miércoles, 21 de marzo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 8}


Subo las escaleras hacia mi casa lo más deprisa que los tacones me permiten. Tengo demasiadas ganas de contárselo todo a mi mejor amiga, espero que Justin ya no esté en casa con ella. Sería desagradable tener que interrumpir una escena como esa.
Meto la llave en la cerradura y después de tres segundos ya estoy dentro. No se escuchan ruidos, ni nada que me demuestre que ellos dos todavía están juntos.
— ¿Sam?
— En mi habitación. — la escucho alzar la voz para que pueda oírla. Dejo el bolso encima del sofá y me adentro en el pasillo. Cuando llego a su habitación la encuentro tirada en su cama, mirando hacia el techo.
— ¿Justin se ha marchado ya? — pregunto, sentándome a su lado en la cama. Ella se incorpora y apoya su espalda en la pared.
— Sí, se marchó hace un rato.
— ¿Y cómo es que al final no os habéis acostado? ¿Se ha vuelto a rajar? — pregunto divertida. Ella abre bien los ojos y me mira curiosa.
— ¿Y tú cómo sabes que no ha pasado nada? — me mira desconfiada. Yo río al observarla.
— Estás de mal humor. Si te lo hubieras tirado, estarías relajada, feliz.
Suspira y se levanta de la cama, comenzando a dar vueltas por la habitación. Coge algunas prendas de ropa que hay tiradas por el suelo y las dobla para luego meterlas en el armario.
— Estuvimos a punto. Pero justo cuando iba a pasar entró John, interrumpiéndolo todo. — mi expresión se vuelve un poco más seria al escuchar eso. ¿John?
— ¿Qué hacía él aquí? — le pregunto con algo de miedo. Me asusta la respuesta.
— Te estaba buscando a ti. Parecía un poco borracho. — contesta encogiéndose de hombros. No me gusta demasiado saber que me estaba buscando, pero decido no darle más importancia. Tengo cosas más importantes que hablar con mi mejor amiga.
— Pues me alegro que no te hayas acostado con él. — digo de forma natural. Ella voltea para mirarme extrañada. — No me mires así, sé por qué lo digo. Justin es virgen.
Quedamos durante unos segundos en silencio, hasta que Sam comienza a reírse a carcajadas, como si le hubiera contado el mejor chiste del mundo. La miro con expresión divertida, pero eso sólo hace que ella se ría más.
— Te estoy hablando en serio, Sam. — digo cuando comienzo a reír yo también.
Después de un rato ella se detiene, y vuelve a sentarse a mi lado en la cama.
— ¿Cómo sabes tú eso? — ahora ya está más seria.
— Digamos que pasar toda la tarde con Niall tiene sus ventajas. Me ha contado muchas cosas.
— ¿Qué cosas? — se acerca. Realmente le interesa todo esto.
— Cosas como que es virgen. Hay una chica de su complejo, Brooke. Ha quedado con ella en un restaurante el sábado. Quiere acostarse con ella, pero como le da miedo hacer el ridículo, quería acostarse primero contigo para… ya sabes… coger ‘’práctica’’. — digo haciendo comillas con los dedos de forma divertida. Pero viendo la expresión de Sam, sé que a ella no le hace gracia todo esto.
Permanece callada durante largos minutos, asimilando lo que le acabo de contar.
Me empieza a preocupar que todavía no haya dicho nada, porque conociéndola, ahora mismo tendría que estar insultando a ese chico y diciendo que se va a quedar con las ganas, porque no volverán a verse. O algo así. Pero no, tan sólo consigo más silencio. Esto empieza a incomodarme.
— ¿No vas a decir nada? — busco su mirada y observo una pequeña sonrisa en su rostro.
— ¿Cómo has dicho que se llamaba el restaurante? — suelta de repente. No me esperaba que me preguntara eso.
— No te lo he dicho. Se llama ‘The Owlen’, o algo así ha dicho Niall.
Sam me mira con cierto brillo en los ojos y una enorme sonrisa perversa en sus labios. La conozco demasiado bien como para saber que nada bueno se le está pasando ahora mismo por su cabecita. Me da miedo preguntarle, es capaz de soltarme cualquier locura.
Me gustaría saber qué trama, pero tendrá que esperar unas horas para contármelo. Ahora es tarde, tenemos que irnos ya al Black Diamond.
|| Narrador ||
Niall llegó a su casa después de haber estado casi una hora y media vagabundeando por la ciudad, en busca de un camino que le condujera a la zona residencial en la que vive. Al no conocer la parte en la que estuvo con Rikki, le costó bastante encontrar el camino a casa. Durante todo el camino ha estado preguntándose si realmente había pasado, si ellos de verdad habían mantenido una conversación seria.
Por alguna razón, la imagen que tenía Niall de las chicas como Rikki y Sam era la de unas chicas maleducadas, que se dedicaban a pasear por las calles con ropa que dejaba al descubierto la mayor parte de su cuerpos, incapaces de pensar en otra cosa que el sexo. Pero hoy ha podido descubrir que no todo es como parece, que no todo el mundo tiene la misma suerte, y que la vida no siempre es fácil para algunas personas.
Entra por la puerta de la cocina sin hacer demasiado ruido. Aún no es hora de cenar, pero no le apetece toparse con su madre y que esta inicie un interrogatorio. Él ya es mayorcito, pero eso es algo que su madre parece no entender. Mientras atraviesa la gran cocina, escucha como su madre y su padre están sentados en el salón, hablando de quién sabe qué.
Se dirige hacia las escaleras que suben a su cuarto, pero choca sin darse cuenta con uno de los muebles que están apoyados en la pared del recibidor.
— Mierda… — susurra lo más bajito que puede. Pero su intento es fallido, ya que en menos de diez segundos aparece su madre delante de él.
— Cariño — dice mientras se acerca para besar su mejilla. — ¿Dónde has estado toda la tarde?
— Ya sabes, con Justin por ahí. — responde desganado. No puede decirle que ha estado con una chica, porque su madre comenzaría su interrogatorio de tercer grado. Y tarde o temprano acabaría descubriendo el tipo de chica que Rikki era, y eso sería lo peor que podría pasar.
— Sube a ducharte, pero no tardes demasiado. Dentro de media hora cenamos. — aclara Maura. Después desaparece de nuevo para volver al salón y continuar la conversación con su marido.
Niall obedece, y algo desganado sube al baño de su habitación para relajarse con una ducha antes de cenar. Suspira, y antes de quitarse los pantalones se aseguro de vaciar bien sus bolsillos.
Saca su móvil, su cartera y sus llaves, y las deposita encima del mueble del baño. Pero justo entonces ve como un pequeño papelito cae al suelo. Sonríe recordando de qué se trata, y se agacha para recogerlo. Su número de móvil. Quién sabe, quizá dentro de unos días la llame para volver a quedar con ella. O quizás se lo piense mejor y decida no hacerlo, por miedo a la reacción de su madre al enterarse. Lo único que sabe seguro en este momento, es que el mundo real es demasiado diferente a la idea que sus padres han intentado enseñarle. Tanto a él como a Justin.
|| Niall ||
Justin. Pienso en mi mejor amigo cuando me introduzco en la ducha. ¿Qué tal le habrá ido con esa chica, Sam?
Por su propio bien espero que todo haya ido como él tenía planeado, porque no seré yo quien vuelva a acompañarle si queda con ella otro día. Suerte que hoy ha estado Rikki y no he tenido que esperar solo, porque si hubiera sido así, Justin estaba muerto.
Me concentro en la ducha, porque de verdad necesito relajarme. Después llamaré a Justin, o le diré que se pase por aquí. Tiene que contarme bastantes cosas.
~*~
Me aseguro que no quede ni una miga de pan sobre mi plato. La salsa de mamá está demasiado buena como para no terminármela toda. En realidad, todo lo que cocina mamá está delicioso. Soy el único que sigue sentado en la mesa. Mamá se ha marchado al salón para hablar con una amiga por teléfono, y papá está ya trabajando en su despacho, como de costumbre.
Escucho las risas de mamá. A saber de qué estarán hablando ella y Pattie. Porque sí, la amiga con la que habla es la madre de Justin. Y eso me recuerda que tengo que llamarle, es importante que hable con él. Tiene que contarme si por fin lo ha conseguido. Me dirijo al salón para pedirle a mamá que no tarde demasiado en colgar.
— Mamá, necesito el teléfono. — le susurro. Ella me hace un gesto con la mano, indicándome que espere mi turno. Resoplo y me desplomo a su lado en el sofá.
Tras unas cuantas risas más, mamá decide colgar.
— Bueno Pattie, hablamos mañana. Mi hijo necesita el teléfono.
La madre de Justin le responde unas palabras que no consigo escuchar. Sonrío cuando mamá pulsa la tecla roja y prácticamente le arranco el teléfono de las manos. Subo las escaleras a la velocidad de la luz y cierro la puerta de mi habitación una vez que estoy dentro. Me tiro sobre la cama y marco el número de mi mejor amigo.
— ¿Hola? — escucho su voz al otro lado del aparato.
— ¿Qué tal te ha ido todo, tío? ¿lo has hecho? — pregunto sin rodeos. Me pica demasiado la curiosidad.
Oigo como resopla, y eso sólo puede significar una cosa.
— No llegamos a hacer nada.
— No puedo creer que te rajaras otra vez. — suelto. Intento que él no note que estoy sonriendo. Me parece divertido todo esto, la forma en la que intenta fingir ser alguien que en realidad no es.
— Cállate, idiota. — dice intentando sonar rudo, pero sé que no está molesto. — No fue culpa mía. Estábamos a punto, pero un tío entró de repente. Se llamaba John, o Josh, algo así. Venía buscando a tu amiguita.
— ¿A quién? — no entiendo a quién se refiere.
— No disimules, ¿Rikki? ¿Se llama así? — pregunta con sorna.
— Sí… pero no es mi amiguita. — aclaro.
— Claro que no… — intenta parecer sarcástico. — Por eso has pasado toda la tarde con ella, ¿no?
— ¿Y tú cómo sabes con quién he estado? — le replico — Si me has dejado ahí solo, tirado. No querrías que te siguiera como una sobra.
