezamos? — Sam sale de su habitación enseñando un pequeño plástico que se acaba de meter en el escote. Trago saliva al observar que es un condón. Cierro los ojos y lanzo la chaqueta encima de un sofá. Y a paso rápido voy a cazar a mi presa.
— Vas a morir — Le suelto. Ella levanta una ceja mientras me observa — No vas a poder soportar el placer que vas a sentir. — Sus finos brazos vagabundean por mi cuello dejándome pequeñas caricias.
— Entonces… mátame ahora — me coge la mano y empieza a caminar hacia atrás, como si tuviera ojos en la espalda y sin ningún problema entra en su cuarto. No me fijo en absolutamente nada… estoy perdido en su cuerpo. Tiene unas caderas perfectas. Ella por sí sola se quita la camiseta lanzándola hacia yo qué sé donde. Observo detenidamente cada uno de sus perfectos pechos, cubiertos por un sujetador de color rojo pasión, perfecto para la ocasión. Miro también su cintura para quedarme con todos los pequeños detalles de su cuerpo. Como por el ejemplo, el pequeño lunar que tiene encima de uno de sus pechos o el tatuaje que tiene en la cintura, justo en el mismo lado que el mío. El símbolo de infinito. Me pregunto qué significado tendrá para ella. Pero aunque la curiosidad me está llamando, sin dudarlo dos veces me acerco a ella para comerme su boca. No es de la misma manera en la que beso a Brooke, ni mucho menos… A ella la beso lentamente, demostrándole que me gusta de verdad. Y a Sam la beso con pasión, pero aún así, sus labios crean una adicción que impide que me separe de ellos. No sé cómo ha conseguido quitarme la camiseta, pero la cuestión es que ahora ya no la llevo puesta. Tengo que confesar que estoy nervioso, realmente nervioso... pero ahora me da igual todo. Ella ha provocado que ahora mismo la desee más que cualquier otro hombre en la tierra. Mi miembro va a explotar de un instante a otro y ella lo único que hace es provocarme más y más. Vacila durante un rato con la hebilla de mi cinturón, la maldigo por dentro. Como no me quite ya el pantalón, juro que me da algo. Y como si me leyera la mente, empieza a bajarlo lentamente hasta que consigue deshacerse de ellos, y los tira por la habitación, como anteriormente ha hecho con mi camiseta. Se coloca encima de mí y empieza a besarme lentamente… estoy en el paraíso nunca pensé que esto me iba a gustar tanto. Y pensar que ayer huí. Justin, eres imbécil. Vuelvo a concentrarme en ella cuando noto que ahora está acariciando mi amigo… y yo ahora mismo estoy volando. Esto es el cielo y puedo asegurar que no quiero salir de él. Se levanta haciendo que la observe. ¿A dónde va ahora?
Mientras se quita sus shorts, me fijo en el condón que tiene escondido entre sus pechos. Eso me provoca aún más. Sin darme cuenta, ahora mismo la tengo encima de mí, nuestros miembros se están rozando y solo la fina tela de nuestra ropa interior nos separa.
Se mueve sobre mí, lentamente… haciendo que sienta pinchazos en mi miembro. Haciendo mi corazón vaya a mil por hora..
— ¿Sabes? — Intento pronunciar después de soltar un gemido — Eres una diosa — Le suelto. Aún no se por qué, pero en realidad tenía muchas ganas de decírselo.
— Quiero que me dejes afónica.
— Quiero que grites Bieber lo más fuerte que puedas — Gimo. Ella sonríe y vuelve a cazar mis labios.
— Me pones, Bieber.
Y en estos momentos, tal y como estoy y después de lo que acabo de escuchar, no puedo más. Ha sido la gota que ha colmado el vaso, quiero hacerla mía, ya lo necesito. Aunque también me siento igual de asustado que la otra vez, no voy a cagarla de nuevo. Puede que si lo hago me arrepienta, pero sé que me arrepentiré aún más si no lo hago.