— Oh, perdón, si quieres podía haberte traído para que vieras como me la tiraba. Podrías haberlo grabado y todo. — me contesta de forma sarcástica. Río, en realidad en eso tiene razón.
|| Sam ||
Nada más llegar a casa, cada una se mete en su habitación, para reposar sobre la cama antes de pasar por la ducha. Hoy no ha sido una noche diferente a las demás, pero me he dado cuenta de que John no ha dejado de mirar a Rikki en todo el tiempo. Es muy raro en él que decida quedarse en el Black Diamond en lugar de irse a su casa a dormir, como siempre suele hacer. Rikki también se ha dado cuenta de eso, y ha estado inquieta todo el tiempo. John tiene la costumbre de mirarnos bailar, pero aún así todo esto es demasiado extraño.
~*~
Después de que las dos nos hayamos duchado y tengamos los pijamas puestos, solemos sentarnos en el sofá para mirar la televisión. Y para hablar, sobretodo para hablar.
— Bueno Sam, ya está bien. — dice de repente. La miro confundida. ¿Qué le pasa ahora? — Cuéntame qué vas a hacer con Justin.
— ¿Qué te hace pensar que voy a hacer algo? — pregunto con cara de angelito. Pero ella sonríe de forma diabólica.
— No serías tú si te quedaras sin hacer nada. ¿Vas a quedar con él para luego dejarle con el calentón?
Pregunta con emoción. Aún no sé ni yo lo que voy a hacer. Igual es mejor dejarlo estar. En teoría sólo debíamos quedar una noche, y yo ya gané cincuenta euros. Espera… ¿qué coño dices, Sam?
No me importa demasiado la vida del niño rico, pero igual que él me hizo perder una tarde, será divertido que él también pierda un poco el tiempo. Sólo tengo que ver cómo… pero creo que ya se me ha ocurrido. Sonrío victoriosa intentando que Rikki no me vea, porque entonces sí que no parará de preguntar. Cuando giro la cara para mirarla, está concentrada en la televisión.
— ¿Y el rubio para cuándo cae? — pregunto moviendo las cejas arriba y abajo, con una cara divertida. Ella carcajea.
— Ni hablar. Como mínimo sería dentro de tres mil años. — responde negando con la cabeza. Yo la miro con una mueca de interrogación. — Oh, vamos, ¿no lo has visto? Es muy mono, me cae bien. Pero más bien parece tener la mentalidad de un niño de tres años. Da la impresión de que le asustan las mujeres.
Río fuertemente ante lo que acaba de decir, pero veo que a ella no le hace tanta gracia, así que decido parar.
— Rikki, conociéndote, seguro que termina cayendo.
— Tampoco voy a insistirle mucho. — contesta — Tiene mi número. Si quiere algo ya llamará…
Pero yo sé que es mentira. Y ella también. Ambas sabemos que ese chico, Niall, terminará llamándola, por una razón u otra. Y cuando se vean, ella seguirá comportándose de esa forma tan abierta y espontánea que tiene cuando está con los chicos.

domingo, 18 de marzo de 2012

•Black Diamond• {Capítulo 7}


Llegamos a su portal, todo esto no es nada parecido a donde yo vivo. La puerta está muy agrietada, con solo una patada podrían tirarla abajo. Ella me mira con una mueca bastante extraña al meter la llave en la cerradura. Estoy esperando a que la voltee para poder entrar, pero en vez de eso ella se apoya en la puerta.
— Escúchame...— Me suelta. Yo le miro esperando a que acabe la frase — Esto… no es un palacio, ni mucho menos, ¿vale? — La miro extrañado, no entiendo a qué viene esto. — Es decir, no tenemos ni empleadas, ni una cama de lujo ni cosas de estas. Es simple, una casa con un techo ¿de acuerdo? — Asiento. No sé que decir, en estas ocasiones el único que podría decir algo sería Niall. A él siempre le salen las cosas cursis, a mí normalmente… no. Aunque por otro lado, tampoco veo por qué habría de soltarle algo cursi, o algo para hacerla sentir mejor. Nada de esto tiene que ver conmigo. No es que sea el ‘malo’ ni mucho menos, pero a mí estos temas nunca se me han dado bien, y menos con una persona a la cual conozco de una noche. Sí Bieber, la conoces de una noche y ya te vas a acostar con ella. Y todo esto por no quedar en ridículo delante de Brooke. Sam abre lentamente la puerta de su casa, pero no es en lo primero que me fijo… Sus piernas me llaman demasiado la atención como para hacerlo. Sam se quita el móvil de los shorts dejándolo detrás de la televisión.
— Así no hay confusiones — Aclara. Ella se mete en una de las habitaciones mientras yo me quedo en el comedor, observando cada rincón. Es verdad, esto no es nada parecido a lo mío. Esto ellas lo consideran como un hogar, pero aún no entiendo cómo pueden vivir aquí, estoy seguro que un día de estos se les va a caer el techo abajo.
— ¿Empezamos? — Sam sale de su habitación enseñando un pequeño plástico que se acaba de meter en el escote. Trago saliva al observar que es un condón. Cierro los ojos y lanzo la chaqueta encima de un sofá. Y a paso rápido voy a cazar a mi presa.
— Vas a morir — Le suelto. Ella levanta una ceja mientras me observa — No vas a poder soportar el placer que vas a sentir. — Sus finos brazos vagabundean por mi cuello dejándome pequeñas caricias.
— Entonces… mátame ahora — me coge la mano y empieza a caminar hacia atrás, como si tuviera ojos en la espalda y sin ningún problema entra en su cuarto. No me fijo en absolutamente nada… estoy perdido en su cuerpo. Tiene unas caderas perfectas. Ella por sí sola se quita la camiseta lanzándola hacia yo qué sé donde. Observo detenidamente cada uno de sus perfectos pechos, cubiertos por un sujetador de color rojo pasión, perfecto para la ocasión. Miro también su cintura para quedarme con todos los pequeños detalles de su cuerpo. Como por el ejemplo, el pequeño lunar que tiene encima de uno de sus pechos o el tatuaje que tiene en la cintura, justo en el mismo lado que el mío. El símbolo de infinito. Me pregunto qué significado tendrá para ella. Pero aunque la curiosidad me está llamando, sin dudarlo dos veces me acerco a ella para comerme su boca. No es de la misma manera en la que beso a Brooke, ni mucho menos… A ella la beso lentamente, demostrándole que me gusta de verdad. Y a Sam la beso con pasión, pero aún así, sus labios crean una adicción que impide que me separe de ellos. No sé cómo ha conseguido quitarme la camiseta, pero la cuestión es que ahora ya no la llevo puesta. Tengo que confesar que estoy nervioso, realmente nervioso... pero ahora me da igual todo. Ella ha provocado que ahora mismo la desee más que cualquier otro hombre en la tierra. Mi miembro va a explotar de un instante a otro y ella lo único que hace es provocarme más y más. Vacila durante un rato con la hebilla de mi cinturón, la maldigo por dentro. Como no me quite ya el pantalón, juro que me da algo. Y como si me leyera la mente, empieza a bajarlo lentamente hasta que consigue deshacerse de ellos, y los tira por la habitación, como anteriormente ha hecho con mi camiseta. Se coloca encima de mí y empieza a besarme lentamente… estoy en el paraíso nunca pensé que esto me iba a gustar tanto. Y pensar que ayer huí. Justin, eres imbécil. Vuelvo a concentrarme en ella cuando noto que ahora está acariciando mi amigo… y yo ahora mismo estoy volando. Esto es el cielo y puedo asegurar que no quiero salir de él. Se levanta haciendo que la observe. ¿A dónde va ahora?
Mientras se quita sus shorts, me fijo en el condón que tiene escondido entre sus pechos. Eso me provoca aún más. Sin darme cuenta, ahora mismo la tengo encima de mí, nuestros miembros se están rozando y solo la fina tela de nuestra ropa interior nos separa.
Se mueve sobre mí, lentamente… haciendo que sienta pinchazos en mi miembro. Haciendo mi corazón vaya a mil por hora..
— ¿Sabes? — Intento pronunciar después de soltar un gemido — Eres una diosa — Le suelto. Aún no se por qué, pero en realidad tenía muchas ganas de decírselo.
— Quiero que me dejes afónica.
— Quiero que grites Bieber lo más fuerte que puedas — Gimo. Ella sonríe y vuelve a cazar mis labios.
— Me pones, Bieber.
Y en estos momentos, tal y como estoy y después de lo que acabo de escuchar, no puedo más. Ha sido la gota que ha colmado el vaso, quiero hacerla mía, ya lo necesito. Aunque también me siento igual de asustado que la otra vez, no voy a cagarla de nuevo. Puede que si lo hago me arrepienta, pero sé que me arrepentiré aún más si no lo hago.
Me giro para quedar encima de ella y esta vez es Sam la que gime ante el contacto.
— Ahora… te voy a hacer chillar — Dirijo mis manos a su feminidad para acariciarla suavemente, aún con las bragas puestas. Está mojada… y eso, me excita más aún. Cuando estoy decidido a quitarle las finas braguitas, la puerta de su habitación se abre de par en par haciendo que Sam se levante de golpe de la cama, y se quede mirando a ese señor con pinta de matón que hay en la puerta. ¿Quién coño es?
— ¿Dónde está Rikki? — El hombre le mete una patada a la puerta haciendo que está se cruja un poco más
— Eh, tú — le llamo. — Rikki no está aquí — ¿Cómo se atreve a entrar así? ¿quién es?
— ¡Justin, cállate! — Dice Sam. Dirijo mi mirada a ella y la veo intentando cubrir con sus finos brazos su cuerpo medio desnudo. — No lo sé, John.
— ¡Gilipollas!-- Sube el tono de voz, dirigiéndose a mí. Yo levanto la cabeza para mirarle. — Coge tus cosas y lárgate, ahora.
— Pero John… — Resopla Sam.
--¡He dicho que fuera, joder! — Entra en la habitación y aparta a Sam hacia un lado ella se queda apoyada en el armario que hay al otro lado de la habitación. ¿John? Sí, creo que así se llama, viene ahora hacia mí.
— Que sea la última vez que te vea por aquí ¿entendido? — Me dice. ¿Cómo se atreve?
— Y tú — se dirige a Sam — Como sepas donde está Rikki y no me lo hayas querido decir, os la vais a cargar las dos ¿de acuerdo? — Sam asiente mientras el hombre se va hacia la puerta para desaparecer por el pasillo.
— ¿Quién es ese tipo? — Le pregunto acercándome a ella.
— No te importa, Justin. Vete — ¿Cómo que me vaya? ¿me está echando? ¿pretende dejarme ahora ella así?
— ¿Qué me vaya?.
Sam comienza a buscar sus shorts para ponérselos. Luego se mete la mano en uno de los bolsillos y saca un pequeño papel blanco. Sin decir nada me lo entrega.
— ¿Qué es esto? — pregunto. Observo el papelito detenidamente. Pone su número de móvil.
— Hoy no va a poder ser — ¿Es en serio? Vale… bien, Justin. Ahora es ella la que te da el plantón. Inspira y suspira… eso es. Es lo mejor que puedes hacer ahora.
— ¿Y qué pretendes que haga yo con esto? — Espeto. Necesito una ducha de agua fría.
— Que me llames mañana, o pasado… yo que sé. Cuando puedas, y así acabamos lo que empezamos — Una vez dicho esto sale de su habitación. La sigo por la casa hasta que se detiene frente a la puerta de la calle. La abre y me mira.
— Ah, bien — Una forma muy sutil de echarme de su casa. Genial.
Se acerca a mí un poco tímida, sin saber del todo bien qué hacer. La observo mientras ella se pone de puntillas para darme un suave y sonoro beso en la mejilla. Sonrío. Esto es inútil ¿después de casi acostarnos ahora un beso en la mejilla? Ella me coge de la mano para sacarme de su casa, que ahora que me fijo… no está demasiado ordenada. Tienen ropa tirada por todos los rincones. Incluso me ha parecido ver unos sujetadores colgando de una pequeña lámpara que tienen en el pasillo.
— Acuérdate del móvil — Ríe.
Yo cojo mi chaqueta y por supuesto mi móvil y me dirijo de nuevo a la puerta, donde ella me está esperando. Antes de salir le sonrío y finalmente escucho el ‘pom’ que hace que todo el paraíso que se había formado minutos antes, se destruya por un gilipollas llamado John. Ahora el que se queda con el calentón… he sido yo.

•Black Diamond• {Capítulo 6}


|| Rikki ||
¿Justin es virgen?
Justin es virgen.
No puede ser. Es imposible… más bien increíble. Para nada me habría imaginado que ese fuera el motivo por el que dejó plantada a Sam la otra noche. Así que sólo quiere utilizarla para coger práctica… interesante. A Sam le encantará saberlo, y conociéndola, no creo que le dé igual. Agradezco que Niall me lo haya contado. Niall. Sigue sentado a mi lado mirándome curioso, porque todavía no he sido capaz de soltar palabra después de lo que acaba de contarme. Sonrío, se me pasan por la mente algunas cosas que preguntarle. Me mira algo confundido.
Decido dar otro pasito más, pillarle desprevenido, sorprenderle de nuevo. Muevo mi cuerpo de manera que quedo más cerca de él, y coloco mi mano derecha en su muslo.
Parece como si ya se fuera acostumbrando un poco más a mí, porque no se sobresalta tanto como esperaba. Simplemente mira hacia el lugar donde está depositada mi mano, pero aparta la mirada rápidamente.
— Así que, le dijiste a Justin que le pidiera a Sam que me trajera, ¿eh? — pregunto pícaramente. Me apetece verle ruborizarse otra vez. Y lo consigo, aparta la mirada y comienza a mover la pierna.
— Bueno… no… no fue exactamente así… — Me gusta cuando tartamudea. Quiero jugar un poquito más.
— Oh, ¿entonces no querías verme? — pregunto fingiendo mi mejor cara de cachorrito. Intento aguantar pero rápidamente mi carita triste es sustituida por una enorme sonrisa.
— ¿Qué? ¡No! — responde nervioso. Hace gestos con las manos un tanto extraños. — Yo no pedí que vinieras, aunque tampoco es que no me haya gustado verte… Pero quería disculparme contigo y eso.
— Ah, que considerado. — musito. Toda esta situación me divierte demasiado.
Después de eso reina un silencio. Un silencio que es divertido para mí, pero incómodo para él. Mira hacia el lado contrario a donde estoy yo, y todavía sigue moviendo la pierna.
— Entonces Niall, podría suponer que tú también eres virgen, ¿no? — pregunto lo más natural posible, aunque por dentro estoy muriendo de la risa. Oh, vamos, su cara es demasiado divertida, ojala pudiera sacarle una foto. Si sus mejillas suelen estar rojas de costumbre, ahora más bien parece que están moradas, igual que toda su cara. Estoy segura de que si hubiera estado bebiendo algo se habría atragantado.
— Yo… bueno… eh… sí… — susurra. Casi parece como si él mismo intentara no escucharse al decirlo. Sonrío, no puedo evitar pensar que es el chico más tierno que he conocido. Podría comérmelo a besitos, porque sí, todo esto sólo ha hecho que mis ganas de acostarme con él aumenten. Recuerdo la noche en el Black Diamond, cuando le hice esa pequeña marca en el cuello. Y ahora que me fijo, una pequeña marca que todavía puede verse.
Miro la hora, y compruebo que llevamos más de una hora sentados en el banco de ese parque. Ya es hora de marcharme, aunque en realidad no me apetece. El tiempo vuela cuando lo pasas bien, y ha sido agradable hablar con él. Sin duda es diferente, tiene algo poco común. Los chicos con los que me relaciono suelen ser chulos, engreídos, seguros de sí mismos. Pero él más bien parece como si se sintiera inferior a todo el mundo que lo rodea.
Meto la mano en mi bolsillo para mirar si llevo los papelitos con mi número de teléfono. Sam y yo siempre los llevamos cuando salimos de casa, nunca sabemos cuando se puede presentar la ocasión de tener que dárselo a alguien. A algún chico, más bien.
Saco uno de ellos, lo doblo tres veces y se lo entrego.
— Toma, rubito.
— ¿Qué es esto? — pregunta mirando extrañado el trozo de papel.
— Es mi número de teléfono. Eres guapo, y además eres demasiado mono. Me ha gustado hablar contigo esta tarde, así que quédatelo. Me apetece quedar contigo otro día, y me da la impresión de que a ti tampoco te importaría quedar conmigo. — Vuelve a mirar el papel y luego me mira a mí, casi como asustado, con la boca abierta. Nuevamente muestro una sonrisa, como tantas veces llevo haciendo esta tarde. Es demasiado gracioso verle sonrojarse. — Ahora es tarde, me tengo que ir. Ya nos veremos Nialler.
Sin decir nada más me levanto del banco, pero antes de empezar a caminar, volteo y me agacho para besar su enrojecida mejilla, cerca de sus comisuras. Sin detenerme a observar su reacción, emprendo el paso hacia mi casa, moviendo las caderas de una forma un poco más exagerada de lo habitual. Sé que me está mirando.
|| Niall ||
Una vez que se ha marchado, saco mi móvil del bolsillo, y por un momento me quedo mirando fijamente la pantalla. Son las siete y media. Miro entonces el papel que acaba de entregarme, el papel que contiene su número de teléfono.
Decido guardarlo en la memoria del móvil cuanto antes, porque sé que si lo pienso demasiado me arrepentiré de habérselo cogido, y lo tiraré en la primera papelera que vea. Niall, este no eres tú. Tú no quedas con strippers, ni siquiera te relacionas con ellas. Si mamá se entera pondrá el grito en el cielo, y a pesar de que ya tengo dieciocho años, me prohibirá volver a salir con Justin por la noche. Porque la verdad es que mi mejor amigo tiene toda la culpa de todo esto.
Pero si mirásemos todo esto por otro lado, Rikki parece diferente. Ni ella ni su amiga trabajan en ese local porque les guste, más bien es porque no tienen ningún otro método para poder sobrevivir. Y es evidente que la Rikki que trabaja en ese bar nocturno, no tiene nada que ver con la Rikki del día a día. Cuando la vi por primera vez en el Black Diamond, me sentí como si fuera el ser más ridículo del planeta, sin saber cómo reaccionar cuando se plantó delante de mí. Pero en cambio ahora, parece como si hubiera estado tratando con una persona totalmente distinta. La he visto tratar a ese niño, y lo hacía de una forma demasiado maternal. Sin duda tendrá futuro como pediatra. Y es que en realidad tan sólo es una chica normal que está intentando ahorrar para pagarse una carrera. Una chica un tanto atrevida y descarada, pero normal al fin y al cabo. Y sí, también tiene razón en lo que ha dicho. Me apetece mucho volver a quedar con ella.

•Black Diamond• {Capítulo 5}


A juzgar por los movimientos que está haciendo Sam al hablar, y las expresiones con las que mira a Justin, diría que están discutiendo por algo. Están a varios metros de distancia, y no puedo escuchar bien lo que dicen, pero conozco demasiado bien a mi amiga. Y ese chico está muy bueno, pero tiene pinta de niño de papá, consentido y mimado. Seguro que la está cagando.
Inmediatamente dejo de pensar eso cuando veo que Justin se acerca a ella hablándole de una forma provocadora, y ella hace lo mismo aproximándose a su oído.
Sin duda esto va a terminar bien, por lo menos una de las dos pasará un rato divertido. Porque aunque Niall me atrae, es demasiado tímido para mí, sería inútil intenta algo con él.
Observo como Justin coloca su mano en el trasero de Sam, y seguidamente se marchan los dos juntos calle abajo.
Sam, te juro que voy a matarte.
Ya me ha vuelto a dejar sola, sola con Niall. Vuelvo la mirada hacia él y río por lo bajo al ver como mira asustado hacia la dirección en la que se ha ido su amigo. Parece un niño perdido en medio de un centro comercial, buscando a su madre con la mirada. Él me mira curioso al escucharme reír. Sonríe.
— Y bueno… parece que nos hemos quedado solos. — Me animo a empezar una conversación con él. Mejor eso que seguir aguantando ese incómodo silencio.
— Sí… ¿te… te apetece… ya sabes, ir a tomar algo? — pregunta. Me habla como si me tuviera miedo. Es un tanto extraño, pero al mismo tiempo me parece un chico demasiado adorable.
— Hay una heladería aquí cerca. Venden unos batidos de cookies increíbles. Ven. — Adoro ese sabor de helado, y viendo la expresión que ha puesto cuando lo he dicho, puedo saber que a él también. Me apresuro a tomarlo de la mano y empezar a caminar hacia la heladería. Está tenso. Le miro y le sonrío. Me devuelve inseguro la sonrisa y seguimos andando, aún con las manos cogidas.
No puedo evitar preguntarme cómo sería Niall en la cama, pero me da la impresión de que no voy a llegar a saberlo nunca. O al menos, necesitaría coger mucha confianza con él para poder averiguarlo. Parece tan diferente a su amigo Justin, casi como si le tuviera miedo a las chicas.