Me giro para quedar encima de ella y esta vez es Sam la que gime ante el contacto.
— Ahora… te voy a hacer chillar — Dirijo mis manos a su feminidad para acariciarla suavemente, aún con las bragas puestas. Está mojada… y eso, me excita más aún. Cuando estoy decidido a quitarle las finas braguitas, la puerta de su habitación se abre de par en par haciendo que Sam se levante de golpe de la cama, y se quede mirando a ese señor con pinta de matón que hay en la puerta. ¿Quién coño es?
— ¿Dónde está Rikki? — El hombre le mete una patada a la puerta haciendo que está se cruja un poco más
— Eh, tú — le llamo. — Rikki no está aquí — ¿Cómo se atreve a entrar así? ¿quién es?
— ¡Justin, cállate! — Dice Sam. Dirijo mi mirada a ella y la veo intentando cubrir con sus finos brazos su cuerpo medio desnudo. — No lo sé, John.
— ¡Gilipollas!-- Sube el tono de voz, dirigiéndose a mí. Yo levanto la cabeza para mirarle. — Coge tus cosas y lárgate, ahora.
— Pero John… — Resopla Sam.
--¡He dicho que fuera, joder! — Entra en la habitación y aparta a Sam hacia un lado ella se queda apoyada en el armario que hay al otro lado de la habitación. ¿John? Sí, creo que así se llama, viene ahora hacia mí.
— Que sea la última vez que te vea por aquí ¿entendido? — Me dice. ¿Cómo se atreve?
— Y tú — se dirige a Sam — Como sepas donde está Rikki y no me lo hayas querido decir, os la vais a cargar las dos ¿de acuerdo? — Sam asiente mientras el hombre se va hacia la puerta para desaparecer por el pasillo.
— ¿Quién es ese tipo? — Le pregunto acercándome a ella.
— No te importa, Justin. Vete — ¿Cómo que me vaya? ¿me está echando? ¿pretende dejarme ahora ella así?
— ¿Qué me vaya?.
Sam comienza a buscar sus shorts para ponérselos. Luego se mete la mano en uno de los bolsillos y saca un pequeño papel blanco. Sin decir nada me lo entrega.
— ¿Qué es esto? — pregunto. Observo el papelito detenidamente. Pone su número de móvil.
— Hoy no va a poder ser — ¿Es en serio? Vale… bien, Justin. Ahora es ella la que te da el plantón. Inspira y suspira… eso es. Es lo mejor que puedes hacer ahora.
— ¿Y qué pretendes que haga yo con esto? — Espeto. Necesito una ducha de agua fría.
— Que me llames mañana, o pasado… yo que sé. Cuando puedas, y así acabamos lo que empezamos — Una vez dicho esto sale de su habitación. La sigo por la casa hasta que se detiene frente a la puerta de la calle. La abre y me mira.
— Ah, bien — Una forma muy sutil de echarme de su casa. Genial.
Se acerca a mí un poco tímida, sin saber del todo bien qué hacer. La observo mientras ella se pone de puntillas para darme un suave y sonoro beso en la mejilla. Sonrío. Esto es inútil ¿después de casi acostarnos ahora un beso en la mejilla? Ella me coge de la mano para sacarme de su casa, que ahora que me fijo… no está demasiado ordenada. Tienen ropa tirada por todos los rincones. Incluso me ha parecido ver unos sujetadores colgando de una pequeña lámpara que tienen en el pasillo.
— Acuérdate del móvil — Ríe.
Yo cojo mi chaqueta y por supuesto mi móvil y me dirijo de nuevo a la puerta, donde ella me está esperando. Antes de salir le sonrío y finalmente escucho el ‘pom’ que hace que todo el paraíso que se había formado minutos antes, se destruya por un gilipollas llamado John. Ahora el que se queda con el calentón… he sido yo.

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