En menos de diez minutos hemos llegado, y tras pedir un batido de cookies para cada uno, nos sentamos en una de las mesas que hay en la terraza.
Permanecemos los dos callados. Quiero hablar con él, pero no sé qué decirle. Normalmente no necesito intercambiar demasiadas palabras con los hombres, todo es rápido.
— Oye Rikki, lo siento por lo que pasó en el Black Diamond. — dice por fin.
— ¿A qué te refieres? — Sé de qué está hablando, pero no quiero darle demasiada importancia, aunque no me sentara del todo bien en su momento.
— Me fui de repente, sin decirte nada. Es que me sentía raro, yo no soy ese tipo de…
— No importa. — Sonrío. — Me imagino que sólo viniste porque Justin te pidió que le acompañaras. Los dos sois iguales.
Su expresión cambia al escucharme decir eso. Sonríe e inmediatamente parece mucho más relajado.
— ¿Tan poco tiempo has necesitado para calarnos? — pregunta divertido.
— Cariño — me tomo la confianza de llamarlo así — el Black Diamond está lleno de chicos como esos.
|| Niall ||
Me sorprende que haya cogido confianza tan rápido. Me ha llamado ’’cariño’’. Esto es raro, más que nada porque estoy tomando un batido de cookie con una chica que trabaja como stripper en un local nocturno. Yo, hablando con una chica así. Es extraño, sobretodo porque ella para nada lo parece. No parece una de esas que vende su cuerpo para conseguir dinero. Y todo esto me hace volver a preguntarme por qué estará trabajando de esto. Parece inteligente… no lo entiendo.
— ¿Por qué te dedicas a eso? — la pregunta sale sin permiso de mis labios. Me maldigo a mí mismo por haber sido tan brusco, por haberme metido tan de lleno en su vida personal sin conocerla. Noto que sus ojos se vuelven algo tristes al escuchar mi pregunta. Mierda Niall. — Lo siento Rikki, de verdad, no quería preguntarte eso.
— No pasa nada. — responde con una sonrisa triste. — Sé que es difícil de entender para un chico como tú.
Y dicho eso, se levanta de la silla y se acerca hacia la barra para pagar los batidos. No voy a dejar que haga eso, igual que tampoco quiero que se marche ya. No estoy mal hablando con ella.
— Ni hablar, yo pago. — digo extendiéndole un billete de cinco dólares a la camarera. Suspira y guarda su cartera, y sale de la heladería sin decir nada. ¡Perfecto, Horan! Eres un perfecto experto en eso de cagar los momentos.
Salgo de la heladería con un paso apresurado y consigo alcanzarla. Me coloco a su lado, caminando en su misma dirección hacia quién sabe donde.
— ¿Estás enfadada? — pregunto, pero durante unos segundos no obtengo respuesta. Doy por hecho que no va a responderme, cuando la veo sonreír por lo bajo, cubriéndose con el pelo. — ¿Rikki? — busco su mirada, y cuando la encuentro miro fijamente a sus ojos color avellana.
— No te hagas ilusiones tan rápido, rubito. — contesta divertida. — Aún no eres tan importante como para hacerme enfadar. — Me guiña un ojo y sigue caminando, contoneando un poco más sus caderas. Es espontánea, me gusta.
Vuelvo a acelerar el paso para ponerme a su lado.
Continuamos andando y llegamos a un parque. Nunca había estado en esta zona de la ciudad, más bien ni siquiera había oído hablar de ella. Es muy diferente a la parte donde yo vivo. En el complejo donde vivimos Justin y yo, todas las casas son adosados o chalets, y todos tienen como mínimo dos plantas. Aquí no, los edificios son estrechos y están pegados los unos a los otros. La mayoría son antiguos y sus fachadas reflejan el paso de los años.
Nos sentamos en un banco de madera que hay a un lado del paseo. Está justo en frente de un parque infantil, donde hay niños columpiándose y tirándose de los toboganes. La miro y compruebo que ella todavía mantiene esa expresión divertida en su rostro mientras observa cómo los niños se divierten en los columpios. Es hermosa.
— ¿A qué te referías cuando has dicho que un chico como yo no podría entenderte? — insisto, obligándola a apartar la mirada de los pequeños para que vuelva a depositarla sobre mí. Sé que no debo meterme en ese tema, en teoría no es asunto mío, pero siento demasiada curiosidad. Me interesa saber cosas sobre ella.
— Pues eso Niall, los chicos como tú. Los que viven en la zona residencial, los que llevan polos de Ralph Lauren — dice señalando el logo de mi jersey — los que tienen asistenta, casas tan grandes como este parque… ya sabes, esos chicos.
Asiento despacio con la cabeza. Comprendo lo que quiere decir.
— Yo no tengo dinero, ¿sabes? Ni Sam tampoco. Nuestro jefe nos paga el alquiler de un piso diminuto que se cae a pedazos. — La miro fijamente, y ahora ya está muchísimo más seria. Ella también me mira a los ojos. — Sé lo que Justin y tú pensáis de nosotras. Justin sólo persigue a Sam porque está buena, porque le apetece echar un polvo. Y tú… bueno, tú has venido conmigo para no quedarte solo esperando. — sonríe. Le devuelvo la sonrisa y aparto la mirada. Me siento extraño, creo que siento lástima por ellas. — No somos prostitutas, ni nada parecido. Simplemente… tenemos un trabajo un tanto diferente al resto. Pero esto no durará mucho, estamos ahorrando para ir a la universidad el año que viene. Yo quiero ser pediatra.
Aparece un brillo en sus ojos de repente, y me mira sonriendo orgullosa. Así que es por eso, trabajan para poder pagarse la universidad durante el siguiente curso. Siento algo de alivio al saber eso, aunque no sé por qué. Le sostengo la mirada durante unos minutos, y durante un instante casi puedo notar como es ella la que se ruboriza esta vez. Yo me siento imbécil, inútil. No sé qué tengo que decirle, porque tiene razón, en realidad no podría entenderla. No puedo comprender nada de lo que me acaba de contar, ya que el dinero nunca ha supuesto ningún problema para mí, ni tampoco para mi familia. Pero supongo que hay muchas cosas que no entiendo del mundo, aunque de verdad me gustaría entenderlas. Por ejemplo ella, Rikki. Está sentada aquí conmigo, me acaba de contar parte de sus problemas y el por qué me interesan es otra cosa que tampoco logro entender ahora.
De repente suena un ruido proveniente de los columpios donde estaban jugando esos niños pequeños. Ella dirige la vista hacia allí y se levanta rápidamente en dirección a uno de los niños, que acaba de caerse del tobogán, raspándose la rodilla. Sus llantos comienzan a invadir la tranquilidad del lugar, y decido levantarme y acercarme para ver si se ha hecho demasiado daño.
Rikki está agachada junto a él, acariciándole las mejillas mientras le limpia las lágrimas. Yo me agacho junto a ella, y acaricio la cabeza del niño. Ella me mira y me sonríe.
— Ya está cariño, seguro que no es nada. ¿Dónde está tu mamá? — le pregunta hablándole de una forma tierna y maternal. El niño señala un grupo de mujeres que están sentadas en otro banco, seguramente cotilleando sin prestar ningún tipo de atención a sus hijos. Rikki lo coge en brazos y lo lleva hacia ellas. Una de las mujeres se levanta rápidamente cuando la ve acercarse y reconoce a su hijo en sus brazos. No alcanzo a oír lo que le está diciendo la madre, pero supongo que se lo estará agradeciendo. Vuelvo a sentarme en el banco que ocupábamos antes, y a los pocos segundos ella también está sentada a mi lado.
— Pobrecito, se ha asustado al caerse, pero en realidad la herida no era nada.
— Te gustan mucho los niños, ¿verdad?
— Sí. Ya te he dicho que quiero ser pediatra. Adoro a los niños pequeños.
Asiento levemente, dándole la razón. No sólo le gustan, sino que también sabe como tratarlos.
Quedamos en silencio durante un rato, tal vez cinco minutos, en los que sólo nos dedicamos a mirar al frente, o a escuchar el canto de los pájaros que hay a nuestro alrededor.
— ¿Y Justin? — cambia de tema repentinamente, cosa que me sorprende. ¿Por qué me pregunta por él? ¿qué tiene que ver Justin ahora?
— ¿Qué pasa?
— Que no entiendo lo que hace. ¿No se supone que vuestro barrio está repleto de barbies con vestiditos pijos y todo eso? — Río divertido ante la descripción que acaba de hacer de las chicas que viven en nuestro complejo. Ha acertado de lleno. — Seguro que más de una va detrás de él, ¿por qué quiso venir al Black Diamond a ligar?
— Bueno, es complicado de explicar.
— Tengo tiempo. — contesta de una forma un tanto juguetona. Suelto una carcajada al ver que también es cotilla.
— A ver… como tú dices, en nuestro barrio sí que hay barbies con vestiditos pijos y todo eso. — digo mirándola divertido. Ella río. Pero de repente me doy cuenta de que quizá contárselo no es la mejor idea. Justin no me dijo que lo pudiera contar. Rikki me mira expectante, esperando que siga, y hace un gesto raro con los ojos al ver que me he callado de repente. Niall, pensándolo bien, Justin tampoco te dijo que no lo pudieras decir. Y él te ha dejado solo. A la mierda. — Mira, Justin va detrás de una chica que se llama Brooke. Rubia, ojos verdosos… ya te la puedes imaginar.
— Claro, lo que yo te decía. Una barbie snob. — reímos ante su comentario.
— Exacto. El problema es que Justin ha quedado con ella el sábado, para… ya sabes. — Asiente, comprendiendo perfectamente a lo que me refiero. Yo no puedo evitar sonrojarme, me siento incómodo hablando de estos temas. — Pero lo que ella no sabe es que Justin es virgen. — Se aleja de mí al escuchar eso, con los ojos y la boca muy abiertos. Tiene una expresión muy cómica.
— ¿Qué? ¿Es virgen? ¿Y va a hacerlo con Sam? — pregunta de un tirón.
— De eso se trata. Quiere coger práctica antes de acostarse con Brooke. Han quedado el sábado, en un restaurante que está en la zona residencial. The Owlen, así creo que se llama.
— Que fuerte… — sus ojos miran hacia el suelo, pero más bien parece que tiene la mirada perdida, como si hubiera descubierto el secreto mejor guardado del mundo.

•Black Diamond• {Capítulo 4}


Estoy nervioso, realmente nervioso. Estoy frente a las puertas del Black Diamond junto con Niall, a quien he tenido que convencer para que aceptara a venir conmigo. Al parecer no le gustaba la idea de que la amiga de Sam, de quien aún desconozco el nombre, aceptara a venir. Observo la pierna de mi mejor amigo que no para de moverse hacia arriba y hacia abajo, y aunque yo sepa disimularlo, tengo ganas de salir corriendo. Dejé a esa hermosa chica con las ganas por tener miedo. ¡Dios Justin! Eres un completo inútil.
— ¿Seguro que era a las cinco? — miro el reloj para comprobar la hora que es, las cinco y cuarto. Genial. ¿Y si nos han dado plantón?
— Niall, ya sabes que las chicas se hacen de rogar, no tardarán — Digo sonriendo lo más convincente posible, puesto que el único motivo que me hace pensar que vendrán es el teléfono que ahora mismo tengo en la mano.
Intento relajarme, pensar en otra cosa. Pero es imposible, ¿para qué lo voy a negar?. La imagen de Brooke está invadiendo mi mente cada segundo. No puedo ir el sábado a la cena sin saber de este tema que tanto me incomoda. Brooke no puede saber que soy virgen, tiene que saber que yo tengo práctica en esto. ¿Por qué mierdas no te la tiraste? ¡A ella no la habrías vuelto a ver! ¡Era un plan perfecto!… Y ahora lo he echado a perder por miedo da pena, ¿a que sí?. Sí. Pero bueno… aún puede haber alguna posibilidad, ¿verdad?. Aunque sea la más minima... puedo intentar quedar otra vez con ella… ¡Bieber, no digas tonterías!.
Todos saben que te enviará a la mierda… Pero tengo que intentarlo. Aún queda una semana para el sábado. Puedo proponérselo, esta vez en serio. Mi mejor amigo carraspea. Le miro y él tiene la vista puesta en un punto de la acera. No dudo ni un segundo en girar un poco mi cabeza para observar a dos chicas con el pelo totalmente suelto, haciendo que se mueva de un lado a otro por culpa del aire que sopla en dirección a ellas. Vienen caminando como muñecas de porcelana encima de esos finos tacones. Me fijo principalmente en Sam. Sus shorts de color blanco hacen que resalte todavía más la piel morena de sus hermosas piernas, y la camiseta de tirantes de un color rosa flojo hacen que sus pechos aún resalten mucho más. Trago saliva al notar que se están acercando cada vez más. Y más cerca. Y mucho más. Hasta el momento en que ahora mismo las tengo delante. Suspiro fuerte y cierro los ojos. Bieber, tienes que ser fuerte.
|| Niall ||
Arriba, abajo. Arriba, abajo. Llevo más de quince minutos moviendo la pierna sin parar. Sé que estoy poniendo a Justin el doble de nervioso de lo que está, pero no puedo quedarme quieto, yo también estoy nervioso, muy nervioso. El hecho de que estén tardando tanto hace que me plantee seriamente que quizás han podido dejarnos tirados. Seguramente Sam, la chica con la que ha quedado Justin, pensó que sería bonito dejarle tirado ahora, como él hizo con ella la otra noche.
Pero todos esos pensamientos desaparecen cuando veo que dos chicas morenas y con unos tacones bastante altos se acercan hacia nosotros. Giro la cabeza hacia la izquierda y sonrío divertido al ver la expresión de Justin. Casi podría decir que se le cae la baba.
‘’Si quieres te traigo un cubo’’. Pienso. Pero sé que será mejor no decir nada. Vuelvo la vista al frente, y ahora ya están más cerca. Ambas van vestidas de forma corta, Sam con unos shorts y Rikki con una falda vaquera. No puedo evitar fijarme especialmente en Rikki, observando atento como su cabello ondulado se mueve al ritmo de sus pasos. También ella me mira y me sonríe. Nuevamente siento calor en mis mejillas, pero eso aumenta cuando finalmente se detienen frente a nosotros.
|| Sam ||
Giramos la esquina que nos impedía ver la puerta del Black Diamond. Los busco desesperada con la mirada, aunque, ¿por qué tendría que ponerme así?.
Respiro hondo un par de veces y fijo la mirada en los dos chicos que hay en frente de la puerta de nuestro asqueroso bar. Sonrío. Son ellos. Miro a mi mejor amiga mientras camino. Ahora mismo está mirando sonriente a… ¿Niall?. Creo que así se llamaba. Cada vez estamos más cerca de ellos, y ahora un miedo terrible me recorre todo cuerpo. La curiosidad invade de la nada todos y cada unos mis sentidos. ¿Por qué me dejó tirada? Me merezco una explicación.
Puedo oler su colonia, lo tengo delante. Giro la cabeza para evitar mirarle a la cara y me fijo en el chico rubio de al lado. Su piel es blanca, sus ojos… son hermosos muy hermosos. Y el color de sus mofletes hace que sonría como una tonta. Rikki me mira mal y puedo entender que está defendiendo lo que en teoría es suyo. Sonrío mientras giro la cabeza inocente. Me encuentro con el supuesto caballero que me dejó tirada la noche anterior, el que me hizo sentir una completa inútil. Una inútil que se quedó con un calentón impresionante. Ahora, lo tengo delante.
— ¿Me vas a dar mi teléfono? — Extiendo mi mano. Él se saca del bolsillo de la chaqueta el móvil. Lo miro y finalmente me lo meto en el bolsillo trasero de mis shorts
— ¿Y el mío? — Pregunta. Extiendo mi otra mano y se lo entrego. Pero antes de que me pueda girar para desaparecer, Justin me agarra de el brazo y me pega a él. Por un segundo me pierdo en su mirada… y dejo de prestar atención al resto de cosas que están teniendo lugar en este momento. Y finalmente cuando me suelta, me doy cuenta de que nos hemos alejado unos cuantos metros de Rikki y del chico rubio.
— ¿Qué te crees que estás haciendo? — Le digo cuando por fin he conseguido apartar mi mirada de sus hermosos ojos miel.
— Es raro que hayas dejado que te llevara — Suelta. Le miro mal, demasiado mal… Es decir, si las miradas matasen, Justin estaba muerto.
— ¿Qué coño quieres? — Le cambio de tema, puesto que tiene razón.
— Pedirte perdón — Musita. Me fijo en su expresión, está más rojo que un tomate. No puedo evitar reír.
— ¿De que te ríes? — Pregunta algo molesto. Intento evitar reírme, pero aún así no puedo parar, y él de cada vez está más rojo, cosa que hace que me ría mucho más.
— Eres una inútil — Me suelta de la nada. ¿Pero qué hace? ¿quién se cree que es?
Fue él quien se marchó de esa forma ¿ahora soy yo la inútil?. No he permitido nunca que nadie me faltara al respeto, y muchísimo menos lo va a hacer un niñito consentido como él.
— ¿Perdona? Tú fuiste quien sintió pánico de repente y se largó como un niño pequeño asustado. — Aunque desconocía la razón por la que se marchó, y arriesgándome a la respuesta que me podría dar, se lo suelto.
— ¿Sabes? Yo puedo hacerte sentir lo que muchos hombres no han conseguido. Puedo hacerte gritar mi nombre hasta que te quedes afónica. — Musita pícaramente mientras se acerca un poco más a mí.
— ¿Y por qué no me lo demuestras? — Me muerdo el labio inferior, me ha gustado su idea.
— ¿Dónde y cuándo?
— Ahora… — Me acerco a su oído — En mi casa…
Su mano se va directa a mi trasero. Una vez allí me acerca más a él. Estoy segura de que esta vez, nada de lo que ocurrió la otra noche va a volver a pasar. Podré sentirlo dentro de mí, y estoy segura de que me lo pasaré realmente bien.

•Black Diamond• {Capítulo 3}


— Uhmmmmm — Ese extraño sonido fue lo único que pudo salir de mi boca cuando sentí el molesto sol sobre mis ojos. Mierda, anoche se me olvidó bajar las persianas. Giro sobre el colchón, de forma que quedo de espaldas a la ventana y meto la cabeza debajo de la almohada. Escucho ruidos que vienen de abajo, seguramente será Lindsay, la asistenta, preparando la comida. Maldito sol, necesito dormir un rato más. Llevo durmiendo casi nueve horas y media, pero cinco de ellas me las he pasado soñando con lo que pasó anoche en ese sitio, el Black Diamond. Me siento estúpido, muy estúpido. Ahora que pienso en todo lo ocurrido con esa chica morena, me doy cuenta de que podría haberme comportado de otra forma. Haberle seguido un poco el juego, bailar con ella… o alguna de esas cosas. Pero no Niall, tú tuviste que quedarte sentado en esa silla, rojo como un tomate mientras todo el mundo, incluido Justin, se reían de ti. Rikki. Se llamaba Rikki, o eso me dijo. Parece de nuestra edad… no entiendo como una chica así puede preferir trabajar en un lugar como ese en lugar de ir a la universidad. Pero en mi mente no para de repetirse lo que ocurrió cuando Justin se fue.
*Flashback*
Estoy en medio de la gente y me siento demasiado ridículo. No sé si ir a la barra a beber algo, o volver a sentarme en la misma silla de antes. Veo luces y focos por todos, y la música casi no me deja oír ni mis propios pensamientos. Para colmo Justin se acaba de ir, me acaba de dejar solo y parece como si estuviera perdido.
De repente noto unas manos que me acarician la cintura por detrás. No puede ser… volteo para asegurarme de que es quien estoy pensando, y entonces la veo muy cerca de mí.
— ¿Tu amigo te ha dejado solo? — consigo leer eso en sus labios. Unos labios pintados de color rojo pasión que ahora mismo vuelven a acercarse a mi cuello. Los siento en el mismo sitio que antes, justo donde me ha dejado esa pequeña marquita. — ¿Quieres que vayamos nosotros también a divertirnos un rato?.
Siento calor por todo mi cuerpo mientras sus labios de cada vez se van acercando más a los míos, pasando por mi mejilla. Cierro fuerte los ojos. Rozan apenas mis comisuras cuando me aparto bruscamente. Abro de nuevo los ojos y ella me mira sonriente, pero esta vez parece una sonrisa más dulce. Me siento extraño, no sé qué hacer. No sé qué tengo que decirle, no sé nada. Mi cabeza está echa un lío y lo único que se me ocurre es marcharme de allí, así, de repente. Antes de salir por la puerta volteo para ver si Rikki me está siguiendo, pero no, simplemente me mira de lejos algo desconcertada.
¡Mierda Justin!. Maldita la hora en la que accedí a venir contigo.
*Fin del flashback*
Sigo bocabajo en el colchón cuando de repente noto como alguien me agita bruscamente de un lado a otro. Giro rápidamente y me encuentro con un Justin algo enfurecido parado de pie frente a mí.
— ¿Qué haces tío? — musito cuando termino de bostezar. — ¡Vete a la mierda! Es demasiado pronto.
— ¿Demasiado pronto? Tendría que haber venido anoche para chillarte de todo, rajado. ¿Cómo pudiste irte sin avisarme?
Me levanto de la cama sin poder creer bien lo que me está diciendo.
— ¿Yo? ¡Fuiste tú quien me dejó solo! ¡Te fuiste para acostarte con esa tía! ¿Qué querías que hiciera yo? — contesto enfurecido. ¿De verdad me está echando eso en cara?
— No entiendes nada, tío. Si te dejé solo fue para que tú aprovecharas con esa chica, la morena que se te acercó. — se sienta en mi cama y me mira fijamente. — Quería que te lanzaras, tienes que dejar de ser tan cortado.
— Ese no es tu problema. Ya te dije que no iba a acostarme con ninguna chica a la que acabo de conocer, yo no soy así. — sonrío pícaramente y me siento a su lado. Tiene que contarme demasiadas cosas. Él parece ponerse nervioso cuando se da cuenta de por qué lo miro así.
Espero a que hable, pero al ver que no dice nada, decido preguntarle yo mismo.
— ¿Qué tal fue todo con esa chica? ¿Lo hiciste?
— Eh… bueno… — mueve la pierna sin parar — Niall, no pude hacerlo. — abro muy bien los ojos al oír lo que me está diciendo. — Se me vinieron a la mente todas esas palabras que me dijiste, así que fue tu culpa. — Ríe y me da un pequeño puñetazo en el hombro. — Te espero abajo, tengo que pedirte un favor.
Dicho eso se levanta y se va de mi habitación. Me da miedo pensar en qué tipo de favor me pedirá. No pudo hacerlo… lo sabía. Sabía que en el último momento algo le impediría seguir adelante. Por mucho que intente aparentarlo, él no es así. Puede que esa chica, Brooke, le guste mucho, pero no sería capaz de acostarse con otra solamente para coger práctica. Me alegro de no haberme equivocado, me alegro de tener razón sobre el carácter de mi mejor amigo. Me alegra saber que él no es igual que esos hombres que había allí dentro.
Decido vestirme rápidamente para poder bajar al salón con él. Cojo una camiseta cualquiera del armario y unos vaqueros. Me los pongo lo más deprisa que puedo y bajo las escaleras. Antes de entrar en el salón voy a la cocina y me cojo un refresco de naranja. Me acerco a Lindsay, y beso su mejilla.
— Buenos días bonito. — dice alegre. Le sonrío.
Veo a Justin sentado en el sofá y me acerco a él.
— ¿Qué querías? — pregunto tirándome a su lado. Enciendo la televisión y están dando un partido de fútbol. Perfecto.
— He sido un imbécil. Pero más imbécil todavía voy a parecer cuando esté delante de Brooke y ella quiera hacerlo.
— Vamos tío… no será tan malo. Digo yo que no puede ser tan difícil. — intento animarle. — Además, igual también es la primera vez de Brooke.
Me mira como si hubiera dicho la mayor tontería de este universo. Sí, tiene razón, sería imposible que una rubia como ella fuera virgen.
— Y… ¿qué vas a hacer entonces?
— Estamos a domingo, yo he quedado con ella el sábado que viene. Tengo una semana para volver a quedar con esa chica del Black Diamond. Y mira… — me enseña su teléfono móvil.
— Sí, vale. Es tu móvil. ¿Qué le pasa? — empiezo a beberme el refresco de naranja que he cogido antes.
— Pues eso, que no es mío. Es de Sam. — escupo todo el refresco que me ha dado tiempo a tragar. Él se aparta de mí rápidamente y me mira con cara de asco.
— ¡¿Se lo has robado!? — grito alarmado.
— ¡No imbécil! — grita también — yo no he robado nada. Ayer cuando nos metimos en una de esas salas me di cuenta de que teníamos el mismo móvil. Al irme con tanta prisa me debí confundir y coger el suyo. — suspiro. Por un momento me había asustado. Pero lo que de verdad me asusta ahora es la forma en la que me está mirando.
— ¿Por qué me estas…
— Tengo una idea — me interrumpe. — Tendré que devolvérselo de alguna forma… esa es la oportunidad perfecta para quedar y atreverme. Esta vez no creo que me eche atrás.
— Tú verás. Pero yo no quiero verte volver a hacer el ridículo, así que no cuentes conmigo.
Volteo la cabeza para verle la cara y veo que me mira con cara de cachorrito mojado. No, ya sé lo que está intentando. Y no, me niego.
— ¡No! — me levanto y me dirijo a la cocina. Lindsay ya no está ahí. Justin me sigue por todo. — Ni hablar Bieber, no pienso ir contigo, olvídalo.
Definitivamente no. Esta vez no conseguirá convencerme. No Niall, no dejes que te líe otra vez.
— Tío, tengo que quedar con ella y no puedo ir solo.
— No soy tu madre y tú ya eres mayorcito. ¿Por qué no puedes ir solo?
— ¿Tanto te cuesta venir conmigo? — pregunta exhausto. Lo pienso por un momento. Supongo que ya debió pasarlo bastante mal ayer cuando tuvo que dejar a esa chica a medias, no creo que sea fácil mirarla a la cara si va solo.
— Sí. Si tú te vas a la cama con ella, ¿qué hago yo mientras?¿Te doy ánimos?
— Igual se trae a su amiga, podrías aprovechar y…
— Ni de coña. — Saber que probablemente Rikki esté allí hace que se me borre cualquier pensamiento de acompañarle. Probablemente esa chica no se comporte de la misma forma en su día a día que cuando está trabajando en ese sitio, pero de todas formas yo no podría mirarla a la cara sin morirme de vergüenza. Me gusta la idea de poder verla, porque Justin tiene razón, está muy buena. Pero yo… yo no sabré qué decir. Aunque sólo sea el momento de intercambiar los móviles, no me veo capaz de saludarla. Niall, definitivamente eres un estúpido.
— Vamos, así mientras yo estoy con una tú podrías jugar con la otra. — dice pícaramente.
— Así sólo conseguirás que me eche atrás. — igual que ayer, vuelve a arrodillarse delante de mí y vuelve a suplicarme. Me divierte verlo hacer eso, pensé que nunca lo repetiría. Ojala tuviera una cámara, está para una foto. Entonces vuelvo a pensar en Rikki, y el cosquilleo que sentí cuando me besaba el cuello. Quizá después de todo no sea demasiado malo verla. Me moriré de vergüenza, sí, pero en caso de que pase algo demasiado embarazoso siempre podría irme. No tengo por qué volver a verla más.
— Te juro que no voy a hacerte más favores en lo que te queda de vida. — musito apretando los dientes y apuntándolo firme con el dedo.
Se levanta rápidamente del suelo y me abraza tan fuerte que hasta parece que me está intentando levantar del suelo.
Niall, nuevo objetivo para este año: Tienes que dejar de ser tan calzonazos.
~*~
Abro los ojos y al instante los vuelvo a cerrar. Me sobo cada uno de estos y bostezo. Me pongo la almohada en la cabeza y empiezo a recordar todo lo que pasó ayer. Aún no me puedo creer cómo es posible que ese chico me dejara así, y sobretodo de aquella forma en la que me dejó. Llevo toda la noche comiéndome la cabeza,¿por qué no lo hicimos? ¿hice algo mal? ¿no le atraje?.
Puede que por alguna de esas razones él no quisiera hacerlo conmigo… pero en realidad no me cuadra. Porque Justin, que creo que así se llamaba, fue el que decidió ir a la sala de reserva. Las cosas no me encajan. ¿Y si el problema es que le di asco? O tal vez que fui demasiado rápido… ¿Y si todo esto ha sido por mi físico?.
Sin dudarlo dos veces, me levanto corriendo hasta encontrarme con el pequeño espejo que tiene algún que otro corte. Observo detenidamente todo mi cuerpo… Sam, ¿y si tú eres el problema?.
O bueno, quizá simplemente tenía prisa. O no, mejor aún. Seguramente sería el típico niño de papá que buscaba una noche de aventura. Seguro que es el típico niño rico que va por ahí de valiente, intentando aparentar ser algo que en realidad no es. O quizá trataba de impresionar a alguien, pero la verdad es, que en realidad ha resultado ser demasiado cobarde. En el último momento no se atrevió. Pero ahora que pienso… anoche me gané cincuenta euros, no necesito preocuparme de nada más.
Suspiro pesadamente y me recojo el pelo, que probablemente ahora este hecho un asco, para hacerme una coleta alta. Decido salir de mi habitación e ir a comer algo para no estar pensando en todo esto. Llego a la cocina y cojo una de las manzanas que hay encima del frutero, tiene buena pinta. Observo la cocina y noto que falta algo,, algo mue importante.
¿Y mi mejor amiga?
Tengo que hablar con ella y es muy raro que no esté fregando los platos de su desayuno, como suele hacer cada día. Le meto un bocado a la manzana haciendo que el jugo se expanda cada rincón de mi boca y me dirijo a su habitación para ver si está durmiendo. Abro la puerta de par en par y veo como la persiana de su ventana aún está cerrada. Dejo la manzana encima de su mesita de noche para abrir la persiana de par en par, haciendo que toda la habitación se ilumine por completo.
— Uhmmmmmm — Gruñe, y seguidamente se mete debajo de su almohada
— ¡Rikki! — Le llamo, pero ella no da señales de vida — Está bien… como tú prefieras — digo por lo bajo para que no me escuche. Miro su móvil que está tirado por el suelo, junto a su ropa. Lo cojo y pongo el menú multimedia, sin dudarlo, le doy al play en la canción que tiene como tono de llamada.
— ¡Rikki!¡Es el rubio de la discoteca!¡Te está llamando! — Quedo mirando como mi mejor amiga ya se ha levantado y está buscando su móvil desesperadamente. Carraspeo, y ella levanta la cabeza del suelo para observar que el móvil lo tengo yo en la mano.
— ¿Acaso le diste el número de teléfono? — Pregunto. Se queda pensando durante unos segundos, para finalmente reaccionar y tirarme encima de su cama
— ¡Te aseguro que vas a morir! — Grita. No me da tiempo a decir absolutamente nada, puesto que cuando voy a hablar ella se tira encima de mí, pegándome ligeros puñetazos por todo el cuerpo.
— ¡Para, para! — Intento decir mientras no puedo parar de reír — En serio, tengo que hablar contigo — ella para durante un segundo, pero aún no se ha quitado de encima — Es importante...— en menos de un segundo mi mejor amiga ya se ha sentado en un rincón de su cama, dispuesta a escucharme — Bueno...ayer noche…
— ¡Espera! — me interrumpe — ¡Te tiraste al amigo de Niall! — Niego con la cabeza — ¿Pero no os fuisteis a la sala?
— Déjame acabar — asiente con la cabeza mientras me mira atónita. — Bueno, como contaba… me metí con él en la sala, pero no me lo tiré.
— Osea… que os metisteis en la sala porque lo único que necesitaba era que... Bueno, ya sabes… se la…
— ¡Cállate! — Ella comienza a reír escandalosamente — Rikki joder, que no hicimos nada — la sonrisa de mi mejor amiga se esfuma de repente por completo.
— ¿Nada? — repite mientras abre los ojos como platos — ¿Cómo?¿Por qué?
— No, absolutamente nada — hago una pausa para coger aire — A ver… íbamos con esas intenciones, pero cuando le toqué ahí abajo... ya sabes… se levantó como si estuviera asustado, y se fue, así sin más.
Rikki iba a decir algo, pero el sonido de un teléfono le cortó la palabra
— ¿Es el tuyo? — le pregunto. Ella niega con la cabeza mientras me enseña su móvil — Pero mi móvil no tiene ese tono de llamada. — digo yo.
— A lo mejor se te cambió solo… ¡Corre que colgarán! — Me levanto corriendo de la cama y llego a mi habitación, donde comienzo a remover toda la ropa que hay en el escritorio. Finalmente lo encuentro, pero quedo mirándolo detenidamente. ¿Seguro que este es mi móvil?. Pienso antes de contestar. Número desconocido. Genial.
• ¿Hola? — Pregunto. Escucho unos susurros tras el móvil cuando por fin, alguien se decide a hablar.
• ¿Eres Sam? — Su voz hace que todo mi cuerpo se vuelva a parar, como la última vez que la escuché. Trago saliva fuertemente. Por un momento la idea de colgarle me pasa por la cabeza, al fin y al cabo… ¿por qué tendría que contestarle?.
• Escucha… antes de nada, me gustaría pedirte perdón.
• ¿Perdón? — Pregunto sorprendida.
• Bueno… eso me gustaría hablarlo en persona, tengo tu móvil. — ¿Cómo? ¿Pretende que nos volvamos a ver? ¿Tiene mi móvil? ¿Alguien me explica lo que está pasando?
• ¿Mi móvil? — Pregunto nerviosa.
• Ayer con las prisas…me lo llevé.
— Normal, si no te hubieras ido tan disparado nada de esto tendría que haber sucedido.
• Nos vemos está tarde a las 5 en la puerta del Black Diamond, ¿vale?.
• Perfecto… — Voy a colgar, pero sigue hablando y me impide hacerlo. — Niall quiere ver a tú amiga, tráela.
• Me la iba a traer de todas formas — y dicho eso cuelgo el teléfono.
~*~
Aún no me creo nada de lo que va a pasar esta tarde, esto es una locura. Me llevo las manos a la cabeza y me tiro encima de mi cama mientras que la voz de mi mejor amiga, vuelve a invadir mis pensamientos.
— ¿Quién era? — Pregunta apoyándose en el marco de la puerta.
— Justin tiene mi teléfono, y este es el suyo. — Le contesto.
— ¿Quién es Justin? — Pregunta mientra se sienta en la cama.
— El de ayer noche — Ella va a hablar pero yo me adelanto — Niall quiere que vengas esta tarde conmigo.
— ¿Dónde tienes que ir tú está tarde?
— A que me de el móvil, y el rubio va a venir.
— ¡Ah no! ¡Ni de coña! — Se levanta de mi cama y va hacia la puerta — No pienso ir — Desaparece remugando de mi habitación.
Encima de tener que soportar al chico que ayer noche me dejó con un calentón del quince, tengo que convencer a mi mejor amiga para que me acompañe. No pensaba ir yo sola en busca del móvil perdido, y de todas maneras tenía que venir… pero hubiera sido más fácil no decirle a dónde vamos. Sam, no piensas. Después de ducharme tendré que arrodillarme delante de ella… ya estoy visualizando la situación. Hoy va a ser un día extremadamente largo.

•Black Diamond• {Capítulo 2}


Las chicas, Sam y Rikki, se encuentran ahora mismo bailando encima de la barra. El Black Diamond está arrebatado de gente. Hombres que las miran a ellas y al resto de chicas que bailan, deseosos por poder acercarse a ellas y acariciarlas. Llevan ya más de media hora ahí encima, moviéndose al ritmo de la música con los pasos de la coreografía que tantas veces han ensayado. De vez en cuando se miran entre ellas, para decirse con la mirada que aunque se sientan cansadas y aburridas, deben seguir adelante. Aunque ya no se menean con la misma sensualidad que al principio, siguen siendo el centro de todos los piropos que se escuchan por debajo de la ruidosa música.
Justo cuando ellas estaban demasiado cansadas e iban a bajarse para comenzar con el servicio de camareras, vieron aparecer a lo lejos entrando por la puerta, a dos chicos de unos dieciocho o diecinueve años. Uno era rubio, muy rubio, mientras que el otro tenía el pelo un poco más oscuro, peinado con un flequillo hacia el lado. Rikki y Sam se miraron cómplices y en seguida volvieron a fijar sus miradas en ellos. A pesar de que han distraído un poco su atención siguen bailando, ahora con muchas más ganas que antes. No quieren pasar indiferentes para ellos. Ambas han pensado lo mismo, podría estar bien llevárselos a las zonas de reserva y conseguir propinas extra después de acostarse con ellos. A juzgar por el polo de Ralph Lauren que lleva uno de ellos, parecen bien acomodados económicamente. Tal y como querían, consiguen llamar la atención de esos dos chicos. Rikki se fija en el del flequillo, y observa que tiene la mirada puesta en Sam, observando como su amiga baila mientras se muerde el labio, devorándola con la mirada. Entonces Rikki gira la cabeza hacia su mejor amiga, y puede ver que al mismo tiempo que baila también tiene la mirada puesta en ese chico, sonriendo provocadoramente y exagerando sus movimientos de cadera. Rikki sonríe divertida y ella fija la mirada en el amigo del chico del flequillo. Es guapo, muy guapo, pero se comporta de una forma extraña. Parece nervioso y mira constantemente hacia los lados, como si jamás hubiera estado en un lugar como ese. Está sentado en una silla, agitando la pierna. Da la impresión de que no sabe qué hacer. La morena decide dar un paso más y baja de la barra para acercarse a él y llamar su atención.
Al pasar entre el público muchos hombres se acercan a ella para manosearla, mientras ella avanza sin dejar de contonearse al ritmo de la música. Una cualidad de Rikki es que jamás se avergüenza de hacer algo si de verdad le apetece. Y ese rubio le apetece, y mucho. Niall se da cuenta de que esa morena despampanante se acerca bailando provocadoramente hacia él, y de repente le entran ganas de que se abra un agujero en el suelo, y la tierra lo trague. Intenta disimular mirando hacia los lados, haciendo como que no sabe que ella se está acercando. Escucha de fondo las risas y los ánimos que le está dando Justin. Cuando Rikki ya está lo suficientemente cerca, la mira a los ojos y se da cuenta de que es muy hermosa. Sus mejillas comienzan a enrojecerse, y los latidos de su corazón se triplican cuando ella comienza a bailar muy pegada a él, acariciándole lentamente las piernas. Rikki ríe algo divertida al ver la expresión de su cara, da la impresión de que no puede respirar. Ella sube despacio las manos por su pecho, y cuando ha llegado al cuello aprovecha para quitarle una bufanda que lleva puesta, y se la coloca a sí misma alrededor de los hombres mientras le sonríe, mirándolo fijamente a los ojos. La morena se acerca a su cuello sin apartar las manos de su pecho. Escucha las risas del amigo del flequillo, y también algunos comentarios que los otros hombres hacen acerca de esa escena que están dando.
— Soy Rikki… — susurra sensualmente cuando está lo suficientemente cerca de su oído. Niall siente como todo su cuerpo arde… siente que va a morirse de vergüenza. Está comportándose como un auténtico atontado. Pero eso no hace que Rikki se aleje, sino que se divierta con toda esta situación. Acerca sus labios al cuello del rubio y lo muerde sin apretar demasiado, pero dejándole una pequeña marca.
— N…Ni…all. Niall. — consigue musitar él. Rikki todavía sigue entretenida en su cuello. Cuando finalmente decide apartarse, él suspira de alivio y mira preocupado hacia los lados. Ya casi nadie está prestando atención, todos prefieren fijarse en la otra chica que todavía sigue bailando en la barra. La misma chica que su mejor amigo se está comiendo con la mirada.
Rikki por fin aparta las manos de su pecho y se aleja de él. Antes de voltear le lanza una última sonrisa acompañada de un guiño. Posteriormente, ella sonríe a algún chico que también hay por ahí. Su amiga, la otra morena, la ayuda a subir a la barra otra vez, y ambas comienzan a bailar pegadas, haciendo que ahora los silbidos de los hombres que las miran sean ensordecedores.
Niall aparta su vista de ella y la fija en Justin, quien lo mira divertido y con una expresión de burla.
— ¿Qué pasa? — pregunta el rubio de mal humor.
— Nada nada… — Justin no puede evitar soltar una sonora carcajada que hace que su amigo se enfurezca aún más.
— Olvídate, me largo. — Y dicho esto Niall se levantó de la silla en la que estaba y se dirigió a la puerta a paso acelerado. Justin rápidamente se levantó también para seguirle, aunque le fue un poco difícil seguir su ritmo, ya que tenía que esquivar a todos los chicos que había allí dentro.
|| Justin ||
Empiezo a moverme entre la gente, no puedo dejar que Niall se vaya, le necesito aquí conmigo. Primero por que yo no puedo hacer esto solo, es mi mejor amigo, le necesito a mi lado y aunque suene bastante raro lo que estoy pensando, a él esto también le puede servir de algo. Llevo prácticamente toda la vida con, Niall es un chico demasiado tímido e inseguro de si mismo siempre se ha visto acomplejado por los demás, como si él, no fuera importante, o lo fuera menos que ellos.
Sacudo la cabeza mientras veo como Niall está empezando a caminar mucho más rápido que antes, así que me dispongo a acelerar yo también. En un abrir y cerrar de ojos ya lo he alcanzado, así que no dudo ni un instante en agarrarle del brazo.
— ¿Qué pretendes? — Le giro con un poco de fuerza ya que él se ha puesto tenso al notar una mano en su brazo
— ¿No lo ves? — Dice mientras se dispone otra vez a andar. Se como pararle, siempre utilizo ese arma. Niall es una persona que se deja llevar muy fácilmente, solamente para poder ‘encajar’ en un grupo, y aunque puede que parezca de mala persona, todo esto lo hago por su bien. No me gusta ver como un ligue de mi amigo se va por la borda por una cosa tan simple como la timidez.
— Eh tú — Él se para y gira un poco el cuello para escucharme — ¿Qué te pasa gallito? — Hago una pequeña pausa — ¿Ya te has asustado? ¿No tienes valor de entrar allí dentro y pegarle un buen polvo?
— ¿Sabes? Al menos yo puedo decir que una se ha fijado en mí — contesta inseguro — ¿Por qué a ti no te han tirado la caña Bieber? — dice con algo de burla.
— ¿Perdona? — río irónico — yo a esa morena que bailaba la tengo en el bote.
— Si tan seguro estas de eso, ¿por qué no entras y vas a hablar con ella? — no pensé que Niall fuera a defenderse así, es más no esperaba esa su contestación.
— Perfecto — sentencio — Entremos dentro , te demostraré de lo que estoy hecho. Resopla y pasa por mi lado para volver a entrar en el bar, ya lo tengo donde quería.
— Niall — se gira — Espero que aprendas. — niega con la cabeza y sigue caminando como si nada. Ahora el único problema que tengo que solucionar es como entrarle, ¿qué le digo?. Bieber no pasa nada, estás hecho un galán… sí, la tienes en el bote.
|| Sam ||
Lo busco por todo, por todos los rincones del local... pero no lo encuentro. Ni a él ni a su amigo. Las ganas de bailar se me han quitado de golpe, por un momento pensé que esta noche no tendría que hacerlo con un cuarentón desesperado. Además de poder ganar dinero, hubiera disfrutado como nunca, o al menos mucho más que otras noches. Miro a mi amiga, que sigue bailando con una sonrisa enorme en la cara, la envidio No es una envidia mala, todo lo contrarío, me gustaría tener su don, todo lo que quiere lo consigue. Es muy lanzada con sus propósitos sin embargo a mí, me cuesta más arrancar y por culpa de eso ahora nunca podré saber ni cuál es su nombre ni como se maneja en la cama. Eres tonta. Muy tonta.
— ¿Quieres parar? — Rikki se acerca a mí, sacándome de mis pensamientos. Se restriega por mi cuerpo para seguir moviéndose al ritmo de la música
— Sí, por favor, vamos a servir — ella no tarda ni un segundo en agarrarme del brazo para llevarme fuera de la barra, y entramos dentro del vestuario para descansar, aunque sólo sean cinco minutos.
— Buf, estoy reventada — Yo no contesto, no tengo ganas de hacerlo… se me han quitado las ganas de todo — ¿Te encuentras bien?
— Eh… claro — le sonrío y finalmente salgo de nuestro vestuario. ¿Para que me voy a quedar dentro si sé lo que va pasar? Sé que lo único que quiere es ayudarme, pero aún así no tengo ganas de sermones. Me dirijo a la barra y cojo una bandeja de color negro, ahora es el peor momento de la noche… si bailar delante de los hombres con barba y puro es horroroso, que te toquen sin que tú puedas decirles nada, es peor.
— Eh tú — Me giro mientras noto como un hombre que apesta a alcohol me tira su aliento en la cara
— Da... da… dame...otro cubata. — sin dudarlo un segundo vuelvo hacia la barra dejando a aquel apestoso hombre lejos de mí. Abro la botella que se encuentra debajo de la barra cuando me fijo en que la puerta del bar se abre, y todas las ganas de estar allí vuelven a inundarme de nuevo. Ahora es mi oportunidad… son ellos. Es él. Cojo el baso del señor y lo pongo en la bandeja para llevárselo. ¿Dónde está? Empiezo a buscar al señor entre la gente. Creo que nunca había maldecido tanto a alguien por desaparecer de repente.
— ¿Te vas a beber tú sola el cubata o necesitas que le dé un trago? — su voz masculina penetra todos y cada uno de mis sentidos. Todo mi cuerpo se acciona
— ¿Me das un trago? — vuelve a susurrar cerca de mi oído — Yo me giro para mirarle y, efectivamente, el chico que antes pensé que no volvería a ver porque se había marchado, me está susurrando ahora.
— ¿Qué me das tú a cambio? — antes de decirlo discuto conmigo misma si sería lo correcto… pero ¿qué más da?. Solamente lo quiero para un polvo. Su amigo el rubio está unos cuantos pasos atrás, otra vez no para de mirar hacia todos lados. Parece como si buscara a alguien.
— ¿Qué quieres de mi? — su voz hace que vuelva a centrarme únicamente en él
— Varías cosas… pero, para empezar ¿cómo te llamas? — él sonríe .
— Justin ¿y tú?
— Sam — le entrego el cubata , él bebe un trago y me lo devuelve.
— ¿Nos dejamos de rodeos? — noto como se pone nervioso, la pierna no para de temblarle y eso me gusta.
— Vamos, entonces — empiezo a caminar mientras me alejo de él, tengo que coger una de las salas antes de que todas estén ocupadas. Esta tiene que ser mi noche. Noto como me deja de seguir por unos instantes… me giro para mirar qué está haciendo. Su amigo le tiene cogido del brazo y él le niega con la cabeza, mientras le hace fuerza para soltarse de su agarre y seguirme. Va a ser una noche muy larga.
|| Justin ||
— No me vas a impedir hacerlo, Niall — me intento librar de su agarre, pero él me vuelve a coger.
— ¿Estás seguro de esto? Justin... es tu primera vez — no hace falta que me recuerde de nuevo que es mi primera vez. Ese es el motivo por el que he venido aquí.
— Tienes que hacerlo con alguien que te quiera, con alguien a quien tú también quieras.
¿Ya estamos con el mismo rollo de siempre? Ahora no.
— Niall, si tú quieres perder la virginidad con la chica elegida, me alegro — hago una pausa — pero yo he decido esto. Ahora déjame — y sin pensármelo dos veces , vuelvo a seguir a la morena para ir a una de esas salas. Venga Bieber… tampoco será para tanto.
Cuando entro a esa sala la luz invade mis ojos, y lo primero que me da tiempo a ver es como Sam está dejando su teléfono encima de la mesa de noche, así que me dispongo hacer lo mismo mientras observo como todos los muebles son de color rojo pasión. La cama es lo suficientemente grande y está colocada justo a un lado de la habitación, enfrente hay un enorme sofá de color rojo en el que mi presa, en este caso Sam, está sentada. Trago saliva mientras dejo mi móvil al lado del suyo, y me doy cuenta de que son completamente iguales. ¡Justin! ¿Qué más da eso ahora? ¡Venga!. Los ánimos que me estoy dando a mí mismo hacen que me siente justo al lado de ella. Carraspea. Inseguro y por un impulso que tengo poso mi mano cerca de su entrepierna, acariciándola lentamente.
— ¿Tienes protección? — algo se remueve en mi estómago. Aunque parezca mentira me había olvidado de lo que venía hacer aquí. Saco mi pequeña cartera del bolsillo y cojo el preservativo que tengo escondido en la billetera
— Perfecto — Acto seguido noto como sus labios han cazado los míos. Me coge desprevenido, pero aún así soy capaz de seguirle ese intenso beso. Ella ahora mismo está subida encima de mía. Mientras me besa noto como se agita lentamente por encima de mí, haciendo que mi amigo se despierte por completo. Sus manos empiezan a vagabundear por mi pecho mientras ahora sus labios están mordiéndome el cuello.
‘Tiene que ser con alguien que te quiera, y alguien a quien tú también quieras‘’ ‘’Justin… es tu primera vez’’ ‘’¿Estás seguro de esto?’’
Sus palabras se repiten todo el tiempo en mi mente.
‘’¿Estás seguro de esto?’’
‘’¿Estás seguro de esto?’’
¿Seguro que quieres hacer esto, Bieber? ¿Estás preparado?
Noto como su mano agarra fuertemente mi miembro y sin pensármelo dos veces, me separo de ella lanzándola a un lado del sofá.
— Esto es una broma ¿verdad? — ella se levanta esperando una respuesta, estoy nervioso, quiero salir de aquí… ahora.
— Lo siento, en serio — Voy hacia la mesita de noche y cojo mi móvil, saco mi cartera y le dejo cincuenta euros encima de la cama.
— Espera, no me puedes dejar así — dice ella. Y sin contestarle ni dignarme a decir una palabra salgo de la habitación cerrando la puerta fuerte la puerta.
No es que no me gustara, todo lo contrario, la chica me ponía, me ponía mucho. Pero supongo que el pánico me a jugado una mala pasada.
Busco a Niall por todos los rincones del Black Diamond. Necesito hablar con él, pero no lo encuentro. El muy capullo habrá cogido y se habrá marchado. ¿Por qué cuando más lo necesito no está? Salgo fuera del bar y voy hacia el aparcamiento para coger el coche, pero me doy cuenta de que tampoco está.
— ¡Bien, Niall! ¡Genial! ¡Gracias rubito! — estoy hablando solo cuando unas cuantas personas pasan por mi lado — Perfecto, ahora tengo que volver caminando… ¡Esto es la ostia!.
De mala gana empiezo a caminar hacia mi casa. Toda lata que veo tirada en medio de la acera se lleva una patada, mientras maldigo interiormente a mi mejor amigo. Me siento mal por haber dejado a esa chica así, y ahora que pienso detenidamente en ella, me arrepiento de no habérmela tirado. Estaba realmente buena, muy guapa. Y lo peor de todo esto, es que tendré que cancelar la cita con Brooke. O eso o permitir que me vea hacer el ridículo cuando lo intentemos. Doy pena, demasiada pena.